Marinos veteranos de las dos guerras: un viaje hacia el peligro!

Marinos veteranos de las dos guerras: primera parte
Marinos veteranos de las dos guerras: primera parte

Marinos veteranos de las dos guerras: un viaje hacia el peligro. El escritor Víctor M. Bongutz, nos obsequia un relato hermoso de vivencias de marinos en zonas de conflictos. 

 

 

Un viaje hacía el peligro.
Esta travesía la inicié el día 19 de julio de 1958 me encuentro embarcado en un petrolero de la Compañía Española de Petróleos, el buque está atracado al final del muelle sur del puerto de Santa Cruz de Tenerife y nos encontramos descargando nueve mil toneladas de petróleo crudo procedente del Lago de Maracaibo, una vez que finalizamos el trasiego permaneceríamos en ese puerto a la espera de que nos comunicaran las nuevas órdenes y nos indicaran nuestro próximo destino.

El mandato nos llegó al cabo de dos días y, para sorpresa de todos, nuestro próximo destino sería el puerto de Sidón en el Líbano, donde realizaríamos el embarque de un nuevo cargamento de petróleo crudo procedente de los yacimientos del Golfo Pérsico para posteriormente retornar al puerto tinerfeño y trasegar la carga a los tanques de la refinería de Tenerife.

Las órdenes nos fueron trasmitidas en las primeras horas de la mañana del día 21 de julio y la salida se programó para las 17:00 horas, en el momento del anuncio no hubo tiempo de que los tripulantes hicieran los comentarios oportunos, pues unos estaban en sus puestos cumpliendo con sus guardias rutinarias y otros se encontraban en tierra disfrutando de unas horas de permiso, ya que la hora fijada para incorporarse a bordo eran las 12:00, así que las explicaciones y las implicaciones que nos podría reportar ese viaje se realizaron a la hora del almuerzo.

El comunicado de la partida fue tan rápido que la opinión que cada uno pudiera emitir sobre del nuevo viaje no se produjo en el momento de conocer la noticia, aunque sin embargo sí se reflejaba en el rostro de cada uno de nosotros cierta preocupación, pues en esas fechas ese destino estaba considerado como peligroso y todos y cada uno de nosotros conocíamos, por los periódicos y las noticias de la radio, que el Líbano estaba al borde de una guerra civil.

Según los últimos comentarios emitidos ese mismo día por las emisoras de radio, se sospechaba que las tropas norteamericanas estaban preparadas para realizar un desembarco y sus fuerzas navales estaban desplegadas en aguas del Mediterráneo Oriental con el fin de evitar cualquier incidente
en aguas cercanas a las costas libanesas. Esas informaciones comentaban que tanto el gobierno de los Estados Unidos como el de Inglaterra no iban a permitir que se pusiera en peligro el suministro regular de crudo al resto de Europa, ya que desde Sidón y otros puntos del Líbano se encontraban las terminales de carga de los oleoductos que conducían el petróleo desde los pozos de Medio Oriente.

A las 17:00 horas del día 21 de ese mes partimos del puerto tinerfeño con rumbo noreste con una velocidad de nueve nudos, por lo que nos llevó varias horas perder de vista la silueta del Teide. Una vez concluida la primera singladura nos encontrábamos en pleno Océano Atlántico, en ese inmenso mar, nuestros compañeros de viaje eran una serie de delfines siempre abundantes por estas aguas, de igual manera algún que otro pez volador se cruzaba en nuestro camino hacia el Estrecho, otras asiduas
visitantes eran algunas gaviotas que sobrevolaban por la popa del buque por si se tiraba algún sobrante de comida que pudieran aprovechar, completaba este escenario la presencia del azul marino intenso del mar y la luminosidad del cielo propia de esas fechas, que por el día se tornaba en
una bóveda celeste de luz y resplandor, el panorama cambiaba por la noche al imperar una negrura intensa que permitía apreciar los destellos de las estrellas y contemplar el reflejo de la luna en las aguas del océano.

A bordo de un petrolero la rutina siempre es la misma, cada uno debe cumplir con las guardias asignadas, ya que en este tipo de buques la tripulación es siempre la justa y necesaria, por ese motivo la mayoría de las charlas se producen a las horas de las comidas, donde cada cual expresa sus
pensamientos y temores en voz alta. Una de esas conversaciones giró sobre lo que nos pudiera deparar nuestro próximo destino, ya que las noticias que continuaban emitiendo las emisoras que podíamos sintonizar durante la ruta eran muy alarmantes.

De igual manera durante las guardias, fueran estas realizadas en el puente o en el departamento de máquinas, los que cumplían con esa misión también realizaban sus propios comentarios sobre la ya declarada Guerra Civil del Líbano. Las reseñas eran abundantes, sobre todo en las guardias de
12:00 a 16:00 y de 00:00 a 04:00, ya que los tripulantes que mantenían ese horario no coincidían con los demás compañeros a la hora del desayuno, del almuerzo o de la cena.

Yo tenía asignado precisamente ese horario de guardia, por lo que solo podía charlar con el subordinado que me acompañaba en ese cometido, y la conversación giraba, como no podía ser de otra forma, en ese sentido. En ese momento le comentaba a mi compañero de viaje que nos depararía
el futuro inmediato, si todavía continuaría esa confrontación cuando llegáramos al final de la primera etapa de nuestra singladura que habíamos emprendido puerto de Santa Cruz de Tenerife.

Por su parte, el viejo marinero que compartía la guardia conmigo, conocido a bordo por Ogrove, hombre muy experimentado y con muchos años de navegación sobre sus espaldas, le quitaba importancia a estos hechos, ya que en su larga trayectoria como tripulante había estado navegando por la
ruta del Norte de África y del Mediterráneo durante la Segunda Guerra Mundial y su frase preferida era “A cada uno le toca cuando le tiene que tocar”, y a continuación añadía “Si yo le contara lo que he pasado durante la contienda mundial no tendría esa preocupación por lo que nos podamos encontrar en el Líbano”.

A lo que respondí: 
Debido a mi edad no puedo decir que haya vivido ese tipo de situaciones de guerra, solo he participado en el transporte de soldados y material cuando el conflicto de Ifni, pero no me digas que no es preocupante llegar a la terminal de carga y cuando estemos cargando o cuando iniciemos el regreso, por accidente, nos encontremos con alguna bomba perdida y nos alcance o que intencionadamente algún fanático nos enviara algún artefacto que, por pequeño que fuera, sería suficiente para que el buque volara por los aires, ya que somos una bomba flotante.

Ogrove me contestó:
Deje de preocuparse, lo que el destino nos tenga reservado él solo lo sabe. Con esta última frase llegó la hora del relevo de guardia.


Autor: Víctor M. Bonales Gutiérrez, con acrónimo V. M. Bongutz.

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