Capítulo 45 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Tras leer 44 capítulos es momento de compartir el Capítulo 45 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Represión de Fidel Castro.

 

 

45

 

Los primeros años de la represión

 

Después de algunas travesías y coincidiendo con una de las estancias del buque en San Juan de Puerto Rico, David visitó de nuevo el barco, como últimamente acostumbraba, en ese encuentro nuestro protagonista le preguntó:

¿Sabes de alguien que haya llegado recientemente de Cuba y me pueda contar algo sobre la represión sufrida por el pueblo cubano en estos últimos años?

 Jin, como es natural conocía parte de la historia por sus múltiples escalas en La Habana, pero a pesar de haber hablado con la mayoría de sus amigos en la capital de la Isla sobre este tema, no había podido profundizar en este asunto que tanto le interesaba. Su amigo sanjuanero, le comentó:

Tengo a mi cargo a un miliciano que desertó, no hace mucho, de las filas castristas, consiguió huir a Miami y la agencia le proporcionó un trabajo,  luego me lo enviaron para que ejerciera de enlace con los exiliados, su nombre es Fred, lo conocerás en el almuerzo.

A la hora prefijada se reunieron los tres para almorzar y Jin pudo conocer al miliciano, se trataba de un joven de unos 30 años, de complexión fuerte pero no muy alto y de tez broceada, lo que denotaba que había estado mucho tiempo al sol. Una vez se realizaron las presentaciones acostumbradas en estos casos, y con la finalidad de romper el hielo, David le explicó que conocía a nuestro protagonista desde hacía casi tres años, y añadió todo lo referente a las ayudas que estaba prestando a los exiliados cubanos, así como que se interesaba por los asuntos cubanos. Según él, en estos momentos estaba recopilando datos de las atrocidades que estaba cometiendo el régimen castrista.

Fred comenzó a hablar:

No tengo ningún problema en relatarle lo que conozco sobre ese tema -además añadió- Es bueno que se sepa lo que está pasado en Cuba.

Inició el exmiliciano su relato sobre las vivencias y experiencias ocurridas durante su permanencia en la sierra, así como las de otros compañeros de su misma columna miliciana:

En primer lugar, quiero dejar claro que me incorporé a la guerrilla desde finales del 57, pero con anterioridad me mantuve en la lucha urbana, fue precisamente esa circunstancia la que me llevó a huir hacia las montañas. El hecho se produjo después de una protesta callejera en La Habana contra la tiranía donde participaban estudiantes de la Federación, la demanda terminó con heridos y muchos detenidos; a los cinco días de estos sucesos, me enteré de que a un pariente mío le habían dado muerte los agentes del BRAC con una paliza que le dieron, tras ese incidente me marché hacia La Sierrita, pueblo perteneciente al municipio de Cumanayagua, en la provincias de Las Villas, donde tenía una tía. Allí junto con mis primos, nos fuimos a la guerrilla y nos incorporamos a la columna de Ciro Redondo, que venía actuando por toda la Sierra de Escambray. Participé al principio en diversas escaramuzas de menor importancia, pero cuando conseguí acumular cierta experiencia en la lucha de guerrillas me enviaron con un grupo al norte de Las Villas, donde ya entramos en combates mayores. En esos combates se demostró que las fuerzas guerrilleras iban adquiriendo adiestramiento y seguridad en sus acciones, con ello conseguíamos el respeto de la ciudadanía, por lo que se incrementó el número de combatientes, así como la ayuda que nos proporcionaban los campesinos. Emprendimos nuevas acciones y nos apoderamos de nuevos objetivos, con lo cual íbamos ganando un mayor territorio, a los pocos meses, ya en el 58, comenzamos a pelear más allá de las montañas y nos adentramos en los Llanos.

Fred continuó con su relato:

Durante los años de lucha, lo que más nos importaba era la supervivencia e ir ganando batalla tras batalla que nos acercara al triunfo final. En los diferentes frentes se imponía una disciplina férrea y no se toleraba ningún desliz en ese sentido, la gran mayoría lo consideraba normal, pues estábamos en guerra, pero algunos apreciábamos cierto adoctrinamiento socialista hacia la tropa por parte de algunos de nuestros jefes y de unos civiles que se desplazaban a nuestro campamento, sus comentarios iban más allá de lo militar, y algunas de las expresiones que recuerdo decían: “Cuando termine esta contienda y se vean victoriosos en La Habana, van a cambiar muchas cosas, la tierra es para quien la trabaje, el pueblo debe participar de las riquezas que han acumulado unos pocos”, de esa manera procedían cuando se presentaba la ocasión para ello, en una palabra, estaban sembrando la ilusión entre la tropa, especialmente entre los combatientes provenientes del campo.

Una vez que concluyó el conflicto, nuestros jefes llegaron al poder el primero de enero, pero el movimiento revolucionario mantenía en su seno una serie de elementos abiertamente comunistas, quienes se fueron consolidando y comenzaron a ocupar puestos claves en el centro del poder, influenciaban sobre las decisiones y las políticas que se debían seguir. Primero empezaron con los fusilamientos de todos aquellos que tuvieran algo que ver con el anterior régimen. En segundo lugar apartaban a sus propios compañeros rebeldes de los puestos donde se tomaran decisiones importantes para colocar a los que mantuvieran ideas marxistas-leninistas. Como tercera prioridad, iniciaron el adoctrinamiento en general, poniendo en práctica las teorías comunistas, cuyo máximo pensamiento anunciaba que para derrotar al orden y la tiranía establecida se debía emplear la violencia con todos aquellos que habían hecho sufrir al pueblo. Con esta teoría mantenían a la ciudadanía engañada, pues sus razonamientos consistían en explicar las teorías y los principios fundamentales de toda revolución socialista, además ponían en práctica uno de las máximas de Lenin que decía: “No se puede prescindir de toda violencia y terror si se querían conseguir los fines buscados, además, la fórmula del proletariado, según esta tesis, requiere que para afianzar el poder se imprima a toda revolución un autoritarismo total y la concentración absoluta de poderes”. Y esto fue lo que ocurrió en Cuba desde un primer momento, aunque en su preámbulo ocurrió de manera encubierta.

Prosiguió el exmiliciano:

Cómo te estaba contando, con esa mentalidad llegaron la mayoría de los dirigentes milicianos al poder, aunque al principio lo disimularon muy bien, pues engañaron a propios y extraños. Esa fase previa al encumbramiento de los Castro y de los demás comunistas que les acompañaban en esa aventura no fue casual, sino con un planeamiento concienzudo y bien planificado que culminó con el poder absoluto de la cúpula comunista en todas las instancias de la República. Una parte de la ciudadanía, al poco tiempo, se percató de esta circunstancia y comprobó que poco a poco iban perdiendo las libertades, lo que provocó cierta resistencia a este hecho, pero como contrapartida, el régimen puso en marcha nuevas represiones y esa rueda de opresión no se detuvo hasta la consolidación del sistema comunista en nuestra nación. Al principio comenzó por el denominado “Paredón” para los condenados a morir por fusilamiento y tanto en La Habana como en Santiago de Cuba y en otras ciudades y pueblos de la Isla se puso en marcha este método. Pero la mayoría de las ejecuciones se efectuaban de manera sumarísima o con juicios amañados. Esto fue creando una atmosfera de terror nunca vista en Cuba, a pesar de haber vivido otras dictaduras.

Son muchos los ejemplos de esta primera etapa, pero lo más importante para el régimen era dar la impresión de que del “Paredón” no se libraba nadie y todos podían caer en sospechas, para ello divulgaban lo más posible las ejecuciones e inclusive televisaban algunos de los procesos más importantes. Estos juicios y ajusticiamientos comenzaron por los militares del ejército regular, pero prosiguieron con los funcionarios de la administración gubernativa, le siguieron los informantes o policías del régimen anterior e inclusive cayeron ciudadanos normales por venganzas personales o ajustes de cuentas entre familias. De hecho, todas estas acciones influenciaron de manera decisiva para implantar el terror y el desconcierto entre la ciudadanía, que no se atrevía a hablar ni eran capaces de expresar sus pensamientos, ni siquiera se atrevían a comentar los hechos; el terror se había apoderado de Cuba. Con estos planteamientos, la alegría que se vivió en los primeros momentos después de la derrota régimen de Batista se consumió en pocos meses, posteriormente de esas acciones violentas vendrían las represalias con todo aquel que manifestara opiniones contrarias a la política impuesta por los milicianos. Comenzaron controlando los medios de comunicación y con la eliminación de los partidarios de ideas opuestas a la doctrina de los rebeldes.

Era tal la masacre emprendida que la prensa internacional daría cuenta de ello, lo que se convirtió en un clamor de críticas a estos procedimientos, por ello el régimen se propuso dar contestación a esas censuras y para ello convocó una concentración del pueblo, donde debían asistir todos y con la finalidad de que no faltara nadie, a los ciudadanos se les transportaba desde todas las provincias y pobre de quien se negara a asistir, así mismo en esos momentos imperaba una sola consigna, “Con la revolución o en contra de ella”, el pueblo acudía por temor, por lo que consiguieron una concentración masiva. Durante los discursos de los dirigentes comunistas y del propio Fidel las interrupciones eran continuas, con eslóganes ensayados, que repetían una y otra vez “Muerte a los Traidores” y “Paredón”, “Paredón”. Desde ese momento los comunistas comprendieron que habían logrado influir en el pueblo una atmósfera de enfrentamiento entre sus partidarios y los demás, el odio había penetrado en la ciudada-nía. Con esas perspectivas, los dirigentes pusieron en marcha las enseñanzas de Lenin, donde se instruía la apología de la violencia y la aplicación de la agitación continua para mantener vivo el espíritu de la revolución comunista.

Los fusilamientos prosiguieron durante todo el año 1959 y en ellos estaban incluidos no solo los partidarios de Batista sino, además todos aquellos que osaran discrepar con los planteamientos de la revolución y fueran personas prominentes. Así mismo se aplicaría la pena capital a los contrarrevolucionarios, especialmente a los consideraran con un mayor grado de influencia sobre la población, y a los más afortunados les esperaba la cárcel. En este último grupo nos encontrábamos los que habíamos luchado junto con los milicianos con el afán de derrocar a la dictadura y que se estableciese una verdadera democracia, muchos de nosotros nos sentimos defraudados al ver el cariz que iba tomando el régimen de Castro y su deriva marxista-leninista. Por ello, multitud de cubanos patriotas y amantes de la libertad se dirigieron a las montañas a integrar las nuevas brigadas anticastristas, pero aquellos que caían en manos de las milicias populares eran ajusticiados en el “Paredón”.

Se volvió a implantar la pena de muerte, la cual había sido derogada en la Constitución del 40, al principio, a los tribunales militares revolucionarios, pero más tarde se la concedieron a los tribunales populares, a quienes se les encomendó la labor de imponer las penas a los condenados, pero las mismas dependían de las instrucciones recibidas del Consejo de Estado. En estos juicios los fiscales eran en realidad los que llevaban la voz cantante, que con pruebas o sin ellas buscaban la condena a cualquier precio, pero si entre los abogados defensores había alguno que les presentara batalla, esa sería la última, puesto que con argumentos falsos enviaban a estas personas a la cárcel.

Fred nos mostró un fragmento de una nota que le redactó un abogado amigo suyo donde se podía apreciar el procedimiento y la técnica seguida por los tribunales revolucionarios, con ello estaba demostrando que no eran muy lícitas las prácticas jurídicas empleadas:

“Aquellos que estuvieran inmersos en delitos contrarrevolucionarios, y ellos lo creyeran así, no podían gozar del recurso de habeas corpus, ni contar con respaldo procesal, como en cualquiera de los países del entorno. La resolución de los juicios se desarrollaba de manera sumarísima y las apelaciones se realizaban antes de comenzar el juicio al mismo tribunal. Las acusaciones se fundamentaban solo en las pruebas presentadas por la fiscalía o en los testimonios emanados desde los departamentos de la Seguridad del Estado”.

Con estos procedimientos y las condenas adjudicadas de forma tan poco ortodoxa, la oposición fue mermando sus posibilidades y el régimen comunista fue afianzando sus tentáculos en todos los estamentos de la República. Con ello consiguieron formular nuevas leyes y colocaron varias enmiendas en el código penal, así como en el de justicia militar, donde se incluía la pena de muerte, ya no solo a los que osaban alzarse en armas contra la tiranía comunista, sino también a los actos de sabotaje, la quema de plantaciones, desperfectos en fábricas o instalaciones civiles y militares. De igual manera procuraron imprimirle una imagen de terror a todos sus actos con el fin de que se afianzara la figura del pánico, además, si era preciso, fusilaban a antiguos compañeros de armas e inclusive no les temblaba el pulso cuando algún comunista que se atreviera a ser más listo que los Castro.

Ahora Fred nos describió una ejecución que ocurrió cuando montaba guardia en La Cabaña:

Cuando pertenecía al cuerpo miliciano, en más de una ocasión tuve que montar guardia en la Fortaleza La Cabaña y desde sus garitas presencié algunas ejecuciones, todas seguían el mismo ritual. Los fusilamientos se realizaban por las noches, en horas de la madrugada; para ello iluminaban la zona de ejecución y colocaban al condenado en el lugar que ellos denominaban “El Paredón”, después entraban los invitados a tan lamentable espectáculo, la tensión se podía captar en el ambiente y para los demás presos era un suplicio añadido, ya que esa noche no dormía nadie. Cuando el condenado era llevado, o bien desde su celda o de la capilla, si le habían permitido que fuera a rezar, el silencio era sepulcral, la tragedia estaba en el aire y, en la quietud de la noche, cualquier ruido, por pequeño que fuera, se podía percibir. Una vez que aseguraban al preso en el lugar de ejecución, el silencio era absoluto, solo roto por la voz del jefe de pelotón dando las ordenes, el martilleo de las armas y a continuación  la descarga de fusilería, después que pasaban un par de minutos se escuchaba el tiro de gracia, proseguía el sonido del arrastre del cuerpo del ya difunto ajusticiado. En muchas de las ocasiones, los compañeros del condenado gritaban ¡¡Viva Cuba Libre!! Y también ¡¡Viva Cristo Rey!! 

Siguió con el relato el exmiliciano y pasó a analizar el comportamiento del régimen castrista con anteriores gobiernos:

Quiero dejar claro que combatí a Batista y que critiqué cuando conocí los procedimientos del presidente Machado, pero ni en uno ni en el otro hubo tantas atrocidades como con este. Por supuesto, en esas dos épocas se realizaron detenciones ilegales, se le dio malos tratos a las personas, inclusive se ocasionaron muertes que no recibieron explicación, pero a los políticos contrarios que eran moderados se les permitía exiliarse, pues la clase dirigente de esa etapa tenían una frase que repetían continuamente “que se vayan, así tenemos un competidor menos”. Todo lo contrario está sucediendo con el régimen de Castro, pues al menor indicio de crítica sobre sus actuaciones o de las decisiones tomadas por el nuevo gobierno, el infractor es encarcelado, luego lo torturan o le aplican la pena capital. A medida que las reprobaciones se sentían con mayor fuerza, los apresamientos crecían en la mismas proporción y esa vorágine de detenciones iba a más,  por cualquier cosa se privaba de libertad a las personas o se les amenazaba o se les sometía a un acoso sin cuartel, día tras día se les hacían vivir un infierno en vida, en definitiva el régimen de terror se había adueñado de la Tierra de Martí.

Como las detenciones eran masivas, las cárceles se encontraban llenas, los presos se acumulaban de tal manera que no tenían ni las más mínimas condiciones higiénicas, a los detenidos por cuestiones políticas se les mezclaba con presos comunes, pero lo más frecuente era que se les colocara junto a criminales. Al estar las cárceles hacinadas se habilitaron ingenios azucareros abandonados, que se convirtieron en auténticos campos de concentración, o en el caso de los días anteriores al desembarco de Bahía de Cochinos, también se convirtieron las escuelas, los cines, teatros y campos deportivos en cárceles improvisadas donde se encarcelaban a mujeres, hombres hasta niños en condiciones infrahumanas. Pero la verdadera función de las cárceles cubanas en esa primera fase era infundir el terror y el miedo, con ello los ciudadanos procuraban no caer en sus garras. La segunda etapa consistió en despedazar la conciencia de los detenidos políticos, ablandar a los detractores y enseñar sus métodos a los que osaran criticar sus actuaciones. Por otra parte se infringió toda clase de malos tratos a los detenidos, con el fin de ablandarlos, a los que accedían a sus planteamientos, al principio se le mejoraban un poco las condiciones, el paso siguiente estribaba en que reconocieran públicamente su error por la censura que habían realizado a los planteamientos del gobierno, si conseguía pasar esa segunda prueba se le trasladaba a un lugar de producción, donde era sometido a una reeducación en la que diariamente se le imponían una serie de terapias para el conocimiento y aprendizaje de la doctrina comunista. En estos centros los psiquiatras y los estudiosos del comportamiento humano jugaban un papel importante, pues al menor indicio de desviación en la conducta preestablecida, ordenaban que se les quitaran todos los privilegios, como la comida, o sometían al paciente a un encierro preventivo, donde solo se le permitía salir para acudir a realizar los trabajos encomendados, todo ello recordaba los campos de concentración y los métodos empleados por los Nazis y por los soviéticos.

Las sentencias eran dictadas por los tribunales revolucionaros a su libre albedrio, sin el más mínimo respeto a las leyes vigentes emanadas de la Constitución del 40, que aún no se habían derogado y por lo tanto estaba en vigor, de ello se desprende que todas esas condenas fueron ilegales. Posteriormente el gobierno se percató de ello por las continuas denuncias de los medios periodísticos, tanto nacionales como extranjeros, y para contrarrestar este hecho implementaron una serie de reformas a su modo y manera, con el fin de darle cierto aire de legalidad a esos juicios condenatorios, pero ello no les frenó en aplicar penas de 20 y 30 años a los acusados políticos y disidentes. Otra práctica habitual consistía en realizar detenciones preventivas de todos aquellos que consideraran peligrosos por sus ideas o comentarios sobre el régimen, estos arrestos se efectuaban sin que hubiera delitos previos, se practicaba “el por si acaso”, se llevaba al reo a un lugar, fuera cárcel o campo de concentración, aunque ese último nombre estaba prohibido, se le mantenía en un limbo del que sus familiares y amigos no tenían ningún conocimiento y aún menos el acceso, si por casualidad se enteraban del lugar donde se encontraba les era muy difícil llegar hasta él.

Las cárceles cubanas se consideraban verdaderos “Gulag”, no cumplían con las mínimas condiciones de vida, en ellas se negaban los más elementales derechos de las personas, el concepto que se aplicaba era “estaban allí para sufrir”, cualquier castigo se dejaba al libre albedrío del guardia de prisiones de turno. Otro método practicado frecuentemente consistía en colocar a los reclusos políticos con delincuentes comunes o con los condenados por asesinato en la misma celda, a estos últimos le solicitaban que los amedrentaran y por su labor le ofrecían mejoras carcelarias, estas dependían, en menor o mayor medida según el grado de ablandamiento que consiguieran. Los presos políticos que se negaran a realizar los trabajos encomendados o disminuyesen su actividad, siempre a criterio de sus carceleros, eran castigados corporalmente, así mismo se les distinguía del resto de reclusos con una marca o en el color de su ropa, eso nos recordaba la estrella de David con que marcaban los Nazis a los ju-díos. Otro de los métodos para suavizar a los detenidos era someterlos a torturas físicas, psicológicas o psiquiátricas, pero estos suplicios también se los pasaban a sus familiares, ya que se los trasmitían al concederles las visitas y esta se efectuaba cuando el preso se encontraba en las peores condiciones. Previamente los carceleros les comentaban a los visitantes que el preso no se encontraba muy bien y era debido por su terquedad en reconocer su error, por lo que aconsejaban al familiar de que influyera en el preso de que desistiera de su actitud si quería remediar esa situación.

Otro de las condiciones de las cárceles cubanas de esos primeros años era la falta de alimentos, las raciones eran pocas y de muy baja calidad, las quejas de los presos eran frecuente a sus familiares, estos les proporcionaban algunos alimentos, pero los carceleros, en la mayo-ría de las ocasiones, realizaban registros en las celdas y les requisaban todo lo que tuvieran. A ello se unía la falta de higiene, lo que ocasionaba multitud de enfermedades, pero hay que añadir que los servicios médicos no existían o eran muy deficientes, lo que ocasionaba muchas muertes. Todo este cúmulo de atrocidades provocaba el suicidio en los más débiles de carácter. Este clima de terror y represión no tenía otra función que implantar un régimen totalitario, que como base fundamental mantiene la doctrina marxista-leninista y la entrega en su totalidad de la Nación a la Unión Soviética.

Este proceso no nació de la noche a la mañana, sino que se fue gestando desde cuando los rebeldes se encontraban en Sierra Maestra, donde ya se preveía que los Castro no dejaban nada al azar, en lo referente a la toma del poder y el culto al totalitarismo. En esa época los hermanos constituyeron un grupo secreto entre sus más leales seguidores y los convirtieron en espías, pero no para espiar a las guarniciones militares de Batista, ni para que actuasen de agentes secretos en las filas enemigas, sino para vigilar a sus propios compañeros y enterarse de sus inclinaciones políticas, y para que averiguasen si criticaban sus actuaciones o decisiones que tomaran. Una vez de conseguida la derrota de la tiranía, el grupo primario de espías se convirtió en el brazo derecho de Fidel y de su hermano. Para darle legalidad a este entramado confidencial crearon un organismo relacionado con la seguridad del estado, al que denominaron G2. Por esas fechas amplió sus miembros y colocaron en sus filas a sus más fieles seguidores, sacados de las masas obreras y campesinas que Fidel sabía que nunca lo iban a traicionar y tampoco suponían una amenaza para sus planes totalitarios. Estos primeros “agentes” recibieron adiestramiento de la KGB y de la STASI en Cuba y posteriormente fueron enviados, a la URSS para que completasen su formación. Además estos incondicionales de Castro eran los que le constituían su guardia personal, así mismo eran asignados a los familiares y dirigentes importantes de ese “Buró Político”. El número de agentes secretos de este cuerpo creció en los primeros años de manera descomunal, posteriormente los Castro querían tener visión y oído en todos los estamentos gubernativos, militares y en las principales empresas de Cuba.  Muchos de estos fieles servidores se enviaron a las embajadas, especialmente a las que estaban en países latinoamericanos, cuyo objeto era fomentar la revolución castrista en ese continente. Para completar el despliegue de este cuerpo de elite, se le dotó del más moderno equipo y armamento, con el tiempo siguió incrementándose el número de sus efectivos, que pasaría a ser inmenso si lo comparamos con el número de habitantes, por lo que la mayor parte del presupuesto nacional se iba en sufragar las nóminas y en fomentar las revueltas fuera de Cuba.

El entramado era tan complejo y de tanta envergadura que se podría considerar otro estado dentro del estado. La Seguridad del Estado se ubicaba dentro del Ministerio del Interior, el cual cuenta en la actualidad con un Ministro, un Primer Viceministro y ocho Viceministros, en los que cada uno ejerce la jefatura de otras tantas divisiones, que a continuación te enumero: “Estado Mayor”, “Tropas Especiales”, “Inteligencia y Contraespionaje”, “Orden Público”  “Prevención del Crimen” (la denominada Policía Nacional), “Tropas Guarda-fronteras”, “el Gabinete Técnico de Investigaciones”, y “Tareas Políticas y Retaguardia”. Luego, en escala descendente, se colocaba el siguiente peldaño, donde se integraban los altos mandos, que estaban ubicados en el Centro Neurálgico de Control en La Habana, que además cuenta con delegaciones y oficinas principales en todas las provincias. Este entramado se completaba fuera de la isla situando agentes en otras naciones, principalmente en aquellas ciudades donde hubiera un núcleo importante de exiliados. Los agentes principales podían ser activos o durmientes, luego existían otros que denominaban agentes de penetración, con las más diversas designaciones, clasificados como agentes dobles, agentes “sembrados”, agentes de penetración, agentes de enlace, agentes “buzón” y agentes de posición; además se completa esa amplia telaraña con confidentes e informantes, reclutados especialmente en los bajos fondos de las ciudades.

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