Capítulo 36 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Luego de leer 35 capítulos es momento de compartir el Capítulo 36 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Relación USA Cuba.

 

 

 

36

 

Relaciones USA CUBA

 

Durante una de las estancias del buque en Barcelona, nuestro protagonista recurrió a la sapiencia de don Alberto, esta estadía se prolongó por unos diez días, ello fue motivado porque se estaban implantando nuevos equipos de navegación.

Jin, en una de sus visitas a esta familia amiga, le preguntó al profesor por las relaciones de Cuba con los Estados Unidos. Don Alberto, como siempre, estaba encantado de poder hablar de su tierra y, además, por unas horas, tanto él como su señora, se sentían acompañados.

El catedrático comenzó diciendo:

Cuando hablamos de la policía y de la seguridad del estado distinguimos dos etapas bien diferenciadas si nos referimos a la historia reciente de Cuba, en el apartado que nos ocupa, también debemos realizar esa diferenciación, considerando que la primera siempre fue de amor y odio compartido mutuamente, mientras que la segunda fue todo lo contrario.

Prosiguió don Alberto comentando:

En el tiempo que ejerció el poder Batista, debemos distinguir así mismo dos periodos; el anterior y el posterior al golpe del 52, en el primero la intervención en todos los asuntos cubanos por parte del gobierno estadounidense fue evidente, el ejecutivo cubano le otorgó concesiones a las multinacionales norteamericanas para las plantaciones e ingenios azucareros, que no tenían comparación ni siquiera en la época colonial, así mismo la intervención militar norteamericana podría suceder cuando ellos lo consideraran pertinente, pues la “Enmienda Platt” así lo estipulaba, además, en ella se otorgaban ciertos derechos a intervenir en la política, en la economía y en lo militar. Precisamente, esta “Enmienda” sirvió de fundamento para establecer la Base Estadounidense de Guantánamo.

Todos estos acuerdos se pusieron en marcha después de la lucha por la emancipación de España y el reconocimiento como república independiente por parte de otras naciones del continente. A pesar de que habían pasado más de cuarenta años de esa resolución, los Estados Unidos siempre mantenían latentes esos pactos y por ello guardaban ciertas reservas y conservaban el derecho de establecer un control militar en la isla cuando las circunstancias así lo demandaran. En más de una ocasión se desataron acontecimientos que requerían algún tipo de intervención, bien fuera esta militar o política, y las idas y venidas de las fuerzas militares norteamericanas ya se habían hecho costumbre en el ánimo de los poderes políticos cubanos, aunque siempre despertaban cierto disgusto en la ciudadanía, por lo que los sucesivos gobiernos cubanos procuraban guardar las apariencias ante su pueblo y hacían toda clase de declaraciones en contra de estas intromisiones, pero siempre de cara a la población.

Hubo una época en que las confrontaciones domésticas fueron a más, hasta que alcanzaron grandes proporciones, lo que le indicó a los estadounidenses el momento de su injerencia en los asuntos internos de Cuba. Esa ocasión se presentó durante el mandato del presidente Roosevelt, que ordenó el envió de buques de guerra, puso en alerta a los Marines y desplazó un número considerable de bombarderos a las inmediaciones de Cayo Hueso como medio de intimidación a los contendientes.

Don Alberto continuó con su disertación y pasó a relatar la etapa de Batista:

Ahora me voy a referir a Batista, pero antes de entrar de lleno en esta etapa debemos analizar, aunque sea superficialmente, la procedencia de este personaje que tanto influyó en la vida de Cuba. Provenía de una familia pobre, por sus venas corría sangre de diversas razas, lo que le confería un carácter especial. Desde temprana edad tenía que compatibilizar la escuela con el trabajo, pues debía ayudar económicamente en su casa, pero su espíritu despierto y ambicioso guio sus pasos a incorporarse a la milicia de su tierra. En su primera etapa como militar, al ser obediente y cumplidor con las órdenes castrenses fue ascendiendo y se granjeó la confianza de sus jefes, por lo que le otorgaron el grado de sargento. En su segundo periodo ocupó un cargo en el Estado Mayor del Ejército y paso a paso fue ganando escalones y prestigio dentro de la Institución Militar, llegando a ser nombrado Jefe del Estado Mayor. Desde este alto cargo esperó su momento, pero mientras tanto fue granjeándose la amistad de los grupos políticos y demás personajes influyentes de la sociedad cubana.

Con esos contactos y sus dotes de mando convenció a políticos influyentes para que lo apoyaran en los comicios de 1940, cuando precisamente se estrenaba la nueva Constitución, por lo que ganó los mismos por amplia mayoría. Durante el periodo de su mandato constitucional consiguió renovar las instituciones, logró bienestar para sus ciudadanos, implantó modernidad en los medios productivos, en definitiva, consiguió progreso y prosperidad para todos los ámbitos de la sociedad cubana.

Una vez concluido este primer mandato se retiró a los Estados Unidos, donde permaneció casi ocho años y desde la distancia mantuvo unas magnificas relaciones con sus compatriotas, ya que era tolerante con los planteamientos que le proponían. Esta se podría considerar como su primera etapa en la república.

A partir de ese primer mandato, vendría para Cuba una época de inestabilidad, ya que las elecciones de junio del 44 fueron ganadas por Grau San Martín, del Partido Revolucionario Cubano Auténtico, pero sin alcanzar la mayoría en el Senado. Como consecuencia de esa debilidad política, aparecieron grupos con intereses opuestos al bien común y surgieron disputas que degeneraron en conflictos entre facciones y enfrentamientos que perjudicaban al gobierno y a la nación. Debido a maniobras oscuras de estos clanes se cometieron una serie de actos dudosos y corruptelas que señalaron como responsable final al Presidente. Por esta cuestión, el Máximo Mandatario perdió el apoyo de varias organizaciones políticas, lo que conllevó a una debilidad del gobierno, que la oposición aprovechó para arremeter contra el presidente, aunque este consiguió mantenerse en el poder hasta las elecciones del 48. En dichos comicios salió elegido el señor Prío Socarrás, pero la convulsión y agitación política continuaban, mientras tanto los norteamericanos, a quienes estos vaivenes políticos cubanos no afectaban a sus intereses, no propiciaron ninguna intervención y continuaron con su política de no injerencia.

Como los intereses estadounidenses no se vieron afectados, el nuevo mandatario cubano recibió el beneplácito del Gobierno de los Estados Unidos y de su presidente Harry Truman, quien lo expresó públicamente. Pero la corrupción no cesaba y la violencia se incrementaba, todos los intentos por introducir mejoras fracasaban, por muy buenas intenciones que se pusieran en ello. Estos problemas y una serie de acontecimientos propiciaron que en 1952 se produjera un Golpe de Estado comandado por Batista. Este se hizo con las riendas del poder, pero la situación de empobrecimiento de la población fue en aumento y, sin embargo, la corruptela y el enriquecimiento fácil de políticos y altas jerarquías superaba cualquier cálculo, lo que permitía el asentamiento en suelo cubano de gánsters provenientes de las mafias norteamericanas, que instalaban los más diversos negocios, la mayoría de ellos ilícitos. Los Estados Unidos continuaban con su política de no intervención en los asuntos domésticos de otras naciones y  no ponían reparos ante tantos desmanes. A pesar de que ellos practicaban el puritanismo, a estos ciudadanos severos no les importaba desplazarse a Cuba para dar suelta a sus pasiones, ya que allí les estaba permitido, por lo que consideraban a la Isla como un lugar de veraneo.

Mientras tanto Batista gobernaba con mano férrea y realizaba una fuerte represión, suprimió las libertades individuales, solo permitía los medios que no atacasen a su gobierno y era tolerante con los que exaltaran sus virtudes, si es que tuviera alguna; por otro lado ordenó la clandestinidad del partido comunista y de cualquiera de las otras entidades que no compartieran sus planteamientos políticos. Todo ello contribuyó a que la ciudadanía decente fuera acumulando sentimientos de frustración y de rechazo hacia el Dictador. Los efectos no se hicieron esperar, pues en 1953 se produjo la primera muestra de rebelión con el asalto al Cuartel de Moncada, lo cual tuvo mucha repercusión y demostró que la sociedad cubana estaba harta de tanto desaforo y corrupción. A partir de ese momento se marcó el inicio de una revolución popular y, como consecuencia, la represión se hizo más dura.

En los momentos de esa primera revuelta, los Estados Unidos no tenían ni idea de los planteamientos de los rebeldes y sus intenciones políticas, y sin embargo suministraron armamento y equipos modernos al ejército y a las fuerzas de seguridad cubanas. Ya en 1958, los acontecimientos y la guerra de guerrillas que habían planteado los rebeldes con el fin de combatir al régimen de Batista iban en aumento y el éxito de los milicianos aumentaba. Los norteamericanos, para equilibrar la balanza, prohibieron la venta de armamento al gobierno cubano, lo que propició un enfrentamiento entre algunos dirigentes estadounidenses. Pero a pesar de ello el gobierno norteamericano exigió al gobierno cubano la no intervención de las tropas especiales cubanas, que habían sido preparadas para una emergencia continental y no para conflictos internos.

Prosiguió el profesor diciendo:

Tenemos que considerar los hechos que se fueron produciendo desde marzo del 58 hasta el 31 de diciembre de ese mismo año, que provocaron la partida de Batista y los acontecimientos que se desarrollaron posteriormente. En ese mes de marzo, ya se podía constatar que la situación se hacía cada vez más complicada y el gobierno norteamericano pensaba que con unas elecciones podrían solucionar la problemática cubana, pero en sus cálculos no contemplaban un triunfo del movimiento revolucionario; sin embargo, algunas de las multinacionales norteamericanas intuían que una victoria de los rebeldes iría en contra de sus intereses. Por esa causa proponían varias soluciones, una de ellas fue propuesta por un grupo de opositores cubanos al gobierno de Batista radicados en los Estados Unidos, la solución aportada consistía en que se propiciara un golpe militar, tras el mismo se instalaría una Junta Cívico-Militar que reemplazaría al Dictador. Dicha junta estaría formada por personalidades de la oposición al actual régimen y en ella se incluiría al Dr. Urrutia como un reconocimiento al Movimiento M26-7, así mismo se completaría este gobierno transitorio con la participación del exmandatario Prío Socarrás, que en esos momentos estaba en buena sintonía con Castro.

Algunos analistas políticos norteamericanos opinaban que se debía propiciar el golpe de estado y deponer a Batista si no se llegaba a un acuerdo de antemano con él, ello traería menor derramamiento de sangre que si continuaba el enfrentamiento entre la guerrilla revolucionaria y el ejército de Batista, además se minimizarían los problemas para la población civil. Ese fue el informe que le llegó al Departamento de Estado de EE.UU. Otras consideraciones recomendaban que se realizara presión sobre el régimen cubano para que convocara elecciones libres y honestas, pero debían ser realizadas a la mayor brevedad posible para evitar mayores enfrentamientos.

Estas peticiones hicieron su efecto y en noviembre de 1958 se convocaron elecciones generales con la finalidad de protagonizar una transición de la dictadura hacia un régimen democrático. Los comicios se celebraron bajo el Código Electoral del 43, vigente en esos momentos. Pero el ambiente que se vivía en la Cuba del 58 estaba muy enrarecido, los diversos partidos políticos que entraban en juego no se percataron de lo que representaban los rebeldes en esos momentos y no fueron capaces de realizar un pacto y presentar un frente común contra la corruptela imperante y las atrocidades de la guerra que se estaba librando. Las acusaciones que se lanzaban mutuamente daban pie al Movimiento 26-7 para tachar a la convocatoria como un intento de la tiranía para perpetrarse en el poder. La abstención fue muy alta, pues los votos depositados no llegaron al 15 % del censo electoral de esos momentos, lo que permitió que Fidel Castro y su grupo no valorasen esos comicios como válidos y continuasen con su lucha particular, sin escuchar lo que el pueblo opinaba en esos momentos.

En los meses anteriores al fracaso de las elecciones, la actividad de los servicios de inteligencia norteamericanos se hizo frenética, los memorándum, los cable cifrados, los telegramas y las conversaciones desde la Embajada de Estados Unidos en La Habana con el Departamento de Estado fueron muy frecuentes, yo diría que a diario. Los análisis de la situación cubana no se hacían esperar y eran reclamados insistentemente por los diversos departamentos de la Secretaría de Estado.

La Secretaría pretendía tener la máxima información sobre el alcance y progreso del movimiento guerrillero, las víctimas ocasionadas por ambas partes, las consecuencias sobre la población civil y un largo etcétera. Un informe emitido por un miembro de la agencia de inteligencia resaltaba el posible triunfo del Movimiento 26 de julio y sus coaligados, además, en dicho informe se añadía que no había argumentos bastantes para determinar si Castro era comunista, sin embargo afirmaba que algunos de sus máximos colaboradores y segundos en el mando tenían antecedentes comunistas, inclusive algunos lo habían reconocido públicamente.

Los informes que se remitían desde Cuba denotaban poco conocimiento de la situación real que se estaba desarrollando en la Isla, pues pensaban que la fracasada huelga general convocada por Castro hacía intuir que la situación estaba más o menos controlada. Ya en el mes de noviembre afirmaban que a pesar de que el ejército seguía siendo fiel al régimen, la solución de implantar la Junta Cívico-Militar era la única posibilidad de aplacar el conflicto. Pero estos analistas no cono-cían los efectivos reales de Castro, ya que en sus informes referían que solo contaban con mil doscientos rebeldes en lucha y estos no eran suficientes como para derrocar a Batista, su gran error residía en que esos milicianos estaban entrenados para hacer una guerra de guerrillas y además contaban con una amplia partida urbana. Otra de las sugerencias emanada desde la embajada estadounidense fue que se enviara armas y equipos a Batista, según ese comunicado, pensaban que eso mejoraría la predisposición del régimen a realizar unas elecciones neutrales en noviembre. Esta propuesta no mereció la consideración de Washington, las órdenes del gobierno norteamericano eran que Batista realizara un gesto de integración, que mantuviera conversaciones con la oposición y que prometiera la convocatoria de las elecciones demandadas por las demás facciones políticas cubanas.

Por ese tiempo, el gobierno de los Estados Unidos llamó al embajador cubano para exigirle una explicación sobre el desempeño de los militares cubanos entrenados y equipados por el Programa de Asistencia Militar Conjunta, que se mantenía entre ambas naciones, ya que el servicio de inteligencia tenía conocimiento que dichos efectivos se estaban empleando para misiones contra la guerrilla.

Las altas autoridades estadounidenses no querían se les asociara con la dureza del régimen dictatorial, también valoraban mucho la opinión de los influyentes medios de comunicación norteamericanos sobre las actuaciones y acciones que se tomaran en Cuba, por lo que debían cuidarse mucho de que se les relacionara con operaciones represivas.

En el mes de junio se trasladaron corresponsales de los principales periódicos norteamericanos y de América Latina a La Habana para analizar la situación, la cual cada vez se tornaba más complicada, sus crónicas y su análisis políticos se difundieron por todo el Mundo. Durante los meses siguientes se intensificó el flujo de documentación y consultas, no solo entre el embajador norteamericano y su gobierno, sino también entre ambos gobiernos, con el fin de buscar una negociación pactada entre fuerzas políticas cubanas.

Desde noviembre del 58, los servicios secretos estadounidenses intensificaron su labor y, a través de la embajada, se enviaban cables, mensajes y telegramas, la mayoría de ellos cifrados y con el estampillado de “Top Secret”, otros se expedían con el membrete de Confidencial prioridad absoluta”. En esos meses de final de año se desató una actividad frenética de los servicios de información diplomática de la embajada, se sucedían los memorándum y las notas informativas, ya que desde Washington necesitaban conocer lo que sucedía en Cuba, así mismo se remitían desde la capital de EEUU documentos donde se hacía una valoración de la situación que titulaban “Estimación Nacional de Inteligencia Especial” o se enviaban telegramas a los países latinoamericanos informándoles de los planes y de los pensamientos que tenía el gobierno estadounidense sobre la situación cubana y cuyo título figuraba como: “Telegrama Circular del Departamento de Estado para algunas misiones diplomáticas en las Repúblicas Americanas”.

Al mismo tiempo que se vivía esta labor acelerada por parte de los servicios de información norteamericanos, no se tenía un conocimiento exacto de los planteamientos de Castro, que por esas fechas se había convertido en el líder indiscutible de la revolución. En varias ocasiones trataron de sondearlo para ofrecerle ayuda, pero ello se produjo aparentemente a espaldas de la Casa Blanca; en cualquier caso Fidel nunca aceptó ayuda de ninguna parte, eso al menos era lo que las apariencias indicaban, sin embargo algunos opinaban que estaba recibiendo asesoramientos y recursos dinerarios del exterior. Los analistas de la época se hacían la siguiente pregunta ¿Quién aportaba esos fondos si no eran los Estados Unidos? Pregunta que posteriormente se desvelaría al iniciarse las relaciones con la URSS.

Prosiguió don Alberto sus comentarios sobre el conflicto armado:

Durante el periodo de guerra, los estadounidenses se mantuvieron aparentemente al margen del conflicto, y el primero de enero del 59, cuando Castro asume el poder y se nombró al Presidente y su Gobierno Provisional, pensaron que todo volvería a su cauce normal. El Sr. Urrutia había anunciado respetar la Constitución del 40 y convocar elecciones libres y democráticas, lo que tranquilizó a los norteamericanos, pero pasaron unos meses y comenzaron los ataques verbales de Castro y de algunos de sus ministros contra los Estados Unidos, por lo que las relaciones se enfriaron, los intereses de los ciudadanos norteamericanos instalados en Cuba se vieron perjudicados y la política hacia esa nación se endureció; todo ello condujo al Presidente Eisenhower a decretar ciertas restricciones y a establecer un embargo económico, financiero y comercial sobre la isla, aunque de manera parcial.

Las relaciones se hicieron cada vez más difíciles y cualquier escusa era válida para poner en evidencia al gobierno norteamericano, un hecho significativo de este proceder del gobierno revolucionario se produjo a finales del año 60, cuando fueron expulsados dos diplomáticos de la delegación norteamericana con una grave acusación. En la nota que fue cursada por el gobierno revolucionario se recogía: “Apoyar actos de terrorismo, conceder asilo ilícitamente, financiar publicaciones subversivas y comerciar con armas de contrabando».

En enero de 1961, la situación entre Cuba y los Vecinos del Norte empeoró, lo que propició la rotura de relaciones diplomáticas.

Con esta última explicación, don Alberto puso punto y final a su disertación.

Jin aprovechó la ocasión para preguntarle:

¿Conoces la postura de los norteamericanos después de la ruptura de relaciones?

El profesor le contestó que no y a continuación le prometió que localizaría a un combatiente cubano en el exilio que viajaba mucho entre Miami y San Juan de Puerto Rico. -Tan pronto como tenga noticias de él te lo comunico, llámame pasado mañana y te diré algo, le comentó.

En el día señalado, Jin llamó a don Alberto, quien le dio la noticia de que durante todo el mes de mayo Adams, que era el nombre de este asilado, estaría en Puerto Rico.

-Además me aseguró que estará pendiente de la llegada del buque para visitarte.

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