Capítulo 38 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1

Pudo ser un Undercover

 

Luego de leer 37 capítulos es momento de compartir el Capítulo 38 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Invasión a la Playa Girón.

 

 

38

 

Las declaraciones del Brigadista de Playa Girón 

 

Después de la escala en La Guaira, pusieron rumbo a Canarias, donde tenían prevista la llegada en poco más de siete singladuras. La vida a bordo se desarrollaba como en otras ocasiones, Jin organizaba sus acostumbradas tertulias de a bordo en las que se contaban las historias y penas por parte de los exiliados. Nuestro personaje las escuchaba travesía tras travesía, y veía como la desilusión se plasmaba en la mayoría de los cubanos, ya que el régimen había endurecido su postura y represión después de que había fracasado la invasión de Bahía de Cochinos, desde esos momentos se envalentonó considerablemente y optó por posturas más radicales.

Completadas las singladuras, el buque llegó a Tenerife y se procedió a desembarcar al pasaje que venía con destino final Canarias. Después de pasada media hora de la llegada, se presentó a bordo una persona preguntando por Jin, como estaba pendiente de esta visita, él mismo lo recibió en el portalón.

Este personaje comenzó diciendo:

Soy Gregory, amigo de Adams de Puerto Rico, quién me envió una carta para que contactara con usted.

Nuestro personaje le dijo:

Efectivamente te quería conocer para que pudiéramos charlar sobre Cuba, además te agradece-ría que no me trates de usted, pues no me considero viejo y creo que casi tenemos la misma edad.

Pero la realidad era que este excombatiente, a pesar de que había dicho que tenía 29 años, representaba más de cuarenta, aunque era de complexión fuerte y medía como un metro setenta y cinco, pesaría no más de cuarenta y cinco kilos y se le veía muy demacrado, ello era lógico, después de haber pasado bastante tiempo en las cárceles cubanas.

Jin lo invitó a saltar a tierra, donde pudieran hablar con tranquilidad mientras se tomaban algo. Nuestro personaje le contó cosas de Cuba y sus relaciones con los exiliados, pues en sus múltiples escalas en La Habana se había relacionado con muchos cubanos de la capital y del interior, además mantenía amistad con otros compatriotas en diferentes países de América y en varios puertos de España.

Gregory le manifestó:

Viajé desde Miami a Venezuela en otro de los barcos de la compañía y luego me trasladé a Tenerife, hace solo un mes que estoy aquí, donde tengo un familiar que me ha acogido.

Nuestro marino le explicó:

Si no tienes inconveniente me gustaría conocer todo lo referente a la invasión de Playa Girón. Además Adams me explicó que estuviste en ese fregado

¿Me podrías contar esa aventura?

El combatiente le expresó:

Con mucho gusto, pero creo que en primer lugar debo referirte cómo empezó todo.

A nuestro personaje le pareció bien, pues consideraba muy interesante conocer todos los antecedentes.

Comenzó el expedicionario narrando sus impresiones sobre el conflicto:

Después de muchos intentos, por parte del gobierno norteamericano, de atraerse al nuevo régimen castrista, y a pesar de que había enviado emisarios que mantenían buena amistad con el presidente Urrutia, los Estados Unidos requirieron los buenos oficios del expresidente Prío Socarrás con el propósito de realizar algún acercamiento a Castro que pudiera lograr un entendimiento con el gobierno revolucionario, pero Fidel y sus máximos colaboradores seguían manteniendo su postura y continuaban con su programa de enfrentamiento con los del Norte. Por ello al gobierno estadounidense no le quedó otra posibilidad que buscar otros caminos para tratar de influir en el régimen cubano o conseguir establecer otros mandatarios que ejercieran una política más acorde con el bloque occidental. Entonces el Departamento de Estado recurrió al Servicio de Inteligencia para que diseñaran las estrategias correspondientes con el fin de darle un vuelco a la situación que se estaba planteando en el área del Caribe.

Sin tratar de entrar en muchos detalles, Gregory prosiguió explicando:

Se organizaron los supuestos intentos de magnicidio o la ayuda que se prestaba a grupos contrarrevolucionarios en el interior de la Isla, a estos combatientes se les procuraba enviar, por vía aérea, armas y pertrechos de guerra.

El excombatiente hizo un alto en su explicación, pero continuó con su historia:

Ahora te voy a contar lo que realizaron, en su destierro en los EE.UU., los cientos de asilados. En primer lugar se dieron los primeros pasos para estructurar una oposición en el exilio, posteriormente se creó el “Consejo Revolucionario en el Exilio” que representaba la máxima autoridad, la cual se encargaba de coordinar las acciones y operaciones que se pusieran en marcha para el derrocamiento del régimen castrista. Las aportaciones dinerarias y las directrices clandestinas las marcaba la Agencia, pero como pasaban los meses y no se conseguían avances significativos, se abordaron tareas más prácticas y se decidió poner en marcha la que se denominaría “Fuerza de Choque”, en la que se incluían diversas actividades, una de ellas consistía en captar militares de las Fuerzas Armadas Cubanas que hubieran pertenecido al ejército en la etapa anterior con el fin de proporcionarles preparación como instructores militares; el entrenamiento se realizaría en campamentos que poseían los Estados Unidos en la zona del Canal de Panamá.

Pasado un tiempo, creo que fue en el mes de noviembre del 60, se hizo una evaluación de la situación de la lucha que estaban librando los contrarrevolucionarios en las sierras cubanas y se llegó a la conclusión de que la insurrección no conseguía avanzar en lo más mínimo, todo lo contrario, su retroceso era evidente. Los responsables de esas guerrillas trasmitían su preocupación e hicieron llegar el siguiente mensaje: “La situación se hace insostenible, están cayendo muchos compañeros, se debería evacuar a los pocos que quedan con vida”. Ante esta realidad tan desesperada y las noticias poco halagüeñas que procedían de Cuba se reunió en Washington la plana mayor de los estrategas de ese país compuesta por miembros del Pentágono, Departamento de Estado, Consejo Nacional de Seguridad y la CIA, esta última reconoció que la estrategia que estaban empleado hasta el momento no funcionaba y que los combatientes internos no conseguían alcanzar ninguno de los objetivos propuestos porque la mayoría habían muerto en los enfrentamientos con los milicianos de Castro, quienes los sobrepasaban en un número considerable. Por todo ello y ante la situación tan desesperada que se intuía, aconsejaron tomar otras alternativas, una de ellas era implementar un batallón de voluntarios cubanos, con la finalidad de que realizaran un desembarco en toda regla para provocar la caída del régimen castrista. Este planteamiento fue expuesto por el representante de la CIA y aprobado por los presentes.

Pero estos planes se estaban fraguando cuando se producía un cambio de gobierno en los Estados Unidos, otro factor importante era que los nuevos mandatarios pertenecían a otro partido distinto al que estaba gobernando hasta esos mementos, por lo que no se sabía la política que iba a seguir el nuevo gobernante y los planes que tenía pensados para Cuba. La trasmisión de poderes se realizó el 20 de enero del 61, y el anterior presidente puso al nuevo en antecedentes de todas las cuestiones, así como de las problemáticas pendientes y de todos los asuntos de la Nación; como era lógico el nuevo mandatario debía asumir y meditar todos los temas planteados e informar a sus Secretarios de Estado y demás colaboradores. Como no podía ser menos, le expusieron el plan de la intervención en Cuba, así mismo le trasmitieron el apoyo que se estaba dando a los combatientes cubanos, lo que le pareció bien, pero el nuevo presidente tenía una cuestión muy clara, y era que no se viera la mano de los EE.UU. en cualquier acción que se tomase.

Continuó el expedicionario:

En esos momentos, el “Consejo Revolucionario en el Exilio” comenzó a realizar el reclutamiento e hizo un llamamiento a todos los exiliados, con ello se consiguió que se viviese un fervor patriótico en las ciudades norteamericanas donde se encontraban los exiliados cubanos. En ese tiempo me presenté voluntario y me alisté. Mientras tanto, la CIA requirió los servicios de instructores de las Fuerzas Especiales para la preparación de los futuros expedicionarios, así mismo solicitó el permiso para realizar los entrenamientos en una base de Guatemala.

Con el fin de que se completara la dotación de pilotos que fueran expertos en entrenamiento, la CIA tuvo que requerir la autorización con el fin de contratar aviadores militares estadounidenses para dedicarlos a esas tareas, concedieron lo solicitado, pero con la condición de que no tomaran parte en la futura invasión de Cuba y que no se vieran involucrados en la lucha que mantendrían los expedicionarios cubanos. Pero a los pocos días de estos preparativos y de la organización de la fuerza de paramilitares cubanos, surgieron algunas discrepancias entre los militares y la Agencia, ya que los primeros ponían en duda las competencias para organizar y preparar una operación militar de tanta envergadura, al final, para zanjar esta problemática que había surgido entre los dos organismos, el Consejo Nacional de Seguridad concedió a la CIA la autoridad suficiente para llevar a cabo esta operación.

Prosiguió nuestro combatiente contando más impresiones de esta historia:

En los primeros meses del año 1961 se fueron seleccionando a los exiliados que se habían reclutado, se prosiguió con la evaluación de su destreza militar, a lo que siguió la configuración de un contingente de 2.500 efectivos. El siguiente paso consistió en distribuirlos por las diferentes bases de entrenamiento con el fin de proporcionarles la primera instrucción y técnicas militares.

Los analistas realizaron un primer informe, a principios de febrero del 61, en el que ponían de manifiesto los planes elaborados para llevar a cabo la intervención militar; según ese dossier, los preparativos iban por buen camino y los plazos propuestos del entrenamiento se estaban cumpliendo. Además en dicha documentación se añadía que  el asalto a las costas cubanas de la unidad anfibia no tendría mayores problemas por el lugar elegido, ya que a esa zona los milicianos de Castro tardarían dos o tres jornadas en llegar y no dispondrían de suficientes efectivos para plantarles cara. Se consolidaría un lugar para que los representantes en exilio establecieran un gobierno provisional, el cual solicitaría ayuda a los EE.UU. y a otras naciones amigas.

Otra de las equivocaciones de ese informe consistía en la creencia, a fe ciega, que el pueblo se levantaría nada más conocer la noticia del desembarco de los contrarrevolucionarios.

Continuó Gregory con su relato:

Al mes siguiente, la Junta de Jefes del Estado Mayor Conjunto, realizó otro informe en el cual ponían de manifiesto que el desembarco se culminaría con toda garantía y sin obstáculos, ya que a las milicias castristas les costaría averiguar el lugar del asalto.

Nuestro combatiente, con nostalgia, nos explicó:

Fue tremendo error tanto de los analistas de la Agencia, como de los militares de la Junta, ya que no supieron valorar el contraespionaje que Castro mantenía infiltrado dentro de los exiliados, además, en esos momentos, tanto en Miami como en otras ciudades norteamericanas, el que más y el que menos contaba con algún familiar o amigo en la fuerza expedicionaria.

Este punto se lo confirmó Jin, ya que él mismo conocía el posible asalto a las playas cubanas por las diversas conversaciones que mantuvo con los milicianos que custodiaban el buque en el puerto de La Habana.

El excombatiente prosiguió con el relato de los días previos a la invasión:

El día 11 de marzo los analistas y los jefes de la Junta se reunieron con los mandos de la fuerza expedicionaria y les explicaron el plan minuciosamente, esa comunicación prosiguió en toda la cadena de mando con el fin de que se fueran preparando, pues el asalto a las playas cubanas era inminente. Pero el hecho relevante fue que estudio tras estudio y análisis y más análisis, los planes se iban cambiando día tras día, lo mismo que los lugares donde se produciría el desembarco, algunas veces hicieron mención de tomar la Isla de Pinos, en otros apuntaban como lugar la Península de Zapata y a veces creían que era mejor al norte de la provincia de Oriente, el caso era que no se ponían de acuerdo y las dudas entre nosotros aumentaban, pues nos dejaban fuera de toda opinión y no requerían ningún consejo, especialmente en lo referente al elemento geográfico, pues la mayoría de nosotros éramos los verdaderos conocedores de las costas y no se tenía en cuenta nuestras sugerencias.

Al final se decantaron por la Península de Zapata. Los consejos y apuntes que aportábamos se consideraron triviales, lo que a ellos realmente les importaba eran los informes de inteligencia.

Unos días antes de la fecha del desembarco se recibió un memorándum, proveniente de la Embajada Norteamericana de Caracas, con el estampillado de “TOP SECRET”, con destino al Presidente de la Junta Nacional de Estimados de Inteligencia, fechado el 10 de marzo. El informe reflejaba todo lo contrario a lo que la Agencia estaba manejando, sus conclusiones eran totalmente contradictorias a los informes de inteligencia, pero los analistas de la Compañía no pusieron en duda su trabajo y, además se sentían apoyados por sus máximos responsables, por lo que este documento no se tomó en consideración.

En esos momentos, Jin le comentó:

Sobre ese comunicado tengo que añadir una parte a tu historia, pues encaja perfectamente con lo que estás contando.

Entre las amistades que mantengo en los diferentes puertos donde hacemos escala, se encuentra David en San Juan de Puerto Rico, quién me visitó el 23 de febrero, estuvimos hablando y me rogó encarecidamente que me enterara en profundidad y con detalle de la situación en La Habana, que hablase con el primo de Miguel y con los milicianos, que procurara la información que pudiera sobre la operación de desembarco y lo que sabían de ella en la ciudad, esto lo consideraba como un favor personal, y además añadió -En La Guaira te visitará nuestro común amigo de Caracas, Michael para que le cuentes lo que hayas averiguado-.

Para que los acontecimientos vividos por Jin pudieran encajar y se comparasen con la historia del combatiente, nuestro marino comenzó a realizar una cuenta atrás de esa etapa y con ello quería comprobar su teoría, pues haciendo memoria y según el Diario de Navegación, creía firmemente que el testimonio que recabó de la situación que se vivía en esos días en La Habana y que le relató a Michael, tuvo algo que ver con ese informe a la Junta de Inteligencia.

El brigadista lo animó para que le confirmara ese particular, ya que a él le constaba que el 10 de marzo desde la Embajada Norteamericana de Caracas se cifró un cable confidencial que coincidía en la fecha que mantuvo la charla con Michael.

Jin se quedó un momento pensativo y comenzó a barajar fechas de entradas y salidas del buque en los diversos puertos y en voz alta, comenzó diciendo:

Nuestra llegada y salida de Puerto Rico fue el 23 de febrero, tardamos 66 horas para arribar a La Habana, lo que nos situaba en el 26 de febrero, la estancia fue de cuatro días, ya que la situación se notaba convulsa y los tramites se realizaron mucho más lentos, efectuamos la salida el 2 de marzo, continuamos el viaje a Cartagena de Indias, lo que nos llevó 78 horas, cuando salimos de ese puerto el calendario marcaba el 5 de marzo, ese mismo día zarpamos para Maracaibo y después de una escala de 6 horas se puso proa a La Guaira, llegando a las 14:00 horas del día 8 de ese mes, a la media hora de nuestra llegada se presentó Michael, casi al mismo tiempo que los agentes de aduanas.

Este personaje me preguntó si podía salir hasta Pariata, donde había un bar de unos amigos y en el que podíamos hablar con tranquilidad sobre el encargo que me había hecho el amigo común de Puerto Rico.

Ya en el bar iniciaron la conversación y Jin le trasmitió todo lo que había recabado en La Habana, una vez que concluyeron la charla, Michael se mostró muy satisfecho del informe que le había facilitado nuestro personaje y le comentó que le había ayudado mucho, después de terminarse las consumiciones se despidieron hasta la próxima llegada del buque.

El comentario de Gregory fue:

Ya no me cabe duda de que lo que le contaste a Michael sirvió para elaborar el cable confidencial que se envió desde la embajada.

Después de las palabras del excombatiente, Jin realizó sus propias reflexiones sobre ese particular y se las puso de manifiesto:

Ahora comprendo por qué David me solicitó que averiguara si notaba algo anormal con respecto a otras estancias en La Habana, si los comentarios se salían de lo corriente, que hablara con los primos de Miguel y sobre lo que manifestaban los milicianos de la posible invasión de los yanquis. En segundo lugar, me pareció extraño que desde que entramos en aguas cubanas y en tres ocasiones nos cruzamos con patrulleras cubanas y en otros viajes nunca las habíamos avistado. En tercer lugar, me sorprendieron los comentarios que se hacían en La Habana, pero eso sí, siempre en voz baja, de que se iba a producir una invasión en toda regla y el gobierno estaba preparando a la población.

Continuó Jin refiriendo los sucesos de esos días en La Habana:

Los milicianos que prestaban su custodia a bordo me contaron: “Mire mi oficial, los yanquis nos quieren invadir, y nuestro comandante en jefe lo sabe, pues tiene amigos en Miami que le cuentan lo que pasa por el Norte, pero nosotros los vamos a esperar para darles fuego, nuestra revolución la vamos a defender hasta la muerte, el pueblo está con Fidel”. Los comentarios de mis amigos asturianos y gallegos también confirmaban lo expresado por los milicianos, los noté  preocupados, me explicaron que salían poco a la calle, pues los controles se habían endurecido y era suficiente cualquier excusa para detenerte, la policía estaba nerviosa y los servicios secretos no descansaban.

Como complemento a su testimonio, nuestro protagonista también se entrevistó con José, el primo de Miguel, que le informó de lo que él creía:

José se encontraba muy preocupado, pues muchos de sus compañeros de la clandestinidad estaban detenidos, todas sus actividades habían sido cortadas, nadie podía reunirse porque si la G2 observaba tertulias de más de tres personas, rápidamente los interrogaban, tampoco se podían fiar de los vecinos porque no sabían quién lo podía vender. Además, un amigo que vino de Oriente le comunicó que a un primo suyo lo detuvieron en su pueblo y se veían movimientos de tropas por esa parte del país. Este último comentario coincidía con lo que le había relatado uno de los matrimonios de Matanza que embarcaron en La Habana, con destino a Cartagena de Indias, durante el viaje le refirieron que cuando venían desde su ciudad hacia la capital se cruzaron en dos ocasiones con transportes de tropas y material de guerra, ellos pensaban que se trataba de entrenamiento de las milicias. Otro exiliado que estaba oyendo comentó que él había visto lo mismo cuando venía desde Santa Clara. En líneas generales ese fue el relato que Jin le hizo a Michael durante su conversación en La Guaira.

Nuestro combatiente continuó, refiriendo su odisea:

Después de que realizamos el desembarco pudimos comprobar que los grupos que operaban en Escambray estaban aniquilados y no nos podían prestar apoyo, así mismo la población cubana estaba asustada, el terror se había apoderado de ellos y por consiguiente se mantenía es sus casas.

Prosiguió Gregory:

Los altos jefes militares y sus estrategas fijaron la fecha de la invasión para el 10 de abril, pero la Agencia, como quería tener la última palabra y echarle teatro a la cosa, manifestó que lo mejor sería posponerlo para el 17, ya que debían atar unos cabos sueltos que quedaban en el interior de la Isla, por ello prevaleció la fecha impuesta, este era el precio que había que pagar al tener ellos el mando de la operación. Una vez fijada la fecha, quedaba el lugar, tras un amplio debate y esgrimiendo diversas tesis que complacían a unos pero que eran obstáculos para otros, decidieron marcar el lugar por donde se realizaría el desembarco, la Península de Zapata. Desde ese momento comenzó el agrupamiento de los expedicionarios y su embarque, el avituallamiento de los buques y la carga de los pertrechos militares. Una vez se hubieron completado todas las labores, los buques partieron  de sus puertos base, como si se tratara de viaje rutinario, con rumbo al sur, una vez completado el primer día de navegación se les ordenó reagruparse en un punto del mar Caribe para luego dirigirse a la Península de Zapata en Cuba. Ya la invasión de la Isla estaba en marcha y con ella nació este grupo de combatientes, denominados “Brigada 2506”.

 

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