Capítulo 60 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Luego de leer 59 capítulos es momento de compartir el Capítulo 60 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Opiniones sobre crisis de los misiles en Cuba.

 

60

 

La opinión de diversos tertulianos sobre la crisis de los misiles

 

El buque realizó la salida de La Guaira con toda normalidad, en horas de la mañana, los oficiales radiotelegrafistas difundieron por megafonía una recopilación de las noticias recibidas de diversas emisoras radiofónicas. Entre otras y como primicia, se incluía la finalización de la crisis de los misiles y la noticia del acuerdo pactado por las dos grandes potencias, pero también se intercalaba una noticia captada desde La Habana, donde comentaban el monumental cabreo de Fidel Castro por haberle privado de su armamento. Estas noticias de la finalización de la crisis llenaron de alegría, tanto a los tripulantes como a los pasajeros, pero especialmente a los marinos, pues navegar por esas aguas en un futuro próximo resultaría sumamente peligroso si se hubiera desatado un conflicto nuclear. Los viajeros demostraron su júbilo al recibir esta exclusiva, pues todos dejaban algo en su tierra y no querían que los familiares y amigos que allí quedaban tuvieran que soportar, además de los abusos y atropellos que les tenían acostumbrado el régimen, las penurias añadidas que suponía una guerra de esas características. Todos querían comentar estas noticias, y en la acostumbrada la tertulia pretendían dar su opinión, por ello Jin les propuso que la intervención se realizara por turnos y según los conocimientos y experiencias de cada uno, de esta manera tendrían varias versiones de lo que podría suceder en el futuro, analizando, por supuesto, lo ocurrido en el pasado.

 

El criterio de un experto en comercio exterior

 

Como de costumbre se reunió la habitual tertulia en horas de la tarde, en esta ocasión fue mucho más concurrida que en viajes anteriores, pues un gran grupo de pasajeros quería emitir sus opiniones y analizar lo que ocurriría a partir de ese momento con el régimen castrista, ya que los norteamericanos se habían comprometido a no invadir la isla ni intervenir en los asuntos internos cubanos, por lo que la mayoría manifestaba que su exilio sería largo. Uno de los primeros que participó fue un señor que se identificó como “Experto en Comercio Exterior”, y su mayor preocupación la representaba el desabastecimiento que iba a sufrir la ciudadanía por el bloqueo, por lo que el resto de tertulianos lo animó para que expusiera su opinión.

Comenzó don Enrique, que era el nombre de este pasajero:

Permítanme que me remonte un poco en el tiempo para que comprendan mis argumentos.

Por todos es conocido que a escasos seis meses de llegar al poder, los rebeldes iniciaron la incautación de propiedades y la nacionalización de empresas, principalmente las de capital norteamericano, ofreciéndoles compensaciones ridículas en bonos a muy largo plazo, así mismo, la demostrada hostilidad de los principales líderes revolucionarios hacia el Gobierno de los Estados Unidos era patente, y mientras esto sucedía, el Presidente Eisenhower ordenó una revisión de las relaciones comerciales con el Gobierno Cubano, pero una vez que se conocieron los planteamientos emanados de la Ley de Reforma Agraria que comenzó a aplicar el Directorio, donde persistió con un ataque planificado a todo lo norteamericano, el ejecutivo estadounidense lanzó una primera advertencia, que consistió en una disminución de la cuota azucarera, retirar la ayuda económica que le venía dispensando y decretar restricciones comerciales si continuaban en su actitud contra los intereses de sus ciudadanos en Cuba.

Prosiguió don Enrique exponiendo sus conocimientos sobre la política comercial:

A partir de ese momento se entró en una vorágine mayor que cualquier huracán caribeño, pues a una nueva nacionalización o incautación de bienes estadounidense en la mayor de las Antillas se sucedían nuevas limitaciones en el intercambio comercial entre los dos países, además se realizaban recomendaciones a otras naciones del bloque occidental para que limitaran en lo posible las transacciones comerciales con la isla. Por otra parte, a finales del año 1959 ya se habían producido algunos intentos de exportar la Revolución Cubana a naciones cercanas, por lo que el gobierno estadounidense recomendó a los gobiernos de su influencia que no le vendiesen armas al régimen cubano; por ejemplo, se le recomendó al Gobierno Británico que no suministrase aviones de combate a las Fuerzas Armadas Cubanas.

Por su parte, el vacío económico dejado por la potencia americana lo iba ocupando de manera encubierta la Unión Soviética, que realizó una penetración en todos los ámbitos, tanto estatales como empresariales. Las relaciones cada día se hacían más escabrosas por las intransigencias de ambas partes.

Durante los primeros seis meses del año 1960, el gobierno norteamericano ordenó a su embajada en La Habana que comunicara al régimen cubano lo siguiente: “Por los constantes ataques a los intereses de súbditos norteamericanos y los continuos insultos y menosprecio hacia el gobierno y al pueblo estadounidense se cancelará la asistencia a la Isla emanada de la Ley de Seguridad Mutua, salvo que el Presidente Estadounidense lo autorice por interés de la nación o porque acontecimientos extraordinarios en este continente así lo determinen”.

A finales de junio del 60 se produjo un hecho relevante con referencia al suministro energético, pues las compañías petroleras norteamericanas se negaron a seguir refinando el petróleo crudo procedente de la Unión Soviética, ya que los suministradores venezolanos se habían negado a abastecer a las refinerías cubanas, por el enfrentamiento que mantenía Castro con Bethencourt, con ello la penetración soviética se incrementó.

Continuó el tertuliano con su disertación de la problemática económica cubana:

Castro consideró el apoyo económico soviético como una salvación, lo que hizo que se envalentonara aún más y siguiera perjudicando los intereses norteamericanos, al igual que los de otros países, pues para algunos analistas de esas fechas, todo apuntaba a que se estaba aplicando la doctrina marxista-leninista en toda su amplitud. En una  reunión del gabinete presidencial norteamericano se ordenó realizar una reducción de la cuota azucarera en unas setecientas mil toneladas, para ello se valieron de una enmienda que introdujeron en la Ley Azucarera de 1948. Con esta medida las cuestiones económicas se complicaron aún más, ejerciendo el régimen cubano mayor presión sobre los intereses extranjeros en la Tierra de Martí. Ese vórtice en espiral no se detuvo y el ejecutivo estadounidense ordenó nuevas restricciones, suspendió la licencia de exportación para camiones, autobuses, automóviles y sus recambios. Por otra parte, el Departamento de Aduanas siguió las órdenes de la Secretaría del Tesoro, donde se comunicaba que no se despacharían los buques desde puertos estadounidenses, que no manifestaran sus cargas completas, las guías de exportación autorizada y el destino final de esas mercancías, para evitar que se realizaran transacciones a través de otras naciones.

Otra de las recomendaciones emanadas desde el gobierno norteamericano fue la que sus ciudadanos no viajaran a la mayor de las Antillas, salvo necesidades urgentes o humanitarias. Así mismo se implantó unas normas muy precisas para impedir cualquier transacción comercial, solo quedaron excluidos de esta regla los alimentos de primera necesidad, las medicinas y la entrega de equipos médicos imprescindibles para el funcionamiento de los hospitales.

Además, casi a final de ese año, se anunció la suspensión total de la cuota azucarera prevista para el año 1961. En el mes de enero del 61, la situación, no solo comercial sino también diplomática, llegó a unos límites tales que los Estados Unidos rompieron relaciones diplomáticas y consulares, por lo que la Embajada de Suiza pasó a encargarse de sus asuntos. Además el Departamento de Estado tomó la decisión de no conceder autorización para viajar a Cuba si no era por cuestiones de interés nacional. En febrero de ese mismo año, el gobierno estado-unidense tenía un nuevo presidente, el Sr. Kennedy, quien después que recibió todos los antecedentes de la cuestión cubana, no solo persistió en lo decretado anteriormente, sino ordenó que se realizara una nueva evaluación y de ella se desprendió un nuevo decreto en el que se prohibía las compras de tabaco, frutas tropicales y otros productos manufacturados en Cuba. De igual manera, desde el Departamento de Comercio se fijaron nuevas normas, aún más estrictas, para la exportación a la isla de cualquier producto.

Las ofensas del régimen cubano no se detenían ante estas medidas norteamericanas, al contrario. Las represalias se extendieron contra los pocos intereses estadounidense que aún quedaban en la Isla. Además, el Gobierno de Washington no se quedaba atrás y entró en ese mismo juego, pues a partir del mes de marzo se difundieron en la prensa de esa nación una serie de comunicados gubernamentales donde se expresaba la opinión y las medidas que se tomarían desde esos estamentos para que el régimen cubano entrara en razón. Desde la Secretaría de Estado se creía conveniente sancionar con un embargo más contundente a la mayor de las Antillas, por lo que se filtró la siguiente noticia, que apareció en todos los medios, sobre la posible aplicación de la Ley de Comercio con el Enemigo, vigente desde la Segunda Guerra Mundial. De igual forma se introdujeron reformas en la Ley de Comercio con respecto a Cuba y las Regulaciones de Exportación, donde se imponía una licencia de carácter general a los alimentos, medicinas y equipos médicos, que con anterioridad no estaban sujetos. Pero ni con todas estas medidas, los mandatarios cubanos no desistían de su empeño y proseguían con la implantación de un comunismo total en Cuba.

Continuó con su exposición este tertuliano añadiendo:

Como persistía esa actitud en el régimen cubano y no se lograba un cambio en los planteamientos y los postulados esgrimidos por Castro, los analistas políticos norteamericanos, después de analizar los informes recopilados por los servicios secretos y las agencias gubernamentales estadounidenses, prepararon y aconsejaron al gobierno que la única solución posible para acabar con el problema planteado era el derrocamiento o sustitución de Castro por cualquier medio. A estos planteamientos críticos se les dio luz verde y se pusieron en marcha varias alternativas, las que no voy a repetir, porque son por todos conocidas.

Todo este cúmulo de acciones dio como resultado más ataques a los intereses norteamericanos que fueran contestados con más restricciones, lo que llevó al Gobierno Norteamericano ordenar que se mantuviera el embargo y se suprimiera la cuota azucarera del año 1962.

El deterioro ha llegado a tal extremo que se prohibió todo trato comercial con la Isla, esto ocurrió a principios de febrero del 62. En ese mismo mes, altos representantes de la Casa Blanca se desplazaron a Europa con el fin de conseguir una disminución en las relaciones comerciales de ese continente hacia la mayor de las Antillas, especialmente en lo concerniente a equipos militares y estratégicos. Otra de las medidas fue las restricciones dinerarias a través de los giros postales y la prohibición de importar cualquier producto que en su elaboración contuviese materia prima cubana, aunque fuera manufacturado en un tercer país.

Todo ello hace prever que la escasez se acentuará en tiempos venideros, ya que al gobierno norteamericano, después de esta crisis que ha concluido en estos días, solo le ha quedado implementar las medidas del bloqueo comercial y financiero.

Con esta última aseveración terminó su charla.

 

La valoración que ofrece un catedrático de Historia

 

La tertulia continuó realizándose una serie de comentarios sobre lo expuesto por don Enrique, después le tocó el turno a don Amadeo, Catedrático de Historia de Cuba y de América de la Universidad de Santiago de Cuba:

Como historiador puedo afirmar que en Cuba no se ha vivido una época como la actual. En primer lugar, por el trato que se le está dando a nuestro pueblo, con la persecución y represión a que se ve sometido. En segundo término, por la imposición de una tiranía que no tiene límites en lo cruel y en lo sanguinario. Como estudioso de nuestra historia me remito a los hechos y cifras de etapas anteriores. Si nos referimos a la Guerra de la Independencia, en la cual se trataba de expulsar al ejército colonial español, la cifras de muertos se cifró en poco más de diez mil, contando a ambos bandos, debemos considerar que se trataba de una guerra abierta, que podríamos considerar como civil, ya que la lucha era entre la oligarquía criolla y los mambises contra el poder político y militar de la metrópoli. Si nos referimos a las dictaduras de Machado y de Batista, no cabe duda que represaliaron y dieron muerte a unas tres mil personas. Durante la contienda revolucionaria de los milicianos se produjeron unos dos mil muertos entre los frentes contendientes, pero, según los cómputos realizados por otro catedrático de sociología amigo mío, desde el uno de enero de 1959 hasta el día de hoy se contabilizan en más de 10.000 entre los muertos y desaparecidos, y estamos hablando de escasamente cuatro años, además, no se están contando los miles de exiliados que hemos tenido que abandonar Nuestra Tierra.

Don Amadeo hizo un alto para tomarse su café, pero continuó su disertación:

Para poder apreciar la brutal represión que se está llevando a cabo, actualmente contra nuestro pueblo pondré como ejemplo la matanza atribuida al Coronel Monteagudo, quien fuera el encargado de reprimir a los alzados, de la denominada “Revuelta de los Independientes de Color”, en tiempos de la ya establecida República y bajo el mandato del Presidente Gómez. Según algunos estudiosos de épocas posteriores, a este hecho se le atribuyó la cifra de alrededor de 3.000 muertos, muy inferior a las registradas en el régimen actual.

Como todos conocemos, desde febrero del 59 se eliminó toda participación política, aunque esta se ejerciera de forma pacífica, solo se admitía la integración en los postulados de la revolución, por lo que la única alternativa que le quedaba a los disidentes era refugiarse en las montañas y desde allí realizar una oposición armada, pero eso era lo que el castrismo deseaba para tener una excusa y eliminar a sus opositores. Como consecuencia de los procedimientos e imposiciones emanadas tras el triunfo de la revolución, se sucedían las deserciones de muchos de los combatientes de Sierra Maestra, bien integrándose en la lucha armada en las montañas contra la nueva dictadura marxista-leninista o la otra alternativa que les quedaba era exilarse en otras naciones e integrarse en la oposición externa.

Prosiguió el tertuliano:

No defiendo la dictadura de Batista, que al fin y al cabo fue un dictador, pero no fue totalmente intransigente. De forma moderada permitió la participación de partidos políticos, aunque no consintió la actuación del partido comunista, cuyos militantes se escondían bajo otras siglas, accedió a cierta libertad de prensa, reestructuró su gabinete con el fin de suavizar su comportamiento, dándole un carácter más liberal y realizó un acercamiento a la jerarquía de la iglesia, de la cual se había distanciado. Los resultados de estos movimientos aglutinadores no se hicieron esperar, traduciéndose en la creación de la denominada Comisión de Concordia Nacional, con la cual se trataba de parar la lucha que se estaba desarrollando entre los milicianos rebeldes y el ejército, en esta comisión jugó un papel importante la iglesia, al intervenir directamente y propiciar un acercamiento entre las partes. Aquí es donde se aprecia la intransigencia de Castro al tachar este esfuerzo como una maniobra del dictador y una tibieza de los obispos, sin tener en cuenta que con ese gesto se hubiera evitado los muertos que se produjeron en la lucha armada.

Continuó explicando don Amadeo sus impresiones de esta etapa histórica de Cuba:

En este régimen de tiranía, los ciudadanos no tienen derechos de ningún tipo, solo están sujetos a los designios del tirano de turno y sus allegados más íntimos, que imponen su voluntad a fuerza de represión. En tiempos de la dictadura batistiana existían 14 centros penitenciarios, en la actualidad, finales del 1962, Cuba cuenta con más de 200 de estos establecimientos, además se iniciaron, de manera encubierta, unos centros de reeducación para confinar a los jóvenes que se oponían a los mandatos del nuevo régimen revolucionario, que en realidad se asemejan más a un campo de concentración que a cualquier otra cosa conocida. En este tipo de centros se distinguen dos categorías, una el campo de trabajo correctivo, en ellos permanecen los que en apariencia se van reformando, y la otra, los que a juicio de los dirigentes no podrán ser adoctrinados debido a sus fuertes convicciones democráticas o religiosas. Aunque nos parezca irreal esta cuestión, en Cuba ya se encuentran implantados esos lugares de horror.

Prosiguió nuestro tertuliano:

En estos cuatro años de tiranía y cuando muchos cubanos teníamos puestas nuestras esperanzas con el triunfo de la revolución, pensamos que nos veríamos favorecidos por el bienestar y que de nuevo se impondría el raciocinio y la democracia en nuestra nación, pero ahora todos los que pensábamos así contemplamos con profundo dolor que la ilusión y las promesas que despertaron los revolucionarios se iban esfumando día tras día, y el nuevo régimen solo nos estaba vendiendo mentiras y más mentiras. Para ello me remito a los anuarios internacionales de antes del 59, donde se colocaba a Cuba en un lugar prominente en los renglones de bienestar, que se medían por la educación, la sanidad, la economía y la participación destacada en las ciencias y las artes. No se puede negar que, anteriormente a esta fecha, existía cierta permisividad en cuanto al juego y al divertimento en La Habana, pero debemos tener en cuenta que el turismo estadounidense ocupaba un importante renglón en la economía cubana.

Desde el punto de vista histórico, tal y como en una ocasión vaticinó Castro “La historia me absolverá”, pues bien, también lo declarará como el único culpable de que pudo llevar a su pueblo a un desastre nuclear, por permitir la instalación de los misiles en suelo cubano, decisión que tomó unilateralmente, sin consultar con su pueblo, y solo para complacer a sus amos soviéticos.

Continuó este experto tertuliano:

Otra de las cuestiones que ha conseguido este gobierno revolucionario fue un desprestigio en su representación exterior. Mientras que en épocas anteriores se destacaron varias figuras a nivel internacional, que ocuparon altos cargos en la diplomacia y la jurisprudencia mundial, el Gobierno Cubano y su máximo líder se han ganado la antipatía a nivel de todas las naciones democráticas por su comportamiento grosero y tosco en todos los estamentos internacionales. Para no cansarles voy a concluir mi disertación, pues repetir demasiado hechos de sobra conocidos por todos, no tiene ningún sentido.

En esos momentos agregó Jin. Señores la hora de la cena está cerca y debemos acudir a satisfacer nuestros estómagos.

 

Las revelaciones de un Padre Claretiano

 

En la siguiente tertulia tomó la palabra un Padre Claretiano, que comenzó diciendo:

Procedo de Santiago de Cuba, donde nuestra orden tiene una casa, mi nombre es Luís y me marcho de Cuba con mucha pena y dolor porque sé que dejo atrás un gran sufrimiento, dolor, pena y necesidad, tanto material como espiritual; pero las circunstancias me obligan, aunque no quiero abandonar a los míos, pues el Pueblo Santiaguero es como de mi familia. No voy a hablar de amarguras ni padecimientos, sino de una predicción que pronosticó nuestro fundador el Padre Antonio María Claret, proclamado Santo por el Papa Pío XII en 1950.

El Padre Luís hizo un pequeño alto, como para reflexionar, pero volvió a tomar la palabra:

Aunque abuse de su paciencia me van a permitir que les relate un poco de la vida y obra de nuestro fundador, nació en la provincia de Barcelona, en el seno de una familia muy numerosa, desde muy pequeño no pensaba como los niños de su edad, pues sus pensamientos iban más por lo espiritual y quería saber qué significaba la eternidad. Después de pasar por diversas tentaciones, sobrevivir a algunos percances y superar varias vicisitudes, un día le llegó hasta el fondo de su corazón una pregunta, sacada del evangelio: «¿De qué le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?» (Mt 16,26). Posteriormente reflexionó profundamente y se decidió ingresar en el seminario, lo cual comunicó a su progenitor. Durante su trayectoria hacia el sacerdocio, mantenía una profunda inclinación por la Eucaristía y por la Virgen María. Se formó como sacerdote en el seminario de Vic, convirtiéndose en un estudioso de la Biblia, de los conocimientos adquiridos se forjaron en él un espíritu apostólico y misionero, y una vez se consagró a Dios, su empeño eran las misiones, por ello viajó a este continente, donde desarrolló su labor evangelizadora. Después de pasados unos años acompañó al Obispo Codina a Canarias, y allí continuó con su labor evangélica en esas tierras. Después de que había transcurrido un tiempo lo enviaron, ya como jefe espiritual, a la diócesis de Santiago de Cuba, esto ocurrió en el año 1851.

Ejerció, por unos años, como Arzobispo de esa ciudad. Sus pensamientos estaban dirigidos a la eternidad, y en uno de sus sermones lo expresó así:

«Esta idea de la eternidad quedó en mí tan grabada que, ya sea por lo tierno que empezó en mí o ya sea por las muchas veces que pensaba en ella, lo cierto es que es lo que más tengo presente. Esta misma idea es la que más me ha hecho y me hace trabajar aún, y me hará trabajar mientras viva, en la conversión de los pecadores».

Permaneció por más de seis años en la diócesis de Santiago, durante los cuales continuó con su incansable labor misionera, así mismo su ministerio le llevó a enfrentamientos con terratenientes que practicaban la desigualdad social y la discriminación racial. Durante su estancia en Cuba realizó no solo ya su misión apostólica, sino que además efectuó grandes obras sociales como las escuelas técnicas y agrícolas, inicio la fundación de las Cajas de Ahorros e instituyó asilos y casas de acogida, su labor fue inmensa en esa tierra. Además, en esta Isla fundó una serie de instituciones religiosas, conjuntamente con la Madre Antonia París, ejemplo de ello fue la congregación de las Religiosas de María Inmaculada, Misioneras Claretianas.

Continuó el Padre Luís con su explicación:

Aunque fue grande la labor desarrollada por este Santo Varón, no voy a profundizar en su obra, pero las circunstancias de encontrarnos ahora aquí en este buque camino del exilio, me llevan a recordar las proféticas palabras del que fuera Arzobispo de Santiago, quien realizaba innumerables viajes por Sierra Maestra y por todo el territorio de su archidiócesis, para socorrer a los campesinos y a los indígenas de esas tierras. La soledad, de esos montes le hacía reflexionar y uno de esos pensamientos, que al correr de los tiempos se pueden considerar como una predicción, en uno de esos momentos comenzó a expresarse en alta voz, lo que llevó a uno de sus acompañantes a tomar buena nota de ese parlamento, que hoy en día tienen una vigencia extraordinaria, a pesar de haber pasado muchos años de ello. Esas palabras manuscritas se conservan en la Catedral de Santiago, por lo que no son ficción, y dicen así:

 

“A esta Sierra Maestra vendrá un joven de la Ciudad y pasará un corto tiempo cometiendo hechos muy lejanos a los mandamientos de Cristo, habrá inquietud, desolación y sangre, vestirá uniforme no tradicional, jamás visto en el país, muchos de sus seguidores llevaran rosarios y crucifijos colgados al cuello e imágenes de muchos santos junto a armas y municiones, este joven bajará de las estribaciones de la sierra con barbas y muchas veces fumando un puro, será recibido con fervor por el pueblo cubano, al cual engañará, dividirá y  dejará sumido en angustias con mucho dolor y sangre. La República será entregada a un hombre que viene de un país muy lejano, que hablara un lenguaje que no es ni castizo ni romano. Con la riqueza de la isla, Cuba entregará la soberanía y la independencia por la que hoy se lucha (en referencia a la Guerra de la Independencia). Todos los cubanos serán presos y esclavos de un sistema maléfico. Este joven gobernará por casi 4 décadas, cercano a medio siglo, en ese tiempo habrá sangre, mucha sangre y el país quedará desbastado. Cuando se cumpla ese tiempo, ese joven, que ya será viejo, caerá muerto, y entonces el cielo cubano se tornara limpio y azul sin esta oscuridad que ahora me rodea. Se levantarán columnas de polvo y otra vez la sangre anegara el suelo cubano por unos pocos días, sin embargo, como dice el refrán «Después de la tempestad llegara la bonanza», cuando esto ocurra, vendrá un estado de alegría, paz y unión entre cubanos, y la república florecerá como nadie podrá imaginar.  Habrá un gran movimiento de barcos en las aguas, que de lejos las grandes bahías de Cuba parecerán ciudades enclavadas en el mar. Habrá venganzas y revanchas entre grupos dolidos y otros codiciosos, que por corto tiempo empañaran de lágrimas los ojos.

Después de estos días tormentosos, lo mejor para Cuba estará por venir. Se erradicaran enfermedades, vendrá el arrepentimiento, se extinguirán falsas religiones y la fe Cristiana entrará en los corazones ateos. Después de toda esta catástrofe que ahora veo, saldrá el arco iris anunciando la paz y la prosperidad para todos los cubanos. Cuba será la admiración de toda América, incluyendo la del Norte.

 

Con la lectura de la predicción del Santo Antonio María Claret concluyó el sacerdote su disertación, pero a continuación surgieron una serie de comentarios y el asombro se reflejaba en las caras de todos los tertulianos, por la similitud de las proféticas palabras del Santo Varón y los sucesos acaecidos en Cuba en estos años a partir de la llegada de los milicianos de Sierra Maestra. Se sucedieron una cantidad de preguntas con referencia a la obra y milagros de este Santo y especialmente a su dedicación para con los pobres y desposeídos, su labor apostólica y las obras que efectúo durante su estancia en Santiago, pero el reloj no se detiene y en un buque los horarios son respetados al máximo, por lo que la llamada al almuerzo interrumpió este diálogo.

 

La crisis vista por un tertuliano diplomático

 

A la 12:00 horas de a bordo comenzaron a llegar los tertulianos habituales, pero en esta ocasión se sumó un pasajero que embarcó en La Guaira con destino a Génova, manifestó que había estado escuchando esa interesante tertulia y solicitó participar. Se presento como Giovanni y dijo trabajar en la Embajada de Italia en Caracas, pero regresaba a Roma, pues le iban a asignar un nuevo destino. A todos los presentes les pareció bien que participara, inclusive un tertuliano apuntó -Sería bueno conocer otro punto de vista de la Crisis de los Misiles, o como decimos los cubanos, la Crisis de Octubre.

Tomó la palabra el diplomático italiano:

Les voy a exponer lo que pienso desde mi punto de vista y como persona no afectada por ese conflicto, a pesar que algo me ha tocado de rebote, pues al pertenecer mi nación a la OTAN nos vemos obligados a retirar los Cohetes Júpiter de suelo italiano.

Hace tan solo unos pocos días que hemos estado al borde de una catástrofe nuclear al constatarse que la Unión Soviética había desplazado a este hemisferio misiles de medio y largo alcance, poniendo en peligro, no solo a los Estados Unidos, sino también a buena parte del Caribe y de la América Central.

Durante esos días de octubre no cesaron las reuniones de los máximos dirigentes de la Casa Blanca, en varias ocasiones el Presidente Kennedy reunió al Comité Ejecutivo de Seguridad Nacional para tratar este grave problema, en el que se debatieron diversas tesis y posturas que se debían tomar ante tan grave situación. Analizados los hechos, las posteriores informaciones, que habían recopilado los responsables de las agencia gubernamentales, les puedo asegurar, según las informaciones que se iban trasmitiendo a los gobiernos occidentales, todos los indicios apuntaban que la postura del presidente estadounidense era la imagen de la serenidad y la moderación, por lo que ordenó en varias ocasiones se efectuaran varios reconocimientos aéreos hasta que se consiguieran pruebas irrefutables de la instalación de esas armas destructivas. Una vez confirmada la existencia de los misiles, la Casa Blanca consultó no solo con altos mandos de las Fuerzas Armadas Norteamericanas, sino que recabó la opinión de expertos militares retirados y contó con el criterio del expresidente Eisenhower, ya que según los vaticinios de algunos expertos, afirmaban que un conflicto de esa categoría podía desbastar al Hemisferio Norte. También los expertos en supervivencia nuclear aconsejaban al gobierno evitar la catástrofe, pues con posterioridad lo que hubiera quedado era administrar el desastre.

En el transcurso de estos sucesos se pasó por varias etapas. La primera se produjo cuando se decreta un bloqueo total sobre la Isla. La segunda cuando los buques de guerra estadounidenses, detuvieron a los buque cargueros soviéticos, por si portaban misiles y piezas de aviones para su ensamblaje en Cuba. La tercera ocasión se produjo al ser detectado un submarino soviético acercándose a aguas cubanas, al ser descubierto y no responder a las advertencias de los militares norteamericanos, fueron lanzadas cargas de profundidad para disuadirlo de continuar por esos derroteros, pero debemos tener en cuenta que esos sumergibles de la armada soviética también iban provistos de cohetes nucleares.

Don Giovanni hizo un pequeño alto en su explicación para refrescar la garganta con su cerveza pero rápidamente prosiguió:

Con el fin de vigilar la trayectoria de los buques soviéticos, provenientes del Mar Negro, y hacerle un seguimiento por el Mediterráneo, se alertó a la Sexta Flota, que estaba estacionada en Nápoles, para que iniciaran un patrullaje continúo por dicho mar, también jugó un papel importante el control que se llevó a cabo por parte de la armada británica en Gibraltar.

Después de que el Gobierno de Washington tuvo en su poder todos los datos recabados, se ordenó una máxima alerta a todas sus fuerzas y advirtió a los países integrados en la Alianza Atlántica de la difícil situación que se estaba viviendo. Fueron muchos los momentos y las ocasiones que se presentaron para que tuviera lugar ese holocausto nuclear, pues el mantener en vuelo a una considerable cantidad de bombarderos B-52 con armas nucleares a bordo pudo desatar la catástrofe, pero gracias a Dios, la responsabilidad de los aviadores y el miedo a que se desatara ese conflicto hizo que no ocurriera lo peor.

Prosiguió el tertuliano:

La estrategia del bloqueo dio resultado, pues el día 26 de octubre a las seis de la tarde, hora de Washington, se recibió un comunicado del Presidente del Soviet Supremo que expresaba lo siguiente en uno de sus puntos:

“Retiraremos los misiles si EE.UU. prometan que no invadirán Cuba y retiran los misiles Júpiter de Turquía».

Después de que se desactivó la crisis, se difundieron numerosas opiniones y comentarios donde se indicaba quiénes eran los responsables de tener al Mundo sumido en una constante angustia y desesperación durante esos días, pero dependía de quién expresara su parecer para culpar a unos u otros.

Ahora, les voy a emitir una serie de comentarios que fueron publicados por políticos y analistas en varios prestigiosos rotativos norteamericanos y europeos.

Unos fueron los expresados por catedráticos y expertos en la Guerra Fría del lado pro norteamericano ultraderechista:

“El mundo debe comprender que la amenaza actual contra la paz no está en Turquía, sino en Cuba, donde los misiles nos apuntan a nosotros”.

Otra opinión, se expresaba así:

“La fuerza bélica estadounidense, muy superior a cualquier otra y, apuntando a su enemigo soviético, más débil y vulnerable, no puede ser considerada de ninguna manera como una amenaza contra la paz, porque nosotros somos buenos, como puede dar testimonio mucha gente del hemisferio occidental”. Otro manifestó: “El mundo ha salido de la más terrible amenaza de holocausto nuclear desde la Segunda Guerra Mundial, con una humillante derrota de la política de la Unión Soviética».

Los más devotos al Presidente Kennedy se esforzaban por destacar su papel de líder democrático y moderador, amante de la paz, los periódicos decían:

“Kennedy ha deslumbrado al mundo mediante una combinación de dureza y moderación, de fuerza de voluntad, nervios y sabiduría, tan brillantemente controlado, tan incomparablemente calibrado”.

Otro manifestaba:

“He notado que el Presidente Kennedy, repetidamente, rechazó el consejo de intervención militar en Cuba como la mejor manera de tratar el problema, aun cuando sus asesores y asociados optaban por esa fórmula. Él sin embargo se inclinó por el lado pacífico y diplomático”.

Otros comentarios realzaban el liderazgo del mandatario norteamericano, calificando su labor con una serie de explicaciones, atribuyéndole como guía para manejar situaciones difíciles, conducir con éxito problemas del más alto nivel y de política internacional.

Por el lado de La Habana, de Moscú y de los pensadores marxistas-leninistas, como era lógico, los comentarios eran completamente opuestos. Los soviéticos, como era natural, inci-dían en la paz, y los titulares de los periódicos del régimen, tanto de Cuba como de la URSS, eran coincidentes:

«Otro triunfo de la política exterior por la paz de Moscú contra los imperialistas promotores de la guerra».

Otro comentarista procomunista escribiría en un diario parisino:

«Los dirigentes soviéticos, extremadamente sabios y razonables salvaron al mundo de la amenaza de la destrucción nuclear».

Un comunicado del partido comunista de Italia expresaba prácticamente lo mismo:

“El acuerdo de Krushchev ha conseguido alejar una catástrofe nuclear que se cernía sobre Occidente”.

Aunque el Primer Mandatario cubano no estaba muy de acuerdo con la retirada de los misiles, se vio obligado a seguir los mandatos de Moscú, por lo que el órgano del partido publicó lo siguiente:

“Aun no estando conformes con la retirada de los cohetes defensivos, que de alguna manera nos protegerían de la amenaza de invasión a nuestra tierra, por mercenarios entrenados y apoyados por los imperialistas norteamericanos, pero aceptamos el acuerdo en aras de la paz, pues se tienen pruebas suficientes de los nuevos intentos de desestabilizar la revolución, que tanto le ha costado conseguir a nuestro pueblo, como prueba de ello, daremos a conocer los diversos intentos que están tramando los Opresores del Norte”.

El diario oficial cubano mostró una hipotética directiva de la CIA donde se explicaban los planes para organizar una revuelta interna con el fin de crear un ambiente bélico que permitiera una invasión militar de EE.UU, así mismo exponían los planes, maniobras, movimiento de tropas y un abundante despliegue de equipo militar de Estado Unidos, además añadían la simulación de hipotéticos desembarcos por el Occidente de la Isla provenientes desde Florida y por Oriente desde la Base Aeronaval de Guantánamo. Añadían que estos planes estaban documentados por la labor de los servicios secretos cubanos destacados en los EE.UU. y eran ampliamente conocidos tanto en Moscú como en La Habana.

Continuaban los comentarios del rotativo comunista:

Desde los días posteriores al fracaso de Playa Girón, se venían realizando ataques terroristas, pero a principios de octubre se intensificaron, estos tenían como objetivo los lugares donde se hospedaban los técnicos soviéticos y el personal cubano que les servían de guías. El periódico añadía que los terroristas continuaban realizando sabotajes a fábricas, ingenios azucareros y otros objetivos para poner en peligro la paz y concordia que venía gozando el pueblo cubano.

Con estas últimas referencias nuestro tertuliano diplomático puso fin a su disertación.

En días sucesivos continuaron las tertulias a bordo, donde se realizaron todo tipo de comentarios sobre la problemática cubana, pero también se habló de los lugares hacia donde se dirigían los pasajeros que conformaban la mesa de la tertulia.

Singladura tras singladura se llegó a Tenerife, aquí ya se despidieron algunos de los asiduos tertulianos. Concluida la estancia en ese puerto se reanudó el viaje hacia su destino final, el puerto de Barcelona.

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