Marinos veteranos de las dos guerras: primera parte

Marinos veteranos de las dos guerras: primera parte
Marinos veteranos de las dos guerras: primera parte

Marinos veteranos de las dos guerras: primera parte. El escritor Víctor M. Bongutz, nos obsequia un relato hermoso de vivencias de marinos durante las dos guerras mundiales. 

 

 

VIVENCIAS DE UN MARINO
Crónicas de marinos veteranos de las dos guerras


(I). Los primeros comentarios.
Quisiera iniciar esta crónica realizando un recordatorio especial de todos aquellos viejos marinos españoles que me hicieron participe de sus desventuras y sufrimientos que tuvieron que soportar durante las dos guerras. Además compartieron conmigo las torturas soportadas por ellos mismos o por otros compañeros en los gulag soviéticos y los campos de concentración nazis, donde muchos de ellos sufrieron tortura, otros perdieron la vida y algunos permanecieron en esos infiernos durante mucho tiempo. Para todos ellos vaya mi recuerdo que queda plasmado en estos relatos.
Pero esas narraciones fueron posibles durante las largas travesías que contribuían a pasar el tiempo y especialmente para distraer la mente de preocupaciones y de las rutinas de a bordo. En esos prolongados viajes se suelen contar historias que nos hayan sucedido bien a nosotros mismos o las de otros compañeros de otros barcos y en otras latitudes; de igual manera para pasar el rato se organizan tertulias, charlas y debates sobre
sucesos y anécdotas que hayan ocurrido en el buque o en otros donde se estuviera embarcado con anterioridad. Principalmente estos coloquios tenían lugar a las horas de las comidas y de forma especial cuando se navega en buques de los denominados de altura.
Cuando hablamos de largas travesías nos estamos refiriendo a viajes con muchas singladuras, donde no se costea sino que uno se encuentra en el océano, cuando sabes que la tierra más cercana está a más de trescientas millas, que en esa época y por esas latitudes no puedes ni siquiera sintonizar una radio, además conoces que te quedan muchos días de navegación antes de arribar al próximo puerto, donde las jornadas se hacen interminables, la rutina se apodera de los cuerpos y solo te queda pensar en la soledad de tu camarote o refugiarte en la lectura de un buen libro.
Para los que no son marinos de largas travesías, es difícil imaginar el rutinario proceder de un tripulante que se encuentre en uno de los buques denominados de altura y que estén dedicados a carga general o al transporte de petróleo, donde la tripulación es la justa y necesaria para conducir el barco de un puerto a otro, donde cada cual tiene marcado su cometido y el único momento de conversación lo realizas con el marinero que te acompañe en tu guardia, que por lo general es poca, salvo los relatos efectuados por los viejos lobos de mar, pero donde se produce una verdadera tertulia es a la hora de las comidas, la del almuerzo a las 12:00 y la de la cena 19:00, en ellas se da rienda suelta a los comentarios y se ponen de manifiesto las inquietudes que cada uno tiene, y además sirve como un desahogo a las conversaciones reprimidas, en ellas se saca a la luz las incidencias y sucesos acaecidos en el puerto que se abandonó días atrás, también se habla de los planes futuros a la llegada al nuevo puerto, pero la verdad esos comentarios no dan para muchas horas. Las verdaderas tertulias y cambio de opiniones se producen cuando se narran las anécdotas, sucesos, aventuras y otros hechos de nuestras propias
vivencias o las ocurridas a otros tripulantes o amigos en otros buques y en otras latitudes, o que tuvieron lugar anteriormente. Estas historias las hemos escuchado personalmente, porque nos las han relatado compañeros en otros barcos o por nuestra propia experiencia.
Cuando me estoy refiriendo a largas distancias son aquellas que nos separan de un puerto a otro, con navegaciones de más de cinco singladuras sin arribar a ninguna dársena. Les voy a dar algunos ejemplo de los viajes que realicé en tiempos pasados: una travesía que efectué, en un petrolero, desde el puerto de Tenerife a Sidón con una distancia aproximada de unas 3.180 millas, pero con la particularidad que en el puerto de arribada, solo fondeamos y cargamos el crudo en la estación submarina que se encuentra a unas dos millas de la costa, además, en esa estancia estás muy pocas horas y no puedes bajar a tierra; a continuación debes emprender el retorno al puerto de origen, lo que significa que todo el tiempo estuvimos en el mar.
Otra de las travesías de las que consideré como muy larga fue la que realicé desde el puerto de Argel a Leningrado en la URSS, la distancia fue de 3.240 millas y desde ese puerto emprendimos un nuevo viaje hasta Ciudad del Cabo en Sudáfrica, la distancia de una a otra ciudad se aproxima a unas 8.280 millas; una vez concluida la carga partimos para otro destino, en esta ocasión fue desde ese puerto hasta el de Las Palmas de Gran Canaria con un recorrido de unas 5.280 millas, pero ahí no terminó el viaje pues tuvimos que continuar hasta Valencia en España.
Para cubrir esas distancias se requieren muchos días de navegación, además depende mucho del tipo de buque en el que navegues, ya que un petrolero de esa época, me estoy refiriendo a 1958, para recorrer una distancia de más de cuatro mil kilómetros te podía llevar a unos catorce o quince días, dependiendo de la mar y el tiempo al que tengas que
enfrentarte, si por el contrario el buque es un carguero que puede desarrollar una velocidad media de doce o catorce nudos, por lo que una larga distancia como de más de cinco mil millas te llevaría alrededor de veinticinco días para completar las singladuras.
De todas estas tertulias y charlas, las que más me interesaron fueron las que narraban los viejos tripulantes, fueran estos oficiales o marineros, que de alguna manera habían participado en las dos guerras y que de una forma u otra habían sufrido consecuencias físicas o anímicas que habían quedado retenidas por mucho tiempo en su ser. Son dichas historias impactantes y por algunos momentos difíciles de creer, precisamente las que se recogen en estas crónicas, todas ellas las escuché de marinos reales en el transcurso de mis largas horas de ardua navegación.
Al final de este primer capítulo quiero hacer constar que estas narraciones donde se cuentan diversas historias, sucesos y acontecimientos todos ellos mantienen un cierto grado de ficción, lo mismo que sus personajes; sus nombres no concuerdan con la realidad y muchos de ellos han sido creados por la imaginación del novelista, por lo que toda coincidencia es fruto de la casualidad.


Autor: Víctor M. Bonales Gutiérrez, con acrónimo V. M. Bongutz

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