Capítulo 41 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Luego de leer 40 capítulos es momento de compartir el Capítulo 41 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Los días de la invasión en La Habana.

 

 

41

 

Los días de la invasión en La Habana

 

Ahora Jin fue quién le narró a Gregory sus días vividos en La Habana durante la invasión, y comenzó así:

Mientras tú te estabas aproximando a Bahía de Cochinos, por el sur, el 15 de abril, el trasatlántico navegaba por la costa norte de Cuba con rumbo hacia La Habana. El mar estaba muy tranquilo, apenas el buque se balanceaba, la luna lucía en todo su esplendor y se reflejaba en el azul marino del Mar Caribe proyectando su luz sobre su superficie, desde nuestra posición, ya cercana a la provincia de La Habana, pudimos ver a las 05:00 una columna de humo en la lejanía, pero pensamos que se trataba de algún incendio, después de una hora de navegación comenzó a amanecer, dos horas más tarde el buque se encontraba casi a las puertas de la bahía, desde allí se podía distinguir otras fumarolas mucho más espesas y de una negrura intensa, desde tierra la emisora costera nos comunicó “Permanezcan, a tres millas de la costa”, además añadieron “El Práctico junto con una autoridad de marina se personara en breve a bordo”. Después de una hora de espera, embarcó el Práctico y un Teniente de la Marina, quien nos manifestó:

Deben permanecer en esta posición por seguridad, hasta nueva orden, pues se han producido unos incendios graves y hasta que no se conozca su magnitud e intensidad es preferible permanecer en el mar.

Pasaron más de cuatro horas, el sol ya hacía rato que se encontraba en su cenit y se dejaba sentir con toda su plenitud, fue en ese momento cuando recibimos la orden siguiente: Pueden iniciar el acercamiento a la bocana de la bahía, a continuación procedan con la maniobra de entrada al canal y diríjanse a su muelle habitual.

Jin, desde un primer momento pensó que se trataba de algunos atentados, pues recordó que tres días antes y estando en San Juan de Puerto Rico, había almorzado con su amigo David y casi al terminar la comida, con un tono serio, le había manifestado: Sé que en unos días recalarás en La Habana como siempre, te ruego que tengas mucho cuidado, pues se vaticinan acontecimientos y días difíciles -además añadió- No me preguntes más, pues nada te voy a decir. Y de nuevo expresó: Ten mucha precaución y si puedes no salgas del buque.

Con estos pensamientos también le vino a la mente que, durante la navegación por el litoral norte de Cuba, los tripulantes que montaban guardia notaron que mientras costeaban, en dos ocasiones avistaron lanchas patrulleras cubanas, la primera fue al norte de la costa oriental y la segunda a la altura de Matanzas, luego tuvieron el incidente de la espera, que en otras ocasiones no se había producido. 

Una vez que el buque estuvo atracado, subió a bordo el “Chino”, jefe de la policía de aduanas, y habló con el capitán y con los oficiales que se encontraban en el puente: No quiero alarmarlos pero creemos que se avecinan algunos altercados, por lo que vamos a reforzar la custodia del buque con más personal y les recomiendo que la tripulación y los pasajeros que se encuentran a bordo no salgan a tierra de noche, luego agregó -No estoy prohibiendo nada, pero es conveniente que si necesitan salir para visitar a amigos o familiares, que sea en las horas del día-.

El capitán a su vez le preguntó:

Están esperando disturbios -a lo que el Jefe contestó- No es nada grave, pero siempre hay algunos alborotadores que les gusta intimidar aprovechando la noche.

Una vez que concluyó el atraque, ya había avanzado la mañana, y como Jin se encontraba fuera de servicio, decidió saltar a tierra para visitar a la familia de Miguel.

Rogelio el chofer, que se encontraba por las inmediaciones de la Plaza de San Francisco, le preguntó:

¿Oiga mi oficial necesita carro hoy? y continuó diciendo -Como siempre estoy a la orden.

Nuestro marino, le replicó:

No, solo voy a hacer unas compras de tabaco que me han encargado, además un paseo por tierra firme siempre me viene bien.

El taxista, a su vez, le dijo:

Ten cuidado chico, que la cosa está caliente y con la misma subió a su taxi y se marchó.

Nuestro protagonista continuó su paseo hasta la casa de la familia amiga.

Cuando llegó a la vivienda lo recibió la madre de José, hecha un mar de lágrimas, pues hacía más de dos días que sus dos hijos no habían regresado a su casa, también le contó que las detenciones eran constantes y que anoche se habían escuchado como ruido de bombas por las cercanías, pero nadie decía nada.

-¡¡Ay Jin!! razón tuvo Miguel en marcharse, ahora mismo estoy muy angustiada, no sé si los chicos están presos o en algún hospital, pues esta mañana me he enterado que cerca del Malecón, ayer por la noche, hubo enfrentamientos y se produjo un incendio, que algunos dicen que fue provocado.

Regresó a bordo y por esas noticias comprendió la recomendación de David y la advertencia del “Chino”. Por la tarde, casi estaba anocheciendo cuando se formó un gran alboroto en cubierta, los gritos de los milicianos que estaban custodiando el buque se oían hasta en el sollado de la nave, Jin se presentó en cubierta y los milicianos le exigían que apagase todas las luces, pues creían que los yanquis los iban a bombardear, igual que en la madrugada, el subconsciente los traicionó; al mismo tiempo de esa conversación, los guardianes portuarios, gesticulando, le señalaban la azotea de la aduana, donde tenían instaladas las ametralladoras soviéticas antiaéreas de cuatro cañones y sus operadores ya habían enfilado sus bocas hacia al barco, en ese momento no se pensó más, sobraban las palabras, inmediatamente se bajó a la máquina y se desconectaron los generadores, por lo que el buque quedó completamente a oscuras. Al mismo tiempo, pudieron observar que los buques soviéticos, polacos y checos que se encontraban en la bahía ya habían apagado las luces y quedaban envueltos en la máxima negrura. Posteriormente se supo que una avioneta no identificada, sobrevoló la capital esparciendo octavillas de propaganda, donde invitaban a la población a salir a las calles.

Jin al día siguiente, como en otras ocasiones, invitó a tomar algo fresco a los milicianos que mantenían la guardia en cubierta, con el ánimo de enterarse de lo que en realidad estaba sucediendo, durante la conversación les manifestó sin darle mucha importancia -Anoche sí hubo jaleo- El miliciano que en esos momentos se encontraba con él, rápidamente le respondió: –Oiga mi oficial, anoche pasé miedo, estaba en mi casa con mi mujer y una niña pequeña que tenemos, me vinieron a buscar otros compañeros y me dijeron gritando, “venga apúrate que Fidel nos necesita, la revolución está en peligro, ya vienen los yanquis, nos van a bombardear”. Todos salimos corriendo calle abajo, donde estaba el jefe de nuestro barrio, que nos ordenó patrullar nuestra calle y reconocer a los que transitaran por allí, si no eran de la cuadra, los detuviéramos y los lleváramos al local comunal. Así estuvimos hasta casi la madrugada, que fue cuando nos ordenaron que volviésemos a nuestras casas a descansar para hoy prestar el servicio en el buque-.

A las 12:00 horas Jin concluyó su guardia y decidió saltar a tierra para acompañar a Agustín, el compañero asturiano que iba a visitar a sus familiares, por precaución y para que los pudieran identificar rápidamente se fueron de uniforme, como era habitual, Rogelio el taxista estaba justo en la Plaza de San Francisco y al verlos de uniforme, con su humor cubano, les dijo: -¿Qué, ustedes también se van a poner a las órdenes del Comandante? -ellos le contestaron– Rogelio, nosotros recibimos órdenes del General, y dejemos el cachondeo, que el horno no está para bollos. Al taxista le dio un ataque de risa y en esos momentos ellos cayeron en la cuenta que “bollo” en Cuba es como vulgarmente se denomina al órgano sexual femenino. Después de este momento de humor, por la interpretación de las palabras, se pusieron en marcha, pues ya el taxista los había llevado en otras ocasiones a casa de los parientes asturianos. Durante el trayecto, el conductor les fue contando no solo los sucesos de la noche, sino además los referentes a días pasados:

Se están produciendo redadas masivas, ya en la Fortaleza del Príncipe no caben más detenidos, la policía está actuando con dureza, los servicios secretos G2 sacan a la gente a medianoche de sus casas sin ninguna consideración y se los llevan sin explicación. En estos últimos días me han parado el carro tres o cuatro veces para pedirme la documentación, me registran el vehículo, a mí, que me conocen desde hace mucho tiempo, además llevo manejando toda mi vida y prestando este servicio, pero los rumores que están circulando por la ciudad son que los yanquis preparan una invasión.

Llegaron a su destino y se despidieron del taxista, pero antes le dijeron que los recogiera dentro de dos horas. La familia asturiana de Agustín los recibió con cariño y los llevó a la sala que no tenía ventana hacia el patio común, les prepararon café y un biscocho que la señora había horneado, porque ella ya sabía que el trasatlántico se encontraba en puerto y su sobrino la visitaría.

Comenzaron a hablar de lo que estaba pasando, ellos le comentaron la conversación con el taxista, a lo que la familia respondió que era verdad y continuaron contándoles:

Por Escambray están combatiendo a los contrarrevolucionarios y según se oye los tienen rodeados y sin ninguna posibilidad de que les suministren alimentos ni dotaciones militares para continuar la lucha.

Prosiguió expresándose esta familia amiga:

En estos días se están realizando redadas por toda la Isla y la G2 detiene sin más al que considere sospechoso. Las noticias que están llegando del interior son que los sobrevivientes de Escambray fueron rescatados por un comando y llevados a Florida, pero también se dice que otros no tuvieron tanta suerte, pues los que intentaron escapar en frágiles embarcaciones fueron atacados y los hicieron naufragar, posteriormente fueron destrozados en el mar por los tiburones. Los agentes secretos no tienen descanso para detener a la gente, ya no solo por la noche, que es su forma habitual de actuar, sino también por el día, y pudiéramos decir que se ha intensificado aún más.

Hacen un pequeño alto para saborear el café y el bizcocho y los anfitriones continúan con el relato de los sucesos de los últimos veinte días:

También nos contaron que por la zona de Torrientes, cuando un grupo de agricultores estaban reunidos para el reparto de las tareas y hacían los preparativos para la cosecha, los sorprendieron y les dieron muerte.

Otro miembro de la familia intervino para ampliar la explicación:

Aquí en Cuba es costumbre que los campesinos se ayuden unos a otros en el tiempo de la recolección y se reúnan para las labores agrícolas. En esos momentos pasó por el lugar una patrulla del ejército y, sin hacer preguntas y ni siquiera darles el alto, los emboscaron y ametrallaron sin ninguna contemplación, el resultado de esa operación fue algunos muertos, varios heridos y el resto del grupo detenido, para disimular su error, siempre mantuvieron que eran contrarrevolucionarios.

Continuaron expresando sus opiniones:

Se nota en el ambiente que algo va a ocurrir, se rumorea que los norteamericanos no aguantan más las locuras de este régimen, están hartos de que opriman a la ciudadanía y que les incauten todas sus propiedades. Además nosotros pensamos lo mismo, que se está preparando una invasión y por eso los milicianos y los servicios secretos están como locos deteniendo a la mayor parte de la ciudadanía, lo que se percibe con estas actuaciones es que todos ellos se encuentran muy nerviosos. Recuerdo también que el día primero de abril por la emisora clandestina “Radio Cuba Libre” escuchamos al doctor Miró Cardona en una alocución dirigida al pueblo cubano, posteriormente se encontraron octavillas por las calles donde se reflejaba dicho discurso:

Jin no comentó nada, pero ello denotaba que algo gordo se estaba fraguando, primero los consejos de David en Puerto Rico, después la advertencia del “Chino”, las reveladoras confidencias de los milicianos, por último la conversación en el taxi con Rogelio y este mensaje de Miró Cardona, también la serie de detenciones que se estaban practicando por toda la Isla, los incendios y la desaparición de José y su hermano. Todo ello contribuía a que Jin pensara que la invasión que nombraban los milicianos era inminente. Además recordaba la conversación que mantuvo con Michael en La Guaira, en el viaje anterior, donde este le había relatado que se estaban entrenando combatientes y preparando una invasión a la Isla y que Miami hervía en un clamor patriótico. Pero Jin también sabía que Castro tenia espías entre los exiliados, todo ello lo estaba corroborando con las detenciones, el movimiento de tropas que observaron los viajeros en su anterior viaje, ello conducía a lo que estaba pasando en esos momentos. 

A la mañana siguiente, Jin mantuvo una conversación con otro de los milicianos, precisamente el que llevaba desde el principio prestando sus servicios de vigilancia en el buque, y le preguntó como en confianza:

¿Qué está pasando en la Isla?

Él le respondió -No me comprometa, que si le cuento lo que sé y se enteran puedo ir a la cárcel.

Jin le manifestó:

Lo que aquí se hable aquí se queda.

Entonces el miliciano le explicó:

En la madrugada del 15, aviones yanquis bombardearon el aeropuerto militar de San Antonio de los Baños, también atacaron el Campamento Libertad, donde se incendiaron unos depósitos de combustible, esa era la humareda que vieron cuando el barco se acercaba a La Habana, también lanzaron bombas contra el aeródromo militar de Antonio Maceo de Santiago. Ahora mismo estoy aquí, pero dentro de unas horas puede que me envíen para Oriente, porque allí la cosa se va a poner fea y el Comandante quiere eliminar a los alborotadores y a quienes vienen de fuera a ayudarlos. Además Fidel envió a todos los cuarteles y destacamentos una proclama para que las fuerzas se enterasen de lo que iba a pasar y estuvieran preparadas y alerta.

En la mañana del día diecisiete, el capitán los reunió para comunicarles que desde la embajada le habían comunicado que tendrían que esperar unos días a que la situación se aclarase, el consignatario a su vez les manifestó que desde la aduana le habían asegurado que de momento no permitirían que nadie embarcase, que todas las operaciones marítimas por esos días estaban suspendidas. Como la compañía tenía un convenio expreso con el Gobierno de España para la evacuación de los españoles y de los exiliados cubanos, les ordenaron que permanecieran en La Habana hasta que el curso de los acontecimientos lo exigiese, además, las órdenes las recibirían a través de la embajada. Después de la conversación del capitán con sus oficiales, la cual se produjo a la hora del desayuno, reunieron a los pasajeros que estaban a bordo, que no eran muchos, y al resto de la tripulación, y se les explicó la situación. Además, a las autoridades de emigración no les había dado tiempo de preparar la documentación de los pasajeros que iban a embarcar en este puerto, así mismo el capitán les pidió:

Si saltan a tierra tengan cuidado, lleven consigo sus pasaportes y una credencial del buque que el Sobrecargo está preparando.

Jin y otros tripulantes saltaron a tierra a visitar a los amigos, pero él iba con el ánimo de enterarse de más noticias sobre los acontecimientos que estaban sucediendo. Una vez se encontraron con los conocidos, se entabló una conversación referente a los hechos que se habían producido en días pasados y los acontecimientos recientes:

Desde las primeras horas de la mañana, los “Comités de Barrio” recibieron órdenes de pasar por todas las casas que consideraran sospechosas y fueran deteniendo a los posibles revoltosos, en esas horas del día los carros y camiones de la policía pasaban repletos de gentes y los llevaban a las prisiones más cercanas, pero llegó el momento en que no cabían más en las cárceles habituales, por lo que tuvieron que habilitar los campos deportivos, las escuelas, los cines, los teatros y todos aquellos lugares donde pudieran retener a los sospechosos, toda la Isla se convirtió en un campo de concentración. Desde los primeros momentos todos eran considerados contrarrevolucionarios o “gusanos”, como los llamaban los milicianos. Se rumoreaba que en esa operación relámpago de arrestos y represión fueron encarcelados cientos de miles de cubanos por el mero hecho de no simpatizar con la revolución, aunque unos miles fueron detenidos por venganzas personales.

El ambiente en La Habana era fantasmal, las tiendas y comercios estaban la mayoría cerrados y solamente permanecían abiertos algunos bares en las cercanías del puerto. El consejo de los amigos no se hizo esperar y no fue otro que: “Váyanse al buque, que allí están más seguros, nosotros nos quedaremos en casa a esperar los acontecimientos, no vamos a salir a la calle, no queremos tentar a la suerte”. Con la misma se despidieron, pero quedaron en reunirse en el próximo viaje para hablar de lo que estaba sucediendo en esos momentos y en lo que pudiera acontecer en los días venideros.

En el buque la vida a bordo transcurría pendiente de las noticias trasmitidas por la radio, aunque no eran muchas y pensaban que la mayoría estaban disfrazadas. Los pocos pasajeros se entretenían en el salón jugando a las cartas o al dominó, y al ver que la tripulación tampoco salía a tierra, ellos optaron por hacer lo mismo.

Llegaron las ansiadas noticias del permiso de embarque de los pasajeros, el día veinte por la mañana temprano se presentó el “Chino” a bordo con tres oficiales del ejército para comunicarle al capitán que a las diez de la mañana se procedería a la revisión de la documentación de los pasajeros para su posterior embarque a las doce, además añadió: 

La situación en la Isla ya está controlada, sé que han estado en contacto con la Embajada de España y por ella conocen que por unas sesenta horas estuvimos invadidos por elementos contrarios a nuestra revolución, espero que esto no les haya ocasionado muchas molestias.

Jin, como estaba libre de servicio, se fue a visitar a la tía de Miguel para enterarse de lo sucedido con sus hijos. Cuando llegó a la casa le abrió la señora, aunque llorando, pero está vez de alegría, pues sus hijos ya estaban en casa, lo invitaron a pasar y le ofrecieron café, él lo aceptó con gusto y empezaron a hablar de lo sucedido. José fue el primero que comenzó a contar lo que les había pasado:

Cuando llegamos al trabajo el día catorce, tanto a Frank como a mí nos llevaron arrestados, pero no sabíamos el porqué, ya que nunca dimos muestras de contrarrevolucionarios, lo que pensamos en esos momentos era que no nos apuntábamos a las charlas de los milicianos y por ese motivos nos consideraban sospechosos, nos mantuvieron  detenidos en el Teatro Campoamor hasta esta mañana, que nos soltaron como a las seis. Mamá tan preocupada y nosotros tan cerca.

Continuó explicando:

Las condiciones allí eran infrahumanas, pues nos encontrábamos, entre hombres y mujeres, más de cuatro mil, y tú conoces el teatro, que solo puede albergar a poco más de mil personas y solo por unas horas. Además quiero pedirte un favor, por si no podemos comunicarnos con Miguel, cuéntale lo que pasó y que por ahora estamos bien. También me enteraré de la familia de Oriente, pues hasta el momento no sabemos nada de ella.

Continuó José haciendo referencias a la invasión a las consecuencias políticas que ocasionaba:

Ya la invasión no es un secreto, ya se sabe tanto dentro como fuera del País, las emisoras de habla hispana que transmiten desde fuera de Cuba dan las novedades de la invasión, especialmente Radio Cuba Libre es la que más detalles ofrece a sus oyentes.

Anoche emitieron el contenido del comunicado que le había enviado el máximo mandatario soviético a su homólogo norteamericano, en el mensaje le advertía de lo peligrosa que era la aventura de atacar a un pueblo libre como el cubano, además le acusa de haber financiado y protegido a un grupo de asaltantes para que pusieran en peligro la paz deliberadamente, seguía expresándose en esos términos el presidente del Politburó y pareciera que el Sr. Krushchev fuera el mayor pacifista del mundo.

Por su parte, el presidente Kennedy le respondió inmediatamente y le aclaró toda la problemática cubana, de su declaración puedo resaltar:

“Desde hace tiempo se ha instalado una dictadura en la isla, que no ha respetado las promesas de instaurar la democracia y la Constitución del 40, que se dieron en su momento a los cubanos para una convivencia pacífica y el respeto a las leyes, hasta la fecha han abandonado Cuba cientos de miles de cubanos, que en estos momentos viven como exiliados en diferentes países, y todos han huido por falta de libertad. Muchos de esos ciudadanos participaron en la lucha contra la dictadura de Batista, al igual que los actuales dirigentes de la revolución castrista, y por lo tanto tienen derecho a participar en la vida política de la misma manera que los milicianos del M26-7, quienes han impuesto su voluntad sobre del resto. Por ese motivo y no otro los exiliados han originado una oposición a estos atropellos y están tratando por todos los medios a su alcance instaurar la democracia que les fue arrebatada”.

Continuó en esos términos expresándose el presidente norteamericano:

“Además, el gobierno y el pueblo norteamericano es muy responsable y consciente de  que una escalada bélica no es conveniente para nadie, pero también tiene la firme convicción que los pueblos deben vivir en paz y democracia y que tratar de mantener un régimen dictatorial, sea de derechas como de izquierdas, es muy peligroso, ustedes debían dar ejemplo, ya que han estado fomentando varios conflictos en diferentes parte del mundo, nos consta que el pueblo de Cuba solo quiere vivir en paz y democracia”.

Una vez concluida la charla con los primos de Miguel, Jin regresó a bordo un poco antes de las 12:00 horas, pues debía controlar el embarque de los pasajeros, que se produciría de un momento a otro, aunque en esta ocasión mucho más lento que como otras veces, pues la policía marítima tenía órdenes expresas de controlar y examinar la documentación minuciosamente. Según las listas embarcaron 468 pasajeros entre mujeres, hombres y niños; debido a la lentitud del proceso que habían impuesto las autoridades aduaneras, el embarque no se concluyó hasta pasadas las 18 horas. En esta ocasión se notaba en las caras de los pasajeros una mayor aflicción y una vez se les asignaron los camarotes se refugiaron en ellos.

El capitán dio la orden de zarpar inmediatamente pues, con todos los acontecimientos ocurridos, iban muy retrasados para cumplir con el itinerario previsto. A las 19:00 horas el buque había salido de la bahía, coincidía en esos momentos con el anuncio por megafonía. “Señores pasajeros en breves momentos se servirá la cena, por favor diríjanse a los comedores”, en esta ocasión acudieron todos, especialmente los niños, que corrían por los pasillos preguntando dónde estaba el comedor, y que según se comprobó, tenían bastante hambre, al igual que los mayores, ya que ha-bían estado durante cuatro días con raciones de miseria. La cena fue abundante, lo que agradecieron muchos de los pasajeros, pero aunque hubieran satisfecho su estómago, no así su alma.

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