Capítulo 40 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1

Pudo ser un Undercover

 

Luego de leer 39 capítulos es momento de compartir el Capítulo 40 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Liberación de combatientes.

 

 

40

 

Juicio, negociación y liberación de combatientes

 

Prosiguió Gregory emocionado, aunque no tanto por lo pasado en la batalla y las penurias y vejaciones que sufrió en prisión, sino por el recuerdo de los compañeros muertos y asesinados. Pero como él decía -“La vida sigue”- y, por lo tanto, continuó relatándonos su particular “Odisea”:

Los que aún no habíamos sido capturados nos diseminamos por la ciénaga, pero nos encontrábamos sin agua ni raciones con que alimentarnos y la noche se nos echaba encima, en este caso los manuales nos aconsejaban que lo más prudente era descansar para recuperar fuerzas. Nuestro grupo prosiguió su deambular con las primeras luces del día, posteriormente nos enteramos de que otro grupo estaba por nuestras inmediaciones, al igual que los milicianos que nos tenían rodeados; esta noticia se nos la dio un campesino que nos prestó ayuda, al que encontramos en nuestro vagar por las inmediaciones de San Blas. Efectivamente pudimos confirmar por nosotros mismos este hecho, pero también el campesino nos advirtió de que los milicianos nos habían rodeado, por ello tomamos la decisión de separarnos, dejamos las armas pesadas que todavía algunos conservaban y cambiamos la ropa de campaña por vestimenta campesina que nos habían facilitado en un bohío. Continuamos deambulando, al poco tiempo divisamos una agrupación de chozas y uno del grupo se adelantó hacia ese punto, pero fue sorprendido por los milicianos, que no tardaron en rodearnos, después del intercambio de algunos disparos resultó herido uno de los combatientes, por lo que no nos quedó más remedio que rendirnos.

Desde el lugar de la captura fuimos trasladados a un pequeño poblado donde tenían retenidos a otros brigadistas, en el grupo se encontraban tres compañeros que habían pertenecido anteriormente al ejército rebelde castrista, a estos los fusilaron inmediatamente, al resto nos comunicaron que debíamos esperar la llegada de la autoridad competente para saber qué se haría con nosotros. Una vez que acudió el militar de alto rango comenzaron los interrogatorios que duraron varias horas, en el transcurso de  ese tiempo estuvimos aguantando insultos y vejaciones, posteriormente nos llevarían al lugar de reagrupamiento, donde nos encontramos con el resto de la unidad, y desde allí nos trasportaron a La Habana.

En cuanto al transporte, el brigadista no quería hablar de ello ya que para él fue horrendo, pero al final narró esta parte de su historia:

En el traslado murieron unos cuantos compañeros por la falta de oxígeno y el hacinamiento, pues nos metieron en cavas del transporte de carne. De esa forma tan espantosa, sin aire y completamente aislados, solo se percibía la oscuridad en ese transporte de muerte, después de varias horas de marcha llegamos a nuestro destino, el Castillo del Príncipe, desde allí continuamos en camiones abiertos para que la población pudiera ver el paso de los vencidos y acabamos todos en el Palacio de Deportes. Durante el transporte desde Oriente, en esa cava funeraria, nos encontrábamos más de cien acarreados, digo acarreados porque ese trato no se le daba ni al ganado que iba al matadero, en el balance que se realizó a la llegada se pudo comprobar que durante el traslado fallecieron diez de los nuestros, aunque no sabíamos si a los demás nos esperaba la misma suerte.

Una vez que el régimen realizó la exhibición de los vencidos en el Palacio de Deportes, fuimos de nuevo conducidos unos al Castillo del Príncipe y otros a La Cabaña. Posteriormente nos fueron repartiendo por los diversos campos de concentración, denominados “Unidades Militares de Ayuda a la Producción”. En estas “Unidades”, a similitud de los campos empleados en la Alemania Nazi, mantenían a los recluidos realizando trabajos forzados, allí se encontraban no solo algunos de nuestros compañeros, sino también otros contrarrevolucionarios que según el gobierno castrista eran considerados peligrosos.

En ese estado de “Limbo Carcelario”, donde no nos permitían recibir visitas ni tener noticias externas, nos enfrentábamos a una suerte incierta, sin que pudiéramos saber lo que nos esperaba, pues según la normativa cubana de esa época podríamos estar en esa fase por mucho tiempo, y cuando algún organismo internacional, como la Cruz Roja, preguntaba al Gobierno Cubano por la fecha de enjuiciamiento y la salud de los prisioneros, siempre contestaban con la misma expresión: “Están en prisión preventiva y pendiente de juicio”. Ese “pendiente” se podría prolongar por muchos meses, y llegado el caso hasta años, sin ser juzgados, precisamente esa fue nuestra coyuntura, pues nuestro juicio tardó once meses en celebrarse.

Prosiguió el expedicionario:

Pasaron los meses y tuvimos que aguantar lo inimaginable, continuamos así hasta que llegó el año 1962, después tuvieron que transcurrir más de diez meses de ese año sufriendo angustias y torturas, al final nos comunicaron que el 29 de marzo se celebraría el juicio a los 1.165 brigadistas de Bahía de Cochinos. Previamente nos habían trasladado desde las distintas cárceles y campos de trabajos forzados al Castillo del Príncipe.

La acusación la ejerció el Fiscal General de la República, el resto del tribunal lo componían militares revolucionarios. El delito que se nos imputaba era el de ser criminales de guerra y mercenarios al servicio de potencia extranjera, al mismo tiempo que se celebraba el juicio, los miembros del tribunal se dedicaban a censurarnos la conducta que habíamos tomado y algunos insultos más, que me callo para no tener que recordarlos. Como no podía ser menos, todo el proceso fue televisado, especialmente durante la exposición del Fiscal General y la intervención de los demás militares que ejercían de fiscales acusadores. La trasmisión fue radiada y televisada para todo el país, el régimen se aseguró de que la mayoría del pueblo cubano estuviera pendiente del juicio y se aprovechó para realizar una gran propaganda, nos hicieron declarar con un guion preestablecido con lo que a ellos le interesaba que se dijese, además pasaron por delante de los ojos y oídos del tribunal las diversas confesiones que nos habían arrancado después de habernos sometido a tortura psicológica, por supuesto esas declaraciones también las pudieron oír y ver los miles de cubanos que seguían el juicio.

Gregory se dio un respiro, pues los recuerdos eran muchos y le llegaban pensamientos de angustia por los meses que había pasado en ese infierno.

Jin también lo entendía así y en esos momentos cambió de conversación y sacó a relucir otra conversación más agradable, le preguntó por su familia y por su nueva vida.

Tras esa conversación reparadora, el brigadista recuperó los ánimos para proseguir con su historia:

El juicio duró varios días, por lo que permanecimos hacinados en los sótanos del Castillo del Príncipe, donde aguantábamos insultos y amenazas de los guardianes de esa prisión. Transcurrieron los días y llegó el momento de pronunciar la sentencia, la cual se produjo en abril, todos fuimos condenados a 30 años de trabajos forzados y sometidos a un periodo de reeducación en los principios de la revolución. Pero al final del pliego de la exposición de la sentencia añadieron un anexo que decía: “Este tribunal considera, como compensación por los daños y perjuicios causados por la invasión de la soberanía nacional, las penas podrían ser conmutadas previo pago de la correspondiente indemnización que se determinará en negociaciones posteriores”. Con ello dejaban una puerta abierta para la negociación y la fijación de la cantidad que ellos consideraran suficiente.

Tengo que aclararte que no teníamos noticias de algunos compañeros. No sabíamos si habían muerto o por el contrario consiguieron huir, al cabo de unos meses nos enteraríamos de que catorce consiguieron burlar el cerco, fueron los que más se adentraron en la Ciénaga de Zapata, al principio creíamos que estaban escondidos y vagando camino de la sierra, posteriormente supimos que los habían apresado en las cercanías de Ceiba Hueca, luego los llevaron a Santa Clara, donde fueron juzgados al mismo tiempo que nosotros.

Los milicianos de esa zona hicieron su propia investigación y comprobaron que cinco de ellos habían pertenecido al ejército de Batista, a los que fusilaron inmediatamente, a los nueve restantes los condenaron también a 30 años. Así mismo no sabíamos el paradero de algunos más de nuestros compañeros hasta que llegamos a Miami.

Una vez concluyó el juicio y se hizo firme la sentencia, y como se había dejado abierta la puerta de la negociación, desde Miami se constituyó un grupo para la excarcelación de los prisioneros brigadistas.

Gregory manifestó -Lo que te voy a relatar ahora, lo voy a realizar tal y como a mí me lo contaron después de que fuimos liberados, esta narración se la debo al hijo de uno de los miembros que intervinieron en las negociaciones y por si algún día estas líneas salen a la luz pública, desde aquí quiero aprovechar la ocasión para expresar mi eterno agradecimiento a estas personas, pues si no se hubiera llevado a cabo la repatriación, la gran mayoría de nosotros no estaríamos con vida, ya que ese infierno no se podía soportar por mucho más tiempo.

Para la liberación se formó una asociación denominada “Comité de Familiares para la Liberación de los Prisioneros de Bahía de Cochinos”, liderada por la señora Roosevelt. En Cuba se nombró coordinadora a la señora Barreto de los Heros, quien pudo realizar un primer contacto con Fidel Castro a través de la secretaria particular del mandatario, la puso al corriente de los propósitos del “Comité”, por lo que Castro se mostró receptivo a estas propuestas.

Con el objeto de que avanzara la liberación de los presos, se nombró una “Comisión” exprofeso, como esta procedía de los Estados Unidos, le otorgaron los correspondientes visados para su entrada en Cuba, pero para ello, el gobierno cubano estableció ciertas condiciones, una de ellas era que en esta delegación no se admitía a ningún exiliado, si se aceptaba este requisito se podrían iniciar las conversaciones donde se fijarían los principios y exigencias que llevaran a la excarcelación y el retorno de los brigadistas.

Llegó la “Comisión” a La Habana, sus componentes y la señora Barreto se entrevistaron con Castro y con una serie de asesores que le acompañaban. La reunión se prolongó durante varias horas. Los miembros del Comité, después de las presentaciones, expusieron sus planteamientos y dejaron claras sus intenciones, por lo que se establecieron los primeros términos de la negociación y las cuantías para el resarcimiento de los daños causados por la invasión. Castro, como muestra humanitaria, y así lo recogió la prensa del régimen, permitiría la salida de 54 heridos brigadistas de Playa Girón para que fueran atendidos en otros lugares, ya que los recursos en sus hospitales eran pocos. Pero los miembros del “Comité” insistieron para que se incluyera algunos más que les constaba que estaban muy enfermos y en mal estado, después de algunas deliberaciones añadieron a la lista seis nombres más. Pero el gesto de esa “buena voluntad” tenía un precio de dos millones novecientos mil dólares.

Esta fue la primera etapa -añadió Gregory- aún no se había fijado el regreso de los heridos y hasta ese momento tampoco se había hablado del grueso de los prisioneros, pero todos pensaban que las conversaciones iban por buen camino.

Continuó el brigadista relatando lo que él sabía de esta historia:

La señora Berta siguió con su empeño de poner a salvo a todos los brigadistas y auxiliada por personas de buena voluntad, continuó con su cruzada particular. Otro hecho que nos levantó la moral fue la visita a la prisión Castillo del Príncipe de los representantes de la “Comisión”, quienes nos explicaron la secuencia de las negociaciones que se estaban llevando a cabo, así como el retorno de los 60 enfermos y heridos. Esta noticia fue como una cura milagrosa para todos nosotros, ya que con ello veíamos una luz entre tanta oscuridad.

La representante cubana de la liberación solicitó una nueva entrevista con Castro, con el fin de concluir la primera etapa de la negociación, su interlocutora fue la señora Sánchez, Secretaria de la Presidencia, esta persona accedió y realizó los arreglos correspondientes y Castro fijó la fecha de la nueva reunión con los miembros de la “Delegación”. Estos realizaron un segundo desplazamiento desde los Estados Unidos, en la entrevista le expusieron una serie de quejas en cuanto al trato que estaban teniendo los prisioneros, desprendiéndose de esas manifestaciones el descontento generalizado de sus miembros, lo que propició una pequeña mejora en las condiciones de la vida diaria de los presos. Así mismo se fijó la fecha para el regreso de los heridos, pues el pago exigido ya se había realizado, el día acordado fue el sábado 14 de abril de 1962, que fue cuando viajó este primer contingente hasta Miami, acompañado por los miembros de la “Comisión”.

La segunda fase para la liberación del resto de nosotros se prolongó en el tiempo, pues tuvieron que pasar unos cuantos meses para conseguir la excarcelación y el regreso del grueso del contingente. En esas últimas negociaciones se incorporó el abogado Donavan, quién realizaría once viajes a La Habana para cerrar las transacciones, al final se consiguió un acercamiento de las posturas, que dieron paso al acuerdo final para la liberación total de todos nosotros. Este suceso ocurrió en los primeros días del mes de diciembre de 1962. Para lograr este hecho, según a mí me lo expusieron, hubo que entregar unos 60 millones de dólares entre efectivo, mercaderías y medicamentos. Como relato final de la aventura de Bahía de Cochinos, puedo añadir que el 23 de diciembre salió el primer contingente, con 484 liberados, y al siguiente día los 719 restantes, donde me encontraba, todos fuimos llevados a la Base de la Fuerza Aérea de Homestead y desde allí a Miami, donde nos esperaban los familiares y amigos.

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