Las penurias de José en la Cuba castrista (nueva entrega de V. M. Bongutz)

UN PUENTE SE DERRIBÓ, OTRO SE ESTÁ CONSTRUYENDO (1960/2014). Nuevo libro de V. M. Bongutz!!!
UN PUENTE SE DERRIBÓ, OTRO SE ESTÁ CONSTRUYENDO (1960/2014). Nuevo libro de V. M. Bongutz!!!

Las penurias de José en la Cuba castrista. Nueva entrega del libro de V. M. Bongutz: Un puente se derribó, otro se está construyendo (1960/2014).

 

 

Las penurias de José en la Cuba castrista


Comenzó nuestro exmarino a narrarme las penalidades por las que pasó su amigo José, diciéndome: A pesar de que actualmente los dos hermanos están fuera de su Isla. Sin embargo, Frank permaneció allí durante un largo periodo de tiempo, y mantenía informado a José sobre la problemática de los disidentes políticos y las acciones que protagonizaban las Damas de Blanco mientras estuvo en La Habana, pasado un tiempo pudo salir para el exilio, después de haber pasado más de cuarenta años en esa gran cárcel que para él representaba su isla natal.

Al concluir nuestro personaje esta primera introducción, le pregunté si había hablado con José y si sabía cómo había afrontado su vida en la Cuba revolucionaria. Jin comenzó diciéndome: Primero debemos recordar algo de la vida de José, como sabes se encontraba integrado en una célula clandestina anticastrista e intervino en la crisis de los misiles, cuando acompañó a los espías que se desplazaron a la isla para comprobar in situ la ubicación de las rampas de lanzamiento.

Después de que se hubiera solucionado esa problemática armamentística, continuó con su lucha clandestina y pasados unos años se declaró disidente, desde ese momento lo vigilaban constantemente, lo privaron de su trabajo y cuando se anunciaba la visita de algún mandatario de los Países Comunistas del Este de Europa lo detenían como medida preventiva. Un día los servicios secretos tenían una información de que se iba a producir una manifestación en Oriente en pro de los derechos de los presos políticos, en esa misma mañana lo fueron a buscar a casa de su madre en La Habana, pero allí no lo encontraron, entonces la búsqueda se extendió a los  domicilios de sus familiares de Palma Soriano y como tampoco lo pudieron arrestar en ese lugar, iniciaron represalias, arremetiendo contra toda su familia, a él le llegó la información de lo que estaba pasando a través
de su amigo Calixto, por lo que decidió presentase voluntariamente en la prefectura de su distrito para que cesara la presión sobre sus parientes. En el acto fue detenido, después de mantenerlo varios días encerrado en una celda de apenas de cuatro metros cuadrados y someterlo a un interrogatorio constante, lo condujeron a Villa Marista, allí lo mantuvieron incomunicado durante muchos meses, sus familiares más cercanos no supieron donde se encontraba y qué había sido de él, este hecho les
obligó a deambular de un lado para otro sin saber que había sido de este familiar, ese sufrimiento, de no tener ninguna noticia y sin saber si estaba vivo o muerto se prolongó por años para sus seres queridos, habían pasado más de tres años, cuando les llegó la noticia de que aún vivía y que se
encontraba en la prisión Combinado del Este.

Al enterarse la familia de esta buena nueva, solicitó una visita para entregarle algo de artículos de aseo, así mismo querían saber cómo se encontraba de salud, en esa primera visita lo hallaron muy deteriorado y su salud se veía comprometida, por lo que recurrieron a un miliciano que había combatido con su primo Miguel, a este miliciano todavía le quedaba algo de humanidad y abogó por él, por lo que consiguió una mejora en el trato que le daban en la prisión.

Pasaron unos años más, como su comportamiento en el penal era reservado, tenía pocos tratos con los demás presos y como añadidura no se relacionaba con los condenados políticos, de igual manera su vitalidad se iba apagando, y rehuía de participar en las protestas que protagonizaban
otros presos disidentes. Por esas fechas, desde la cárcel emitieron un parte al Ministerio del Interior, donde le informaban de su estado de salud, de que no se involucraba en protestas contra el régimen y de que ya no mantenía una actitud contraria a la revolución, por ello recomendaron una puesta en libertad vigilada. Esto representó una gran alegría para sus familiares y amigos, pero él sospechaba que ese informe se debió, en parte, a la influencia del miliciano amigo.

Tuvieron que pasar unos cuantos años para que recuperara la salud, mientras tanto seguía los consejos de su primo Miguel, quien le recomendaba que no se involucrara en ninguna actividad anticastrista, que procurara abstenerse de visitar a antiguos compañeros y a los que quisieran visitarlo les diera escusas de que no se encontraba bien. Con esta estrategia de aislamiento consiguió que la G2 se fuera olvidando de su persona y que remitiera la presión sobre su familia, la cual había adoptado una actitud similar.

Pasaron un par de años más aguantando ese aislamiento voluntario, hasta que un día le llegó una oportunidad, esta se la ofreció su amigo el combatiente Calixto, quien contaba con un pariente miliciano que le debía la vida de cuando se encontraban peleando en la sierra. Calixto le contó a su pariente lo que le pasaba a su amigo José, de igual manera le informó del desgaste de su salud y que tenía parientes en la Tierra de Bolívar, después de esta serie de explicaciones le solicitó que cuando estuviera montando guardia en la Embajada de Venezuela lo introdujera en la misma por la noche y lo escondiera en los jardines de esa sede diplomática, ya por la mañana José se encargaría del resto.

Todo se desarrolló tal y como lo había pensado Calixto, a la mañana siguiente nuestro disidente salió desde las sombras que suponían su escondite y solicitó asilo político, durante unos días permaneció en esa sede y posteriormente consiguió el salvoconducto que le permitía trasladarse a
Caracas y allí se reunió con su pariente Tomás, quién lo acogió en su casa.
En ese tiempo Jin todavía ejercía de oficial en un buque español que hacía la ruta de Venezuela, pasados unos meses se enteró de la odisea de José por su primo Miguel así que tan pronto como pudo telefoneó a Tomás y le propuso de verse en La Guaira cuando el barco hiciera escala en ese puerto. Así fue y los tres amigos se encontraron de nuevo después de que habían pasado unos cuantos años. En esa reunión fue cuando nuestro protagonista tuvo conocimiento de todos estos hechos. Jin se interesó por su salud y la de los suyos, a continuación le propuso que le hablase de las cárceles cubanas, ya que él las había vivido.

Pero en ese primer encuentro no fue posible que le relatara el capítulo de las prisiones cubanas y de cómo soportó ese infierno, pues no tenían mucho tiempo, ya que el bus que les llevaría de vuelta a Cabimas salía de Caracas a las 6 de la tarde y en esos momentos eran las cuatro, por lo que partieron desde La Guaira hasta la terminal de autobuses en el Nuevo Circo, sin embargo le prometieron que en la siguiente escala le relataría lo que quería saber.

Cuando de nuevo el buque arribó a La Guaira, ya se encontraban en el puerto los dos amigos, José según lo convenido le hizo el siguiente relato de las cárceles cubanas: Te lo voy a contar pero tendrá que ser en dos etapas, la primera te haré una descripción de las prisiones de manera general, aunque me extenderé sobre algunas en particular, ya que has insistido en ello. Y en segundo término te narraré el trato que dispensaban a los reclusos, especialmente a los de carácter político, ya que lo sufrí en mi propia persona, le expreso José.

Después de ese preámbulo, comenzó Jin a contarme como se produjo la visita de su amigo y lo que le refirió de las penitenciarías cubanas: Aún recuerdo ese día como si fuera hoy, el buque llegó a La Guaira a una hora temprana, en esos momentos no había despuntado el sol, por esas latitudes se suele producir alrededor de las seis de la mañana. En esta ocasión mantenía el turno de guardia de las 04:00 hasta las 08:00 horas, una vez
atracado el buque realicé una de mis rondas por cubierta y localicé en el muelle a José y Tomás, inmediatamente salte a tierra, los invité a subir a bordo y les comenté que podíamos desayunar juntos, la idea les pareció bien, por lo que nos dirigimos al comedor de oficiales donde nos sirvieron
el desayuno.

Mientras estábamos comiendo, hablamos del resto de sus familias y me pude enterar de que la madre de José había muerto al poco tiempo antes de que él abandonara La Habana, también me contó que su hermano Frank, a raíz de la muerte de su madre había conseguido abandonar la isla, pues fue reclamado por Miguel, que era el pariente que le quedaba más próximo, actualmente se encuentra en Barcelona. Continuamos charlando sobre asuntos del resto de su familia, como no podía ser de otra manera, me dirigí a Tomás para preguntarle por la suya, él me contó que sus padres también habían muerto, se había casado con una Maracucha y tenía dos niñas, así mismo me narró que su amigo Nicolás seguía en los pesqueros gallegos y su último destino estaba en los mares de Terranova, después me interese por Lucas, y Tomás me refirió que seguía en el Tocuyo cultivando las tierras que le habían otorgado y me comentó -Al enterarse de que veníamos a verte
me pidió que te diera muchos saludos, además insistió en que teníamos que ponerse de acuerdo, pues quiere acompañarnos en el próximo viaje, ya que pretende saludarte personalmente.

Después de esta charla y de recordar viejos tiempos concluyeron el desayuno y Jin les propuso bajar a tierra, pues tenía que comprar una serie de artículos para su aseo personal, una vez realizadas las compras se fueron a un bar en Pariata para tomarse unos refrescos y poder hablar con
tranquilidad de lo que le interesaba a nuestro marino.

Una vez acomodados en el establecimiento, y sin más demora, José comenzó a relatar la primera parte de su particular odisea.

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