Capítulo 47 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Tras leer 46 capítulos es momento de compartir el Capítulo 47 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. La intervención de La Habana.

 

 

 

47

 

Una escala improvisada

 

De nuevo se encontraba el buque en el puerto habanero, un día antes de la partida de La Habana les comunicaron que debían realizar una escala en Puerto Limón, Costa Rica para que desembarcaran unos sesenta pasajeros cubanos, a quienes se les había concedido asilo en esa República Centroamericana y al mismo tiempo debían embarcar a cuarenta pasajeros españoles que estaban esperando en ese puerto.

Llegó la hora de partir y una vez fuera de la bahía se puso rumbo oeste, pero sin perder de vista el litoral de la parte occidental de la isla. Al poco rato, y a su través, se pudo visualizar Playa Baracoa, a continuación se encontraron frente al Puerto de Mariel, donde se cruzaron con un gran buque de carga soviético, continuaron su ruta por la costa cubana y al poco tiempo se localizó, por la amura de babor, Bahía Honda y así continuaron, durante unas horas, observando los diferentes paisajes de la costa mambisa.

Al poco tiempo de la  partida del puerto habanero, se le comunicó al pasaje, que en esta ocasión no irían directamente a Cartagena, pues debían realizar una escala en Puerto Limón en Centro América, a la mayoría de los pasajeros les agradó la idea de pasar unas horas en ese nuevo destino, además como iban costeando su tierra por la parte del poniente, también les hacía ilusión, pues muchos de ellos no conocían, aunque fuera desde el mar, esa parte de su tierra.

Después de que habían transcurrido unas horas, el buque avanzó ya en mar abierto y   transcurrido un tiempo, por el costado de babor y a su través apareció Punta Cajón, desde ese momento se comenzó a perder de vista la tierra cubana, en ese instante se ordenó variar el rumbo unos grados hacia el sur, y en unas horas ya se navegaba por el Mar Caribe. De nuevo se rectificó el rumbo y se dirigió el mismo hacía el sur con una caída de cinco grados al Este, con este derrotero se enfilaba la proa al Cabo Gracias a Dios al norte de la desembocadura del río Coco que servía de frontera entre Honduras y Nicaragua. Se continuó con ese derrotero y en unas horas se encontró, por su costado de estribor, Puertos Cabezas. Una vez se rebasó esta bahía se rectificó el rumbo hacia el Este, para librarse de los cayos Miskitos de Nicaragua, quedando los mismos por estribor, a las dos horas en la lejanía se distinguió por babor la isla de Providence y por ese mismo costado y por la amura apareció la de San Andrés, pertenecientes a Colombia, a continuación y por estribor se encontraba la isla Grande de Maíz, de soberanía nicaragüense. Desde esta posición, ya se dirigió la proa hacia Puerto Limón.

Durante la travesía, como era su costumbre, nuestro protagonista tuvo oportunidad de hablar con algunos de exiliados antes de que llegaran a ese puerto costarricense, quienes le narraron las penurias y necesidades que estaban pasando, en estos momentos, en su tierra natal, además añadieron que la seguridad para los suyos era precaria, pues el gobierno había implantado un  régimen de terror y diferentes métodos para controlar a todos aquellos que no se advinieran a admitir al comunismo como única doctrina imperante en la isla, así mismo esa actitud se hacía expansiva a los que osaran criticar sus procedimientos y decisiones, de igual manera comentaron que el gobierno costarricense les había concedido asilo.

Otro pasajero aclaró, este endurecimiento del régimen se produjo, después de que los milicianos alcanzaron la victoria sobre los combatientes anticastristas de Playa Girón. Otros comentarios de los asilados cubanos agregaban que los mandatarios comunistas mantenían esa actitud en dos frentes, uno persistían en el adoctrinamiento de la ciudadanía, empezando por los niños y los adolescentes, y la otra una lucha sin cuartel contra los patriotas que estaban combatiendo en las sierras y no querían verse gobernados por una nueva tiranía.

Después de 85 horas de navegación desde la salida de La Habana, el buque se encontró a unas tres millas de Puerto Limón, por el costado de estribor se podía apreciar la exuberante vegetación de la Isla Uvita, esta isla fue descubierta por Colón en su IV viaje y la denominó “La Huerta”. Se prosiguió con el avance en régimen de poca máquina, puesto que debía embarcar el práctico del puerto, quien conduciría al buque a su atraque definitivo. Lo más que impresionó a nuestro navegante era poder contemplar desde el puente la espectacular belleza de esta parte del litoral costarricense, su espesa vegetación culminada por enormes cocoteros y otros árboles de gran porte, que le imprimen un verdor especial a la costa sobre el matiz turquesa del mar y el limpio azul del cielo.

Una vez el práctico a bordo se continuó con el avance hacia el muelle para concluir con la maniobra de atraque a las 08:20 horas.

Cuando nuestro marino estaba a punto de saltar a tierra se presentó a bordo un personaje pintoresco por su peculiar vestimenta, pues tanto sus pantalones como su guayabera eran de color blanco y completaba su atuendo con un sombrero de los denominados panameños del mismo color. Preguntó en el portalón por el oficial Jin y el marinero de guardia lo condujo hasta al salón de oficiales y le trasmitió que el oficial lo recibiría en breves momentos. Al llegar nuestro marino al salón, se encontró con este singular individuo, a quién no conocía de nada, además le extrañó muchísimo que se presentara a bordo, cuando ni los propios tripulantes sabían de que se iba a realizar esa escala en Puerto Limón, pues se enteraron horas antes de salir de La Habana.

Esta persona se presentó como Jaime y le manifestó que era amigo de David de Puerto Rico, quien le había puesto un cable a su oficina de San José, anunciándole la llegada del trasatlántico y que sería interesante que visitase a su amigo y que charlaran sobre los últimos  acontecimientos, pues el buque permanecería en ese puerto durante unas horas.

Después de conocer los pormenores de la presencia del desconocido a bordo, ya a nuestro protagonista no le extrañó de que su amigo David supiera inclusive más que él mismo de la ruta del buque, hasta se imaginaba que conocería los verdaderos motivos de la arribada del buque a ese puerto, pues hacia más de dos años que lo conocía y sabía de sus otras ocupaciones, además de la de profesor de música. De cualquier manera recibió a este sujeto con buen talante y le propuso que dieran una vuelta por la ciudad, pues era la primera vez que visitaba ese puerto.

Saltaron a tierra y como la ciudad estaba relativamente cerca del muelle se fueron paseando, al mismo tiempo Jaime le iba explicando la historia de la ciudad.

El visitante comenzó con su narración: 

Esta parte del litoral de Costa Rica lo poblaban nativos de las familias “Pocosís” y “Tariacas”. Posteriormente Colón, en 1502, arribó a estas costas y ancló frente a la isla Uvita, que él denomino La Huerta, frente a esta isla, en la parte continental, se encontraba el pueblo nativo de Cariari. Con la llegada de los europeos se sucedieron algunos acontecimientos que no tuvieron mayor repercusión en el desarrollo de esta parte del país y los dos pueblos vivían en armonía, pues en esa época, solo existía el temor de que fueran atacados por los piratas que navegaban por todo el Caribe en busca de botines, de hecho, las crónicas de la época recogidas por los evangelizadores, reflejaban que los ataques de los piratas Mansfield y Morgan estuvieron desarrollando sus correrías por estos lugares, inclusive se adentraron tierra adentro buscando botines o beneficios en sus tropelías, pero los soldados españoles con la ayuda de los indígenas consiguieron expulsarlos.

En una de las pausas del relato del improvisado guía, Jin le preguntó:

¿A qué se debe el nombre de la ciudad?

No lo sé con seguridad, pero se cuenta una historia que se ha difundido a nivel popular y la cual está recogida en una de las crónicas de la ciudad, te la voy a contar tal y como se refleja en ella, aunque sea de forma resumida: “El nombre del cantón, según esa versión popular, se refiere a que cerca de donde hoy se encuentra el edificio de la Gobernación existió un árbol de limón, que estaba situado en el frente de la casa de un tratante de carey, de hule y de zarza, que se había establecido allí hacia el año de 1840. Como en el lugar no existía otro árbol de limón, hasta él llegaban los habitantes del lugar para recoger sus frutos y preparar sus remedios contra enfermedades. Se hizo tan popular y conocido el tal limonero, que comenzó a utilizarse como punto de referencia por parte de los pobladores de la región; por lo que en octubre de 1852, cuando se emitió el decreto para habilitar el puerto para el comercio, se designó oficialmente con el nombre de “Puerto Limón”.

En su caminata se adentraron en el Parque Vargas, que fue bautizado con ese nombre en honor al Gobernador don Balvanero Vargas, quien en su entusiasmo de configurar un parque con muchas especies caribeñas, les solicitaba a los capitanes de los buque que le trajesen ejemplares de arboles de las islas y de otros lugares donde sus navíos arribasen, por lo que actualmente se encuentran magníficos ejemplares de palmeras, gigantescos laureles de indias, crotos y multitud de especias arbóreas de Cuba, Jamaica, Puerto Rico y de todo Centroamérica. Fue tal la aportación de especies que se iban acumulando que tuvieron que contratar a un jardinero francés que vivía en Martinica para que diseñara y dispusiera las especies que iban llegando como un autentico jardín botánico. Así mismo se fueron añadiendo kioscos y templetes, que le dan una apariencia aún más bella a este rincón de Puerto Limón.

Otro de los lugares que Jaime le propuso visitar fue el Mercado Principal, pero en su caminar hacia ese lugar, lo que llamó poderosamente la atención de Jin fue el gran colorido de las fachadas de las casas, se podían contemplar todos colores del Arco Iris y un sinfín de combinaciones. Pero el secreto de todas estas multicolores fachadas se debía a la mezcla de culturas que imperaba en esta ciudad, pues del crisol de razas y procedencias se podía entender tal espectáculo. Si a nuestro personaje le recordaba las fachadas como una gran paleta colorida de pintor, no menos impresión le causó al acercarse al mercado, la explosión de color que representaban las frutas y otras verduras, se mezclaban el amarillo verdoso de los bananos, con el verdor-amarillento del cas, la guanábana, las moras silvestres, la papaya, el mango, la piña, la sandia, el melón, pero lo más interesante de todo ello eran la multitud de zumos que se podían preparar con estas frutas. También se podían encontrar figuras talladas a mano sobre maderas preciosas, otro renglón que llamó poderosamente la atención de nuestro marino fue las nueces anacardos, así como el licor que se podía sacar de ellas, al que denominaban vino de anacardo.

Una vez que finalizó el recorrido por el mercado, Jaime lo invitó a comer, pues ya era hora para ello. Jin le manifestó que no tenía ningún inconveniente en aceptar la invitación y como se encontraban cerca de un restaurante típico costarricense, se dirigieron al lugar con el ánimo de tomarse unas cervezas y comer alguna comida típica. Primero comenzaron con un caldo típico de verduras, después continuaron con un pargo fresco cocinado con agua de coco para finalizar con un postre elaborado a base de mango y para concluir, no podía faltar el típico café costarricense.

Durante el almuerzo iniciaron la conversación sobre Cuba, que fue lo que llevó a Jaime a desplazarse desde San José hasta este puerto. Primero le comentó que conocía a David desde hacía más de tres años, cuando coincidieron en un curso en Washington, posteriormente se mantenían en contacto, así mismo le manifestó que David en más de una ocasión le había hablado de él, y de cómo favorecía a los exiliados cubanos, también le había comentado que tenía muchas amistades en La Habana y en Barcelona donde se encontraba un grupo de asilados cubanos.

Jin por su parte le dijo:

Hace menos de diez días que estuve almorzando con David en San Juan, pero en esos momentos no sabía que vendría a Costa Rica.

Después la conversación derivó a los últimos acontecimientos de Cuba y algunos hechos que se produjeron en la capital de la república, también le contó su conversación con sus conocidos José y Frank primos de su buen amigo Miguel, quién había sido miliciano y actualmente vivía en España. Así mismo le refirió alguna de las entrevistas que había mantenido con su amigo el doctor don Andrés que ejercía en La Habana.

Llegados al punto del porqué de esa recalada a Puerto Limón. Tanto Jin y todos los demás tripulantes pensaban que se trataba de una prueba de la compañía, con la finalidad de explorar nuevos negocios de la empresa y sondear la posibilidad de recoger pasajeros en Centroamérica, pues otros buques de la empresa naviera ya recalaban en puertos de México.

Sobre ese asunto, Jaime le aclaró la cuestión y según las noticias que manejaba, se trataba de embarcar a un contingente de policías españoles que habían venido a instruir a la policía costarricense, esto fue debido a los intentos de desembarco de fuerzas castristas en la costa tiquense, esas pretendidas invasiones se habían producido en varias ocasiones, así mismo le comentó de desembarcos similares en otros puntos de países ribereños del Caribe. Además, por las investigaciones realizadas por la policía costarricense, la conclusión apuntaba a que en las montañas cercanas a la frontera con Nicaragua se estaba preparando una guerrilla comunista apoyada por milicianos cubanos, con el fin de que se iniciara una revolución, al estilo castrista, en esa nación.

Jin lo animó para que le contara esas confabulaciones perpetradas por los dirigentes de La Habana.

Jaime accedió a hacerle un resumen de los acontecimientos y según su particular opinión:

Como tú bien sabes, desde que Castro asumió el poder en enero de 1959 quiso exportar su movimiento revolucionario por toda América Latina, lo que molestó no solo al gobierno estadounidense sino también a todos los gobiernos latinoamericanos, que combatieron, o bien con sus policías o con sus ejércitos a los revolucionarios al ser atacados por fuerzas foráneas o dieron la batalla diplomática en los organismos internacionales, denunciando las invasiones o las subversiones que se patrocinaban desde La Habana. Pero esa deriva intervencionista, que sin duda estaba bien planeada y meticulosamente diseñada, provenía de altas instancias y no de unos jóvenes revolucionarios con ideas marxista-leninista, ello era debido a la pugna que mantenían los dos grandes bloques con motivo de Guerra Fría. Mi opinión particular me hace pensar, que esos milicianos que ahora se ven triunfadores sobre la tiranía de Batista, deberían tener otras miras y otros planes para con su nación y no obsesionarse en llevar su particular guerra a otras naciones hermanas, todo ello hace sospechar de que están recibiendo las órdenes desde el exterior y de quién está más interesado de que esto se produzca y por supuesto no piensan en el bienestar del pueblo cubano, esta opinión muy particular mía de la dejo para que reflexiones sobre ella.

Después de que habían disfrutado de tan exquisito almuerzo y que la charla se prolongó mientras degustaban el oloroso café costarricense, pero el tiempo trascurría rápidamente y llegó el momento de la despedida, ya que el trasatlántico partiría de ese puerto dentro de una hora, por lo que los dos tertulianos se acercaron hasta el muelle, Jin se incorporó a sus tareas de a bordo y Jaime se subió a su coche, que lo tenía aparcado en las cercanías del puerto para dirigirse a San José.

Después de que recibieron al pasaje, Jin comprobó, por si mismo, lo que le había expresado Jaime, ya que los pasajeros embarcados, componían un contingente de policías españoles, que según le dijeron, a algunos de los tripulantes, habían impartido un curso a la Guardia Civil de Costa Rica. Cuando todos los pasajeros y sus enceres estuvieron a bordo se procedió al arranchado del buque y a realizar la maniobra de salida, concluida la misma y después de que había desembarcado el práctico del puerto se puso rumbo a Cartagena de Indias a toda máquina, pues debían recuperar las horas que les supuso la escala en Puerto Limón. Posteriormente se reanudaría la ruta normal de Maracaibo y La Guaira, para proseguir a cruzar el Atlántico rumbo a Canarias para desde allí continuar a los puertos peninsulares y como punto final el puerto de Barcelona.

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