Marinos veteranos de las dos guerras: La historia de Ogrove, el resignado (segunda parte)

Marinos veteranos de las dos guerras: primera parte
Marinos veteranos de las dos guerras

Marinos veteranos de las dos guerras: La historia de Ogrove, el resignado (segunda parte). El escritor Víctor M. Bongutz, nos obsequia un relato hermoso de vivencias de marinos en zonas de conflictos. 

 

 

Las historias de algunos tripulantes del buque petrolero
La historia de Ogrove, el resignado (segunda parte).


En esa época, el buque en el que me encontraba, aunque pertenecía a una naviera francesa, por cuestiones de la guerra unas veces enarbolábamos bandera española y en otras ocasiones portuguesa, con este sistema íbamos eludiendo los controles de los buques de guerra alemanes, especialmente
de sus submarinos. Durante ese tiempo abastecíamos de todo tipo de mercancías a los puertos del Norte de África.

En el instante en que el marinero dejó de hablar, ya que debía atender a su cometido y una vez concluido, le pedí que me contara algún acontecimiento de esa época que hubiera tenido lugar en la ciudad que con anterioridad había aludido, o sea Safi, a lo que el tripulante accedió: Pasado un tiempo, en esta parte de la costa, los aliados pusieron en marcha lo que ellos denominaron la “Operación Antorcha”, que consistía en realizar un desembarco de fuerzas conjuntas angloamericanas en varios puntos de esa parte del litoral africano, ya que pretendían desalojar a los alemanes del Norte de África. La planificación de esa acción militar se centró en efectuar desembarcos simultáneos en Safi, Casablanca, Orán y Argel.

Ogrove realizó un pequeño alto en su disertación, pero continuó con su historia: En los momentos en los que se iba a producir el desembarco en Safi, el buque donde me encontraba estaba atracado, casi estábamos concluyendo la descarga, los consignatarios se presentaron a bordo y le recomendaron al capitán que acelerara las operaciones, pues debía hacerse a la mar lo antes posible y regresar a Lisboa para recoger una carga urgente para Casablanca, que ya estaba a punto de caer en manos de las tropas aliadas.

Entonces el capitán ordenó a uno de sus oficiales que bajase a tierra y buscara a la tripulación que no se encontraba a bordo, pues estos no sabían nada de las nuevas órdenes. El oficial se hizo acompañar por dos tripulantes, uno de ellos era yo, después de deambular más de una hora por el Zoco y por algunos bares de la zona del puerto conseguimos reunir a los que estaban en tierra para regresar a bordo de inmediato, en esos momentos la descarga ya había concluido y el capitán lo dispuso todo para la partida.

Prosiguió el marinero narrando alguno más de los episodios vividos en el tiempo que duró la contienda mundial: Después realizamos algunos viajes transportando mercancías para las fuerzas aliadas; concluidas estas singladuras la compañía nos asignó una nueva ruta que nos llevaría por todo el Mediterráneo, en esos nuevos derroteros realizamos varias escalas en Tánger, Ceuta, Bizerta, la isla de Malta, de Creta y Chipre. Todas estas arribadas las efectuamos una vez que los aliados iban dominando la situación en esa parte del mar.

De nuevo me invadió la curiosidad por saber algo más de la azarosa vida de este tripulante, por lo que añadí: Seguro que has vivido algunas aventuras más, especialmente en la época de tus recaladas en Casablanca, pues según tengo entendido la ciudad estaba abierta a todo tipo de desmanes y negocios en muchas ocasiones no muy lícitos.

¿Puedes contarme algo de todo esto?

Pero en ese momento sonó la campana que marcaba las 16:00 horas y por lo tanto se iba a producir el relevo, por lo que la conversación quedó aplazada hasta la próxima guardia.

El buque continuó avanzando por el Atlántico, en ese espacio de tiempo ya habíamos rebasado Safi, por lo que se realizó un nuevo cambio de rumbo y la proa se orientó hacia el noreste, en esos momentos comenzó a soplar una ligera brisa de unos 20 nudos procedente del oeste, lo que favorecía la navegación y le imprimía una mayor velocidad al buque en su desplazamiento.

Con este viento a favor en menos de 11 horas ya se avistaba a nuestro través la ciudad de Casablanca, instante en que realizaba el relevo acompañado por el viejo marino Ogrove e iniciaba mi turno de guardia, que iba desde las 00:00 hasta las 04:00 horas.

Una vez recibidas las novedades del relevado y después de haber comprobado que todo estaba en orden, en esos momentos, aproveché la ocasión para recordarle al marinero que continuara con el relato que había quedado pendiente en la anterior guardia, por lo que le dije: Cuéntame algo de Casablanca, ya que, según me has comentado, en más de una ocasión estuviste en esa ciudad.

Acto seguido comenzó el tripulante a relatarme su paso por esa urbe: En enero del 43 y coincidiendo con una de nuestras recaladas en ese puerto se celebró la que posteriormente se denominaría “Conferencia de Casablanca”, allí se encontraban el Presidente de los Estados Unidos, el Sr. Roosevelt, el Primer Ministro Británico, el Sr. Churchill y los mandatarios
franceses de la Francia Libre. La ciudad estaba tomada por las fuerzas angloamericanas, por las inmediaciones del hotel Anfano no dejaban circular a nadie que no estuviera convenientemente identificado, el control era total. Posteriormente un periodista español que se encontraba en la zona, al que conocía por paisanaje, me comentó que a pesar de que tenía acreditación para asistir a la rueda de prensa que posteriormente se convocó, lo registraron exhaustivamente, examinaron sus credenciales
y revisaron su material cada vez que cruzaba la triple línea que habían establecido los mandos militares. Además, mi paisano periodista me refirió que la ciudad se había convertido en un lugar seguro para un gran número de exiliados europeos, unos porque venían huyendo de la ocupación
nazi y otros porque eran refugiados republicanos españoles que tras la conclusión de la Guerra Civil Española. Todos se asilaron en la mayoría de las ciudades pertenecientes al Protectorado Francés, de igual manera a esta urbe acudían toda clase de personas que pretendían ganar dinero de manera fácil; había que añadir a todo este conglomerado de seres los espías, informantes y toda clase de aventureros que ofrecían sus servicios al mejor postor, por lo que las corruptelas y las falsificaciones de pasaportes y de visados eran habituales. En más de una ocasión nos quisieron sobornar para que, por una suma más o menos considerable de dinero, embarcásemos a algunos pasajeros que no tenían sus pasaportes en regla y todos los indicios apuntaban a que eran espías o colaboracionistas alemanes que salían huyendo una vez que la ciudad había sido ocupada por las fuerzas aliadas.

Cuando el marinero concluyó esta parte del relato, lo animé para que me contara alguna anécdota más que tuviera en su memoria: Ogrove comenzó diciendo: Durante ese periodo de guerra, la compañía habilitó unos pocos camarotes para transportar a algunos pasajeros, normalmente embarcaban en Lisboa, pero sospechábamos que eran espías de los aliados, aunque cuando estaban a bordo decían que eran comerciantes o empleados de la naviera. Te puedo confirmar esta cuestión, pues en las diferentes escalas que realizamos en Casablanca me reunía asiduamente con mi paisano el periodista.

Entre las conversaciones que mantuvimos le comenté este hecho y él ratificó mis sospechas, pues me expuso que en todo ese tiempo la ciudad, antes, durante y después del desembarco aliado, desempeñó un importante papel como centro de espionaje, en ella se desenvolvían espías del Eje, así
como de la inteligencia inglesa, francesa y de otras nacionalidades, de igual manera te podías encontrar con espías dobles, que en muchas ocasiones se ponían a las órdenes del mejor pagador.

Durante unos instantes Ogrove dejó de hablar para concentrarse en su cometido y comprobar que todo marchaba correctamente. Antes de que iniciara de nuevo la conversación, lo interrogué, pues tenía intención de que me contara el ambiente que se respiraba en la ciudad, después de sus múltiples arribadas, ya que había escuchado a algunos de los compañeros de a bordo hablar de historias de perversión y libertinaje.

Autor: Víctor M. Bonales Gutiérrez, con acrónimo V. M. Bongutz

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