Capítulo 49 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Tras leer 48 capítulos es momento de compartir el Capítulo 49 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Acontecimientos después de Playa Girón.

 

 

49

           

El régimen se envalentona y hace nuevos amigos

 

Al día siguiente de la ya acostumbrada permanencia del buque en Barcelona, Jin pasó a saludar, como era su costumbre, a don Alberto y a su señora; en su visita se encontró con don Jesús, el abogado cubano, habitual tertuliano de las veladas organizadas en el domicilio del profesor cubano. Una vez se produjo el intercambio de saludos y tras mostrar interés por el bienestar de las respectivas familias, doña Rosa se retiró a la cocina a preparar un poco de café.

Nuestro protagonista comenzó relatando a sus contertulios las novedades y saludos que les traía desde La Habana y, así mismo, algunas de las historias que los pasajeros le habían contado en el transcurso de la travesía, por otra parte les refirió que en el día de ayer había estado hablando con Miguel y con Álvaro.

Los anfitriones le revelaron que hacía más de una semana que no departían con ellos. Por lo que nuestro marino les hizo un resumen de lo que habían mantenido.

Continuaron charlando y Jin les manifestó que en su última estancia en la capital de la Isla había apreciado que los milicianos estaban envalentonados, sobre todo los mandos, después de la derrota que habían sufrido los brigadistas en Girón; había notado como especialmente el gobierno y los máximos dirigentes se dedicaban a proferir amenazas y permitían realizar una serie de bravatas que con seguridad venían emanadas de la Unión Soviética.

Ahora fue don Jesús quién tomó la palabra para manifestar lo siguiente:

Efectivamente se están produciendo estos hechos que apunta Jin, el otro día estuve hablando con un colega que viajó desde Nueva York hasta Madrid para resolver unos asuntos relacionados con unas empresas vinculadas con empresarios cubanos residentes en Miami y que después se trasladó desde la capital de España para visitarme porque quería que me hiciera cargo de algunos de esos asuntos, una vez que tratamos el tema profesional nos fuimos a comer y me contó una serie de cuestiones relacionadas con las bravuconerías de los dirigentes cubanos.

Continuó el abogado narrando alguna de ellas:

A raíz de lo de Playa Girón, los dirigentes soviéticos lanzaron una serie de advertencias y amenazas, algunas manifestaban: “Quienes irresponsablemente emprenden sin escrúpulos y criminalmente un juego peligroso, que puede traer graves consecuencias, deben saber que la UNIÓN SOVIÉTICA no lanza sus palabras al aire en vano». Todo ello lo referían a los Estados Unidos, y proseguían con otra de sus advertencias: “Las fuerzas de la paz superan hoy a las fuerzas de la guerra, las fuerzas del progreso a las de la reacción», y agregaban: «Por eso Cuba no debe ser una segunda Guatemala, por eso el Mundo se estremece al llamamiento de Fuera las manos de Cuba”. Estos avisos los realizaban a través del órgano oficial del partido comunista de la Unión Soviética.

Este aliento y las veladas amenazas proferidas por la URSS, hizo que se crecieran los organismos del régimen cubano y que comenzaran a lanzar sus propios desafíos y a realizar una serie de provocaciones. Uno de los órganos que primero habló, después de que lo hubiera hecho Fidel Castro, fue el Pleno del Tribunal Supremo de Justicia de Cuba, que expresó su más enérgica protesta por la intervención del imperialismo yanqui en la soberanía cubana, con ello reclamaban y proclamaban la condena unánime de los pueblos americanos a tal infame agresión a la independencia nacional, y acusaban a esa nación de abuso de su patente poderío. La propaganda estaba servida y, aunque, los componentes de la Brigada 2506 eran cubanos, contaban con el apoyo de una agencia gubernamental estadounidense. En días sucesivos se vertieron una serie de declaraciones en ese mismo sentido, inclusive destacaban que habían vencido a la nación más poderosa de la tierra. Por ello, y para acabar con tanta habladuría y bravuconería, el presidente Kennedy salió al paso con un comunicado para dejar aclarada esta cuestión, el cual expresaba lo siguiente: «EI Presidente J. F. Kennedy ha declarado desde un principio que como mandatario tiene la responsabilidad por los eventos de los últimos días pasados. Lo ha dicho y vuelve a decirlo ahora, para que sea entendido por todos. El Presidente se opone fuertemente a que cualquiera, dentro o fuera del gobierno, intente cambiar el peso de esa responsabilidad”. Por esa misma fecha y con las más descaradas palabras, el diario comunista Pravda sacó una nota de prensa donde decía: «La amistad entre la Unión Soviética y Cuba es fiel y desinteresada, y se basa en el sincero deseo de ambos pueblos de garantizar la paz y terminar con el yugo imperialista y colonial». ¿Quién podría pensar que semejante aseveración fuera emitida por un periódico moscovita cuando su nación mantenía oprimidos a una gran parte de las naciones europeas y otras tantas asiáticas?

Estas fueron las manifestaciones de este abogado neoyorquino.

Don Jesús continuó hablando para explicarnos el comienzo de la penetración del bloque soviético en Cuba:

El bloqueo parcial impuesto por los Estados Unidos y la disminución de la compra de la cuota azucarera que se había pactado en los años anteriores a 1959 fue lo que sirvió de pretexto al régimen cubano para realizar un acercamiento a la Unión Soviética. Comenzaron los viajes de una y de otra parte, primero fue la Confederación de Trabajadores, a su vez los dirigentes comunistas moscovitas de segunda fila giraban viajes a la patria de Martí, lo que produjo una aproximación progresiva, pero de manera encubierta, para que no lo notara la ciudadanía cubana. A finales de 1960 ya era de dominio público que se estaba preparando un contingente de cubanos con la intención de realizar un desembarco en la isla para tratar de derribar al régimen castrista. Con la disculpa de negociar la venta del azúcar en países que no estuvieran en coexistencia con los norteamericanos y no tuvieran inconveniente en realizar negocios con los nuevos mandatarios, el Che Guevara emprendió una gira por los países del Este de Europa y de la Unión Soviética, en dicho viaje firmó varios acuerdos y negoció la venta del azúcar, consiguiendo mejores precios de los que anteriormente recibía por este producto en el mercado americano, pero lo que no dijo el Che fue que quien le estaban comprando el azúcar era el mayor productor mundial de esa materia y tampoco mencionó que esa generosidad de los dirigentes del Kremlin fue debida a que se había producido un trueque del cambio de azúcar por armas y asistencia técnica militar, todo ello se conoció por las informaciones facilitadas por agentes de la inteligencia cubana que habían desertado poco después de la firma de estos contratos. Con el refrendo de ese acuerdo comenzaron a llegar a la mayor de las Antillas armas ligeras y semipesados conjuntamente con equipamiento y pertrechos militares.

El abogado hizo un pequeño paréntesis para dirigiéndose a Jin -Tú comentaste, hace unos meses, que en la azotea del edificio de la aduana habían instado ametralladoras de cuatro bocas de origen soviético, esto confirma estas transacciones.

Después de este paréntesis continuó explicando la intervención de los otros países comunistas en Cuba:

En la primera etapa se disimuló muy bien esta intervención, pues los técnicos y especialistas militares arribaban a la isla como ingenieros o técnicos en minería, la tapadera esgrimida era que estaban realizando y evaluando el potencial minero de Cuba. Así mismo, el régimen cubano ya estaba preparando a la población para que no se sorprendiera al ver que se estaban construyendo grandes hangares cercanos a los aeropuertos, donde comenzarían a ensamblarse aviones de guerra y otros equipos militares. Posteriormente esas mismas mentiras, o parecidas, les sirvieron como tapadera para comenzar a preparar la instalación de las bases de cohetes de medio alcance. Por esto ante tantos proyectos de industrialización, de prospecciones mineras y de desarrollo industrial, a nadie le podía extrañar que se fueran incorporando, de manera permanente, tantos soviéticos y otros tantos naturales de los países de la órbita comunista. Por esa cuestión Jin, en cada viaje que giraba el trasatlántico a La Habana, podía observar en los muelles habaneros y en su bahía gran cantidad de buques soviéticos, de la Alemania Oriental, polacos, de la República de Checoslovaquia y de otras naciones del bloque comunista.

Prosiguió don Jesús con su relato:

El gobierno cubano, con el propósito de estrechar lazos de amistad con los países de la órbita soviética, desplazó a una delegación de altos dirigentes cubanos a Checoslovaquia con el fin de firmar nuevos convenios y al mismo tiempo devolver la visita que había realizado a La Habana, en fechas anteriores, el Ministro de Comercio Exterior de ese país. Durante esa estancia se suscribió un primer compromiso de cooperación, asignándole con ello un crédito de cuarenta millones de pesos, que se dedicarían a la implantación de talleres y fabricas para la manufactura de equipamiento agrícola, transporte pesado y motos, estas instalaciones se ubicarían en la provincia de Oriente. También se recogía en ese pacto el suministro de plantas eléctricas autónomas para instalarlas en los pueblos y caseríos donde la electricidad aún no había llegado, pues según los planteamientos de las nuevas autoridades, querían llevar el bienestar a los campesinos, pero pasaron seis meses de ese anuncio y todavía esa ansiada electricidad no había llegado, o sea que la luz no se hacía sino cuando salía el sol.

Después de la derrota de Playa Girón, el régimen castrista emprendió una carrera desenfrenada hacia los países comunistas, con una entrega total a las voluntades de los dirigentes bolcheviques, para ello firmó un convenio de cooperación con Alemania Oriental, con el fin de que le suministraran e implantaran más plantas industriales, a los ojos de los campesinos y de los incondicionales del régimen pareciera que Cuba se iba a convertir en el país más industrializado de toda América Latina, pero la realidad era otra; por un lado el país se estaba endeudando hasta lo que no tenía, y por el otro, caía definitivamente en manos de los soviéticos sin vuelta atrás, pues todos los convenios de cooperación previamente habían sido visados por Moscú.

Otra de las características de la palabrería que los mandatarios dirigían al pueblo cubano era la del apostolado de la paz, y para ello se introducían mensajes subliminales en los discursos y en las comparecencias televisivas y radiofónicas, donde les hacían ver a los ciudadanos “que a pesar de que la población de esos países, igualmente que nosotros, mantienen dificultades, se están sacrificando en aras de la amistad de los pueblos y por ser amantes de la paz”.

También esas comunicaciones introducían la idea de que tanto la Unión Soviética como las repúblicas socialistas amigas predicaban la concordia y la convivencia de los pueblos, y mantenían la convicción de que por medios pacíficos se llegaba a una armonía entre las naciones, pero no por ello dejarían a Cuba sola si fuera atacada por fuerzas imperialistas, aunque ello pudiera llegar al extremo de desatar una guerra global que incluiría el empleo de armas atómicas si fuera necesario. Si en su momento, se hubieran analizado estas frases y otras por el estilo, se hubiera puesto de manifiesto lo que significaba esas palabras y lo que se traían entre manos los mandatarios cubanos, porque con estas cuestiones estaban preparando al pueblo para emprender una carrera armamentística desenfrenada. Para valorar el significado de estos mensajes dirigidos a la población, me voy a referir a las últimas líneas de lo que escribió uno de los periódicos del régimen después de que el Che Guevara hubiera hecho una declaración refiriéndose a una hipotética guerra con los imperialistas: “Eso lo hemos visto en todos los países, pero naturalmente, siempre los países grandes son los que tienen que llevar el peso de la guerra, una guerra de esa magnitud es en la que uno puede medir realmente la importancia que tenemos en este momento, y lo que nosotros tenemos que desarrollar para ser dignos de esa confianza”.

En fechas posteriores a la invasión de Bahía de Cochinos continuaron las visitas masivas a la Unión Soviética y a sus satélites, por parte de los representantes de asociaciones cubanas, en el mes de mayo la realizó la delegación del Congreso del Transporte Cubano viajó a Budapest. Así mismo, la Central de Trabajadores,  repitió las visitas a la Unión Soviética constantemente, lo que sirvió de pretexto para la devolución de esos acercamientos; con todos estos viajes de ida y vuelta les permitía mantener una buena tapadera para el desplazamiento de técnicos e ingenieros militares de los países comunistas, quienes ya estaban planificando la carrera armamentística en suelo cubano.

Otro de los organismos puestos en marcha por el ya declarado Régimen Comunista de Cuba, fue el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), la mencionada entidad era la encargada de mantener un control de los ciudadanos extranjeros residentes en la mayor de la Antillas. Esta asociación estaba compuesta por elementos comunistas que tenían encomendada varias funciones, algunas de ellas eran influir en esos países a favor de la doctrina comunista, el mantenimiento de una propaganda activa y el envío de instrucciones a los grupos subversivos. Otra de sus competencias era realizar un control de los ciudadanos de sus respectivos países, con la finalidad de detectar cualquier infiltración encubierta de posibles agentes secretos de estas naciones que no compartían la doctrina del régimen. Para completar ese control se integraban en el mencionado organismo las siguientes agrupaciones: Unión de Argentinos residentes en Cuba, Instituto Cubano-Argentino, Asociación de Bolivianos Residentes en Cuba, Comité Cubano-Brasileño de Amistad, Asociación de Guatemaltecos Residentes en Cuba, Asociación de Chilenos Residentes en Cuba, Asociación de Hondureños Residentes en Cuba, Asociación de Colombianos Residentes en Cuba, Instituto Cubano-Venezolano de Solidaridad Revolucionaria, Sociedad de Amistad Cubano-Española y Unión de Peruanos en Cuba; todas estas entidades estaban subvencionadas por el Régimen.

Después de esta intervención de don Jesús tuvieron lugar una serie de comentarios sobre lo tratado para concluir la tertulia con la degustación del café preparado por doña Rosa.

Jin se despidió de sus amigos hasta la próxima oportunidad de reunirse y continuar con tan amenas charlas.

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