El misterio de la Atlántida: ¿qué dijo Platón?

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El misterio de la Atlántida: ¿qué dijo Platón?

El misterio de la Atlántida: ¿qué dijo Platón? Más de dos mil libros se han escrito acerca de la Atlántida, muchos de ellos basados en las palabras del filósofo griego. En este artículo pretendemos abordar un tema apasionante!!!

 

 

El misterio de la Atlántida ha despertado el interés de decenas de investigadores y curiosos acerca de un territorio desaparecido entre América y Europa.

Platón se refirió a esa civilización. El filósofo griego fue el más conocido en nombrar a los atlantes, pero no fue el único a lo largo de la historia. 

Homero, por ejemplo, menciona una región más feliz en la orilla opuesta del oceáno: la idílica llanura de los Elíseos.

Desde el punto de vista mitológico allí fue el lugar donde el dios Cronos y los titanes se exiliaron. De hecho, el titán Atlas, del cual nace el nombre Atlántida, era uno de los desterrados.

Por otra parte el historiador Teopompo, un poco más joven que Platón, manifestaba que existía un continente en occidente donde los humanos miden el doble que los griegos.

A partir de allí la leyenda se agigantó y muchos investigadores procuraron hallar pruebas de la civilización atlante.

Para otros, la Atlántida fue anterior al gran diluvio bíblico, y de alguna manera representó a una humanidad anterior a la nuestra.

¿Qué dijo Platón acerca de la Atlántida?

Critias, pariente de Platón, habla en Timeo sobre una historia que se contaba en su familia. Su bisabuelo la había escuchado por intermedio de Solón, una figura relevante en la historia ateniense.

En un viaje por Egipto, Solón se encontró con un sacerdote y éste le dijo que sus antepasados honraban a Atenas por un acontecimiento que cambió la historia del Mediterráneo.

El sacerdote le dijo a Solón, y en esto se basa Platón, lo siguiente: «En nuestras historias abundan los testimonios de las grandes y prodigiosas proezas de tu estados; pero una de ellas supera a todas las demás en grandeza y valor. Pues estas historias hablan de una gran potencia que, sin provocación previa, acometió una expedición contra toda Europa y Asia, y a la que tu ciudad sometió. Esta potencia surgió del océano Atlántico, pues en aquellos días el Atlántico era navegable, y en él había una isla situada frente al estrecho que vosotros llamáis las columnas de Hércules (Gibraltar); la isla era mayor que Libia y Asia juntas, y por ella se accedía a otras islas, desde las que se podía llegar al continente situado enfrente que rodeaba el verdadero océano; pues este mar dentro del estrecho de Hércules (Mediterráneo) es sólo un puerto, de entrada angosta; pero el otro es un auténtico mar, y la tierra que lo rodea por todas partes podría llamarse con toda justicia un continente sin límites».

El relato no acaba allí. Platón, tomando como válidas las palabras del sacerdote, asegura que «en esta isla de la Atlántida había un imperio prodigioso que dominaba la isla entera y otras varias, así como diversas partes del continente y, además, los hombres de la Atlántida habían sometido las regiones de Libia situadas entre las columnas de Hércules, hasta Egipto, y de Europa hasta Tirrenia (Etruria, norte de Italia). Esta enorme potencia, unificada, se proponía subyugar de un golpe nuestro país y el vuestro y toda la región del estrecho; y entonces vuestro país se destacó, brillando con la excelencia de su virtud y su fortaleza, entre toda la humanidad. Preeminentemente en cuanto a coraje y pericia militar, encabezó la jefatura de los helenos. Y cuando el resto se separó de Atenas, y ésta se vio obligada a luchar en solitario, tras haberse sometido a los peligros más extremos, derrotó a los invasores y triunfó sobre ellos, y salvó de la esclavitud a quienes aún no habían sido sometidos y liberó generosamente a quienes habitábamos entre las columnas».

Ante esta narración resta saber lo que sucedió con la Atlántida. Platón también recoge lo que le dijo el sacerdote egipcio a Solón: «pero después, sobrevinieron terribles terremotos y diluvios, y en un solo día y una sola noche de desventura vuestros hombres de guerra se hundieron en las entrañas de la tierra, y del mismo modo la isla de la Atlántida desapareció en las profundidades del mar, razón por la cual el mar en esas regiones es impenetrable e infranqueable, porque hay una barrera de fango causada por el desmoronamiento de la isla».

Platón toma este relato como fidedigno y lo amplía. Asegura que la isla recibió el nombre del titán Atlas. La narración comienza cuando Poseidón (el dios Neptuno), hermano de Zeus, toma posesión de la isla la cual aún no tenía nombre o denominación. Poseidón tuvo diez hijos en esa isla con una mujer de nombre Clito y el primogénito fue Atlas. Todos los dirigentes de Atlántida, que a partir de ese momento se conocerán como atlantes, fueron descendientes de ellos. 

Según cuenta la leyenda la isla se dividió en diez regiones, una por cada hijo. Con el correr de los años realizaron incursiones en el norte de África (Libia) y en Europa.

El jefe supremo de los atlantes siempre pertenecía a la línea directa de Atlas. En sus dominios se incluía la colina en la que había vivido Clito y en la cima estaba el palacio. Poseidón había aislado la colina rodeándola con tres anchos círculos concéntricos de agua que tenían una anchura de casi cinco kilómetros.

 

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Círculos atlantes: se han hallado símbolos similares en las costas de Europa

Existe más información sobre el misterio de la Atlántida?

Sí, en los diálogos de Platón aparece más información.

En la Atlántida abundaban los animales, principalmente los elefantes, los bosques y la vegetación en general. Se realizaban dos cosechas cada año. Los atlantes tenían gran estima a un metal llamado oricalco, una aleación de cobre.

También la colina real de Clito se fue transformando en una ciudadela donde se desarrolló una metrópoli. Se tendieron puentes sobre los fosos concéntricos construidos por Poseidón y se convirtieron en muelles, con pasos subterráneos que los unían entre sí y un canal que llegaba hasta el mar.

Los anillos de tierra situados entre ellos y la colina central estaban protegidos por muros, el exterior recubierto de bronce, el siguiente de estaño y el interior de oricalco.

Mientras tanto en la colina, junto al palacio, se erigía un templo consagrado a Poseidón y Clito, recubierto de plata. El suelo y el interior de las paredes eran de oricalco, el techo de marfil de los elefantes y los chapiteles de oro. Cerca de allí podían verse fuentes, baños termales y un hipódromo.

A las afueras existían zonas residenciales y comerciales y más allá una extensa llanura que alcanzaba los 500 kilómetros. Todo el territorio estaba dividido en 60 mil secciones, y en cada una de ellas existía un jefe responsable, entre otras cosas, de reclutar y preparar soldados para las guerras de ultramar. Miles de soldados y carros tirados por caballos formaban un ejército de temer.

Habíamos señalado que Poseidón había dividido la Atlántida en diez regiones. Cada una de ellas gobernada por uno de sus hijos. En ese sentido los diez dirigentes regionales, o reyes, poseían poderes absolutos, pero estaban obligados a cumplir un código constitucional, grabado en una columna en el templo de Poseidón y donde se celebraban asambleas cada cinco años. La ceremonia comenzaba con el sacrificio de un toro y cuando la sangre se deslizaba por la columna juraban respetar lo allí escrito.

Una vez concluido este rito de iniciación, por la noche, celebraban la asamblea, vestidos con túnicas azules.

Como se puede deducir, la Atlántida era similar a una federación.

Los dirigentes o reyes conservaron ciertas características divinas de sus antecesores durante generaciones y gobernaron como déspotas ilustrados, con moderación y sensatez.

Sin embargo, afirma Platón, la chispa divina se fue apagando, la sed de poder volvió a los atlantes en belicosos y deseosos de expandirse. Fue así que la Atlántida comenzó su fase de imperialismo o conquista, lo que desató la furia de Zeus y por consiguiente la desaparición de la civilización entera.

Sin dudas el misterio de la Atlántida tiene un sinfín de aristas y a lo largo de la historia fue nutriendo a investigadores e incluso a escritores que derramaron una imaginación maravillosa acerca de esa civilización perdida.

Sería hermoso, por ejemplo, que uno de nuestros escritores favoritos, R. S. Klane, investigara sobre el tema y nos regalara una obra de ficción sobre ese mundo fascinante que despertó la curiosidad de miles de personas y lo sigue haciendo.

Esperamos que este breve artículo sobre el misterio de la Atlántida haya despertado la misma curiosidad que tenemos nosotros acerca de este relato fascinante que nos regaló el mundo antiguo.

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