Capítulo 59 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Luego de leer 58 capítulos es momento de compartir el Capítulo 59 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. La crisis de los misiles en Cuba.

 

 

59

 

La crisis de los misiles en Cuba

 

Después de 3 días de permanencia en el puerto de Barcelona, donde se realizaron las pequeñas reparaciones y se acondicionó el buque para su nueva travesía, se partió con dirección a Génova, posteriormente se regresaría para realizar una corta escala de nuevo en la Ciudad Condal, entrando primero por el puerto de Marsella. Este primer recorrido llevó 4 días, por lo que ya el calendario se encontraba en el cuarto día del mes de octubre a la vuelta al puerto barcelonés. Allí lo esperaba Miguel, quien lo invitó a tomarse alguna cosa en los bares que se encuentran al comienzo de las Ramblas, eso solo fue una disculpa, pues la realidad era que ansiaba comentarle las nuevas noticias que le habían transmitido desde Miami y, además, quería que le llevara un paquete con unos obsequios para su tía y primos de La Habana. Después de esta explicación saltaron a tierra y se dirigieron a un bar cercano a la Plaza de Colón. El miliciano comenzó a contarle las noticias que le habían llegado desde Florida, la principal fue que el Secretario de Defensa Sr. McNamara emitió un informe donde expresaba los puntos que se tendrían que dar para iniciar un ataque sobre Cuba, Miguel se lo enseñó a nuestro marino ya traducido al español por los militantes de la oposición cubana radicada en Florida:

“Las circunstancias serían:

1) Una operación bélica, por parte de fuerzas del Telón de Acero, sobre  Berlín Occidental administrado por las potencias occidentales.

2) Que se confirme fehacientemente que el régimen castrista ha permitido la instalación de armas peligrosas para los Estados Unidos en su suelo.

3) Que se corrobore un ataque a la base estadounidense establecida en Guantánamo o se produzca un ataque a aviones o buques norteamericanos en aguas internacionales cercanas a las costas cubanas.

4) Que la oposición al régimen de La Habana realice un levantamiento masivo dentro de la Isla y soliciten la ayuda de las potencias occidentales.

5) Que el ejército rebelde intervenga en conflictos armados del Continente en pro de implantar regímenes comunistas.

Por tanto, si se cumplen estas condiciones, se fijaría el objetivo de derrocar a Castro, poniendo los medios necesarios si este persiste en poner en peligro la seguridad de los Estados Unidos”.

Continuaron charlando de estos y otros pormenores de la vida cubana, pero el buque estaba a punto de partir en las últimas horas de la tarde, por lo que tuvieron que poner punto final a su reunión y Jin se incorporó a su cometido a bordo.

Prosiguieron las singladuras habituales recalando en los puertos del Mediterráneo, para proseguir con los Atlánticos de Cádiz y Tenerife, y desde este último darían el salto a América. Una vez que hubieron realizado las escalas de La Guaira y de Curazao, arribaron a San Juan de Puerto Rico, la fecha del calendario se situaba en el día 20 de octubre. En ese puerto lo estaba esperando su amigo David, quien lo invitó a almorzar para que pudieran charlar de lo que estaba aconteciendo en Cuba, situación que mantenía inquieta a mucha gente. Su amigo le confesó que estaba muy preocupado con las noticias que se escuchaban, pero aún más por todo lo que él sabía de ese asunto, que por lo general era mucho más que cualquiera otro debido a su vinculación con la Agencia. Jin le pidió que le contara algo más que lo expresado en los periódicos, o los noticiarios de radio y televisión, a lo cual accedió, pero antes de empezar, le advirtió:

No me pidas más allá de lo que te voy a referir. Nuestro marino asintió y le dejó comenzar.

En este mes de octubre, desde el gobierno de los Estado Unidos se decretó la posibilidad que tenían los exiliados cubanos de integrarse en el ejército estadounidense para recibir formación militar, para ello se desplazó hasta Miami un alto militar del Pentágono con el fin de implementar las normas de reclutamiento e iniciar su alistamiento en las fuerzas armadas norteamericanas. En esa primera reunión se incorporaron más de cuarenta jóvenes cubanos, que no eran muchos para la cantidad de jóvenes de esa nacionalidad que residían allí. En ese primer encuentro se produjo una anécdota, ya que uno de los jóvenes que se disponían a alistarse realizó la siguiente pregunta:

“¿Este reclutamiento es para integrarse al ejército estadounidense o por el contrario es para luchar por Cuba”?

A lo que el reclutador norteamericano respondió con todo el aplomo que le caracteriza a un oficial:

“Doy mi palabra en nombre de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, y del gobierno, que esto es para Cuba».

Desde ese momento comenzó una avalancha de jóvenes con el fin de integrarse en el ejército norteamericano. Concluidos los requisitos documentales, el contingente de reclutas pasa-ría un reconocimiento médico y, tras este último requisito, se incorporarían  a Fort Knox en Kentucky para recibir una instrucción básica; posteriormente, las agencias de inteligencia intuyeron que en esa primera movilización pudo infiltrarse algún espía castrista, ya que los requisitos exigidos no fueron muchos y no se solicitaron antecedentes.

Este primer contingente se cubrió rápidamente y comenzó un duro entrenamiento, no solo en lo concerniente a su forma física, sino también el uso de todo tipo de armamento, especialmente el de gran calibre.

Continuó David con su relato:

A mediados del mes de octubre se realizaron varios vuelos de reconocimiento sobre territorio cubano por aviones espías, que tomaron varias fotografías donde les habían informado de la existencia de obras de silos y de rampas de lanzamiento de misiles, de  esa forma se constató la existencia de rampas de misiles en San Cristóbal, así mismo se detectaron varias ubicaciones de lanzaderas de cohetes SAM, otras fotografías también mostraban algunos bombarderos IL-28 en las pistas de la base aérea de San Julián. Posteriormente se preparó un amplio dossier con todos los detalles fotográficos y la certeza de la presencia de armas nucleares en la isla cubana, lo que llevó al Presidente Kennedy a convocar una reunión urgente de sus principales consejeros con el fin de analizar la peligrosa situación que se estaba planteando con esta deriva armamentística en Cuba, además quería decidir qué acciones llevar a cabo ante este problema.

Las circunstancias se precipitaron y el 16 de octubre se convirtió en un día frenético tanto para los militares estadounidenses, que permanecían en máxima alerta, como para los servicios de inteligencia, que pretendían recabar mayores cuotas de información, inclusive cada hora contaba, pues los sucesos se desarrollaban y cambiaban en pocos instantes. Ante tales acontecimientos y pruebas fehacientes de la existencia de misiles nucleares, algunos consejeros presidenciales y destacados miembros del partido en la oposición, sugirieron la idea de realizar un bombardeo selectivo a dichos emplazamientos, pero los analistas de la CIA pensaron que todavía era prematuro, pues a la vista de las fotografías, los misiles no tenían instaladas las cabezas nucleares. Al plantearse estas dudas se acordó que se realizaran otros vuelos de reconocimiento con los aviones espías U2 para determinar las acciones que se debían tomar. Después de estos vuelos y en horas de la tarde, se llegó a la conclusión de que los misiles podían estar listos y operativos en unos quince días, posteriormente se realizó una segunda reunión en la que el Secretario de Defensa, Sr. McNamara, expuso tres alternativas a ser tenidas en cuenta para solucionar esta crisis que mantenía en vilo al pueblo norteamericano.

La primera opción era netamente política, en ella se proponía un dialogo con Castro y con Krushchev.

La siguiente alternativa consistía en, si fallaba el contacto político emprender una acción militar selectiva.

La última opción que apuntaban los consejeros y políticos más radicales era la de una intervención militar directa y contundente que acabara de una vez con todas las bravuconerías del régimen castrista.

Posteriormente, el Secretario de Defensa concedió una rueda de prensa, en la que puso en antecedentes a los periodistas de todos estos hechos y de las decisiones que se tomarían en fechas próximas. Con ello concluyó David su relato. Antes de terminar, y como era consciente de que la escala del buque en La Habana se produciría en poco más de tres días, le recomendó.

Ten mucha prudencia, pues la policía y los servicios secretos cubanos ven espías, confabuladores y contrarrevolucionarios por todas partes, si puedes capta las opiniones de tus amigos y luego se las trasmites a nuestro común amigo de Caracas, con esta última recomendación concluyó la conversación, posteriormente lo conduciría a bordo,  donde se despidieron hasta una nueva arribada.

Partió el buque de Puerto Rico con rumbo a La Habana, transcurrió la travesía del primer día sin mayor novedad, el tiempo en el Caribe era apacible y por el momento no estaban anunciados huracanes ni tormentas tropicales, los únicos nubarrones y, por ciertos muy negros, se cernían en estas latitudes por culpa de la política expansionista de los comunistas, quienes consideraban que habían puesto su pica en esta parte del Continente Americano.

En el segundo día de navegación y a la altura de latitudes dominicanas, aunque el buque, por precaución, navegaba por aguas internacionales, en el transcurso de la mañana avistaron a varios aviones de reconocimiento norteamericanos que realizaban labores de vigilancia y con toda probabilidad tendrían su base operativa en Puerto Rico. Continuó el buque su ruta hacia Cuba, pero habían recibido órdenes desde la sede de la compañía en Madrid para que navegaran siempre por aguas internacionales hasta que estuvieran en la deriva del puerto habanero, esto constituía una precaución por la que había optado la empresa para evitar cualquier mal entendido con las autoridades militares estadounidenses, así como con las cubanas. Al atardecer de ese mismo día y ya próximos a entrar en latitudes cubanas, percibieron la presencia de un navío de guerra norteamericano, que al descubrir el rumbo que llevaba el buque español, enfiló su proa para hacer un reconocimiento y la identificación del trasatlántico; como en otras ocasiones, se izó la bandera española con la letras CM (Correo Marítimo), cuando la distancia era como de unas 2 millas se recibió una comunicación desde el buque de guerra preguntando la identificación del buque y desde donde venían y hacia donde se dirigían, el capitán  les dio todo tipo de explicaciones, que habían zarpado de San Juan y se dirigían a La Habana a recoger refugiados españoles y cubanos que partían de ese puerto hacia varias ciudades sudamericanas y para España. Después de esta explicación, el destructor siguió con su misión de patrullaje, todo esto indujo a pensar, tanto a Jin como a algunos más de los tripulantes, que la situación cubana se estaba empeorando, estos y otros comentarios se compartieron durante la cena.

Al día siguiente de este incidente y al llegar a la latitud, que la de la bahía habanera pusieron rumbo a la misma, y en unas horas ya estaban atracados en su muelle habitual. Se presentó a bordo, como en otras ocasiones, el Jefe de Aduanas para establecer la custodia del buque y asignar los guardianes portuarios, esta era una costumbre que él realizaba personalmente con los buques de la compañía, pues con ello tenía ocasión de charlar con los diferentes miembros de la tripulación y como no, también de recibir la invitación para algunas de las comidas de a bordo. En esta ocasión, no se habló ni de política ni de acciones militares, solo recomendó al capitán y a los oficiales que estaban presentes en el comedor que fueran precavidos en sus visitas a la ciudad, especialmente por las noches, ya que existían alborotadores y agitadores profesionales que querían perturbar la paz  y tranquilidad de la ciudad y si podían involucrarían a algunos visitantes que le dieran repercusión a sus acciones, lo que llevaría a conseguir titulares en periódicos extranjeros para enturbiar la imagen de Cuba.

En horas de la tarde, Jin se desplazó hasta el domicilio de la familia de Miguel para entregarle los obsequios que este pariente les enviaba desde Barcelona, al mismo tiempo pretendía tener mayor información sobre la problemática cubana y los acontecimientos acaecidos desde su última estancia en el puerto habanero.

Como de costumbre, la familia lo recibió con cariño y deseosa de saber del familiar que tenían tan lejos, una vez se concluyeron todos estos pormenores familiares, le hicieron entrega de una carta y fotos de los padres de Miguel, que Frank había traído hacía unos días de su último viaje a Oriente. Al quedar a solas los primos y nuestro marino, comenzaron a hablar de la problemática cubana.

Jin los puso en antecedentes de todo lo que conocía y les relató lo que le habían contado en los diferentes puertos de la ruta del buque.

A su vez, José comenzó relatándole todos los sucesos y actividades que tuvieron lugar durante todo ese tiempo y, entre otros le contó lo siguiente:

En tu última visita te relaté que a finales de agosto el Che Guevara viajó a la capital moscovita, entre los asuntos que llevaba, la mayoría eran de índole industrial, pero además debía entrevistarse con el máximo dirigente soviético, a quien le tenía que entregar una carta personal de Fidel Castro, en ella le solicitaba que hiciera público el acuerdo militar que se había firmado entre ambas naciones, pero Krushchev no era partidario de que esto se conociese y prefería que el referido acuerdo se mantuviera de momento en secreto.

Entonces Jin le preguntó a José:

¿Cómo conoces este asunto si se mantenía tan en secreto?

A lo que respondió el interrogado:

Lo conozco por un alto representante de los cubanos en el exilio, a este le informó un miembro del Departamento de Seguridad Nacional, pero no se la fuente primaria, pues quieren que la oposición esté enterada de los hechos más relevantes que tengan que ver con Cuba, y este a su vez lo trasmite a la organización interna en la isla para que realicemos las pesquisas oportunas y confirmemos algunos hechos de los que ellos no tengan muy claros. Así mismo debemos informar del movimiento de buques en los diferentes puertos, para ello contamos con varios compañeros que van anotando los buques soviéticos y de otras naciones del Telón de Acero que atracan y las cargas que transportan.

De estas pesquisas, y durante el mes de septiembre, se ha comprobado un mayor flujo de buques de gran tonelaje atracados en el puerto de Mariel, que portaban cargas muy voluminosas, posteriormente se confirmó que esos grandes embalajes contenían misiles y los fuselajes de los bombarderos ligeros IL-28.

Ahora tomó la palabra Frank  para explicar los últimos acontecimientos que llegaron a oídos de la célula clandestina que opera en Oriente, por lo que recibieron órdenes de realizar una serie de acciones a través de las noticias radiadas por la emisora Cuba Libre, con estas consignas pusieron en marcha la recopilación de datos y las actividades que se estaban realizando en esa parte del país. Así mismo se enteraron de que el ejército de los Estados Unidos estaba reclutando cubanos para crear un batallón de exiliados y entrenarlos en Fort Knox en Kentucky.

Intervino de nuevo José para referir lo siguiente:

Desde la sede clandestina me encargaron, junto con otro compañero, que nos desplazáramos a Pinar del Rio en el pasado fin de semana y comprobáramos el estado de las obras que se estaban realizando en las bases de San Cristóbal, Los Palacios y San Diego de los Baños, en la orden nos comunicaban que nos acompañaría un especialista que se identificaría en su momento. Nos pusimos en camino y tomamos el bus que nos indicaron para dirigirnos a nuestros objetivos, pasaban unos diez minutos de nuestro recorrido cuando entabló conversación un pasajero que, si bien hablaba español, lo hacía con cierto acento extranjero; en la charla nos contó que era representante de comercio y que estaba haciendo un recorrido por tiendas de ferretería, pues los artículos que distribuía eran herramientas y útiles para el campo de origen italiano, poco antes del final del primer tramo del trayecto, en una de las paradas de descanso, se identificó con la contraseña que nos habían proporcionado, por lo que con toda certeza sabíamos que se trataba del espía con el que debíamos contactar con el fin de irlo guiando a los lugares de emplazamiento de los misiles para que él realizara la evaluación profesional de los sitios. Este hecho se produjo en el primer fin de semana del mes de octubre. Posteriormente nos enteramos de que el informe elaborado por este agente con acento italiano alarmó mucho a los analistas de la Agencia, por ello ordenaron una serie de vuelos de reconocimiento sobre dichas zonas para la toma de fotografías que confirmaran con toda certeza el informe recibido.

De nuevo tomó la palabra Frank para explicar lo que él pensaba:

Cada día que pasa se hace más complicado, y todos los datos y comunicados que recibimos desde nuestra sede de Miami nos indican una situación muy confusa, la muestra de ello fue un informe interceptado por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos sobre una nota entre Moscú y La Habana donde se indicaba que los misiles se podrían utilizar si se producía un ataque norteamericano a suelo cubano. Este mensaje estaba dirigido al comandante soviético de las tropas y de la división aérea de misiles tácticos emplazados en Cuba, pero los analistas estadounidenses que habían captado ese comunicado pensaron que no fue casual, sino una estrategia del máximo mandatario moscovita con la finalidad de suscitar preocupación en el presidente de los EE.UU. y en todo su gabinete, ese aviso era como una amenaza velada con la que pretendían que reflexionaran antes de emprender una acción militar contra  la isla, pues los soviéticos conocían la orden, emanada desde la presidencia estadounidense y de la alerta en que se encontraban sus fuerzas armadas.

De nuevo fue José quien manifestó lo siguiente:

La situación está cada vez más confusa, no se sabe qué puede pasar mañana, ni al día siguiente, todo se ve muy oscuro, desde la jefatura de nuestra organización nos convocan a reuniones, pero debemos tomar muchas precauciones, nunca nos vemos en el mismo sitio y nos desplazamos por separado, en estos momentos tan difíciles no es bueno despertar sospechas, ya que cualquier error pueden detenerte, y si te aplican los métodos de la G2 te obligan a delatar a muchos compañeros. Pero creemos, y es nuestro deber, en que se debe aclarar la situación que se está viviendo en Cuba en estos momentos, así nos lo exige la Dirección Nacional radicada en Miami, por lo que nos hemos divido en tres grupos con el fin de acreditar las armas e instalaciones dispuestas en los diversos emplazamientos que han establecido los soviéticos, el primer grupo de dos voluntarios acompañaría al “comerciante  italiano” a la zona de occidente. Por la parte central se desplazarían Eugenio y Joaquín, este último es de Matanzas y conocedor del territorio, pues debían llegar hasta Sagua la Grande, acompañando en el trayecto a un “representante de artículos de labranza” de origen español. Para la parte de Oriente le tocó ir a Frank y a Felipe, quienes debían guiar a un “viajante de ropa” que hablaba español con un gran acento mexicano. Todo este despliegue fue necesario para despejar las dudas que se habían creado tras la conversación del Presidente Kennedy con el Ministro de Asuntos Exteriores de la URSS, quien negó por segunda vez la existencia de armas ofensivas contra los Estados Unidos, y según sus manifestaciones, solo existían armas soviéticas en Cuba para la defensa de la Isla y no representaban ninguna amenaza para los norteamericanos.

Prosiguió José con su relato y contó los comentarios que realizaron los tres “viajantes extranjeros” durante el recorrido asignado a cada grupo:

En el territorio occidental se detectaron, en la Base Aérea de Julián, varios bombarderos IL-28 en pista; en el emplazamiento de San Cristóbal se pudo observar a tropas soviéticas, baterías antiaéreas con cohetes tierra-aire y un bunker que podría albergar ojivas nucleares tipo SS5; en Los Palacios se comprobó que existían rampas de lanzamiento de misiles y en San Diego se visualizaron 4 lanzaderas y 8 misiles SS4.

En la zona central del país, en las cercanías del aeropuerto de San Antonio de los Baños, se encontraban estacionadas tropas soviéticas; en la costa de Matanzas se detectaron baterías de cohetes de defensa marítima y en Sagua la Grande también se pudo comprobar la existencia de baterías de defensa aérea y marítima, además de rampas de lanzamiento de misiles.

El informe del grupo donde se encontraba Frank, concerniente a la provincia de Oriente, describe la instalación de Los Remedios como una base de lanzamiento de misiles con lanzadera capaz de albergar hasta 6 unidades al mismo tiempo y en el emplazamiento de Banes, situado a menos de noventa kilómetros de la base estadounidense aéreo-naval de Guantánamo, se detectaron tropas bolcheviques y baterías de cohetes SA-2 de defensa antiaérea. Con este exhaustivo informe concluyó la misión que se nos había encargado a nuestro grupo, ya que pretendíamos se aclarase lo que estaba sucediendo realmente en nuestra isla.

Después de los relatos de José y Frank, se incorporó su madre a la conversación la derivó a temas familiares, especialmente sobre la salud de los padres de Miguel y de los demás parientes residentes en Oriente, ya que al primo menor del miliciano, en su viaje de acompañamiento a esa parte de la Isla, tuvo la ocasión de estar con la familia, de enterarse de las novedades en cuanto a salud y de cómo estaban llevando el día a día al que se veían sometidos por el régimen cubano, la señora ahora se lo estaban transmitiendo a Jin para que se las contara a su sobrino en España.

Con esta última charla nuestro protagonista se disculpó y se despidió de los familiares de su amigo, pues debía estar a bordo a las ocho de la noche, que era cuando comenzaba su turno de guardia.

Al día siguiente realizó una visita a su amigo el doctor don Andrés, pues tenía que comunicarle noticias de su colega don Julián, que se encontraba en Barcelona, además, le debía entregar un paquete con algunos obsequios que le enviaba desde España.

Como de costumbre su amigo se alegró de esta visita y como no, de charlar con tranquilidad con alguien de confianza sobre los problemas por los que estaba pasando su querida tierra. En su conversación comentaron los sucesos y hechos que se estaban produciendo en Cuba, Jin le hizo las referencias de los comentarios de los periódicos extranjeros y de sus conversaciones con los amigos que mantenía en los puertos de la ruta, también la conversación derivó sobre la instalación de los misiles y de armas defensivas que los soviéticos habían estado emplazando en la isla con el consentimiento de las autoridades del régimen cubano.

Ahora, el doctor hizo una reflexión sobre el particular:

Todo esto que me estás contando lo relaciono con un comunicado del Ministerio de Sanidad que he recibido en estos días, en el mismo, y de manera disimulada, hacían referencias a una hipotética situación de guerra, pues pensaban que se pudiera producir un nuevo ataque de gran magnitud a la Isla por parte de mercenarios y contingentes camuflados del ejército norteamericano, por todo ello nos solicitaban a los profesionales, a los dispensarios de salud y a los hospitales, que estuviéramos preparados por si se producía el temido ataque; así mismo realizaban una serie de recomendaciones para que permaneciéramos atentos a las indicaciones de las autoridades.

Continuó la charla con cuestiones familiares y se interesó por conocer cómo le iban las cosas a los exiliados cubanos que estaban en España, por último le trasmitió sus saludos para su colega de Barcelona y le entregó un paquete con picadura de tabaco para él, ya que él sabía que de vez en cuando realizaba una fumada en pipa, con esta última conversación se despidieron hasta la singladura siguiente.

El buque permaneció en La Habana un día más, una vez que se recibió al pasaje con destino los diferentes puertos de Sudamérica y de España, el trasatlántico abandonó el puerto habanero e inició su ruta de regreso a su puerto de origen Barcelona. Se navegó por aguas del Caribe con rumbo sur y después de tres días de navegación se hizo entrada en Cartagena de Indias, en esta población desembarcaron unas 20 personas, entre ellas se encontraban varios matrimonios con hijos y una pareja joven que hacía poco tiempo habían celebrado sus esponsales, después de permanecer varias horas en ese puerto colombiano se partió y se puso rumbo a Maracaibo. Transcurridas unas treinta horas de navegación se realizó el atraque en dicho puerto, allí desembarcaron seis personas, pero embarcan diez con destino a España. Concluidas las operaciones portuarias, el trasatlántico se hizo de nuevo a la mar y, después de abandonar el lago de Maracucho, se fijó el derrotero hacia La Guaira, se navegó costeando el litoral occidental de Venezuela y, sin que hubiera transcurrido un día, se hizo la entrada en ese puerto. En esta ocasión estaba previsto permanecer en puerto unas veinte horas, para posteriormente embarcar a los nuevos pasajeros, lo que se realizaría a las 19:00 horas.

Como nuestro protagonista tenía el día libre se comunicó con su amigo Michael en Caracas, por si podía venir hasta La Guaira para charlar y tomarse unas cervezas. La repuesta fue positiva y en poco más de una hora se presentó a bordo. Los dos amigos se dirigieron a un bar ubicado en las cercanías de los muelles, donde podían hablar con tranquilidad de la problemática cubana. De igual manera, Jin aprovechó la ocasión para trasmitirle los saludos y el encargo que le había realizado su común amigo David de Puerto Rico.

Nuestro marino le hizo un relato pormenorizado de lo que le habían contado José y Frank, de cómo acompañaron a los supuestos viajantes de comercio por las diferentes zonas de Cuba y de las indagaciones que realizaron, pero la conclusión a la que Jin llegó, por la expresión que el funcionario norteamericano reflejaba en su cara, era que ya conocía casi todos los hechos que le estaba relatando. Llegado el momento, nuestro personaje le pidió que lo pusiera al corriente, pues desde que había salido de San Juan, solo conocía lo que David le había comentado y los relatos efectuados por los primos de Miguel.

Michael toma la palabra:

Ya a nadie se le esconde lo complicado de la situación que se está planteando con la carrera armamentística que ha emprendido el régimen cubano, la ubicación de esas armas nucleares a menos de 90 millas de Florida no solo representa una amenaza para el territorio de los Estados Unidos, sino, además, el Pentágono considera a la Fuerzas Armadas Cubanas como las mejor equipadas de Latinoamérica, por lo que también constituyen una amenaza para los países de su entorno. Así mismo no se conocen los pensamientos de los máximos mandatarios cubanos y el uso que le puedan dar a ese arsenal que han ido acumulando.

Su amigo hizo un pequeño paréntesis para tomarse un trago de su cerveza pero continuó diciendo:

El día 22 de octubre, el Presidente Kennedy, durante un discurso a la nación, informó a los ciudadanos de la instalación de los misiles balísticos soviéticos en Cuba capaces de portar cabezas nucleares, por lo que decretó un bloqueo total a la Isla, además advirtió que si desde el territorio cubano se disparase un cohete balístico hacia suelo norteamericano, ello supon-dría un ataque directo de la URSS a los EE.UU., de igual manera, en ese discurso, exigió que fueran removidos, de forma inmediata, todos y cada uno de los misiles instalados en la mayor de las Antillas.

Prosiguió con su relato el funcionario de la Embajada Americana en Caracas explicando algunos pormenores de lo que habían significado esos días tan complicados para su trabajo, pues los comunicados desde el gobierno estadounidense hacia el gabinete presidencial venezolano pasaban por la sede diplomática norteamericana de la capital venezolana y las reuniones con altos dirigentes del país de Bolívar y miembros de las fuerzas armadas venezolanas eran numerosas.

Como continuación de los hechos, al día siguiente, o sea, el 23 de octubre, desde la Organización de Estados Americanos aprobaron y apoyaron el bloqueo impuesto al territorio cubano.

Prosiguió Michael explicando los sucesos de esos días:

Las acusaciones de una parte y de la otra continuaban en el plano político, pero los buques soviéticos que portaban las armas para Cuba continuaban navegando por el Atlántico rumbo a la Isla, algunos ya estaban próximos a la línea marcada como cuarentena, por lo que la preocupación de Washington crecía por horas, pues habían dado órdenes a los buques de guerra norteamericanos de que los detuvieran a cualquier precio. Aún así, todos los indicios apuntaban a que los buques soviéticos detendrían la marcha antes de llegar a la línea marcada por la cuarentena, por una comunicación que habían captado los servicios de inteligencia estadounidenses, la cual fue trasmitida desde Moscú. Mientras tanto las discusiones se mantenían entre los dos gobiernos y en las Naciones Unidas. El día 26 de octubre, el Primer Mandatario Soviético le envió una carta al Presidente Kennedy, donde le hizo una serie de propuestas para la retirada de los misiles de la Isla, pero como contrapartida exigían que los norteamericanos no invadieran la isla con ninguna fuerza militar propia o apoyada por ellos; después de este primer comunicado se sucederían otros entre ambos jefes de estado, pero mientras esto sucedía entre los gobiernos, en el Atlántico se produjo un hecho relevante, que en mi opinión se trataba de un señuelo para calibrar las verdaderas intenciones del gobierno norteamericano con respecto al bloqueo. El suceso fue el siguiente: un buque soviético traspasó en unas millas la línea de cuarentena, pero inmediatamente fue obligado a detenerse por los buques de guerra estadounidenses, después se procedió a su abordaje con la finalidad de realizar el correspondiente registro y comprobar que en su carga no había ningún tipo de armamento, después de esta acción lo dejaron proseguir su ruta.

Durante el día 27 de octubre continuaron los comunicados, las notas e inclusive las llamadas telefónicas. En una de ellas, Krushchev le reiteró al primer mandatario norteamericano lo que anteriormente le había expuesto sobre la no intervención en Cuba, además, también solicitó que retirasen los misiles montados en Turquía. A la última parte de esta nueva nota no respondió Kennedy, pero sí podía ratificar la promesa de no invadir la isla cubana y como contrapartida, los soviéticos estarían obligados a retirar los misiles de la mayor de las Antillas. La cuestión se complicó cuando fue derribado un avión de reconocimiento U2, que se encontraba realizando fotos de las instalaciones cubanas, al ser detectado por la base antiaérea que los soviéticos mantenían en Banes. El militar soviético que estaba al cargo de la batería de cohetes SA-2 disparó y derribó el avión estadounidense.

Después de que se comprobó el derribo del avión espía, la Junta de Estado Mayor, inmediatamente lo comunicó a la Casa Blanca, pero el Presidente ordenó no tomar represalias, salvo si tenía lugar otro ataque, si esto sucedía estaban autorizados a bombardear todos los emplazamientos de los cohetes SA-2. A las pocas horas de este suceso, en el gabinete de crisis se volvió a estudiar la propuesta del mandatario soviético en la que se comprometía a retirar los misiles de Cuba, pero a cambio debían remover los similares norteamericanos en Turquía. Esta propuesta no fue aceptada, por lo que continuó la reunión del Presidente Kennedy, del Secretario de Asuntos Exteriores y el de Defensa con sus principales asesores, donde se decidió convocar al embajador soviético para que le hiciera llegar una nueva propuesta a Krushchev.

La nueva propuesta, por parte norteamericana, consistía básicamente en la no invasión de Cuba siempre y cuando los soviéticos retiraran los misiles balísticos de suelo cubano. Después, cuando estuviera finalizada y verificada la operación, los norteamericanos retirarían los Júpiters de la nación otomana. Concluida la reunión con el embajador, este transmitió el mensaje al Kremlin, por lo que el gabinete norteamericano quedó pendiente de la repuesta. Mientras tanto, la CIA comprobó que los técnicos soviéticos habían terminado los trabajos con los misiles asentados en suelo cubano y los consideraban operativos.

En horas de la mañana del día 28 de octubre de 1962, en horario moscovita, se transmitió un mensaje por Radio Moscú procedente del Politburó, el cual había redactado el máximo mandatario soviético donde declaraba lo siguiente:

“El gobierno soviético, ha trasmitido una nueva orden con objeto de desmantelar las armas que se describen como ofensivas, se procederá a su embalaje y su retorno a la Unión Soviética”.

Cuando se conoció la noticia, no solo en las altas esferas del gobierno norteamericano, sino también entre la población estadounidense, supuso todo un alivio, pues la gran mayoría de los habitantes pensaban que estaban al borde de una guerra. Por otra parte, el mandatario cubano, cuyo ánimo era enfrentarse con los EE.UU., no encajó la noticia y estuvo maldiciendo a los dirigentes soviéticos durante muchos días, inclusive se presentó en una de las bases de cohetes para tratar de operarla y derribar cualquier avión norteamericano que estuviese a su alcance, pero los militares soviéticos ubicados en la mayor de las Antillas, habían recibido órdenes precisas de mantener inoperativas dichas baterías.

Hoy, amigo mío, uno de noviembre de 1962, te puedo confirmar que la crisis de los misiles y la posibilidad de una guerra nuclear han pasado. Con esta última afirmación concluyó Michael su explicación, pero antes de marcharse le manifestó:

Jin, ya puedes navegar tranquilo de regreso a España e iniciar una nueva singladura.

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