Capítulo 61 de Pudo ser un Undercover: llega a su fin la novela que te acompañó por todo un año!

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Luego de leer 60 capítulos es momento de compartir el Capítulo 60 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Llega a su fin la novela que te acompañó durante todo un año!

 

 

 

61

 

Nuestro Protagonista recaba otras opiniones en su última travesía en ese buque

 

El buque llegó a Barcelona, una vez finalizada la maniobra de atraque y después de personarse los representantes de la naviera, el capitán llamó a Jin al Puente de Mando, ya que tenía que comunicarle una orden emitida desde las oficinas centrales de la naviera, en ella se le notificaba un ascenso en su escalafón y el traslado a otro de los buques de la empresa, por lo que esta sería su última singladura por esa ruta. Al llegar a Tenerife, de vuelta de América, desembarcaría y permanecería en tierra, hospedado en un hotel, para embarcar en otro de los trasatlánticos, que arribaría al puerto canario dos días después. Esta noticia no le sorprendió, pues tenía conocimiento de que uno de los oficiales de ese otro buque se retiraba de la navegación por enfermedad, además era necesario cubrir la plaza siguiendo el escalafón establecido por la empresa. En esa nueva ruta se mantenían como puertos comunes el de Santa Cruz de Tenerife y La Guaira, pero el resto eran los puertos de Trinidad, Vigo, Santander, Southampton, Coruña y, en ocasiones, Bilbao.

Jin, una vez que cumplió su guardia, llamó a don Alberto para darle la noticia y preguntarle si podía visitarlo por la tarde, a lo que este le contestó que estaba encantado de recibirlo en su casa.

A la seis se personó en la vivienda de su amigo, doña Rosa le abrió la puerta, lo primero que hizo fue felicitarlo por el ascenso, pero al mismo tiempo le manifestó su tristeza, porque ya estaban acostumbrados a sus visitas y a las gratas veladas que pasaban juntos, también añadió -Desde que Alberto me dio la noticia he llamado por teléfono a todos los amigos para prepararte mañana una fiesta de despedida, y todos han prometido que acudirán.

Jin se sintió agradecido por la amabilidad de la anfitriona y por el cariño que le profesaban, tanto ella como su esposo. Nuestro protagonista se quedó lo justo,  para entregarles un obsequio que les traía desde su tierra cubana y les comentó que solo se quedaría unos instantes más para tomarse el sabroso café de doña Rosa, pues debía regresar a bordo para cambiar la guardia con algún compañero y así tener libre la tarde del día del agasajo.

Al día siguiente, a la hora que le había sugerido doña Rosa, se presentó y allí se encontraban todas las amistades que había cosechado durante los cuatro años que permaneció en este buque, muchas de ellas habían sido pasajeros procedentes de Cuba, otras las había adquirido durante las múltiples reuniones y tertulias organizadas en la vivienda de don Alberto. Como era lógico, se encontraba su amigo Miguel, don Jesús, don Julián, el cura cubano de la parroquia cercana y el periodista Álvaro, además se encontraba el señor Gómez Smith, abogado cubano residente en Nueva York, que estaba invitado por su colega don Jesús a pasar unos días en España. Todos felicitaron a nuestro protagonista por su ascenso en su carrera profesional, pero al mismo tiempo expresaron su tristeza, pues desde que partiese el buque a realizar la nueva travesía, sabían que las reuniones y tertulias no serían lo mismo, ya que Jin en sus múltiples viajes siempre les traía noticias de los suyos o de sus amistades y durante las charlas siempre aportaba algún dato nuevo o anécdota que no se reflejaba en los periódicos.

Después de estos prolegómenos tomó la palabra don Alberto para manifestar:

Debemos estar alegres por nuestro amigo y su ascenso, que nos privará de su compañía, pero siempre estará en nuestros corazones por su desinteresada amistad, por la amabilidad que ha mostrado para con todos nosotros y por mantener vivos nuestros recuerdos de la patria lejana. Estoy seguro de que nos mantendrá informados de sus nuevos viajes y, si tuviera alguna novedad con referencia a nuestra tierra, nos informará de ella; pero ahora dejemos que Jin nos informe de lo ocurrido en esta última travesía y que nos narre las noticias que nos trae de Cuba.

Nuestro marino les realizó un relato de lo concerniente a la Crisis de los Misiles y las diferentes opiniones que se vertieron en las múltiples tertulias de a bordo, en esos momentos hizo uso de la palabra don Jesús para referirse a esa crisis:

Mi opinión de lo que va a suceder de ahora en adelante es que ese pueblo, con la presente coyuntura, quedará encerrado en esa gran prisión que representa Cuba, y los que no asuman los planteamientos de los Castro lo van a pasar muy mal.

Ahora fue Miguel quien tomó la palabra para decir:

Si me lo permiten, podría ofrecerles una visión de la Crisis de Octubre, como se conoce en Cuba, al hacer referencia a los misiles, y de cómo veían este problema dentro de las Fuerzas Armadas Cubanas, ya que uno de sus miembros les narró a mis primos su opinión y la impresión que se vivía en los cuarteles. Todo esto ha llegado a mis oídos por una carta que me enviaron mis familiares desde La Habana a través de un amigo de Venezuela. Por la explicación que realizó el miliciano se podía apreciar el disgusto que experimentaron los mandatarios revolucionarios, pues no entendían cómo ellos no habían tomado parte en el acuerdo entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, además, añadían que no se tuvieron en cuenta las manifestaciones del máximo líder de la revolución y la experiencia con que contaba para tratar a los yanquis, y tampoco se escuchó su rotunda oposición a que los misiles fueran retirados de la isla. Según la teoría de los jerarcas militares, si hubieran permanecido esas armas en nuestro suelo, la aptitud del Gobierno de Washington sería más respetuosa con los revolucionarios.

Continuó el exmiliciano, narrando la opinión del militar cubano:

Al quedarnos sin defensas y una vez que nuestro poder se vio disminuido, aumentaran los ataques de los mercenarios financiados por la CIA y el terrorismo contra el territorio se incrementó. Los gusanos se estaban aprovechando de estas circunstancias y comenzaron intensificando sus ataques y sabotajes, pero ese convenio fue una farsa para con Cuba, y los cubanos han salido perjudicados con el bloqueo impuesto por los imperialistas del norte. El Comandante en Jefe les trasmitió las patrañas y mentiras que el Presidente Kennedy manifestó refiriéndose a Nuestra Tierra, que decía así:

“No abandonaremos los esfuerzos de orden político y económico o de otra naturaleza, en el hemisferio, para impedir la subversión procedente de Cuba, ni nuestra esperanza y propósito de que el pueblo cubano pueda ser algún día verdaderamente libre”.

Así mismo manifestó:

“La solución del conflicto, el compromiso del Gobierno de Estados Unidos de no intervenir de forma militar directa contra la Revolución a cambio de la retirada del armamento estratégico instalado en la Isla”.

Todo ello constituía una sarta de mentiras que solo pretendían eliminar al Primer Ministro y asfixiar al pueblo. Todas las palabras venidas del Gobierno de Washington y sus promesas son meras especulaciones, por ejemplo realizaron las siguientes declaraciones:

“El gobierno de Estados Unidos ha reiterado sus propósitos no intervencionistas. Ha declarado que en ningún caso abandonará sus agresiones de orden político y económico, o de otra naturaleza”.

Continuó la declaración de este militar cubano:

Esto suponía, según los jefes, que no abandonaran las acciones de subversión, terrorismo, apoyos a los mercenarios y todos los actos que se les puedan ocurrir para atacar a la nación. Los agentes de inteligencia cubanos que mantienen las Fuerzas Armadas desplegados en los EE.UU. vienen informando de todos estos planes que, de manera encubierta, realiza la CIA y el Pentágono y según los informes que han ido aportando se han producido desembarcos de armas y pertrechos de guerra para los bandidos que operan en las sierras cubanas.

Ahora Miguel dio su opinión particular sobre el tema:

Todo ello tiene una sola finalidad, el culpar al gobierno estadounidense de todos los males de Nuestra Tierra, y con esto acabo mi intervención.

 

Las consideraciones sobre la crisis de un exiliado cubano de Nueva York

 

Ahora intervino el abogado neoyorquino, amigo y colega de don Jesús:

Estoy muy contento de estar en España, y mucho más de encontrarme con tantos cubanos que, como yo, hemos tenido que exiliarnos para no sufrir las consecuencias funestas de ese régimen opresor.

Dirigiéndose a Jin, le manifestó:

Te felicito por todo cuando estás haciendo por mis compatriotas y por la amistad y cariño que te profesan mis paisanos, y espero que si visitas Nueva York me puedas visitar, estaría encantado de recibirte en mi casa.

Después de estas palabras comenzó a tratar el tema de la crisis:

Desde Nueva York se tiene otra visión del problema de la Crisis de los Misiles:

En primer lugar, debemos tener en cuenta que nos encontramos en el contexto de la Guerra Fría. Después de que acabó la Segunda Guerra Mundial, el Mundo se dividió en dos bloques, uno comandado por los EE.UU. y el otro por la URSS, que pretendían imponer sus teorías e influencias en el denominado Tercer Mundo. Además, la Unión Soviética mantenía apetencias en otros puntos del Globo, especialmente en América Latina, donde tenían puesto todo su empeño. Con la revolución cubana entrevieron una posibilidad de actuación debido a las tendencias comunistas de algunos de sus representantes, entre ellos Raúl Castro y desde un primer momento les brindaron apoyo, aunque de manera encubierta. Los soviéticos eran conocedores del ego del Primer Mandatario Cubano y de los temores que albergaba ante una nueva invasión, por lo que le propusieron la instalación de los misiles con la escusa de equilibrar las fuerzas e impedir la temida invasión por fuerzas norteamericanas, pero Moscú mantenía oculta su verdadera estrategia, como se pudo percibir en el acuerdo llevado a cabo por los dos máximos mandatarios mundiales, ya que lo que buscaban era la retirada de los Júpiter de Turquía y del sur de Italia.

Prosiguió el tertuliano:

Pero los ciudadanos cubanos de la isla ni tampoco los exiliados fueron consientes del grave problema que representó la Crisis de los Misiles, ya que se estuvo al borde de una guerra nuclear, esa tensión solo se podría comparar con la producida por el “Bloqueo de Berlín” en 1948, donde se desplazaron y se pusieron en alerta multitud de tropas y toda una maquinaria de guerra por parte de los dos bloques antagonistas, que en esa ocasión estuvieron a punto de desatar la tercera guerra mundial.

Aunque la Crisis aparentemente duró varias semanas, su punto álgido estuvo señalado por el 27 de octubre, cuando el Presidente Kennedy, dio las órdenes de detener a cualquier precio a los buques soviéticos que transportaban armas atómicas hacia Cuba. Pero a pesar de que el 28 de ese mismo mes se dio por finalizado el conflicto con el comunicado que realizó el Premier Soviético, esto no evitó las múltiples escaramuzas que se produjeron posteriormente, por un lado los contrarrevolucionarios empeñados en ganar la libertad y democracia para su pueblo y por otra parte, el régimen castrista que seguía empeñado en exportar su revolución al resto de América Latina.

Como el reloj no se detiene, a pesar que la conversación era muy amena y los tertulianos estaban a gusto con ella y disfrutaban de la compañía de sus amigos, la hora de las despedidas había llegado. Todos se despidieron con pena, pero al mismo tiempo con alegría, pues su amigo iba a ocupar un puesto mejor, así mismo le desearon mucha suerte en su nuevo destino, por su parte Jin les prometió tenerlos al tanto de su nueva ruta y llamarlos cada vez que pudiera, por lo menos para saber cómo seguían llevando su exilio.

 

La opinión de un “agente de la Compañía”

 

Nuestro protagonista, al día siguiente por la mañana, en un momento que estaba libre de guardia, se acercó al locutorio telefónico que se encontraba cercano al muelle de pasajeros y realizó una llamada a Juan, el agente de campo de la “Agencia”, para despedirse y manifestarle que la naviera le había comunicado que al concluir el próximo viaje, en Tenerife, sería trasladado a otro trasatlántico de la empresa.

Juan le manifestó:

Me gustaría invitarte a almorzar o cenar, lo que mejor te convenga y tus obligaciones te lo permitan.

Jin le contestó:

Te acepto la invitación, pero concluyo un doble turno de guardia a las ocho de la tarde, a esa hora estaré libre, por lo que podríamos vernos, tomar alguna cosa y charlar sobre los últimos acontecimientos vividos en La Habana.

A la hora prevista llegó Juan al muelle con su vehículo y se personó en el portalón del buque para recoger a nuestro protagonista, pero se marcharon dando un paseo. Salieron del puerto por la Plaza de Colón y comenzaron su ascenso por las Ramblas para dirigirse a la calle Ferrán donde se encuentra un restaurante gallego con el fin de degustar una comida de esas tierras. Una vez dentro, Jin le comentó su traslado y su nueva ruta, así mismo le hizo algunas referencias de cómo había vivido esos días de la crisis, al encontrase, parte de ellos en La Habana y otros navegando por aguas del Caribe. Nuestro protagonista le preguntó su opinión sobre ese episodio y cómo se había enterado de la instalación de los misiles, ya que sus amigos de La Habana, José y Frank, colaboraron y sirvieron de guías a unos agentes secretos camuflados como comerciantes italianos y de otras nacionalidades cuyo interés era observar la situación de las nuevas obras e infraestructuras que estaban construyendo los cubanos.

Comenzó Juan diciendo:

La Agencia tuvo un apagón a raíz de la expulsión de los miembros de la Misión para la Defensa, y los agentes de campo que podían desarrollar misiones encubiertas eran suficientemente conocidos, los colaboradores cubanos, o se habían exiliado por temor a que los detectaran y los pudieran condenar como espías, o se desentendieron de realizar más labores de ese tipo, solo quedaron los que estaban agregados a la embajada en La Habana, pero estos estaban fichados y bien controlados por la G2, lo que los hacía inoperativos. Lo poco que se conocía de los planes del nuevo régimen se basaba en lo aportado por algunos miembros de la contrarrevolución cubana, las anécdotas e historias contadas por los asilados cubanos y lo relatado por los tripulantes de buques que realizaban escala en los puertos cubanos regularmente.

El agente hizo un pequeño alto en su explicación, para tomarse un sorbo de su copa de vino y prosiguió:

Cuando comenzaron a recibirse noticias de la llegada de aviones MIG 15 y de armamento pesado a la Isla, tanto la “Compañía” como el Pentágono empezaron a preocuparse y las alarmas se dispararon cuando se tuvo un conocimiento real de los hechos.

Prosiguió Juan con su charla:

Al principio se llevó todo con gran secreto, pero cuando se comenzaron a construir las rampas, a ensamblar los bombarderos IL28 en la base de San Cristóbal y comenzaron a preguntarse los propios militares de menor rango qué se estaba construyendo y los campesinos colindantes a los lugares de construcción de las rampas hablaban de lo que estaba sucediendo en las cercanías de las tierras que tenían asignadas, la contrarrevolución tomó interés en este asunto y puso en conocimiento de la oposición cubana en el exilio, así mismo apareció alguna alusión en un diario de Miami, desde ese momento sonaron de nuevo las alarmas y se dieron órdenes de averiguar, a toda costa, lo que estaba sucediendo en Cuba. Por otra parte, los exiliados cubanos en Florida comentaban que sus familiares y amigos les informaban desde la Tierra Mambisa que en La Habana y en algunos pueblos del interior se veían muchos extranjeros que no eran latinos ni ingleses y que hablaban otro idioma que ellos no habían oído nunca, estos comentarios llegaron a los altos mandos de la “Compañía”, quienes se tomaron el asunto, al principio, como una exageración de los exiliados.

Durante la primera quincena del mes de octubre, fue aumentando, su punto álgido se produjo cuando una filtración desde los servicios secretos cubanos, llegó a manos de uno de los agentes británicos, en dicho documento se expresaba, entre otras cosas:

“Se podría desatar un enfrentamiento de grandes proporciones en pocos días o tal vez en horas, que nos podría llevar a una guerra total”.

Tras el entendimiento entre las dos potencias y según una filtración de alguien cercano al mandatario cubano, se produjo un comentario de Castro durante una reunión de la cúpula del régimen cubano:

«Pienso que retirar los misiles de Cuba fue una concesión innecesaria y una debilidad, además, creo que la crisis pudo haber sido resuelta en términos mucho más  favorables para la Isla y para la Unión Soviética».

Con esta último parte terminó Juan su visión de la Crisis de los Misiles.

Continuaron charlando de la nueva ruta donde se iba a desenvolver nuestro marino y concluida la cena se despidieron prometiendo mantenerse en contacto para intercambiar opiniones sobre la problemática cubana.

 

La cronología de la crisis vista por un periodista independiente de Washington

 

Al día siguiente, Jin había quedado con el periodista cubano Froilán en un bar de la calle Pelayo, cercano a la Universidad, donde podría hablar y recabar su opinión sobre la crisis cubana. A las diez de la mañana se encontraron, después de los saludos de rigor pidieron unos cafés y Jin comenzó a contarle los acontecimientos del último viaje y le pidió que le diera su opinión sobre el asunto de los misiles y si tenía alguna información de colegas suyos radicados en EE.UU.

Ahora tomó la palabra Froilán:

Te voy a relatar un ensayo que realizó un colega mío de nombre Cliff y me lo envió desde Washington, este amigo ejerce como columnista colaborador de varios periódicos de la capital de esa nación. Para realizar ese análisis se dedicó a indagar en los círculos más cercanos de las “Altas Esferas” y con personas cercanas a los responsables de la Seguridad Nacional, allí obtuvo los diferentes matices e indicios que le llevaron a imaginar por qué se llegó a esta confrontación, después de que reunió los datos más notables y significativos, realizó un estudio y como analista y ensayista político, le dio su particular interpretación.

Su estudio comenzó acercándose a los pensamientos que tenían los círculos de la oposición cubana, quienes sospechaban que algo extraño estaba ocurriendo en Cuba a partir de mayo del 62; uno de los indicios que manejaban era el aumento de la llegada de buques de diferentes naciones del Telón de Acero, especialmente soviéticos, así mismo el número de personas de esa nacionalidad aumentaba considerablemente, y se radicaban en ciudades y pueblos del interior, especialmente en Pinar del Rio y en Oriente, además por los cielos cubanos cruzaban los aviones MIG, como para que la población se percatara del poderío de su fuerza aérea.

Pero en la Casa Blanca aparentemente no hablaban de ello ni los periodistas acreditados en los principales centros del poder, pues al preguntarles por esta cuestión contestaban que no tenían vestigio de lo que estaba ocurriendo en la Isla Caribeña, o lo disimulaban muy bien. El 14 de octubre, en la prensa escrita de la mañana, llegaron los primeros indicios de que algo grave estaba pasando con las relaciones entre Moscú y Washington, con respecto a Cuba y ya en los noticiarios de la noche, se puso de manifiesto con mayor certeza lo que estaba ocurriendo, la información expresaba que se había detectado la instalación en suelo cubano de misiles balísticos capaces de albergar cabezas nucleares. Una vez se conoció esta peligrosa y preocupante  noticia, se sucedieron una serie de actuaciones que no voy a repetir por ser suficientemente conocidas. Finalmente se acabó con la retirada de los misiles soviéticos del territorio cubano y como contrapartida los estadounidenses se comprometían a no invadir la Isla bajo ninguna circunstancia.

Una vez se conocieron las noticias del acuerdo todos respiraron más tranquilos, especialmente, los norteamericanos de los estados sureños, pues ellos serían los primeros a quienes alcanzarían los misiles si se producía una confrontación. Pero Cliff prosiguió con sus indagaciones, y lo que más le interesaba era lo que pensaban los ciudadanos cubanos y si eran conscientes del peligro que representaba el tener esos misiles nucleares en su territorio, para ello movilizó sus contactos con la oposición de Miami, para conseguir la mayor información posible. Después de recopilar bastantes datos, procuró que sus respuestas sobre este asunto fueran contestadas por los dirigentes anticastristas y con ello sacó sus propias conclusiones:

La primera era que la población cubana en general y los milicianos de baja graduación, de manera particular, no eran conocedores de lo que representaba lo que se había instalado en su suelo y por lo tanto ignoraban lo que esto suponía.

En segundo término estaban los datos que había conseguido de lo que pensaba la cúpula del gobierno cubano, los altos mandos militares y el personal soviético destacado en esas baterías, todos ellos no estaban conformes con la decisión que adoptaron los dos máximos responsables de la Guerra Fría, por ello Castro argumentaba que lo habían traicionado al excluirlo de esa decisión, la cual consideraba importante para su causa.

Prosiguió Froilán con el relato que le había enviado su colega desde Washington y la interpretación, muy particular, que él mantenía de los hechos:

Tras el pacto entre los dos poderosos bloques, Fidel Castro se sentía traicionado y los principales miembros del Buró Político Cubano apoyaban, como no podía ser de otra manera, sus planteamientos y no entendían por qué los soviéticos hicieron tantas concepciones al gobierno de la Casa Blanca. Esto les llevaba a pensar que los dirigentes de Moscú los habían engañado y había dejado su orgullo herido, por ello proclamaban este engaño a los cuatro vientos. Como esos reproches iban a más, Krushchev se sintió preocupado por lo que Castro pudiera hacer, y por si pudiera poner en peligro el acuerdo al que había llegado con el mandatario norteamericano. Para calmar los ánimos en La Habana envió a su hombre de confianza, el Sr. Mikoyan, a Cuba, con el encargo de no regresar hasta haber conseguido calmar tanto a Fidel como a algunos altos mandos soviéticos que permanecían destacados en La Habana, quieres habían hecho causa común con los planteamientos del Líder Revolucionario.

Nada más llegar, el Vice Primer Ministro Soviético se dio cuenta de la situación, la cual catalogó de muy difícil, ya que Castro estaba muy alterado y furioso, lo que lo podría llevar a cometer una locura que pudiera terminar en un enfrentamiento total. Además, prueba de ese enfado fue que Fidel no recibió a ese alto dignatario soviético a su llegada a la Isla, de esa manera demostraba su disconformidad por haberlo excluido de las negociaciones.

En la primera reunión, el Sr. Mikoyan percibió al Primer Ministro Cubano muy exaltado y como si estuviera tramando algo, al menos esa fue su primera impresión, pues sus primeras palabras lo confirmaban: “Lleve un mensaje a Moscú ¿por qué no se ha respetado el acuerdo que hemos firmado? ¿Por qué, no pueden dejar los misiles de largo alcance en suelo cubano?”, en esta frase de Castro fue cuando se pudo apreciar el engaño que los soviéticos le hicieron a los estadounidenses, al confirmarles que retirarían los 42 cohetes balísticos con cabezas nucleares, consideradas como armas estratégicas, pero se abstuvieron de nombrar que además existían armas nucleares tácticas, que era la petición realizada por Castro en esa reunión, pues pretendía quedárselas como su arsenal particular.

El Viceprimer Ministro Soviético albergó muchas dudas sobre lo que supondría dejar en manos de los dirigentes cubanos esas armas, por lo que optó por decirle que esa opción no era posible, ya que el Gobierno de Washington se había comprometido a no invadir Cuba bajo ninguna circunstancia. Además, este mandatario moscovita era buen conocedor de los planteamientos del Kremlin sobre el empleo de armas nucleares, pero lo que no sabía era lo que Fidel pudiera realizar con estas armas en su poder y tampoco si era consciente del peligro que suponía el empleo de estas armas y sus consecuencias.

En noviembre comenzó la retirada de los misiles y, según el acuerdo, los Estados Unidos podían inspeccionar desde el aire esa retirada, pero Castro cada vez se hacía más intransigente tanto con el gobierno moscovita como con la Casa Blanca, y se oponía a los vuelos de reconocimiento estadounidenses, fue tal su enfado, que le llevó a ordenar a las Fuerzas Armadas Cubanas que disparasen a los aviones norteamericanos, pero las dotes diplomáticas de los dos líderes mundiales hicieron entrar en razón a Fidel, quien, al final, cedió en su empeño. Aún así continuaba insistiendo a los mandatarios del Soviet que las armas nucleares tácticas se debían quedar en Cuba, ya que era conocedor de que Moscú no había comunicado a Washington su ubicación. Las amenazas del líder cubano llegaron a tal extremo que amenazó a los dirigentes soviéticos con revelar en las Naciones Unidas, el arsenal de armas que el Gobierno de Moscú mantenía ocultas en Cuba. Con ello, al Sr. Mikoyan se le presentó este grave problema, que lo comunicó inmediatamente a capital soviética, ya que el tiempo jugaba un papel importante, pues el día antes de la Asamblea General de las Naciones Unidas Castro quería tener una repuesta del Buró Político Moscovita, por lo que les concedió menos de 24 horas para una nueva reunión donde debían aportar una repuesta a sus peticiones. Como la repuesta no llegaba y ante la insistencia de Castro, a Mikoyan no le quedo más remedio que mantenerse firme y comunicarle al Mandatario Antillano que se retirarían todas las armas sin excepción. En el mes de diciembre ya habían sido desmanteladas todas las ojivas nucleares estratégicas y desarmadas las armas nucleares tácticas y reenviadas a la Unión Soviética.

Froilán le comentó a Jin:

Posiblemente te suene todo esto a ciencia fisión, ya que yo tuve esa sensación, y así se lo hice saber a mi amigo de Washington. Le pedí que me revelara su fuente, pero no hubo forma de que me dijera nada, aún así, sospecho que mantenía una estrecha relación con un familiar suyo que ejercía como un alto cargo en las Fuerzas Armadas Cubanas, quien le informaba de los pormenores de la crisis. Posiblemente este militar no le diera todos los detalles, por lo que el resto se debía a la gran imaginación de este periodista.

Concluido el relato, los amigos se despidieron, pero antes se intercambiaron las direcciones para mantenerse en contacto, así mismo Froilán le facilitó su teléfono para que lo llamara de vez en cuando.

 

La crisis vista por un exagente de inteligencia

 

Después de las habituales reparaciones y los reabastecimientos pertinentes, el buque zarpó de Barcelona y emprendió una nueva singladura. Una vez de realizar las escalas habituales en el Mediterráneo llegaron a Cádiz.

En este puerto, Jin esperaba la visita de Gustavo, exagente secreto cubano que, como recordaremos, había trabajado para la inteligencia militar estadounidense, los dos habían quedado de verse en ese puerto, según lo acordaron por teléfono. Desde que estaba atracado el buque, nuestro protagonista se percató de que su amigo ya lo estaba esperando en el muelle, una vez que concluyó la maniobra de atraque Jin saltó a tierra para saludar a su amigo y proponerle ir a tomarse algún refrigerio en un restaurante cercano al puerto.

La primera pregunta de Gustavo fue: ¿Cómo viviste la crisis, pues creo que por esos días estabas en La Habana?

Jin le contó todos los pormenores ocurridos y los comentarios de algunos de los amigos cubanos que mantenía en los diversos puertos de su ruta.

A su vez, nuestro protagonista le preguntó -¿Qué información tienes tú?

Gustavo le respondió:

Mi preocupación era grande, ya que tengo, como tú sabes, familiares y amigos tanto en Cuba como en Estados Unidos, por ello hice un seguimiento de la situación día a día, además recibía noticias de lo que estaba sucediendo, mis amigos de Norteamérica me llamaban por teléfono casi diariamente para comunicarme las informaciones aparecidas en los periódicos de Miami y Nueva York, así mismo fui recopilando las noticias que iban apareciendo en los diarios españoles, con todo esto he hecho una teoría, muy particular, sobre los sucesos acaecidos, te la voy a explicar para que saques tus propias conclusiones.

Todos estamos de acuerdo con esta crisis, pero yo tengo mi particular versión de todos los hechos de esos días.

En casi todos los informes y reportajes de los periódicos y los comentarios de radio y televisión, destacaban la firmeza con que el presidente Kennedy trató la cuestión, también apreciaban el papel jugado por la diplomacia de los dos países, así mismo se desprendía de esas informaciones que se realizaron concesiones por ambas partes, a pesar de las demostraciones más o menos airadas del mandatario moscovita. La creencia general fue que la crisis se solucionó en los últimos quince días del mes de octubre, pero eso no fue así, con mis informaciones puedo aclarar algunos de los hechos.

En primer lugar, la mayoría afirma que la decisión del presidente Kennedy fue capital para que los soviéticos retiraran los misiles. Pero mi opinión particular es que el mandatario estadounidense, a pesar que la mayoría de sus asesores le aconsejaban que empleara la dureza y que lanzara un ataque para destruir las bases que ya estaban localizadas, optó por emplear la diplomacia hasta las últimas consecuencias y hasta los términos que fueran necesarios.

En segundo lugar, en los días posteriores a la crisis se debatió quien había ganado, como si se tratara de un partido de Fútbol o de Béisbol, para los periódicos occidentales los Estado Unidos le habían dado una lección a la URSS, pero si las informaciones provenían del lado del telón de Acero fue Moscú la que salió ganando, y los cubanos del régimen mantenían que habían ganado las dos grandes potencias y ellos quedaban desprotegidos a los caprichos de los imperialistas del norte.

Para mí el tercer argumento para contener la crisis se dio el del día 27 de octubre al ser derribado el avión espía norteamericano U2 sobre suelo cubano, pero el presidente Kennedy, en contra de los planteamientos de intervención de la mayoría de los militares estadounidense, no respondió a ese desafío, aunque desde la base de Guantánamo lo tenían muy fácil y pudieron destruir las baterías desde donde se lanzo el misil S2, en este hecho imperó la calma al no contestar a la agresión. Pero, al mismo tiempo, en medio del Atlántico se produjo otro acontecimiento que pudo ocasionar una gran catástrofe. El incidente fue protagonizado por un destructor norteamericano que se encargaba de patrullar esas aguas para preservar el bloqueo impuesto sobre Cuba cuando detectó a un submarino nuclear soviético que llevaba rumbo a la Isla. Con la finalidad de disuadirlo para que no siguiera por ese derrotero le lanzó cargas de profundidad, pero la cordura del comandante del submarino estuvo presente al no responder al fuego enemigo, que también hubiera desatado el conflicto.

En una cuarta reflexión de nuestro analista de inteligencia, se refería al tema de los espías, de la inteligencia y de la contrainteligencia y sobre lo que conocían unos y lo que ignoraban otros:

En mi opinión, muy particular, me parece que las agencias de inteligencia norteamericanas no estuvieron a la altura de las circunstancias, pues hubo varios indicios de que algo raro estaba sucediendo en Cuba, aunque no tuvieran agentes de campo destacados en la Isla o informantes a sueldo dentro del castrismo, pero si existía suficiente información para sospechar lo que se estaba tramando. Sin ser expertos en la materia, los miembros de la resistencia anticastrista se percataron de las grandes construcciones en puntos aislados de la geografía cubana, así mismo les pareció sospechoso el tremendo movimiento de grandes buques soviéticos en puertos cubanos, especialmente en el de Mariel, con escalas siempre nocturnas. Todas estos indicios fueron comunicados a la oposición en Miami y estos a su vez se lo hicieron llegar a las personas encargadas de analizarlos, pero quizás no se le puso la debida importancia, pues pensaban, en la mayoría de las ocasiones, que los cubanos estaban exagerando la cuestión con el fin de lograr que los estadounidenses se involucraran más en el asunto. Pero la realidad fue que cuando los analistas de inteligencia se percataron y dieron importancia a estos indicios y se cercioraron de los mismos ya estaban realizadas todas las operaciones de la instalación de los misiles. Por ello el Presidente Kennedy y su gabinete se enteraron tarde de lo que en realidad se estaba cocinando en Cuba.

Aunque se crea que todo acabó el 28 de octubre, cuando el Premier Soviético le anunció al Presidente Norteamericano que retiraría los misiles de Cuba, esto no fue así, por las informaciones que me han ido llegado el asunto se prolongó por más de cuarenta y cinco días. Primero por la tozudez de Castro, que no quería que le quitaran sus juguetes, pues con ellos se sen-tía un hombre importante, lo cual representó un verdadero escollo para los soviéticos. En segundo término, porque los mandatarios de Moscú le habían mentido a los de Washington, ya que en la Isla se encontraban más de cien armas nucleares, entre las tácticas y las estratégicas. Y la tercera cuestión era que la mayoría de los grandes buques capaces de transportar tan pesadas cargas la mayoría ya se encontraban en el Mar Negro, y la travesía desde esos puertos hasta Cuba les llevaría por lo menos 25 días, durante ese tiempo a los mandatarios cubanos se les pudo haber ocurrido cualquier locura que pusiera en peligro el pacto al que habían llegado las dos grandes potencias y la tan ansiada paz.

Los dos tertulianos intercambian una serie de opiniones, se terminaron sus aperitivos y se despidieron, deseándose buena suerte y con firmes propósitos de mantener el contacto, por lo menos, para saber cómo le iba a cada uno.

Jin emprendió el regreso al puerto, ya que en apenas dos horas se harían a la mar rumbo a Tenerife.

 

Los secretos de Cirilo. Una charla en Tenerife

 

Al llegar al puerto de Santa Cruz de Tenerife, en el muelle lo estaba esperando Gregory, el excombatiente que había viajado en el buque a principios del 1963, y que había embarcado en el puerto de La Guaira. Como le había prometido una visita posterior, se encontraba acompañado por dos personas que resultaron ser exiliados cubanos descendientes de emigrantes procedentes de las Islas Canarias, y que hacía algunas jornadas pudieron abandonar Cuba a través de la Delegación Diplomática de España. Uno de ellos dijo llamarse Marcial y el otro Manuel, primos ambos de Gregory por parte de madre, y al igual que los demás descendientes de Isleños se dedicaban a la agricultura y a la ganadería. En la charla salió a relucir la instalación de los misiles soviéticos y fue entonces cuando Manuel les relató lo que había observado otro de sus familiares, cercano a la familia de los Herrera, quienes poseían una granja en las inmediaciones de San Cristóbal, en la provincia de Pinar del Rio. Este pariente nunca quiso hablar de lo que estaba sucediendo en las cercanías de su explotación ganadera, pero con el tiempo se supo su historia:

Cuando sacaba a pastar al rebaño de cabras, estas se dirigían a lo alto de la loma de las tierras que tenían asignadas, desde lo alto podía distinguir las construcciones que se estaban llevando a cabo en el valle cercano, pero mantenía silencio de lo observado por miedo a que lo pudieran relacionar con contrarrevolucionarios, pues cualquier indiscreción por su parte le podía costar perder esas tierras e incluso ser detenido por espía. Pero un día se lo confesó a mi madre, que era hermana de la suya y que lo había auxiliado cuando se quedó huérfano y lo había tratado como un hijo, por ello le contó todos los hechos de la instalación de los misiles en las cercanías de la granja. Ahora les voy a referir un poco de la vida de este pariente.

Cirilo era muy joven, tendría por esas fechas 17 años, era el tercero de una familia de cinco hermanos, su padre procedía de las Islas Canarias y emigró a Cuba por el año 1910, conoció en San Cristóbal a su esposa, cubana ella, pero también descendiente de Isleños. Con el tiempo adquirieron algunas tierras de la propia hacienda donde trabajaban y continuaron con su labor de agricultores, pero añadieron algo de ganadería, especialmente cabras, para que aprovecharan el abundante pasto que crecía por esa zona. Los dos varones mayores de este matrimonio se alistaron en la guerrilla, el hermano menor tuvo que hacerse cargo de la ganadería. En sus pastoreos deambulaba por el campo y por los cerros cercanos, en uno de esas caminatas con el ganado se fue a lo alto del montículo que coronaba las tierras donde habían trabajado sus padres y servían de lindero al valle contiguo, una vez alcanzada la cima se percató de que estaban haciendo unas grandes construcciones, lo que le causo una gran sorpresa. Cuando regreso a su casa se lo contó a su madre, aunque su progenitora no tenía ni idea de lo que su hijo le estaba diciendo, por prudencia o por miedo le recomendó que no se lo dijera a nadie.

Sin embargo, como adolecente sentía curiosidad y cada día acudía con su rebaño hasta lo alto del montículo y desde allí observaba a los hombres trabajando y realizando aquellas extrañas construcciones. A los pocos días, cuando no había pasado más de una semana de su observación, se personó en su casa un miliciano de alto rango, quien conocía a la familia, pues uno de los hermanos de Cirilo había estado luchando con él en las sierras, y les manifestó que precisaban ocupar esas tierras y sus dependencias por motivos de seguridad, además añadió -Los ubicaremos en una granja mejor con una casa nueva y otras dependencias para los animales, prosiguió diciéndole al cabeza de familia que sabía que eran buenos cubanos, que sus hijos habían sido muy valientes cuando estaban peleando contra Batista  y que el Comandante en Jefe no abandonaba a las familia de los patriotas. En pocos días ya se estaban mudando, pero antes de irse definitivamente, nuestro ganadero deambuló por las tierras y colinas, viendo como más de un centenar de milicianos armaban tiendas de campaña con escrituras que no entendía y eran para él totalmente desconocidas, así mismo pudo observar a militares que no parecían cubanos por su forma de vestir y porque la mayoría eran altos y alguno rubios, solo los había visto parecidos cuando había acompañado, hacía un par de años, a su hermano mayor a La Habana. En esa ocasión le había preguntado ¿De dónde son esos hombres altos y rubios? La repuesta de su hermano fue: “Estos hombres y mujeres altas y tan blancos son norteamericanos”.

Pasaron los días y el muchacho seguía con su labor de ganadero en la ubicación de la nueva tierra que le habían proporcionado a su padre, la cual no estaba lejos de la anterior. A principio de agosto su padre murió, lo que extrañó a toda la familia, pues aparentemente era un hombre sano y que no había padecido enfermedad conocida, al sepelio vinieron sus hijos, que se encontraban, uno en el acuartelamiento de Matanzas y el otro destinado en el cuartel de Moncada de Santiago de Cuba, al llegar les extrañó la nueva ubicación de la granja, por ello preguntaron a que se debía ese cambio, nuestro joven ganadero se los explicó y también les contó lo que había visto al otro lado del valle cercano a la antigua granja. Sus dos hermanos mayores le recomendaron que no dijese nada de este asunto y no se lo mencionara ni a sus más íntimos amigos, pues podría meter a toda la familia en un lío.

Pero por los sucesos siguientes a este acontecimiento pareciera que las desgracias perse-guían a la familia, pues a un mes escaso murió la madre, lo que dejaba a Cirilo desamparado y solo en este mundo. Una tía, hermana de su madre, que vivía en Matanzas, lo acogió en su casa, pero nuestro ganadero, aunque joven, no se quitaba de la cabeza la pregunta de por qué se había quedado huérfano. Esa misma pregunta le hizo a su hermano, que estaba en el acuartelamiento de esa ciudad, y este le dijo que no le diera más vueltas al asunto, pero él seguía empeñado en que algo raro estaba pasando con su familia. Su tozudez le llevó a consultar el asunto con un médico que era amigo de su padre desde la niñez, le explicó lo que le había sucedido a sus progenitores y él le prometió que se enteraría de lo que pudiera y le recomendó que se tranquilizara y  que no comentara nada de lo sucedido a su familia.

A los pocos días, su hermano llegó a casa de su tía para hablar con él y aconsejarle que no estuviera haciendo preguntas de lo ocurrido a la familia, pues su comandante lo había llamado para decirle que su hermano menor era muy joven y, al no comprender lo que había pasando con las muertes de sus padres, sería recomendable que lo viera uno de sus psiquiatras para darle consejos, añadió el militar -Es lógico pensar de esa manera, pues en menos de un mes se ha visto solo, si bien es verdad que está con su tía y que los tiene a ustedes, pero hay que tener en cuenta que sus hermanos se marcharon a combatir a la tiranía y él se tuvo que hacer cargo de todas las faenas de la ganadería. Por último, el jefe le dijo que hablara con él y le recomendara qué era lo mejor para el resto de la familia.

A su hermano la conversación con su comandante le sonó a amenaza, habló seriamente con él, aunque no le contó todo lo dialogado con su jefe, pues no quería alarmarlo más de lo que ya estaba, pero le aconsejó que no hablara con nadie de ese asunto, que en un par de días volvería a hablar con él, ya que estaba buscando una solución al problema. Pero la cuestión era que el hermano militar intuía que a sus padres los habían matado de una forma que no dejaba huellas, y su hermano pequeño llevaría el mismo camino. Al tercer día el hermano mayor volvió a conversar con el pequeño del asunto y le manifestó que tenía dos opciones para solucionar el problema, la primera era alistarse en la milicia, pues ya había cumplido los 18 años y contaba con el respaldo de su comandante; pero esta opción no despertaba ningún interés en él, pues en lo más profundo de su ser sospechaba que los militares habían tenido algo que ver con la muerte de sus padres, especialmente aquellos militares rubios y altos, por lo que le contestó a su hermano que no le gustaba la milicia. La segunda opción consistía en enviarlo con otros parientes a Oriente, quienes poseían tierras y ganado, y allí podía seguir con su oficio de ganadero que tanto le gustaba, esta fue la alternativa que escogió, allí conoció a Marcial, primo por parte de la familia de su madre, quien al igual que él también cuidaba de la ganadería, y en una de esas salidas al campo con los animales le contó todo lo que había sucedido en las cercanías de San Cristóbal.

Continúa Gregory con sus planteamientos. Pero la desgracia nunca viene sola, sino de tres en tres, y a la familia de su tío le confiscaron las tierras y repartieron a sus miembros por diferentes zonas de la Isla, a Cirilo lo enviaron Santiago con el otro hermano, a su primo Marcial a una fábrica de tabacos a Marianao y a otros parientes los enviaron a diferentes lugares, pero siempre apartados los unos de los otros. Marcial, el primo del muchacho, comenzó a trabajar como peón en esa fábrica, en ella conoció a otro descendiente de isleño, a quien le contó toda la historia y también le dijo que quería abandonar el país, él le busco los contactos y a través de otra familia de descendientes de las Islas Canarias, estos lo presentaron en la Delegación Consular de España y al poco tiempo pudo viajar hasta Tenerife. Ahora se encuentra aquí como exiliado, hoy nos hemos acercado hasta el buque para que contara esta aventura que vivió su primo.

Concluidas las operaciones de abastecimiento de agua, víveres y combustible, se inició la maniobra de salida, poniendo rumbo de nuevo a América. Después de 7 días y medio de navegación se arribó al puerto venezolano de La Guaira, en este puerto, Jin recibió la visita de su amigo Michael, pues ya sabía que lo iban a trasladar a otro buque, aunque se seguirían viendo, pues este puerto era el final de la ruta del otro trasatlántico.

Los dos amigos dieron un paseo hasta la cercana plaza de Pariata donde estaba ubicado un restaurante, para tomarse algo y poder hablar de los acontecimientos acaecidos en los meses pasados en Cuba. Concluida la charla y las cervezas, los amigos se despiden y el funcionario le prometió que lo visitaría cuando supiera que regresaba.

La estancia en ese puerto venezolano fue muy corta, solamente el tiempo preciso para desembarcar el pasaje que viajaba a la tierra de Bolívar, por lo que su permanencia se limitaba a seis horas, en ese tiempo partiría para Curazao, donde harían acopio de combustible y segui-rían para su próxima escala San Juan de Puerto Rico.

 

Charla sobre la crisis en San Juan de Puerto Rico

 

La navegación discurrió por el Mar Caribe con mucha tranquilidad, el pasaje para La Habana era mínimo después de la crisis, aunque antes de la misma siempre fueron pocos. Como de costumbre se realizó la escala técnica en Curazao y en poco más de 70 horas se arribó a la bahía de San Juan de Puerto Rico. En el puerto lo estaba esperando su amigo David, pues ya se había enterado de que esta sería su última visita a la ciudad en el buque.

Una vez hubo concluido la maniobra de atraque y casi al mismo tiempo que las autoridades de aduanas y el servicio de inmigración, se personó a bordo David, después de los habituales saludos y de los clásicos comentarios sobre la navegación y del tiempo que habían disfrutado, su amigo lo invitó a saltar a tierra para tomarse algo y que pudieran charlar. Ya en tierra, comenzó Jin a explicarle los acontecimientos de su anterior viaje después de la crisis y algunas anécdotas surgidas cuando se estaban retirando los misiles de la Isla, una expresión que le hizo mucha gracia al profesor fue la cantinela de los cubanos cuando llegó Mikoyan a La Habana para comunicarle al gobierno cubano la retirada de los misiles, la cual decía así: “Mikoyan dile a Nikita que lo que se da no se quita”. Luego nuestro protagonista le preguntó: ¿Cómo habéis vivido tú y alguno de tus colaboradores la crisis? y ¿cuál es tu opinión del tratamiento que se le dio por parte de la Casa Blanca?

David le manifestó:

No voy a repetir lo que, tanto tú como todo el mundo ya conoce de la actuación de los dos máximos responsables que gestionaron la crisis, pero existe un aspecto que muchos no conocen, se trata de la teoría que mantienen algunos catedráticos de prestigiosas universidades norteamericanas, ella se refiere al aspecto psicológico de todo este enredo. Durante las quince jornadas críticas, también se libró una guerra psicológica, los contendientes esgrimían su principal arma, la información y la contrainteligencia, pero un descuido en la interpretación que se hiciera de la misma podía acrecentar la vía de las armas.

Según los analistas en conflictos y enfrentamientos de países, cuando intervienen en el conflicto grandes potencias era muy importante que se tuviera en cuenta la psicología del enfrentamiento, sus causas y efectos. En este caso, se estaba poniendo en práctica, dentro del contexto de la Guerra Fría,  además se contaba con un tercero en discordia, y esto se exteriorizó con la Crisis de los Misiles. Como sabemos, desde el primero de enero del 59 comenzó un enfrentamiento entre EE.UU. y Cuba, al principio, como buen zorro siberiano, los soviéticos se mantenían al acecho y en las sombras, pero estaban apoyando e incentivando de manera secreta las actividades de la revolución cubana. Desde el momento en que se conoció esa intromisión, ya esa guerra encubierta adquirió otro carácter, donde entraban en juego los es-pías y la contrainteligencia, y comenzó a desarrollarse la guerra informativa, donde la psicología jugaba un papel importante.

En primer lugar, independientemente de las acciones internas de expropiaciones y ocupaciones de bienes y haciendas de la ciudadanía, especialmente de los estadounidenses, se pusieron en marcha, por los contendientes estrategias para influir psicológicamente en sus respectivas ciudadanías. Además, por el lado cubano, comenzó la exportación de su revolución a los países colindantes, lo que ponía nervioso al Gobierno de Washington.

Mientras tanto, la URSS continuaba su penetración secreta en territorio cubano y a través de múltiples intentonas de extender su doctrina marxista-leninista a las naciones latinoamericanas, con la finalidad de ir ganando terreno en lo ideológico e influencia en lo económico, con ello daban un paso más en su disputa con los EE.UU., y en la ya nombrada Guerra Fría.

Los planteamientos surgidos de la Segunda Guerra Mundial, después de haber transcurrido casi dos décadas, no eran los mismos que a la conclusión de la misma, en esa época se debatía siempre en dos argumentos encontrados; el bien y el mal, el capitalismo y el comunismo; las izquierdas y las derechas. Pero esos programas ya habían quedado obsoletos, el conflicto ya se había generalizado y la hegemonía mundial no se libraba en los términos anteriormente expuestos, se basaban en la información que cada uno emitía para influir psicológicamente en la opinión mundial, en uno u otro sentido, según la procedencia del mensaje.

Por ello, al presentarse la crisis, diversos analistas de prestigiosas universidades estadounidenses estudiaron los orígenes, hechos y consecuencias de la Crisis de los Misiles desde diversas facetas, introduciendo los datos en el contexto de la Guerra Fría, pero tuvieron en cuenta el enfoque que se le había dado al principio de iniciarse la misma.

Una de las teorías que se tuvo en consideración, dentro de la realidad política de esta época, fue la que trataba de la lucha encubierta que para cada una de las dos grandes potencias era de interés nacional.

Como segundo planteamiento, nos encontramos con los argumentos que sobreponía el declarado anticomunismo del presidente Truman y su afán por extender el capitalismo por el mundo.

Una tercera hipótesis determinaba que la crisis cubana sobrevino como la expresión exterior de una serie de conflictos, no solo externos, sino internos, de las dos grandes potencias. Se trataba de un movimiento pendular donde se alternaban los momentos de enfrentamiento, las demostraciones de fuerza y por último las muestras de paz y entendimiento entre las partes. Precisamente esto es lo que ocurrió en Cuba,

Como ejemplo de esta teoría debemos considerar algunos sucesos anteriores al conflicto cubano que demuestran esta hipótesis del péndulo. En febrero del 45 se reunieron los máximos dirigentes de los Aliados en la Conferencia de Yalta para discutir el futuro de Europa, pues los “Estados Mayores” de sus ejércitos pronosticaban que la contienda mundial estaba próxima a concluir. No iban desencaminados los militares, porque a partir de mayo de 1945 concluyó la Segunda Guerra Mundial. Desde esa Cumbre ya se notaba cierta tirantez entre los participantes, donde se puso de manifiesto la intransigencia de Stalin, pues consideraba como propios los territorios liberados de Europa del Este. Muchos estudiosos de estos acontecimientos fechan el inicio de la Guerra Fría en esos momentos. A partir de ellos se desató la guerra encubierta por la hegemonía mundial que vienen desarrollando las dos grandes potencias, distinguiéndose por ese tira y afloja que caracterizó a los sucesivos gobiernos de las dos bloques, donde siempre ha jugado y sigue jugando un papel importante la información facilitada, pues con ella buscaban influenciar psicológicamente en las poblaciones respectivas.

Continuó David con su disertación:

Dentro del clásico enfrentamiento entre Oriente y Occidente, entre capitalismo-comunismo y las diferentes etapas por las que pasó la Guerra Fría, podemos añadir que la Crisis de los Misiles fue la culminación de uno de esos ciclos a los que nos tenían acostumbrados las dos grandes potencias, aunque fuera uno de los más peligrosos. Sin embargo desde 1945 se venían produciendo esas secuencias de hechos, que comenzaban con un ataque o amenaza en algún punto del globo, luego seguía con una discusión más o menos acalorada, para continuar con una relajación, donde se dejaba entrever un entendimiento. Varios son los ejemplos de este tira y afloja que se practicó durante la Guerra Fría. Te voy a detallar algunas: la Guerra de Indochina, la Primera Guerra Árabe-Israelí, la de Corea, y así una serie de conflictos locales en los que tomaban parte tanto los soviéticos como los norteamericanos. Tras cada uno de estos enfrentamientos siempre nos encontramos con discursos y declaraciones más o menos contundentes y, según el mandatario que las pronunciase, se decantaban por uno u otro lado de la balanza, haciendo pensar a la población de su influencia lo razonables que habían sido y lo claro y contundente que se lo hicieron saber a su enemigo. Casos como estos los podemos encontrar en el discurso de Stalin en el 46, en ese mismo año Churchill realizaría un discurso pragmático, al que respondería Stalin; George Kennan pondría de manifiesto la conducta soviética y sus pretensiones, lo que denunció en un estudio que realizó en 1947. Luego vendría la Doctrina Truman y como consecuencia, en ese mismo año se puso en marcha el Plan Marshall. De esta forma se fueron sucediendo las alianzas y pactos que fueron conformando los dos bloques.

La Unión soviética, aunque hacia el exterior muestra un bloque monolítico, pero en su interior existían y existen una serie de pugnas por el poder, que se hicieron más encarnizadas a la muerte de Stalin. Se sucedieron una serie de mandatarios, pero en 1953 empezó a destacar un dirigente nombrado Nikita Krushchov que se hizo cargo como Primer Secretario del Partido, posteriormente desempeñaría la presidencia del Consejo de Ministros. Con apariencia de conciliador se presentó en occidente y propuso buscar una solución al problema de Berlín, el cual estaba dividido en cuatro sectores, pero como era natural en la política moscovita, dio un ultimátum a las naciones administradoras de ese territorio, que dejaba entrever que se hacia lo que ellos decían o se estaba abogado a iniciar otra guerra, pero llegó el plazo marcado, no pasó nada y se prolongó el mismo, aquí de nuevo nos encontramos con el tira y afloja de la política comunista.

Por otra parte, el ejército rojo contaba con un contingente militar excesivo, lo que consu-mía buena parte de los recursos del estado para mantenerlo, por ello Krushchov  trazó un plan de modernización de la Fuerzas Armadas, reduciendo el número de efectivos, equipándolo con misiles, construyendo nuevas unidades navales más operativas y desarrollando las armas nucleares. Pero todos estos planes los filtró para que llegaran a oídos occidentales, aquí volvemos a encontrarnos con la información a los medios para influir psicológicamente en la ciudadanía, no solo a la occidental sino en la suya propia que les hacía pensar que grandes y fuertes eran, por el otro atemorizaba a sus enemigos con su poderío. Pero la realidad era otra muy distinta, ya que los soviéticos, en esas fechas, no tenían operables tantos misiles balísticos de largo alcance, como querían hacer creer, pero el Primer Mandatario Soviético hacia ver lo contrario, manifestando que las armas con que contaban sus nuevas Fuerzas Armadas eran suficientes, precisas y podían alcanzar cualquier objetivo de Europa y América. Así mismo, se empeñó en la carrera espacial, consiguiendo el primer lanzamiento y puesta en órbita del Sputnik. Lo que constituyo todo un acontecimiento y una propaganda sobre los logros del sistema comunista.

El Presidente del Soviet Supremo mostraba una cara distendida en las reuniones con los mandatarios occidentales, así mismo representó ese papel cuando recibió al Vicepresidente Nixon en Moscú, de igual manera lo desempeñó cuando efectuó su viaje a los Estados Unidos, que se hizo acompañar por su esposa e hijos donde visito varias ciudades norteamericanas. Con todos estos hechos parecía que iba sembrando la paz y la concordia por el mundo. Pero hizo tantos alardes de sus cohetes balísticos y su potencial armamentístico, que los norteamericanos no sabían que creer y si esa certeza con la potencia de fuego de su enemigo era real, por lo que comenzaron a espiar con aviones U2, lo que no gusto al mandatario soviético, lo cual se lo puso de manifiesto a Eisenhower, quien se disculpó, mencionando que era iniciativa de su jefe de espías. Prometiendo, que el hecho no se volvería a repetir. Pero de nuevo se iniciaron los vuelos, lo que propicio el derribo de uno de estos aviones, al principio, el Premier no lo denunció, pues se encontraban en la etapa de distención y se acercaba la Cumbre de Paris, donde se exponían asuntos de mucho interés y no quería aparecer como el malo de la película, pero los altos mandos militares de su ejército lo estaban presionando para que denunciara la agresión capitalista, por lo que no le quedó más remedio que realizar un anuncio donde expresó lo siguiente: “Los imperialistas y militaristas desde el Pentágono, han enviado un avión a espiarnos”.

Desde ese momento se endurecieron las posturas, en esos momentos Krushchov consideraba al Vicepresidente Nixon como un hombre de la línea dura dentro del gobierno estadounidense y como estaban próximas las nuevas elecciones norteamericanas, los soviéticos se mantuvieron en esa actitud. Una vez que transcurrió el segundo semestre del año 1960 se recrudeció, aún más si cabe, la postura del máximo mandatario soviético, escenificando su ya conocida actuación teatral del zapato en las Naciones Unidas.

Por otra parte, los Estados Unidos no cedían ante las propuestas soviéticas, sobre el asunto de Berlín y, además instalaron una serie de misiles Júpiter en Turquía. Así mismo los soviéticos estaban recibiendo informes de sus servicios secretos donde consideraban, al posible nuevo presidente, Sr. Kennedy, como más propenso al entendimiento y a la distensión. Pero, en una de sus primeras declaraciones, ya como presidente, el mandatario soviético pudo apreciar que el nuevo presidente norteamericano no era ningún blando, cuando entre sus alocuciones hizo referencia a Cuba, expresando que no iba a consentir un régimen comunista en este continente. Y desde ese momento se estableció una línea dura entre Moscú y Washington.

Primero fue el fracasado desembarco de Bahía de Cochinos, posteriormente vendría la provocación que supuso la carrera armamentística que pusieron en marcha los soviéticos en la mayor de las Antillas, la repuesta de los estadounidenses se concretó con un bloqueo total a la Isla y las amenazas emitidas por la Casa Blanca, por parte, la oposición cubana, que por esas épocas ya estaba organizada en los Estados Unidos, pretendía que se efectuara una invasión en toda regla a la isla caribeña. La contestación a estas iniciativas las contestó La Habana firmando un pacto de defensa mutua entre Cuba y la URSS, que terminó con la militarización soviética en la Tierra Mambisa.

Con todas estas acciones, de una parte y de la otra, nos encontramos con el péndulo en la etapa de las amenazas y de la intimidación. Cuando la cuestión llegaba a su punto más álgido, vendría la inversión en la carrera del péndulo y, después de ciertas escaramuzas y de emitir algunas informaciones para quedar bien ante sus respectivas ciudadanías, aparecía el arreglo antes que se produjera cualquier descuido que pudiera propiciar una guerra de grandes proporciones. Pero como de costumbre, las informaciones facilitadas a los medios de difusión masiva, siempre iban encaminadas a desarrollar un ambiente psicológico que beneficiara los intereses del gobierno desde donde saliese la comunicación.

Con esta última parte de la disertación de David se puso fin a la tertulia que coincidió con el final de la comida. Los dos se dirigieron al buque, ya que Jin le quería obsequiar a su amigo con una botella de vino de La Rioja para que se lo tomara a su salud.

Tras despedirse, quedaron de acuerdo en mantenerse en contacto.

Una hora más tarde se inició la maniobra de salida y una vez fuera de la bahía pusieron rumbo a La Habana.

 

La crisis de los misiles vista por un mando miliciano

 

Transcurrieron las horas de navegación necesarias para recalar en La Habana. Ahora el ambiente en la isla se veía diferente, después de que habían pasado algunos meses de la crisis de los misiles, la presión de los cuerpos de seguridad del estado sobre la población se habían aumentado puesto que ya el gobierno tenía la certeza de que los norteamericanos no los iban a invadir, así mismo estaban seguros de que la oposición no recibiría ayuda exterior por el momento, por lo que se concentraron en reprimir cualquier intento opositor al régimen gubernamental.

En esta estadía en La Habana, Jin tenía la intención de realizar una serie de visitas a sus amigos para comunicarles su traslado al otro buque de la compañía y que esta era su última escala en ese puerto. Visitó a la familia de Miguel, a quienes les costó asimilarlo, pues ya se habían acostumbrado a sus vistas y como no, también a recibir los presentes que le enviaba su sobrino desde España. Otra de las personas a las que extrañaría a nuestro protagonista era el doctor don Andrés, ya que le era grato conversar con nuestro marino aunque fuera solo por unas horas, pues las noticias que le traía de sus amigos desde Barcelona le llenaban de ilusión. Así mismo algunos de los guarda muelles que regularmente montaban la custodia del buque, al enterarse de la noticia de su traslado, le expresaron que lo echarían de menos, especialmente por las invitaciones que les bridaba en el comedor de oficiales y algunos pequeños regalos que le ofrecía para sus familiares. Durante su estancia en la capital habanera se dedicó a despedirse de todos sus conocidos, pero para su sorpresa, en el segundo día de estancia se presentó el jefe de los guardias portuarios, quien le manifestó que se había enterado de que este sería su último viaje, pues cambiaba de destino. Nuestro protagonista le confirmó que efectivamente lo trasladaban a otro buque de la empresa, entonces Jin aprovechó la oportunidad para invitarlo a almorzar a bordo,  y lo citó a las 14:00 horas que era cuando terminaba su guardia. A lo que el miliciano accedió.

A la hora referenciada se presentó el miliciano, de nombre Daniel y los dos se dirigieron al comedor de oficiales para que les sirvieran el almuerzo. Durante la comida se habló de la nueva ruta del buque donde iba a prestar los servicios nuestro marino y en una de las pausas de la conversación, nuestro protagonista le preguntó:

¿Cómo vistes la Crisis de Octubre?

A lo que le respondió el miliciano:

Estoy seguro de que por ahí fuera se tendrán otras opiniones distintas a las que tenemos aquí, nuestra opinión es la que nos ha explicado nuestro Comandante en Jefe, pues los soviéticos tienen la suya y los imperialistas yanquis tienen otra, pero la verdadera es la nuestra, la auténtica, pues somos los más perjudicados, con esos acuerdos que han realizado los dos grandes, dejándonos a nosotros desprotegidos.

Continuó el miliciano:

Creo que con ese acuerdo nos han hecho un mal y siguen haciéndolo, no solo a Cuba sino a todos los pueblos de América Latina, donde los norteamericanos imponen su voluntad y engaño empleando tácticas psicológicas, y con ello están haciendo que nuestros pueblos se sometan a sus caprichos para despojarnos de nuestras riquezas.

Prosiguió el mando miliciano:

Como no querían a Nuestro Comandante pusieron en marcha la Operación Mangosta, donde emplearon todo tipo de artimañas para derrocar o asesinar a Nuestro Líder, con los más turbios manejos, inclusive fueron capaces de aliarse con la mafia para conseguir sus propósitos, pero nada de esto les salió bien o como ellos pensaban. Así mismo enviaban armas y explosivos para armar a los contrarrevolucionarios y los incitaban a perpetrar atentados contra su propio pueblo.

El jefe portuario continuó con su disertación, que a las claras se veía sacada de un manual de adoctrinamiento:

Además, nosotros los cubanos somos conocedores que desde los primeros tiempos de la independencia de España, los norteamericanos procuraron penetrar en nuestras instituciones y crearon una dependencia de nuestra economía hacia sus multinacionales, pero al ganarle la partida a la tiranía de Batista, se estableció el nuevo gobierno que solo miraba por Cuba. Cuando el gobierno de Washington se percató de ello, comenzó a presionar al nuestro, y como nuestro comandante no se plegaba ante sus pretensiones nos sometieron a toda clase de atropellos, nos suspendieron las compra de azúcar, no nos vendían petróleo, ni repuestos para las maquinarias, hicieron retornar a sus técnicos de las empresas que ellos tenían instaladas en la Isla, fueran estos norteamericanos o cubanos, a estos últimos les ofrecieron nuevos puestos en los propios Estados Unidos, todo estaba encaminado a paralizar al país. Además influyeron desde el punto de vista financiero y económico y fue tal el descalabro que se desató que la República quedó totalmente arruinada y sin poder operar con otros países.

Otras de las tropelías de los yanquis para con nosotros fue realizar una serie de presiones, y con mentiras y arreglos turbios consiguieron aislar a nuestra patria de los organismos internacionales, especialmente de la Organización de Estados Americanos. Sin embargo, todos estos manejos no dieron el resultado buscado por los norteamericanos y nuestros líderes supieron llevar muy bien todo este problema. Además vino en nuestro auxilio la Unión Soviética, que adquirió el azúcar que los estadounidenses no querían comprarnos, a pesar que se habían comprometido a ello. Los soviéticos se comportaron como verdaderos amigos, nos suministraron combustible, cereales, maquinarias y todo lo necesario para iniciar un despegue económico en condiciones. De igual manera, el armamento y los medios necesarios para defendernos de los ataques perpetrados por los contrarrevolucionarios, que estaban auspiciados por las agencias gubernamentales estadounidenses. Además la CIA pretendía por la fuerza derrocar a nuestro régimen, pero lo que no sabían era que este nuevo gobierno estaba emanado del pueblo y pertenecía al mismo, por lo que era muy difícil derrocarlo. Por eso fallaron en el intento de Playa Girón y en los múltiples planes para sacar del poder a Nuestro Comandante.

Un nuevo intento con nuevas iniciativas, ahora auspiciadas por el gobierno del presidente Kennedy y puestas en marcha por la CIA, a la cual se le dotaba de los fondos necesarios para llevar adelante una segunda penetración, poniendo bajo las ordenes de esta operación a un considerable número de agentes y multitud de cubanos renegados como colaboradores. Desde un primer momento esta nueva fuerza se dedicó a infiltrar contrarrevolucionarios para que cometieran todo tipo de sabotajes. Además, los norteamericanos estaban esperando que se cometiera un atentado contra sus instalaciones en Guantánamo o en las ciudades de Miami o Nueva York para intervenir militarmente y realizar un desembarco en todo regla, con una operación conjunta de las fuerzas armadas estadounidenses. Pero Nuestro Comandante conocía todos estos planes por anticipado, nuestras fuerzas armadas y  las milicias del pueblo los estaban esperando. En esos momentos, Nuestro Líder le comunicó a los soviéticos lo que preten-dían los yanquis, estos como buenos aliados nos ofrecieron la posibilidad de aumentar los efectivos que ya estaban destacados en la Isla, nos proporcionarían más y mejores armas y dotaciones militares e instalar una serie de misiles balísticos capaces de portar armas nucleares, con estas iniciativas los norteamericanos se verían obligados a desistir de sus planes de invasión.

Con el convenio de instalación de los cohetes en suelo cubano, Castro nos comunicó que ya el problema no era entre los Estados Unidos y Cuba, ahora la pugna era entre la URSS y los EE.UU., por ese motivo los gringos agarraron miedo y se vinieron obligados a dar marcha atrás, y con ello cesaron todos los atentados que tenían preparados, suspendieron la ayuda a los contrarrevolucionarios y una vez más Fidel le ganó la partida al gobierno norteamericano.

Una vez conseguido el propósito de que los estadounidenses nos dejaran tranquilos y no se metieran con nuestro pueblo ni con nuestros líderes, y con la promesa de la Unión Soviética de intervenir contra quien intentara romper la paz, los cubanos estábamos conformes, por eso se ve que autorizaron la retirada de los misiles, que ya no eran necesarios, pues los estadounidenses se habían comprometido a no invadir nuestra tierra, aunque a muchos no nos gustara esta decisión.

Con esta última parte puso punto final a su explicación. Terminaron el almuerzo se  despidieron, pero antes de retirarse, el miliciano le manifestó que allí dejaba a un amigo.

Al día siguiente se inició la maniobra de salida y Jin desde el puente contempló la hermosa Bahía Habanera y sus fortificaciones coloniales, y con esta última mirada se despidió, por el momento, de esta entrañable tierra, pues no sabía lo que el destino le tenía reservado.

Prosiguieron su travesía por el mar Caribe con un tiempo apacible y un esplendido sol, que por esa época del año era aun más brillante, y después de tres días de navegación hicieron su entrada en Cartagena de Indias, continuaron con su ruta al puerto de Maracaibo para posteriormente dirigirse a La Guaira, a la cual arribaron al día siguiente. En este puerto recibió la visita de Michael, quien le prometió visitarlo cuando arribara de nuevo en el otro buque, además le seguiría relatando historias protagonizadas por los milicianos cubanos.

Desde este puerto venezolano iniciaron la travesía del Atlántico para, en poco de más de siete días llegar a Tenerife donde ya le estaba esperando su relevo y el consignatario le tenía preparada la estancia en un hotel de la capital tinerfeña, pues debía permanecer allí dos días para incorporarse al nuevo puesto en otro de los buques de la Compañía.

 

Jin concluye su estadía en ese buque y los relatos de este periplo marinero

 

Durante los cuatro años de navegación por los puertos del Mediterráneo, del Atlántico, de Sudamérica y del Caribe, que marcaron una etapa muy particular en su vida como marino, Jin vivió una serie de acontecimientos de la más variada procedencia. Aunque no sabía qué otros acontecimientos le esperaban en sus próximas singladuras, si realizaba una mirada a su pasado como oficial en la Marina Mercante Española y analizaba las diferentes etapas por las que había transitado, venía a su imaginación, como si de una película se tratara, el tiempo que había transcurrido en un buque petrolero, que en un principio se tornó peligroso, pero luego tuvo un final feliz. También le vienen a la memoria las singladuras cumplidas en otros buques donde conoció a marineros y oficiales, todos ellos personajes pintorescos, que le relataron infinidad de historias, unas veces vividas por ellos mismos y otras protagonizadas por otros tripulantes que los hicieron participes de sus relatos, unas eran de carácter triste y otras se pudieran considerar dramáticas, pero las más abundantes eran la que acababan con un final feliz.

Las contadas en esta novela, en la mayoría de los casos, mantienen un alto grado de dramatismo y de desesperación para sus protagonistas, que son sin duda los miles de cubanos que tuvieron que abandonar su querida Tierra.

Sin embargo, Jin espera que en su nueva andadura pueda encontrar otros relatos más reconfortantes y en su ánimo prevalece la idea de que escuchará nuevas historias que sin duda se atreverá a relatarnos en el futuro.

 

 

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