Capítulo 5 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

 
 

Luego de leer de los cuatro primeros capítulos tenemos la enorme alegría de compartir el Capítulo 5 de Pudo ser un Undercover del escritor V. M. Bongutz. Que lo disfruten!

 
 

 
 

Organización del espionaje de los milicianos

Al día siguiente, don Alberto contacta con Jin, en horas de la mañana, para decirle que por la tarde el exmiliciano, al que conocía como Miguel, estaría en su casa, y además estaba dispuesto a relatarle lo que le interesase de su etapa como guerrillero.

En horas de la tarde de ese día, nuestro protagonista se presenta en casa del profesor, y allí conoce a este luchador. Un joven de más de treinta años, de complexión fuerte, que ya le empezaban a surgir algunas canas y se podían observar varias cicatrices en brazos y cara. Después de las presentaciones de rigor, nuestro marino le agradece su amabilidad por acceder a narrarle los recuerdos de su etapa de guerrillero con Castro.

Él comienza diciendo que estaba encantado de poder contar esa etapa de su vida:

Me uní a Fidel desde los tiempos de la universidad, esa integración fue por ideales, ya que ambos queríamos derrocar a Batista, al que considerábamos un tirano. Después de lo de Moncada, donde no participé, se acrecentó mí interés y el de muchos jóvenes que queríamos ver derrocada la dictadura. Cuando Castro se marchó para el exilio e hizo una llamada a todos los que compartíamos la misma idea sobre el régimen imperante en Cuba, acudí a la convocatoria y me fui a México con la excusa de visitar a un familiar que mi padre tenía por esas tierras. Allí me incorporé con otros revolucionarios, a los que también se unen varios combatientes de otros países, que como el Che, eran abiertamente marxistas-leninistas. Desde un principio notamos que Raúl era el ideólogo del grupo, su tendencia y escuela en cuanto a ideas políticas estaba inspirada en la Unión Soviética. En una de las tardes nos narró, después de los entrenamientos, su encuentro y posterior amistad con un importante personaje de la URSS, creo recordar que lo llamaba Nikolai.

Todo ocurrió cuando el menor de los Castros, con otros compañeros, se encontraba de viaje por Europa del Este, la fecha que me viene a la memoria es marzo del 53. Raúl y el grupo de cubanos embarcaron en un trasatlántico italiano en el puerto de Génova rumbo a América en ese viaje y por “casualidad” se conocieron y desarrollaron una gran amistad. El mencionado encuentro se produjo a bordo, y es como para sospechar, que entre más de mil pasajeros que se encontraban a bordo se tropezara, precisamente, con ese soviético. La ocasión se presentó porque el menor de los Castro, portaba un libro cuyo autor era Makerenko, que estaba traducido al español y su título era Poemas Pedagógicos; a Castro, según manifestó, se lo había regalado otro soviético, pero no precisó dónde ni cuándo, y nadie le preguntó por este hecho. Aún así, a la mayoría le extrañó, pues por esas fechas, no existían relaciones diplomáticas entre La Habana y Moscú.

Continúa Miguel relatando los entresijos del viaje de Raúl:

En esos momentos Raúl era estudiante de leyes en la Universidad de La Habana, y estaba realizando, con otros compañeros, una visita a los Países del Este. Durante la travesía se realizaron confidencias, el soviético le habló sobre la URSS y el otro sobre Cuba y la lucha que mantenía su hermano Fidel contra la dictadura de Batista. Aunque el ánimo de este personaje soviético era insistir para conocer a su hermano mayor, no le fue posible ya que a los pasajeros con pasaporte de la Unión Soviética, al realizar la llegada a Cuba, no les permitían desembarcar.

Continúa el miliciano diciendo:

Recuerdo que el menor de los Castro nos contó una anécdota que a mí se me quedó grabada, una cuestión que para los cubanos no tenía mayor importancia. Raúl durante el viaje realizó una serie de fotos del grupo, donde se encontraba, como era natural, el soviético. El día antes de llegar a La Habana, este personaje le pidió los negativos donde él apareciera, pues no quería tener problemas con ninguna autoridad de su país, además, sus superiores le habían instruido en ese aspecto, el no dejarse fotografiar.

En estos momentos se realiza un alto en el relato de Miguel, pues doña Rosa viene desde la cocina con unos aperitivos que había preparado para degustar una botella de vino del Penedés, que había llevado Jin como obsequio:

Después de hacer los honores a la anfitriona, continúa Miguel con el relato sobre el soviético:

El destino de Nikolai era la Embajada de la URSS en México, donde desarrollaría su cometido como “practicante o enfermero”. Pero una vez ocupado su puesto y pasado un tiempo, llegan noticias hasta la capital azteca de los sucesos de Moncada. A partir de ese momento, el comunista comenzó a recopilar datos y hechos de la incipiente revolución cubana y los fue transmitiendo a Moscú. Sus jefes, desde la capital soviética, le ordenaron que explotara su amistad con los Castro. Con el tiempo se supo que eran órdenes directas de sus superiores del Buró, que al saber de esa relación personal con Raúl, le sugirieron que se interesase por su movimiento y desde su central le recomendaron que mantuviera la información sobre los asuntos cubanos.

Cuando llegaron los hermanos Castro a México, Raúl se encontró con Nikolai y fue el momento de presentarlo al resto del grupo, donde se encontraba Fidel y el Che. Otro hecho significativo ocurrido en esa época, tuvo lugar durante el arresto del grupo por parte de la Policía Federal, al encontrarle al Che una tarjeta personal de este soviético, lo que llamó mucho la atención no solo a las autoridades policiales, sino también a la prensa, que aireó el asunto, considerando grave, que un funcionario de la embajada soviética mantuviera contactos con los revolucionarios cubanos. -Añade, además- Durante todo el tiempo que permanecí, tanto en México, como en la guerrilla en Cuba, pude observar las dotes organizativas de Raúl, pues era él quien organizaba los frentes de combate y los nacientes servicios de policía y espionaje.

Ahora es don Alberto quien toma la palabra para que Miguel se dé un respiro y puedan terminarse  algunas de las cosillas que preparó su esposa, y cómo no, para agotar el vino que había llevado Jin. Concluido el refrigerio, inmediatamente sigue el combatiente con su relato:

No puedo precisar la fecha exacta de cuando se organizó el espionaje y los servicios de información revolucionarios, quiero recordar que un mes antes de la partida de México, creo que fue por noviembre del 56, la finalidad principal era detectar cualquier infiltrado en el grupo. Posteriormente, cuando nos encontrábamos en Sierra Maestra, supe que Raúl le había enviado un informe a Fidel donde le manifestaba que había formado un grupo con el objeto de integrar el servicio de espionaje, la fecha de este acto fue el 20 de abril de 1958, la recuerdo muy bien porque Fidel nos comentó tal hecho, y nos dijo que en su frente de Sierra Maestra tenían que hacer lo mismo.

La intención de la creación de este grupo de espías era, fundamentalmente, encomendarle la labor de realizar los interrogatorios, infiltrarse lo más posible en los lugares estratégicos, elaborar croquis, marcar los puntos por donde se podría atacar para obtener un mayor éxito y algunos objetivos más. Recuerdo muy bien estas acciones porqué fui compañero, en más de una ocasión, del Teniente González, al que ayude en varias oportunidades con esas tareas de infiltración en el campo enemigo, con el fin de recabar información del armamento de que disponía el ejército en un lugar determinado o el ambiente que se respiraba en el acuartelamiento entre la tropa, por si podíamos captar a alguno para la causa rebelde. Pero como siempre, en estos asuntos de las fechas surgen las contradicciones, porque otros apuntan, como la fecha más probable, la del 22 de agosto de ese mismo año; al parecer consta un decreto firmado por Raúl Castro donde ordena el establecimiento del “Servicio Secreto del Estado Mayor del Ejército Revolucionario 26 de Julio” y nombra al capitán Augusto Martínez Sánchez jefe del mismo.

Añade Miguel que este testimonio no es suyo, sino que está reflejado en los escritos del ejército revolucionario. Miguel continúa:

Con posterioridad, cuando Fidel Castro asume el cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, decide agrupar todos los servicios secretos y de inteligencia, que se fueron organizando en un solo departamento que nombraría como “Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER)”, la fecha de esa orden es el 26 de marzo de 1959.

La charla continúa, claro está por parte de Miguel que en este caso podemos decir que se trata de un monólogo, pues don Alberto y Jin son meros oyentes:

Algunos de mis compañeros de entonces se incorporaron a esa unidad, además, se nutrió de elementos que procedían de la lucha clandestina durante el periodo que nosotros nos encontrábamos  preparándonos en México y esos combatientes cubanos mantenían viva la lucha en las calles y en los campos cubanos. En los meses siguientes de alcanzar el poder en el 59, este departamento incorporó en sus nóminas a elementos de la clase obrera y a fieles campesinos seguidores de la Revolución y de su Comandante.

En marzo del 1959, surgió el “Departamento de Información e Investigaciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (DIIFAR)”, pero a finales de ese mismo año se aprobó un nuevo nombre: “Departamento de Información G-2 MINFAR”. Dicho departamento constituyó el principal soporte de la contienda que mantenían los Castro por consolidar la supremacía de la causa rebelde, desarrollándose una constante lucha en las sombras, hasta la mitad del año 1960, hace unos meses, cuando se consolidaron, de forma definitiva, los postulados de la revolución.

Con esta última parte de su relato, termina Miguel diciendo:

Hasta aquí es lo que yo viví directamente y conservo en mis recuerdos, posteriormente, me he mantenido informado o bien a través de los medios de comunicación o por amigos y parientes que han tomado el camino del exilio y algunos de mis primos que se quedaron en la Isla. A continuación quiero pedirle un favor a Jin, ya que él viaja regularmente a La Habana, y es que me traiga noticias de allí, de los míos; para ello te facilitaré las direcciones de familiares y amigos para que hables con ellos, te cuenten los sucesos y me traigas noticias de mi tierra.

Jin le responde amablemente:

No tengo ningún problema en trasmitirte las noticias que me den en Cuba tus familiares con esto quedan de verse al día siguiente para que Miguel le facilite las direcciones.

 
 

Acabas de leer el Capítulo 5 de Pudo ser un Undercover. No te olvides de compartir su lectura si te gustó. A prepararse para el capítulo 6!!!

 

Te dejamos aquí un enlace del Preámbulo del libro!

 
 

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