Capítulo 34 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Luego de leer 33 capítulos es momento de compartir el Capítulo 33 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Cuál fue la postura de la Iglesia Católica y de Camilo Cienfuegos?

 

 

 

34

 

Affaires en la sombra

 

Tal y como había quedado, don Alberto organizó para el día siguiente una tertulia en su domicilio con los conversadores habituales para hablar sobre Cuba y, en esta ocasión, el tema que se había propuesto era los diferentes “Affaires” que se habían producido en los casi dos años de mandato de los revolucionarios.

A la hora convenida fueron llegando los tertulianos y el anfitrión fue dándoles la bienvenida a su casa y los iba acomodando en la sala de la conversadera, como la había bautizado doña Rosa.

Cuando todos estuvieron presentes, don Alberto comenzó diciendo:

En la memoria de todos están los acontecimientos que se vienen desarrollando en “Nuestra Tierra” y los calvarios que particularmente todos hemos vivido, así mismo los sucesos y novedades que nuestro común amigo Jin nos relata viaje tras viaje de los que vienen sufriendo los nuevos exiliados. Además nos trae noticias de la deriva que va tomando el nuevo régimen y sus procedimientos, que propician el abandono, la expulsión y el encarcelamiento de muchos de los que pelearon para derrotar al gobierno de Batista, también la confrontación que el régimen mantiene con la iglesia y con el gobierno estadounidense. Con todos estos hechos podemos reconstruir varios “affaires”, individualizando los diferentes problemas a través de los nuevos mandatarios cubanos.

Continuó con la palabra el anfitrión:

Me voy a permitir en primer lugar definir la voz “affaire”, dado que se trata de una palabra o voz francesa, que se emplea por igual por francófonos o por los hablantes del inglés, su traducción al español hace referencia a: un asunto o negocio ilícito u oscuro, con sinónimos como: escándalo, caso, romance, aventura, lío, flirt. En segundo lugar veamos de recopilar y poner en orden las múltiples entrevistas que hemos mantenido con nuestro amigo desde que iniciara sus viajes a bordo de ese buque trasatlántico que lo llevan regularmente a la capital de Cuba, de sus conversaciones con los exiliados cubanos, en el buque o en tierra, con algunos contrarrevolucionarios, así como con familiares y amigos de los tripulantes que residen en La Habana y la información que recabó de los guardias portuarios en la intimidad del comedor de oficiales, con ello podemos perfilar un primer bloque de “affaires”. El primer desencuentro que protagonizaron los revolucionarios fue con la Iglesia Católica, por lo que sugiero que sea don Ignacio, nuestro párroco, quien empiece por ese capítulo.

 

Affaire Revolución Cubana versus Iglesia Católica

 

Tomó la palabra don Ignacio:

Podemos considerar, tal y como ha manifestado don Alberto, que ese primer affaire lo podemos centrar a partir de la entrada de los milicianos en La Habana. Entonces fue cuando comenzó la problemática entre los nuevos gobernantes y la iglesia católica, por cierto, mayoritaria en Cuba. Me vienen a la memoria las primeras conversaciones de Jin con Padres y Misioneros Católicos unos días después del primero de enero de 1959, cuando un grupo de religiosos viajaban desde Cuba hasta España, aunque por esas fechas todavía no se sentían acosados y perseguidos, ya que al principio se realizó una persecución encubierta, pero los curas de mayor edad, procedentes de pueblos del interior de la Isla, ya intuían lo que se avecinaba para Cuba, por haber vivido esas experiencias en tiempos de la República Española; los indicios y maneras que observaban en algunos milicianos así se lo hacían predecir. Posteriormente, a lo largo del año 1959 y posteriores anualidades, nuestro amigo nos fue instruyendo sobre los acontecimientos ocurridos por los testimonios de misioneros, monjas y curas, así como por algunas familias católicas cubanas de dentro y fuera de esa Tierra, quienes se vieron acosadas por incompatibilidad con el nuevo régimen. Hay una serie de hechos significativos que fueron los que precipitaron la ruptura extraoficial entre la iglesia y los nuevos gobernantes.

Para hacernos una idea de los hechos, recordemos las referencias de un sacerdote amigo que residía desde hacía muchos años en La Habana, quien nos ofreció su opinión  sobre la posición de la iglesia durante el régimen de Batista y la importancia que tenía en la vida de los cubanos. Así mismo nos debemos referir al papel que jugaron algunos sacerdotes y misioneros a favor de los revolucionarios, uno de ellos fue el de Monseñor Pérez Serantes, quién influyó para que no condenaran a muerte a los detenidos por el asalto al Cuartel de Moncada y de otros acontecimientos de esa época. También hay que destacar lo realizado por muchos curas de las parroquias de los pueblos aledaños a Sierra Maestra que prestaron su ayuda a los milicianos heridos o le dieron cobijo para que no fueran detenidos por las fuerzas de Batista. Un hecho que confirma ese afán de reconciliación que mantenía la iglesia católica fue el servir de enlace entre los máximos dirigentes de ambos bandos con el fin de conseguir un acercamiento de posturas para que cesara la lucha, el principal protagonista de estos hechos fue el padre jesuita Pedro Guzmán, iniciador de ese acontecimiento para el que reunió a los dirigentes, el día 24 de diciembre de 1958 en la Central Oriente, de Palma Soriano, provincia de Oriente, donde influyó para propiciar una entrevista entre el general Eulogio Cantillo y el comandante Fidel Castro Ruz. En dicho lugar se encontraban, además del Padre Pedro Guzmán, el comandante Quevedo, Celia Sánchez, Vilma Espín, Juan Roger y el comandante Raúl Chibás.

Aunque la jerarquía de la Iglesia Católica durante la dictadura de Batista se mantuvo un poco al margen de los hechos, de las persecuciones y abusos del régimen, especialmente en los aspectos políticos, no pudo predecir los acontecimientos venideros al gestarse la revolución castrista. Sin embargo, muchísimos laicos y sacerdotes, estos últimos por encontrarse más cercanos al pueblo, se comprometieron en acciones revolucionarias, entre las actividades y pronunciamientos en pro de la rebeldía contra el régimen de Batista se podían destacar las proclamas de la Federación Estudiantil Universitaria, de la Asociación de Estudiantes de Derecho, todas ellas de gran arraigo católico, donde fueron detenidos varios devotos cristianos; otro ejemplo de ese proceder con respecto a los católicos fue la protesta, muy comentada, con la detención y enjuiciamiento del profesor Gar-cía Bárcena, por intentar un levantamiento contra la dictadura militar.

Después de las detenciones de Moncada, el Cardenal Arteaga, a una iniciativa de los feligreses católicos, quienes le solicitaron que intercediera ante Batista y se interesara por la vida de los presos, implementó una comisión para averiguar la suerte y destino de los detenidos. La respuesta no se hizo esperar, pues al día siguiente los servicios secretos del régimen, conjuntamente con la policía, asaltaron el palacio episcopal de Cuba y agraviaron no solo a los sacerdotes y empleados que en él se encontraban, sino al propio Cardenal; la posterior intervención del Arzobispo de Santiago calmaría los ánimos del régimen.

Muchos otros fueron los católicos que se comprometieron con la causa rebelde, algunos de ellos llegaron a ocupar importantes cargos dentro de las milicias revolucionarias, todos tenían un fin común, derrocar al régimen de Batista. Además debo añadir que la iglesia más cercana al pueblo tomó parte en esa cruzada, algunos sacerdotes y misioneros se integraron con los rebeldes y no solo le prestaron ayuda espiritual, sino también ejercieron de enfermeros y escribientes, por ello los propios comandantes así lo reconocieron al declarar: “Muchos representantes del clero y la mayoría de las parroquias, no solo apoyaron a los milicianos, sino además les dieron refugio y protección”. Pudiéramos decir que por esa época los nuevos pensamientos y actuaciones sentaron las bases de un compromiso firme y decidido de los representantes de la Iglesia Católica con el sufrimiento y la lucha de los pueblos latinoamericanos, todo ello era consecuencia de la responsabilidad adquirida a través del movimiento denominado “Comunidades de Base” que había comenzado en Brasil a partir de 1957 y que a los pocos años daría lugar al nacimiento de la “Teología de la Liberación”.

Continúo el padre Ignacio explicando una serie de hechos ocurridos en los últimos nueve meses del año 1958 que para él marcaron el comienzo de este devenir entre los revolucionarios y la iglesia católica:

En esa época, los representantes eclesiásticos se esforzaban por reunir a los políticos que ejer-cían el poder y a las demás instituciones de la República en el denominado “Diálogo Cívico”. Así mismo, con la pastoral de Exhortación del Episcopado se llamó al consenso. Otra de las iniciativas de la iglesia católica fue la de propiciar el acercamiento entre la oposición al régimen de Batista, las fuerzas rebeldes y el gobierno de la República, con la denominada “Comisión de la Concordia”. Este organismo consiguió que los dirigentes de todas las fuerzas políticas ajenas al gobierno y los líderes de los movimientos rebeldes accedieran a realizar un planteamiento común, aunque existía cierta desconfianza al fin plantearon que se asumieran una serie de garantías sobre amnistía política, libertad para los detenidos por cuestiones políticas pendientes y la vuelta de los asilados. Pero las voces discordantes provinieron del Movimiento 26 de julio, liderado por Fidel Castro, que denominó a esta iniciativa como: “Tibieza de los Obispos”, a través de una nota enviada a la emisora de Santiago de Cuba, que la haría pública en su boletín de noticias.

Del contenido de ese comunicado de Castro podemos entresacar algunas ideas que manifestaban un resentimiento e inconformidad con la iglesia, pues dejaba entrever que las posturas pacificadoras de la iglesia en esos momentos, no se correspondían con el silencio ante los atropellos y multitud de crímenes de la dictadura de Batista. La jerarquía de la iglesia no tuvo en cuenta este comunicado y siguió trabajando por un acuerdo pacífico ante esta situación de guerra e hizo la proposición de que se instaurara un gobierno provisional donde estuvieran presentes todas las instituciones y tendencias políticas. Sin embargo los milicianos se oponían abiertamente a estos planteamientos, lo que conllevó a que los católicos y otros colectivos contrarios a la violencia comprendieran la tendencia socialista de los que integraban la Coalición Rebelde. Si analizáramos con frialdad los sucesos acaecidos y si valorásemos todos los acontecimientos que se desarrollaron a partir del primero de enero de 1959, se podría comprender la deriva que en pocos meses realizó el nuevo gobierno de Urrutia, basada en los planteamientos de los milicianos. Ello supuso el comienzo de la entrega de la nación al marxismo-leninismo.

El sacerdote Ignacio añadió a su disertación:

Con la instauración del nuevo régimen se pudo apreciar que los milicianos querían desterrar ciertas prácticas religiosas y creencias que, según sus pensamientos revolucionarios, iban en contra del progreso de la República. Sin embargo no querían reconocer que esa misma iglesia, antes y durante el mandato de Batista, puso de manifiesto en muchas ocasiones el desacuerdo de la jerarquía eclesiástica con los procedimientos de la tiranía. Debemos tener en cuenta que la sociedad cubana se estructuraba por clases sociales, pero todas convivían sin mayores problemas y sin planteamientos entre ricos y pobres, ahora los nuevos dirigentes están insistiendo en poner de manifiesto esos problemas cuando muchos de los altos cargos pertenecen a esa clase privilegiada.

Siguió don Ignacio con su parlamento:

Al principio no se sabía qué iba a pasar con el nuevo gobierno, tanto la iglesia como sus fieles desconocían el derrotero político de los dirigentes rebeldes. Como existía una coalición de las más variadas ideologías era imposible saber qué camino tomarían, solo los altos dirigentes de la revolución mantenían sus pensamientos y estrategias claras y bien guardadas en su cerebro. Muchos de los católicos y de las autoridades eclesiásticas se percataron de que algo no iba bien cuando comenzaron los juicios sumarísimos y los fusilamientos sin que en la mayoría de los casos mediaran procesos con sus correspondientes defensas.

Otra de las estrategias de los nuevos dirigentes para atacar a la iglesia fue el anuncio de nacionalización de la enseñanza, ya que en este capítulo de la educación, las congregaciones religiosas jugaban un papel fundamental. Por ello la mejor manera de perjudicarlas era decretando la Ley Once del Ministerio de Educación, en la cual se anulaban los títulos universitarios emitidos por las universidades católicas. Esta ley consiguió levantar muchas polémicas no solo entre los católicos, sino también en la mayoría de los ciudadanos, que de una manera u otra, se vieron afectados. En medio de toda esta controversia influyó de manera ostensible el criterio de los comunistas, que esgrimían toda clase de opiniones al respecto, influenciando en los dictámenes de los gobernantes. Las autoridades eclesiásticas enviaron una pastoral para que fuera leída en todas las iglesias católicas, de la que les hago un resumen: “Los Obispos esgrimieron un supuesto papel protagónico de los cristianos en la lucha de liberación nacional e impulsaron la aprobación de una declaración en defensa de la enseñanza privada y de la potestad de los padres de escoger la educación para sus hijos al margen de los intereses estatales”.

Con este último enunciado concluyó la disertación de don Ignacio, terminaron de tomarse el café que había preparado doña Rosa pero la conversación siguió con comentarios variados sobre la política que estaban llevando a cabo las nuevas autoridades cubanas. Jin les comentó que se ha-bían producido varios desencuentros entre altos dirigentes militares y Castro, porque algunos de ellos no estaban conformes con los derroteros comunistas que estaba tomando el gobierno, nuestro protagonista añadió que le hablaron en La Habana de graves problemas entre el máximo dirigente y los comandantes Díaz Lanz y Matos, además de las desavenencias entre Fidel y Urrutia, por ello indicó que le gustaría conocer algo más de esos temas.

Don Alberto le pidió a Miguel:

¿Nos podrías ilustrar sobre esos temas? Ya que mantienes contacto con Miami y allí están más cerca y mejor informados.

 

Affaires: Revolución Cubana versus los Excomandantes

 

Tomó la palabra nuestro miliciano para explicarles lo que conocía de este affaire:

Algunos milicianos de alta graduación no estaban conformes con el rumbo que tomaba la política cubana, unos cuantos se refugiaron en sí mismos y se aislaron en sus cuarteles o destacamentos, a otros les dio por la bebida para olvidar esos malos momentos y una pequeña minoría se sintieron capaces de denunciar con valentía lo que estaba ocurriendo. Estos últimos tuvieron que huir de Cuba porque estaba en peligro no solo su vida sino también la de los suyos. Los que optaron por permanecer en la Isla fueron juzgados y condenados como traidores.

Miguel hizo una pausa y los tertulianos la aprovecharon para preguntarle por el caso del comandante Pedro Luis Díaz Lanz, ya que fue el primero que denunció públicamente el derrotero comunista que tomaba la revolución cubana.

 

Excomandante Pedro Luis Díaz Lanz

 

Comenzó Miguel diciendo:

Este militar de fuerte convicción patriótica e idealista llevaba en su sangre los genes de Martí, pues era biznieto de este prócer. Desde un principio se involucró en combatir el régimen dictatorial de Batista hasta que conoció a Frank País, personaje organizador de todo el movimiento revolucionario en el interior de Cuba, este lo relacionó con Castro a través de Matos. Por esa época, ya nos encontrábamos en la Sierra. El comandante le encargó la misión de introducir armas y municiones desde el exterior, ya que era un piloto experimentado. Su primera misión de envergadura la realizó en marzo de 1958, en ella estuvo acompañado por el que posteriormente sería comandante Huber Matos, le siguieron otras misiones más en las que alcanzo los objetivos propuestos.

Una vez alcanzado el propósito de derrocar la dictadura de Batista. Este héroe de la revolución cubana fue nombrado jefe de la Fuerza Aérea Rebelde, la transcripción del nombramiento decía. “El comandante Fidel Castro aprueba y pone en vigor la Orden Militar número 3, por la que se designa al comandante Pedro Luis Díaz Lanz, Jefe de la Fuerza Aérea del Ejercito Rebelde”. Posteriormente, este ídolo de la revolución cubana consiguió que no se juzgara a los aviadores que durante el conflicto sirvieron a la dictadura y siguiendo las órdenes directas de Castro les comunicó a los pilotos de la Fuerza Aérea de la República que no serían ajusticiados, cosa que con el tiempo no sucedió así, pues transcurridos unos meses de esa promesa serían enjuiciados y condenados. Este suceso caló muy hondo en Díaz Lanz, ya que había comprometido su palabra ante estos aviadores y solo pudo conseguir salvarles la vida, puesto que les impusieron condenas de treinta años.

Continuó el miliciano:

El comandante Díaz Lanz era un militar de principios, hizo la revolución porque consideraba que los cubanos tenían que ganar su libertad y no estar sometidos al yugo de Batista, pero no ha-bían pasado 6 meses de la entrada de los revolucionarios en La Habana cuando comprendió y comprobó la deriva comunista del nuevo régimen. No fue porque estuviera soñando sino que lo pudo comprobar por sí mismo. En sus múltiples desplazamientos en avión, que realizaba con Castro y su comitiva, en la cual se encontraban dirigentes comunistas, se hablaba de los proyectos futuros para Cuba y fue precisamente ahí donde se percató de los planes y de las influencias que estaban ejerciendo los marxistas en el gobierno cubano.

Su primera denuncia no se hizo esperar, lo puso de manifiesto públicamente, diciendo: “He hecho la Revolución porque creímos en una Cuba sin vencedores ni vencidos, sin más odios ni rencores, con todos y para todos. Creímos en el respeto al derecho ajeno, en la libertad y la justicia”. Después de estas denuncias, el comandante Díaz Lanz cayó en desgracia, se tomaron medidas, pues dentro de las fuerzas armadas se pensaba que se había cometido una infracción. El comandante Juan Almeida, siguiendo órdenes del gobierno, encargó una misión especial al oficial Cruz Fernández para que investigara las confabulaciones de este alto militar, al mismo tiempo fue apartado de la jefatura de la fuerza aérea, alegando motivos de salud, esta maniobra ocurrió a mediados del mes de junio, como se puede apreciar solo habían pasado seis meses de instaurado el nuevo gobierno.

Continuó nuestro contertulio:

A final de ese mismo mes, los medios de comunicación notificaron que el héroe de la aviación rebelde se había reintegrado a su jefatura, después de haberse restablecido de sus dolencias. En el acto de su incorporación sorprendió no solo a  los periodistas, sino también a Castro y Almeida, que estaban presentes, con una declaración cuyo contenido decía: «Me reintegro a mi cargo para cumplir una vez más con mi deber. Sobre un comentario que se difundió por la Prensa, en el sentido de que estaba preso, quiero aclarar que los revolucionarios sufrieron prisión bajo la dictadura batistiana, pero resulta imposible que bajo un régimen democrático semejantes cosas puedan suceder a quien luchó para que Cuba recobrara sus libertades». Añadió además lo siguiente: «estoy contra todo tipo de dictadura, llámese trujillista, batistiana o comunista, pues amante de la libertad como soy, nunca podré estar de acuerdo con sistemas dictatoriales, especialmente, el sistema más inhumano del mundo”, y recalcó: “el comunismo». Concluido el acto, el comandante Díaz Lanz se retiró con Fidel Castro, quien le reprochó su actitud y le ordenó que se recluyera en su casa hasta nueva orden.

A los pocos días el comandante consiguió abandonar Cuba en un pequeño barco de vela y llegó a Florida donde pidió asilo político, posteriormente la Comisión de Seguridad Interior del Senado de los Estados Unidos lo invitaría a una reunión de carácter privado para que contara sus impresiones sobre la Cuba revolucionaria. Mientras tanto al gobierno revolucionario le faltaban adjetivos para descalificar a este militar rebelde y cualquier ocasión era propicia para tratarlo de traidor y de vende patria. El día nueve de julio de 1959 le concedieron el visado de residente en los Estados Unidos, este hecho desató toda clase de comentarios en el seno del oficialista gobierno cubano y también por el presidente Urrutia, que al ser entrevistado por un periodista declaró: “Pedro Luis Díaz Lanz es un traidor a la patria, pues si algo tuviera que decir sobre la política cubana debía decirlo en Cuba, no al Senado Norteamericano», además añadió: «Las autoridades de los Estados Unidos harían bien en extraditar al excomandante para que sea juzgado por nuestros tribunales». Continuó expresándose: «El Subcomité del Senado de los Estados Unidos que está tomando declaraciones a Díaz Lanz, no procede de una manera correcta con un país con el que mantiene relaciones de amistad. El Senado Norteamericano esta comportándose de una manera inconsecuente con el gobierno cubano que ha tratado siempre de mantener buenas relaciones con los Estados Unidos. Creo que el Gobierno de Cuba debía hacerle patente al Gobierno de los Estados Unidos su disgusto, porque en el Senado se recibe a un traidor cubano y desertor de nuestro ejército, que le está dando informaciones que debe dar al pueblo cubano».

Continuó Miguel con su explicación:

Después de que compareció Díaz Lanz en el Congreso de los Estados Unidos y una vez que la prensa divulgó el contenido de sus declaraciones, en La Habana despertó, entre los principales miembros del gobierno, una gran indignación, hasta que el propio Fidel llegó a realizar una serie de manifestaciones donde tachaba al gobierno estadounidense de intromisión en los asuntos cubanos, además añadía que con esa aptitud no se favorecía las relaciones entre ambos países, así mismo agregó que elevaría una protesta ante la Organización de Estados Americanos. Pero la realidad de todas las declaraciones confirmaría que el héroe de la aviación cubana tenía la razón. En líneas generales les he realizado un breve resumen, ya que la historia de este comandante daría para estar hablando todo un día, pero si les parece y tenemos tiempo les podría efectuar un resumen de lo acontecido con el comandante Huber Matos.

 

Excomandante Huber Matos

 

Los presentes le manifestaron su conformidad.

Por su parte, don Alberto le pidió a su señora que preparara otro poco de café, pues como él decía: “para una buena charla y para escuchar con atención es necesario un exquisito café y, cómo no, todo se entiende mucho mejor”.

Comenzó Miguel haciendo un poco de historia de la vida de Huber Matos:

En primer lugar quiero expresar mi respeto y admiración  por este Comandante de la Revolución que me honro conocer, ser su amigo y de haber compartido muchos momentos de peligro y sufrimiento cuando estábamos combatiendo en la guerrilla, puedo decir de él que era Oriental del pueblo de Yara y con mucho sacrificio estudió magisterio como su madre para poder enseñar al campesinado, pero al ser persona de principios y de rectitud ante los atropellos del régimen de Batista comenzó a combatir a la dictadura y como él mismo declaraba, pertenecía al Partido del Pueblo Cubano”.

Continuó Miguel explicando:

A pesar de que ya combatía al régimen dictatorial en su región, se unió a la lucha común a todos los cubanos sin tener en cuenta las ideas políticas, personalmente no tenía apetencias de poder, sino que su único afán era enseñar y sacar de la ignorancia a cientos de niños campesinos y darles una oportunidad de formarse. En absoluto creía en el comunismo, ya de joven, cuando oía hablar a los comunistas y decían que lo mejor era la dictadura del proletariado, aquello de dictadura no le sonaba bien, comentaba -“Al fin una dictadura siempre es dictadura”-.

Prosiguió el tertuliano:

Se unió a los milicianos desempeñando varias misiones en la sierra, ocupando diferentes puestos de responsabilidad en la batalla y fuera de ella, era todo un caballero y se  ganó la admiración y el respeto de todos. En los momentos del combate y fuera del mismo era amigo de sus amigos y desarrolló una profunda amistad con Camilo Cienfuegos, pues compartían los mismos ideales. Durante los años de contienda estaba muy considerado y Castro siempre le consultaba en todos los asuntos relacionados con la lucha, de hecho, cuando Fidel entró en La Habana lo hizo precisamente con Matos y Cienfuegos a su lado, esto denotaba que Castro reconocía, aunque sin decirlo, que esos dos comandantes eran los artífices principales del triunfo sobre Batista.

Después de tomar un sorbo del buen café de doña Rosa, prosiguió Miguel:

En la sierra algunos ya detectamos que Fidel era un hombre que no mostraba sus impresiones, ni comentaba sus principios, debemos tener en cuenta que él procedía de familia acomodada, mientras que la mayoría de nosotros veníamos, algunos de clase media y la gran mayoría del campesinado, precisamente por esa circunstancias era reservado, pero una cosa era cierta en su conducta, que cuando había que echarle teatro a la cosa, él siempre se convertía en el primer actor, y por esta razón no admitía que otros le arrebataran ese papel, sin embargo el comandante Huber era considerado por la ciudadanía como todo un patriota. Para que se hagan una idea de la consideración de Castro hacia Matos, en más de una ocasión le comentó que él era el tercero en el mando, pues el segundo estaba reservado a Raúl. A Huber Matos no le atraía el poder, a él le seducía la enseñanza y la consideraba más atractiva que una carrera política. Una vez instalado en el poder, como buen observador, se dio cuenta de la deriva comunista que se iniciaba en el gobierno, especialmente por las acciones de Raúl y el Che, que eran los ideólogos e incitaban a los trabajadores y campesinos a ocupar fincas, fábricas y comercios.

Desde un principio Huber Matos pretendía conservar los postulados de la revolución, que no eran otros que el orden y la justicia social, pero los métodos que se estaban empleando, con el enfrentamiento de cubanos con cubanos debido a la lucha de clases, contradecían las bases por las que se había iniciado la lucha. Por estas cuestiones, en muchas ocasiones se enfrentaba con Fidel y le reprochaba lo que estaba pasando, así mismo le comentaba las derivas comunistas que estaba tomando la revolución, pero Castro siempre le contestaba: “esas son las tonterías de Raúl y del Che, y tu sabes que no soy comunista”. Él le insistía en que el Movimiento 26 de julio era quien había ganado la partida y la gran mayoría de sus componentes no eran comunistas, eso era lo que repetía Matos, una y otra vez, además añadía: “Lo bueno sería seguir con los principios del Movimiento, los milicianos hemos combatido a Batista y ahora estamos perjudicando a los campesinos, lo mismo que hacía él”. Siempre que tenía ocasión, Huber continuaba recordándole a Fidel: “acuérdate de que siempre contamos con el apoyo de las clases rurales y la mayor parte de los integrantes del Ejército Rebelde son campesinos de todas las edades”.

Miguel hizo un pequeño paréntesis para tomarse su café pero continuó:

El comandante siempre hacía referencias a las enseñanzas impartidas por Bayo sobre su teoría guerrillera, cuando nos entrenaba en México, y según recuerdo, la frase preferida de este combatiente español era: “La clave del éxito de cualquier guerra de guerrillas es que te escondan, que te ayuden con comida y con información y que sus hijos se sumen a la lucha” y concluía Matos “ahora no los podemos defraudar”.

Prosiguió Miguel con su disertación añadiendo:

Un dirigente de alto rango que durante algún tiempo fue mi mentor, además de ocupar un cargo importante dentro del nuevo gobierno, un día me contó que en una reunión de la cúpula revolucionaria se percató del cariz que iban tomando los acontecimientos, tanto Raúl como el Che y algún que otro de los presentes eran partidarios de seguir con las condenas, las expropiaciones y todo un programa de implantación de las consignas comunistas. Nadie dijo nada y solo Matos se levantó y dijo ante las insinuaciones de ir por un camino diferente a los postulados de la revolución: “Nosotros en la Sierra éramos una sola voluntad, ahora que estamos con la responsabilidades del poder esto nos obliga a actuar de forma que sigamos siendo una sola voluntad”. Al principio Fidel no dijo nada pero unos instantes después, como si allí no hubiera pasado nada, expresó: “continuemos con nuestros asuntos”. Castro, como se pudo comprobar más adelante, no fue sincero y al mismo tiempo desconfiaba de todos, solo pretendía utilizarlos a su conveniencia.

Por todos estos hechos que se iban produciendo y algunos casos que se presentaron con posterioridad, Fidel quería desterrar a Matos de su lado porque en el fondo le tenía celos. Por estas y otras razones, le encargó la conquista y pacificación del Oriente del País, con sus problemas, inconvenientes y dificultades, ya que hay un dicho que dice: “pueblo chico, infierno grande”. Con ello, definitivamente consiguió alejarlo de los núcleos políticos, del control de la administración de la República y de los nuevos magnates financieros de la Cuba revolucionaria. Ese encargo realizado personalmente por Fidel lo consideró Matos como un gesto de confianza. Las órdenes que le trasmitían desde La Habana eran empezar a ocupar haciendas pero Matos no era de esa condición, por ello el 15 de mayo, en la Asamblea de Agricultores y Ganaderos de Oriente, que tampoco estaba conforme con esas ocupaciones, Matos les habló diciéndoles: -“En la medida en que el Gobierno pueda llevar adelante la Reforma Agraria, estaremos nosotros evitando que nuestros hijos y que nuestros nietos se enfrenten con un régimen que aunque pueda proporcionarles comida, los pondría en situación de individuos carentes de los derechos que corresponden a la dignidad humana». Pero en su alejado retiro y por las noticias que le llegaban desde la capital comprendió que la penetración comunista en Cuba ya era imparable. Por esta cuestión se planteó, después de pensarlo mucho, dejar las labores de gobierno, no sin antes denunciar todas las maniobras comunistas para adueñarse de su querida Isla.

Después de todos estos planteamientos, Matos fue relevado de la Comandancia de Oriente y el comandante Camilo Cienfuegos tomó el mando de esta provincia, este hecho ocurrió en las primeras horas de la mañana, pero pasadas las 10 a.m. llegó Fidel a Camagüey y se dirigió directamente a las oficinas del Instituto de Reforma Agraria, donde mantuvo una conversación con los capitanes que Había denunciado a Matos, posteriormente y por radio dio una locución donde acusaba al comandante de ingrato y contrarrevolucionario, continuó por varios minutos dedicándole una serie de adjetivos despreciativos e intentando inculcar en la opinión del pueblo la traición de Huber Matos, narrando los hechos a su estilo y manera, donde, como siempre, la culpa era de los demás.

Continuó Miguel:

Se precipitaron los acontecimientos, a Matos se le conminó a que permaneciera en su casa para posteriormente ser llevado detenido al cuartel a la espera de que se le sometiera a un juicio. Mientras tanto la esposa del comandante le escribió una carta abierta a Castro que se dio a conocer por los periódicos y de la que nuestro miliciano conserva una copia.

Esta carta, al ser pública, fue contestada por mujeres comunistas a las que no les faltó tiempo para replicar de muy mala manera, emitiendo una serie de acusaciones y apelativos que no venían a cuento, ya que ellas no conocían lo que pasaba en los cuarteles y solamente querían agradar a Fidel. Pasados unos días comenzó el juicio contra el comandante Huber Matos y un grupo de oficiales leales al comandante por supuestos delitos de traición, sedición y colaboración contrarrevolucionaria. Con las más extrañas acusaciones y mentiras, como era de esperar, tanto el fiscal como los miembros del tribunal y los testigos que se presentaron eran todos miembros del partido comunista. Continuaron pasando testigos y el último en declarar fue Fidel Castro, que como de costumbre, aprovechó la ocasión para convertir el juicio en un mitin. Al final de ese simulacro de proceso, Castro, con sus principales colaboradores, entre los que se encontraban su hermano Raúl y el Che, deliberaron para decidir la suerte de Matos. La mayoría fueron partidarios de aplicarle la pena de muerte, al final Fidel decidió que no podía ejecutarlo, pues según sus palabras dijo: «No deseo convertirlo en mártir”, por lo que fue condenado a veinte años de cárcel, que debía cumplir en la prisión de la Isla de Pinos, así mismo los otros oficiales fueron condenados a penas menores pero a todos sin excepción los declararon culpables.

Miguel le comentó a los presentes que también conservaba las declaraciones de Fidel y que por su contenido merecía la pena leerlas, pero para no alargar mucho su tiempo en la tertulia le dio una copia a Jin, ya que estaba recopilando los acontecimientos cubanos.

Concluida la exposición sobre el comandante Huber Matos. Los tertulianos comentaron algunos aspectos de su vida y de la cantidad de humillaciones que tuvo que soportar para mantenerse firme en sus ideas y convicciones.

A continuación, Jin hizo uso de la palabra para preguntar:

¿Qué piensan de la desaparición del comandante Camilo Cienfuegos?

Pues, justamente el 28 de octubre, cuando se anunció su desaparición, me encontraba en La Habana y tuve la oportunidad de leer la noticia en la prensa local, pero como no me fio de lo que publicaron en esos momentos me gustaría saber algo más del asunto y dirigiéndose al miliciano le preguntó:

¿Sabes algo más de lo que se dijo en la prensa? ¿Crees de veras en la versión oficial que circuló por la isla?

Miguel comentó:

Las noticias plantearon muchas dudas, pero nadie se atrevió a rebatirlas y menos aún a cuestionarlas, especialmente en el interior de Cuba.

Todos le animaron para que relatara sus impresiones y diera su opinión, ya que él lo conocía y había combatido con Camilo.

 

El supuesto affaire del desaparecido comandante Camilo Cienfuegos

 

Comenzó Miguel a hablar.

Aunque en esta historia no se presenta un affaire, pues desconozco los problemas internos, si es que los hubo entre el comandante Cienfuegos y otros miembros de la cúpula miliciana. Les voy a contar mis impresiones. Por esas fechas yo estaba destinado en Santa Clara, por entonces se encontraba en plena ebullición el affaire Huber Matos versus los Castro y habían comentarios para todos los gustos, pero siempre en voz baja y mirando muy bien con quien se hablaba.

Prosiguió Miguel con sus opiniones:

El Comandante Camilo nació en La Habana de padres españoles que habían emigrado desde muy jóvenes, creo recordar que él me dijo una vez “Mis padres provenían del norte de España, llegaron a la isla al finalizar los años veinte”. Camilo comenzó a estudiar y solo pudo acabar sus estudios primarios, más tarde prosiguió en la escuela superior para continuar en la escuela de arte con el propósito de estudiar escultura, pero las dificultades económicas de su familia le impidieron continuar y se vio obligado a trabajar desde muy joven. En 1948 ya participaba en revueltas cívicas y cuando Batista dio el golpe de estado del 52 se involucró con un grupo estudiantil de la universidad y ejecutaron varias acciones contra la dictadura. Viajó a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades pero como se encontraba clandestino y participó en protestas callejeras fue detenido y deportado. Ya de regreso a Cuba se implicó en una serie de actos contra el régimen, fue detenido y fichado como comunista, en esa época se catalogaba de esa manera a todos los que protestaran contra la dictadura. Por estas circunstancias se vio perseguido y sin trabajo, lo que le hizo regresar de nuevo a los Estados Unidos. Posteriormente pasó a México, donde se unió a Fidel y fue uno de los componentes del Granma.

Continuó  nuestro tertuliano:

Desde un principio demostró su valía y arrojo en el combate, fue destinado a la columna del Che, con quien desarrolló una buena amistad, por lo que este le otorgó el mando de una columna que iba siempre en la vanguardia y era el primero en el combate, lo que le supuso el apelativo del “Señor de la Vanguardia”. Prosiguieron sus heroicidades y se distinguió en todas las luchas, por ello fue ascendido a comandante. Después de muchas batallas, toma de cuarteles y conquistas de pueblos y ciudades se encontró en la batalla de Yaguajay, donde debía hacerse con una guarnición que les superaban en número, pero tras días de asedio, consiguió vencer la resistencia y hacerse con el acuartelamiento, lo que tuvo lugar en la tarde del 31 de diciembre 1958, concluida la batalla y consolidada la posición, el camino hasta La Habana se encontraba libre para las tropas.

Después de la toma de la capital el primero de enero de 1959, Camilo Cienfuegos vuela hasta Bayamo, donde se encontraba Castro, con el fin de darle las novedades de la ocupación de La Habana y la culminación con éxito de la toma del cuartel Columbia. Camilo de nuevo regresó a la capital y se hizo cargo como jefe de las fuerzas de tierra, mar y aire de la provincia de La Habana. Cuando Fidel Castro entró en La Habana, el día 8 de enero del 59, consideró que sus comandantes guerrilleros estuvieran presentes en la comitiva triunfal y así sucedió, pues durante todo el trayecto estuvo acompañado por Camilo, Matos y el Che. Posteriormente este comandante ocuparía puestos importantes en el Ejército Rebelde. Participó desde el primer momento en todas las labores que concernían a la milicia revolucionaria, también cabe decir que era muy apreciado por el pueblo y había adquirido mucha popularidad, comparable solo con la de Fidel.

Fue tal la importancia que adquirió Camilo que a mediados de enero y según recogió la Gaceta Oficial en su decreto nº. 377 publicado el día 2 de febrero, fue nombrado Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde, mientras que el hermano de Castro, Raúl fue designado segundo jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire de la República de Cuba. Después de una serie de cambios de nombres y reorganización de las fuerzas armadas se concluiría con la creación del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, nombrando como ministro a Raúl Castro y designando a Camilo Cienfuegos como Jefe del Ejército, desde ese puesto procuró mantener los principios de la revolución por la que había luchado y siempre fue justo en sus decisiones, lo que le ganó la simpatía y el aprecio del pueblo.

Cuando el comandante Matos envió su petición de renuncia y expuso sus motivos, entre otros su desacuerdo por la infiltración comunista en el seno de las fuerzas armadas, la cúpula militar se lo tomó como una rebeldía y una conspiración. Fidel le contestó con una negativa a su petición y al mismo tiempo envió a Camilo con órdenes de sofocar la supuesta rebelión que se estaba produciendo en Oriente.

Miguel continuó con su relato:

Según me contó un compañero de armas que prestaba su servicio en el regimiento Agramonte de Camagüey, los hechos tuvieron lugar el día veintiuno de octubre, cuando Camilo se desplazó hasta Oriente por avión. Matos lo recibió en el aeropuerto, como era natural, ya que además de ser su superior, también era su amigo.

Camilo le preguntó:

¿Qué está pasando aquí?

A lo que Matos contestó.

Hace un par de días he renunciado a mi cargo en una carta que dirigí a Fidel, ya que quiero volver a la vida civil y porque conmigo no van los planteamientos comunistas en el ejército.

Ante las explicaciones de Huber y tras Camilo cerciorarse de que allí no pasaba nada, telefoneó a La Habana para hablar con Fidel, pero le dijeron que el Comandante en Jefe estaba de camino hacia Oriente. Lo primero que hizo Castro nada más llegar a Camagüey fue irse a la emisora de radio local e hizo una llamada a la ciudadanía para que lo acompañaran al cuartel, puesto que en el regimiento había problemas. Tanto Camilo como el propio Huber contuvieron a la tropa para que no disparase sobre los ciudadanos que se acercaban, porque de lo contrario se hubiera producido una masacre.

Después de esos sucesos corrieron una serie de versiones, unas se dieron por ciertas, otras se podían considerar fantasiosas y como sacadas de una película de intriga y espionaje, pero el hecho seguro fue que el comandante Camilo Cienfuegos desapareció y hasta el día de hoy no se sabe a ciencia cierta lo ocurrido. De los múltiples comentarios y leyendas urbanas que circularon en los primeros meses les puedo referir algunas, pero siempre con las reservas correspondientes y el manto de la presunción.

Una de ella fue la siguiente: “Camilo discute con Fidel y este pide que le pongan un micrófono para hablarle a las turbas allí reunidas, se llevan a Huber preso para la Habana y lo confinan en el Castillo del Morro. El 26 de Octubre, en un acto en el antiguo palacio presidencial, Camilo habló por última vez en público y vertió palabras indebidas a los pensamientos comunistas y tampoco habló en contra de Huber, esa habría sido su última oportunidad  para sumarse al circo que había tramado Fidel, por lo que al terminar su discurso ya estaba condenado a muerte. Pero a Camilo no le podían fabricar una pantomima como a Huber Matos. Por ello lo mandaron a supervisar el regimiento Camagüey. El día 28 no pudo despegar con su piloto habitual, pues cuando el avión iba a salir, llegó Senen Casas que tenía un mandato urgente de Raúl, donde le comunicaban que tenía que volar a Santiago. Bajó del avión uno de los escoltas de Camilo para que Senen se montara, el avión llegó a Camagüey dejó a Camilo y siguió para Santiago a concluir su ruta y que se apeara Senen, luego regresó a Camagüey a esperar a Camilo, y cuando Camilo tomó el vuelo de vuelta, no se supo más del avión ni de él”.

Para hacer oficial la noticia el Gobierno emitió un comunicado a los medios, a través de una nota de prensa, que decía así: “El Comandante Camilo Cienfuegos falleció el 28 de octubre de 1959 en un accidente de aviación a causa del mal tiempo mientras retornaba de Camagüey bordo de su avión ejecutivo, un “Cessna 310”. Continuaba la noticia: “El ejército ha movilizado todos los recursos para rastrear el paradero de la avioneta, se han desplazado medios marítimos y buzos al lugar donde se piensa pudo caer”. Sin embargo, nunca se pudieron encontrar restos de Cienfuegos ni los de su avión. Tampoco hubo informes de problemas climáticos en la ruta que supuestamente debía seguir el mismo, ni la aeronave emitió ninguna llamada de auxilio.

Circuló otra versión de los hechos, pero siempre en secreto, que despertó la curiosidad en el comandante Cristino Naranjo Vázquez, quien fuera compañero de armas de Camilo. La curiosidad por conocer más de esa versión también le costó la vida a él y a otros compañeros que necesitaban conocer la verdad de lo ocurrido. Esta versión inverosímil circuló como una incógnita durante un tiempo por toda la República, y aunque a nadie le gustaba hablar de ese tema, lo cierto es que conservo algo de ese relato en mi memoria.

Los presuntos hechos relataban que la cúpula del Estado Mayor estaba reunida esperando a Camilo para que les diera las novedades y les explicara lo sucedido en Camagüey con el alzamiento de Matos. Una vez llegó Cienfuegos, comenzó a explicar los hechos y afirmar que allí no pasaba nada, que todo eran suposiciones, pero como otros no estaban de acuerdo, se entabló una discusión bastante acalorada y se produjo un disparo, por tal motivo los oficiales y soldados que estaban en las dependencias contiguas se presentaron para saber que había ocurriendo, sin embargo, les dijeron que no era nada y volvieran a sus puestos. Esta versión fue la que impulsó al comandante Naranjo a indagar y preguntar su veracidad, y con ello consiguió su sentencia. 

Miguel hizo un alto en su alocución para tomarse un poco del buen café preparado por la esposa de don Alberto, pero inmediatamente continuó:

Existían muchas más desavenencias entre los milicianos, aunque todos compartíamos el mismo ideal para sacar a Cuba de la tiranía de Batista. Les he contado tres de los casos porque están protagonizados por los más importantes milicianos y de mayor repercusión pero han habido muchos más entre los que no admitían una imposición comunista en la isla, y así lo pusieron de manifiesto a quienes los querían escuchar, estos serían a los que se perseguiría rápidamente, unos conseguimos salir como exiliados, como es mi caso, y los que tuvieron menos suerte desaparecieron o están en las cárceles cubanas.

Tras la conclusión de la disertación de Miguel, tomó la palabra Jin para comentar que entre los políticos también se dieron algunos casos parecidos al de los milicianos y él recordó que por agosto de 1959, en una de las estancia del buque en La Habana, unos amigos cubanos le comentaron que tenían otro presidente, pues Urrutia había dimitido, pero nadie hablaba sobre ello, por lo que le preguntó a los tertulianos si alguno sabía algo más de este asunto.

Don Alberto dijo:

Solo sé lo que han publicado los periódicos de esas fechas y a Miguel le pasa lo mismo, pero él tiene un conocido que trabajó en un periódico y vivió ese hecho de manera directa en La Habana.

Miguel por aludido manifestó:

Luego si quieren lo llamo para quedar  para mañana, si a don Alberto no le importa, y continuaremos con esa parte de la tertulia. El anfitrión dio su conformidad.

Al día siguiente se encontraron todos en el domicilio del anfitrión, el nuevo miembro de la tertulia se presentó como Froilán, a quien todos animaron para que comenzara con su disertación sobre los sucesos acontecidos con el Presidente Urrutia.

Tomó la palabra el periodista:

En primer lugar les voy a relatar algo de mi vida, les diré que pertenecía al periódico “Tiempo”, pero sus oficinas y talleres fueron destruidos y desmantelados, no solo fue la parte material, sino que también iban a por muchos de los que allí trabajábamos, por lo que tuve que refugiarme con unos amigos, posteriormente salí de Cuba sin mencionar que era periodista, por esa época a los descendientes de españoles se le permitía salir, si alguien de la  familia lo reclamaba y abonaba unas tasas; por mi parte, como mi madre era española, no tuve mayores problemas para abandonar la Isla. Ahora estoy revalidando el titulo de comunicador en la Universidad de Barcelona, como Miguel me habló del interés que tienen en conocer los sucesos que ocurrieron entre Urrutia y Castro se los puedo contar tal y como acontecieron, algunos los cubrí directamente y otros eran comentados por los compañeros en la redacción.

 

Affaire Castro versus presidente Urrutia

 

Inició Froilán su relato diciendo:

Para entender mejor todo lo ocurrido con el presidente Urrutia, aunque todos lo conocen en términos generales, debemos remontarnos a la noche del 31 de diciembre de 1958. En esa noche huyó Batista de la Isla y parte de su gobierno, el general Cantillo asumió el mando del ejército y al mismo tiempo fue nombrado un gobierno provisional para cubrir el vacío dejado por el anterior mandatario. Castro interpretó esta maniobra como una jugada del general, por lo que llamó a una huelga general con el eslogan “Revolución si, golpe de Estado no”, tampoco reconoció al gobierno provisional y, desde Oriente, ordenó atacar en todos los frentes, así mismo advirtió a sus comandantes que ignorasen cualquier noticia emanada desde La Habana, al mismo tiempo realizó un comunicado a las tropas donde las arengaba: “Debemos continuar con nuestras operaciones en contra del enemigo en todos los frentes hasta la derrota final de la tiranía, solo se concederá parlamento a las guarniciones que se rindan”. Todo esto sucedió en pocas horas, por lo que nos situábamos en la madrugada del día uno de enero.

Al mismo tiempo, Fidel continuó su avance y entró victorioso en Santiago de Cuba y, al mediodía, el doctor Urrutia llegó a esa ciudad y desde allí le dirigió unas palabras al pueblo a través de la radio: «Hace pocas horas que me encuentro en esta ciudad, la más heroica de Cuba. He visto luchar por la libertad y la democracia de nuestro País a sus hombres y por esa libertad y democracia seguiremos luchando. Mi saludo revolucionario para todos en nombre de la Revolución, en nombre de Fidel Castro y en el mío, un abrazo para todo el pueblo heroico de Cuba». Poco después sería declarado Presidente de la República y a Santiago de Cuba la proclamaría capital provisional. A continuación, el nuevo presidente se dirigió a la Universidad de Oriente para ser investido con el máximo cargo de la nación y posteriormente serían nombrados los miembros de su nuevo gobierno.

Con la finalidad de consolidar el comienzo del nuevo gobierno y dar la buena nueva a la República, el comandante Fidel Castro dirigió una primera alocución para anunciar el triunfo de la Revolución y al mismo tiempo aprovechó la oportunidad para realizar una pregunta al pueblo de Cuba, que decía así: «Ciudadanos. El Presidente de la República, el Presidente legal es el que cuenta con el apoyo del pueblo, y este es el doctor Urrutia. El pueblo ha elegido a su presidente aquí y eso quiere decir que desde estos instantes quedó constituida la máxima autoridad legal de la República”. A continuación añadió: ¿Cuenta o no cuenta con el apoyo del pueblo el doctor Urrutia?  La ciudadanía allí concentrada grito: “¡Sí!” En este acto estaban presentes, además del nuevo presidente, el Arzobispo de Santiago de Cuba y otras personalidades civiles, y tampoco faltaban, por supuesto, los milicianos que acompañaban a Castro. Para confirmar este capítulo de nombramientos se decretó en una Gaceta Oficial Extraordinaria, fechada el día 2 de enero de 1959. Esta sería la primera etapa de la consolidación miliciana en la República.

Una vez concluidos estos trámites del reconocimiento y de otorgar la autoridad legal, que correspondía al nuevo presidente, se comunicó el parte de guerra, donde se dio cuenta de los progresos y el avance de las tropas hacia la capital habanera. Así mismo se informó que ese avance estaba dirigido por los comandantes Cienfuegos y Guevara, quienes en pocas horas consolidarían sus posiciones y tomarían el control efectivo de La Habana.

Con la finalidad de ultimar una serie de detalles para el establecimiento del nuevo gobierno, el doctor Urrutia se desplazó a la capital de la República, esto sucedió el día cinco de enero. Desde el aeropuerto se dirigió al Cuartel Columbia donde le notificaron que el palacio presidencial se encontraba ocupado por el Directorio Revolucionario, pero como esta facción no se había pronunciado en lo referente a su nombramiento, creyó conveniente enviar una comisión con la finalidad de comunicarles la intención de la presidencia de ocupar la mansión del gobierno para llevar a cabo sus funciones. Después de las explicaciones pertinentes y atender sus reclamaciones, tuvo que reconocerles su participación en la lucha y los méritos que habían alcanzado sobre el triunfo de la tiranía. El mensaje del Directorio fue que el señor presidente tenía el palacio a su disposición, a media tarde el presidente ya se encontraba en su despacho oficial.

Transcurrieron pocos días para que el presidente Urrutia consiguiera el reconocimiento de las principales naciones del continente europeo, así como de los Estados Unidos y de la gran mayoría de los países latinoamericanos.

Prosiguió Froilán con su charla:

El día ocho es conocido por todos que se produjo la entrada de Fidel Castro y sus principales comandantes en La Habana. Una vez que había realizado su recorrido por las diferentes arterias habaneras, la comitiva se dirigió al palacio para cumplimentar al presidente Urrutia y a sus ministros, que lo estaban esperando. El Presidente aprovechó la ocasión para dirigirse al pueblo que se encontraba concentrado, diciéndoles:

«Cubanos: El gobierno de la República, en el palacio presidencial, ha abierto los brazos para recibir al gran líder de la América, Fidel Castro Ruz. La democracia cubana se considera honrada con la presencia en este recinto del héroe en la lucha contra la dictadura. Nuestro pueblo debe considerarse orgulloso de tenerlo entre sus hijos. Es, sin lugar a dudas, el líder combatiente más abnegado de la historia. Después de derrocar la tiranía con su esfuerzo admirable no ha tomado el poder en sus manos, sino que lo ha puesto en manos de un hombre en quien tiene fe. Con ustedes, Fidel Castro Ruz», no les voy a referir el discurso de Castro porque estuvo hablando durante tres horas. 

Desde los primeros momentos todo parecía armonía y se apreciaba una sintonía entre el presidente Urrutia y Castro, pero debemos tener en cuenta que había un tercero en discordia, el Directorio Revolucionario, donde la mayoría de sus miembros eran comunistas y además habían ganado la batalla de imagen al mantener ocupado el Palacio Presidencial y ofrecérselo al primer mandatario a su llegada a La Habana, pero como sabemos, le exigieron una pequeña condición, que se les reconociera sus méritos en el derrocamiento de Batista. A los pocos días ya se estaban cobrando el favor, pues habían comenzado a ocupar los puestos importantes dentro del gobierno y de las fuerzas armadas, desde esos momentos la penetración comunista había empezado. 

Prosiguió Froilán con su crónica:

Todos sabemos que desde el principio se notó la intervención en las propiedades, las restricciones para enviar dinero al exterior, el control de cambio y la pérdida de algunos derechos fundamentales, lo que llevó a que muchos ciudadanos quisieran abandonar Cuba. Jin mejor que nadie conoce el éxodo que se está experimentando desde esas fechas. Para las familias que provenían de la emigración y conservaban su propia ciudadanía no se les exigían muchos requisitos, pero otra cosa muy distinta era para los que habían desempeñado algún papel en el gobierno anterior, por muy pequeño que fuera, las trabas administrativas aumentaban, por ello acudían a las embajadas y delegaciones diplomáticas solicitando asilo. Fue tal la avalancha de refugiados que la mayoría de los medios de comunicación lo difundieron y por lo tanto llegó a todos los periódicos del mundo occidental, lo que avergonzó al gobierno cubano. El presidente Urrutia, como remedio, optó por imponer una serie de condiciones para que las embajadas acreditadas en Cuba restringieran la concesión de asilo político; uno de los requisitos era un salvoconducto emitido por el gobierno cubano, lo que era impensable según las leyes internacionales, pero mientras tanto consiguió ralentizar la salida del país de cientos de cubanos. No se hizo esperar la reacción de los embajadores acreditados en Cuba, quienes emitieron un comunicado denunciando su contrariedad ante esta violación de los tratados para los refugiados, al poco tiempo se desistió de esta limitación.

Antes de que concluyera el mes de enero, ya los medios de comunicación dieron a conocer una carta abierta del Partido Socialista Popular, donde la mayoría de sus miembros eran comunistas, en la cual sugerían una serie de reformas que incluían postulados de esa doctrina en las labores de gobierno, aunque las sugerencias se realizaban de manera disimulada.

Por el mes de febrero el presidente presentó su primera renuncia, aunque no fue aceptada por el Consejo de Ministros, todo ello fue debido a no estar de acuerdo en levantar la prohibición del juego en los casinos y hoteles. Se sucedieron muchos más hechos y cada día se presentaban nuevas disposiciones, pero la mayoría no eran del agrado del doctor Urrutia. Casi a mitad de febrero se produjo un acontecimiento que hizo pensar a muchos cubanos fue la renuncia del Primer Ministro, Sr. Miró Cardona, a través de una misiva dirigida al presidente. Este ministerio sería inmediatamente ocupado por Fidel Castro.

Tal y como lo tenían previsto, se iba tejiendo la conformación del poder y los planes dispuestos para consolidar una verdadera revolución socialista. Al mismo tiempo se le adjudicaron amplios poderes a Fidel Castro como Primer Ministro, este hecho se produjo el 16 de febrero, al día siguiente, como protesta por las grandes atribuciones que le habían concedido a Castro, el doctor Urrutia presentó su dimisión, de nuevo no fue aceptada por el Consejo de Ministros. Continuó el Presidente en sus funciones pero con pocas prerrogativas, limitándose a firmar lo que los ministros le traían, pero antes tenía que darle el visto bueno el Primer Mandatario Fidel, así mismo le limitaron que acudiera solamente a algunos actos protocolarios, iban trascurriendo los meses hasta el 20 de mayo, que fue cuando le permitieron aparecer en público, pues en esa fecha se conmemoraba el nacimiento de la República.

El presidente continuó con sus pesares, aguantando como podía los desagravios y desplantes del resto de los componentes de la cúpula del gobierno, se llegó al extremo de que no podía decir nada, cualquier opinión o declaración pública siempre era contestada por los medios adeptos al nuevo régimen, tal era su desconcierto que el 11 de junio solicitó le otorgaran dispensa por enfermedad y al mismo tiempo requirió reincorporase a su puesto de Magistrado. Tal era la presión y los ataques mediáticos que terminó por presentar una demanda por calumnias e injurias contra algunos redactores de los periódicos proclives al nuevo régimen. A los pocos días de este acontecimiento, lo entrevistaron para la televisión, donde vertió una serie de opiniones sobre diversos asuntos de interés nacional, entre ellos se refirió a lo ocurrido con el comandante Díaz Lanz, emitió su parecer sobre la Reforma Agraria, que consideraba beneficiosa para los intereses de la nación, también sacó el tema de sus supuestas desavenencias con Castro, que tachó de habladurías, otra cuestión fue la censura a sus palabras por parte del periódico “Hoy”, que como todos sabemos era el órgano de los comunistas, el periodista de ese mismo medio le preguntó:

¿Qué opinión le merece este hecho?

Ante esta pregunta el Presidente respondió:

«Bueno, yo no hubiera querido tratar ese tema, pero usted me pregunta y yo le contesto por una cosa, porque creo que es mi deber, no ya como Presidente de la República sino como cubano. Le contesto recordando precisamente lo que dijo el diario «Hoy», que Ud. representa. Primero, yo sé que me llamó desleal. No he podido comprender todavía en qué consiste esa deslealtad. Si es deslealtad a Rusia, no tienen razón, porque nunca le he ofrecido lealtad a Rusia. Ahora, si es deslealtad a Cuba, creo difícil que ellos puedan demostrar eso. Lo que sí es cierto y de lo que quiero hablar es esto: Creo que los COMUNISTAS le hacen un daño horrible a Cuba. La mayor parte del periódico «Hoy» está dedicada exclusivamente a tratar los intereses de Rusia. Yo declaro a plena responsabilidad, que los COMUNISTAS EN CUBA quieren crearle un segundo frente a la revolución. Eso es criminal. Y por eso he dicho siempre que rechazo el apoyo de los COMUNISTAS y creo que los verdaderos revolucionarios cubanos deben rechazarlo abiertamente».

Con estas declaraciones el doctor Urrutia se cavó su propia tumba, al meterse de lleno con los comunistas. De hecho, al día siguiente de esas declaraciones el periódico Hoy comenzó a acusarlo de adquirir una lujosa vivienda en la parte más exclusiva de La Habana. De poco sirvieron las explicaciones públicas del Presidente.

El 17 de julio, en la edición de la mañana del diario Revolución, portavoz del movimiento (M-26-7), apareció en la página cabecera y en mayúsculas “RENUNCIÓ FIDEL”, para el pueblo fue toda una sorpresa, lo mismo que para los demás medios de comunicación e inclusive para los estamentos tanto públicos como privados. Comenzaron las especulaciones y aparecían carteles por todas partes donde se recogía lo imprescindible que era Castro para la Nación, además, los comunistas se dedicaron a difundir rumores donde manifestaban a todos los que quisieran oírles: «Las discrepancias entre el doctor Castro y el Presidente de la República motivaron la renuncia del Primer Ministro». Pero para los críticos y analistas de la política de esos momentos, que estudiaban los comportamientos y maniobras de unos y otros, este hecho lo calificaban de una maquinación de las altas instancias del régimen cuyo único fin era el encumbramiento definitivo de Fidel y la renuncia definitiva de Urrutia.

Con esto concluyo mi crónica -manifestó Froilán- y espero que les haya aclarado todo este embrollo político.

 

Affaire CIA versus Castro, primera parte

 

Ya en anteriores crónicas hemos hablado de los ofrecimientos de la CIA a los milicianos rebeldes, posteriormente se produjeron una serie de acercamientos desde esa “Central” hacía el nuevo gobierno, pero dejemos que sea la crónica de un personaje que conoció todos los entresijos y acciones que pusieron en marcha los diversos servicios de espionaje, la que nos narre este affaire. Antes apuntemos algunos antecedentes con el fin de entender mejor como llegó esta historia a nuestro personaje.

Hacía más de dos años de la toma del poder por parte de los revolucionarios, ya se habían producido una serie de deserciones entre las filas castristas y de manera particular de algunos miembros de su servicio secreto, uno de ellos había trabajado como analista de los servicios de inteligencia cubana, posteriormente se pasó al servicio de la inteligencia militar norteamericana, pero se retiró del servicio antes de que comenzara el problema de los misiles y, después de un tiempo, se trasladó a un lugar de la “Costa Andaluza”.

Nuestro protagonista lo conoció por medio de un criador de gallos de pelea radicado en Andalucía, quien regularmente viajaba cada tres meses a Venezuela acompañando a las jaulas cargadas con estos preciosos animales. Este granjero, en una de las travesías, le habló, por casualidad, de este agente. En una de las charlas de a bordo, cuando conversaban sobre la problemática cubana, le comentó que tenía por vecino a un cubano, que según le había manifestado, había trabajado para el servicio secreto cubano. En ese momento Jin le solicitó:

Cuando recalemos de nuevo en Cádiz lo tienes que invitar a visitar el trasatlántico, y así me lo puedes presentar, pues tengo interés en hablar con él de los asuntos cubanos.

En la siguiente arribada del buque a ese puerto, el criador se presentó a bordo con un personaje, de unos 45 años y de complexión fuerte, quien se presentó como Gustavo. “El Gallero”, que era como se le conocía familiarmente a bordo, se fue a conversar con otros tripulantes y dejó a solas a Jin con Gustavo.

Comenzaron hablando de Cuba y, transcurridos unos minutos, este personaje empezó a relatar algo de su vida:

Hace ya varios meses que me marché de la Isla, esto sucedió en los primeros meses del año 62, pues no podía aguantar más la situación de engaño en que vivía, a pesar de que ocupaba una buena posición dentro del régimen. Cuando comenzaron las conversaciones del gobierno con la URSS para la instalación de los misiles tomé la decisión de abandonar todo ese mundo de secretismo en que estaba metido. Primero me fui a los Estados Unidos y permanecí allí unos meses, donde informé a los servicios de inteligencia militar de lo que querían saber sobre las actividades militares cubanas, una vez concluido ese cometido, les manifesté que anhelaba aislarme del mundo en algún lugar donde no oyera hablar de todo ese entramado de espionaje, por eso me vine para España donde tengo un familiar y el ambiente es más acorde a mi forma de ser.

Nuestro protagonista le contó algo de su trabajo:

Vengo ejerciendo mi labor como oficial en este buque desde un poco antes de la llegada de Fidel a La Habana, por ello he vivido todos los acontecimientos de estos últimos años y siempre he estado interesado en la problemática cubana, pero durante este tiempo me han informado que a lo largo de estos dos últimos años se han efectuado múltiples planes para el derrocamiento de Castro e inclusive me hicieron el comentario de que estaban buscado la manera de eliminarlo, pero todo esto me sonaba a las fantasías de algún nostálgico. Por esa razón tengo interés en conocer qué hay de cierto en todo ello.

Gustavo le replicó:

Te contaré hasta donde pueda, pues no quiero faltar al juramento que he realizado, por ello te voy a relatar a grandes rasgos los acontecimientos pero no te voy a dar nombres ni fechas precisas.

Comenzó su relato haciendo un resumen de su vida:

Todo empezó cuando era estudiante de leyes, en esa etapa me inicié combatiendo a la dictadura de Batista, primero en mi ciudad natal, situada en el occidente de Cuba y después en La Habana, donde emprendí varias acciones de guerrilla urbana junto con otros compañeros. A la llegada del nuevo gobierno, uno de los miembros más destacados del Directorio Estudiantil Universitario me recomendó por mis dotes organizativas al Ministro del Interior, allí me asignaron un puesto en la naciente inteligencia policial como analista de documentos e informes, durante los seis primeros meses me mantuve concentrando en mi trabajo sin pensar en otra cosa, pero a medida que pasaba el tiempo y me asignaban nuevas responsabilidades mucho más complicadas, me fui dando cuenta que la ilusión de una Cuba mejor se iba desvaneciendo día a día, así mismo me percataba que nos encaminábamos a una dictadura mayor.

En este punto hizo un alto en su explicación, como considerando lo próximo que iba a decir, pero prosiguió con su disertación.

En mis tiempos de estudiante compaginaba el estudio con algo de trabajo, como provengo de familia de agricultores conocía la jardinería y en mis ratos libres me dedicaba a mantener algunos jardines de la clase adinerada con el fin de sacarme algunos pesos extras. Pues bien, entre los huertos que cuidaba se encontraba el de una familia norteamericana que me dispensaba mucho cariño. Esa amistad continuó a pesar de que ya estaba trabajando con el nuevo gobierno y mis visitas a esa familia, como antaño, no decayeron. Un día les hice una visita, meses antes de que iniciaran su regreso a los Estados Unidos, una tarde del mes de octubre del 59. En esa época ya desempeñaba mi labor en el Ministerio del Interior, durante la conversación, y como estábamos en confianza, ya que ellos me trataban como de la familia, me comentaron sus preocupaciones sobre los métodos que estaba poniendo en marcha el nuevo gobierno y me confesaron que no les gustaban los procedimientos que se estaban aplicando para espiar a las familias. Les expresé que mi opinión coinci-día en casi todo con la de ellos. A la semana siguiente me invitaron a merendar, como era habitual desde hacía años, en esa ocasión se encontraba otra persona, quiero recordar que era un familiar de la dueña de la casa, quien me dijo: Lo que aquí se hable se debe quedar en la casa.

La persona en cuestión era sobrino de la señora y pertenecía, según lo expuso, al servicio diplomático norteamericano, en su alegato confesó que también ellos mantenían la misma preocupación y los temores que yo mismo profesaba. Después de muchas explicaciones y análisis de la situación y tras compartir casi todos los puntos de vista que se debatieron esa tarde, el diplomático me solicitó que recopilara datos de todos aquellos asuntos que según mis pensamientos no estuvieran acordes con los procedimientos de las leyes y del legado de José Martí. Cómo también esas eran mis ideas me comprometí con el funcionario a recopilar los datos que me estaba solicitando.

En el transcurso de un par de meses, acudía puntualmente cada semana a visitar a este matrimonio amigo y le informaba de las incautaciones y otros actos contra la propiedad privada. Después de que ocurrieron algunos hechos entre destacados miembros de la milicia y del gobierno cubano, donde algunos militares y políticos fueron perseguidos, encarcelados y otros obligados a dimitir, el matrimonio amigo me trasmitió un mensaje de su sobrino, pues tenía mucho interés en volver a entrevistarse conmigo. En ese nuevo encuentro me propuso, dado que la situación se estaba complicando enormemente, que trabajase para ellos en recopilar información a más alto nivel, pues los servicios de inteligencia de su país habían detectado cierta penetración soviética en Cuba. Al final de la charla, añadió: Con esa información se podrán elaborar planes para derrocar a Castro.

En esos momentos pensé en decir que no, pues creía que iba a traicionar a mi patria, pero después de pensarlo durante unos días, de haber analizando algunos documentos y tras, valorar los sucesos que se iban produciendo y la deriva que estaba tomando el gobierno, entendí que los traidores eran los mandatarios, ya que habían traicionado los principios de la revolución y la doctrina de Martí. Pasados unos días de reflexión me entrevisté con el matrimonio amigo y les confirmé mi participación.

Durante todo el tiempo que permanecí como agente infiltrado, me fui ganando la confianza de algunos altos cargos del servicio secreto cubano, ya que muchas de las cuestiones por ellos manejadas me las pasaban desde el Ministerio para que realizara un análisis en profundidad, por ello tenía acceso a muchas cuestiones muy delicadas. Por otro lado, desde la otra parte me mantenían informado de sus planes, por si pudiera aportar algo positivo, pero para ser sincero creo que en la mayoría de las cuestiones mi opinión no se tenía en cuenta.

A continuación te voy a referir algunos casos que conocí y que no tuvieron la culminación deseada por absurdos o ilógicos. 

Desde los primeros días del mes de enero del 59 hubo un cambio en la jefatura de la Agencia y pasó a hacerse cargo del servicio clandestino para el área del Caribe el agente que ocupaba la jefatura de la base de Venezuela. A pesar que este nuevo jefe era conocedor de la problemática latinoamericana, no sabía a ciencia cierta cómo se comportaría Castro en un futuro, sin embargo algunos de los agentes de la oficina de La Habana opinaban que Fidel y su régimen revolucionario no tardaría en caer al cabo de unos meses, pero hay que tener en cuenta que esos agentes vivían muy bien durante el régimen de Batista, ya que no se producían sucesos de importancia en su jurisdicción, por lo que pasaban la mayoría del tiempo cultivando amistades y haciendo relaciones públicas en el Club de Campo de la capital cubana. Inclusive mientras se estaban desarrollando los enfrentamientos en las sierras cubanas, recomendaron, en más de una ocasión, que se le facilitase armas y dinero a Castro para que llevara adelante su revolución.

Ese entusiasmo y opinión sobre el nuevo mandatario cubano no decayó en los meses siguientes, durante la visita que realizó Castro a los Estados Unidos, un dirigente de la Agencia le dedicó una serie de elogios y cumplidos que no se correspondían con la realidad. Precisamente unas semanas más tarde, el presidente Eisenhower se mostraría contrariado al comprobar que sus servicios secretos y de inteligencia no habían catalogado a Castro en la forma conveniente, lo que reflejó en sus memorias escribiendo: “Un análisis de los sucesos posteriores a la toma del poder de los nuevos mandatarios me lleva a afirmar que el comunismo ha penetrado en este continente”.

Después del malestar creado en la Casa Blanca por las derivas de la revolución cubana y sus ansias confiscatorias sobre empresas, haciendas o inversiones extranjeras, la Agencia se vio urgida de implementar una serie de planes y decisiones con objeto de eliminar al mandatario cubano, pero, como en otras ocasiones, los desacuerdos entre las diferentes jerarquías de la Compañía no llegaron a concretar ni la forma ni el modo de realizar tal cometido.

El tiempo iba pasando y los problemas cubanos se hacían cada vez mayores, por esa razón comenzaron a gestarse planes con el fin de organizar una fuerza de penetración e infiltrarla en Cuba, a imagen y semejanza a lo que había realizado Castro. Para asesorar a esa unidad se eligieron agentes que hubieran realizado otras misiones en Latinoamérica. Entre los planes que se estaban implementando, se requería reclutar antiguos militares cubanos del régimen anterior que estaban exiliados. El agente jefe de este operativo efectuó una serie de recomendaciones y algunos cambios en base a su experiencia en el área del Caribe, la cual conocía muy bien. Pero, como en anteriores ocasiones, se obviaron y no se tuvieron en cuenta muchos de estos cambios. Así mismo, a estos planteamientos les faltó definir una serie de cuestiones, como por ejemplo la poca o escasa información que se tenía del interior de Cuba o cual sería la reacción del pueblo si se producía otro enfrentamiento, y tampoco se le otorgó la importancia que requería tan magna empresa.

Por su parte, el ejecutivo estadounidense reclamaba que se tomaran medidas para frenar la deriva que ya había tomado Cuba hacia el marxismo-leninismo. La información que transmitían los máximos dirigentes de la Agencia eran los detalles de las operaciones que tenían en marcha, así como los nuevos planes que pensaban ejecutar; entre ellos aconsejaban la puesta en marcha de una guerra económica, la realización de sabotajes, lanzar desde el aire propaganda dando a conocer a los cubanos la deriva que iba tomando la revolución o informar del porqué muchos de sus líderes habían huido al exterior, entre otras.

Entretanto los cubanos exiliados hablaban y comentaban lo que iba a suceder anticipadamente y la posible invasión era un clamor popular, por lo que centenares de cubanos se ofrecían para integrarse en esa fuerza invasora, pero entre ellos había espías cubanos que Castro tenía introducidos en los Estados Unidos, por ello estos planes y sus detalles más mínimos eran conocidos por los servicios secretos cubanos. Por ello un agente del FBI que operaba en Florida y era buen conocedor de los hechos y de los ambientes cubanos en Miami comunicó sus impresiones a sus superiores y al mismo tiempo les hizo la siguiente recomendación: “Se debía programar una invasión a la Isla por los marines estadounidenses en lugar de por los refugiados”.

Dentro de la Agencia proseguían las conversaciones, los análisis de la situación, pero todos querían aportar soluciones según sus criterios, estas nuevas ideas eran trasmitidas a los máximos responsables, quienes continuaban trazando sus propios planes, pero era tal el cúmulo de proyectos y el diseño de tantas acciones que obligaban a solicitar mayores fondos para poner en marcha todos esos supuestos y futuros programas, especialmente el entrenamiento militar de la fuerza invasora, que ya había comenzado su preparación en Guatemala. El Presidente Eisenhower, hombre buen conocedor de los asuntos militares, recomendó que estos planes de la Compañía fueran analizados por los máximos organismos de la Defensa con el fin de asegurar el éxito de la operación, considerando que cualquier movimiento en falso podría ocasionar pérdidas irreparables.

La conversación era tan interesante que el tiempo que disponían para hablar pasó rápidamente y Jin se tenía que incorporar a su guardia, por lo que quedaron para cuando el buque regresara de América.

 

Affaire CIA versus Castro, segunda parte

 

Habían transcurrido unos 40 días desde la anterior escala en el puerto gaditano cuando arribaron de nuevo, en el muelle ya se encontraba Gustavo para proseguir con la conversación que había quedado interrumpida y continuar contándole a Jin sus impresiones sobre el mundo del espionaje en que estuvo metido. Tras intercambiar saludos y pedir algo de beber, el exagente inició su relato donde lo había dejado:

El calendario no se detenía, las elecciones norteamericanas para la presidencia se acercaban y durante ese tiempo aún no se había conseguido desalojar a Castro de su jefatura y tampoco podían dar respuesta a los cientos de empresarios que habían perdido sus posesiones y empresas sin ninguna compensación por las mismas. Pero en política, como tú sabes, los intereses de los partidos son los que mandan y los resultados electorales marcan los calendarios y se imponen sobre el sufrimiento de los pueblos y las penurias de los ciudadanos, por lo que se ordenó, por esas fechas, que cesara cualquier intento de invasión hasta que hubieran transcurrido los comicios. Este hecho a Castro le supuso un respiro, lo que le sirvió para reorganizar su sistema de espionaje en territorio estadounidense y al mismo tiempo para enterarse, con mucho más detalle, de los planes de la futura invasión, con ello podría preparar la defensa de la isla y equiparse con nuevos armamentos y pertrechos militares que le proporcionaban las naciones del Telón de Acero, aunque llegaban a Cuba camuflados como maquinaria industrial y agrícola. Además, por esos días se notó un endurecimiento de la vigilancia sobre la oposición interna cubana y un control férreo sobre cualquier intento de resistencia interior, así mismo se impuso un régimen de terror en toda la Isla, estos acontecimientos fueron denunciados por los cientos de exiliados que abandonaban la tierra de Martí, pero a esas denuncias no se les prestó la menor atención.

En esa época se mantenían en la Isla unas cuantas guerrillas diseminadas por las diferentes sierras a las que ocasionalmente se les suministraban armas y municiones desde el centro operativo que la Agencia mantenía en Guatemala, pero los milicianos del régimen tenían controlados los lugares de lanzamiento y, en la mayoría de los casos, las tropas de Castro se hacían con los contingentes lanzados, en otras los soldados, conocedores del lugar de recepción, demoraban en hacerse con el alijo con el fin de que los sublevados se confiasen y capturarlos, posteriormente serían fusilados atendiendo a las nuevas leyes que pusieron en marcha los militares para los contrarrevolucionarios.

Con este procedimiento, las fuerzas castristas fueron diezmando los efectivos de los sublevados. Sabiendo estos hechos, los responsables de estas operaciones llegarían a la conclusión de que estaban siendo espiados internamente por infiltrados cubanos. Con todo ello elaboraron un informe que entre otras cosas expresaba: “Ya el régimen cubano no podrá ser derrocado con simples escaramuzas llevadas a cabo por grupos aislados de exiliados más o menos preparados, sino que es necesaria una invasión en toda regla”, eso mismo lo confirmarían expertos militares del Pentágono.

Pero para implementar una operación de esa envergadura, ni los contrarrevolucionarios ni los asesores de la “Agencia” de alto nivel contaban con la aprobación de la Casa Blanca, ni tampoco poseían la maquinaria, el equipo y el material necesario, así como los efectivos que se necesitaban para llevar adelante una invasión a gran escala. Los planificadores de la Agencia asumieron que con el contingente propuesto no se podría culminar el pretendido plan, puesto que tendrían que enfrentarse con un ejército de tierra bien pertrechado, con artillería, tanques y más de sesenta mil hombres de la milicia rebelde bien entrenados y a más de cien mil voluntarios milicianos, a quienes el régimen castrista podría movilizar en cualquier momento. A todo este entramado se unía la policía secreta, que en los últimos meses había endurecido su actuación y estaba preparada para reprimir cualquier intento de alzamiento de la población civil.

Pero los analistas de la “Agencia” no tenían en cuenta estas consideraciones, pues pensaban que podían contar con otras facciones y las relaciones que pudieran mantener con otros grupos relacionados con actividades anticastristas que les pudieran llevar a derrocar a Castro, entre ellos podemos citar al grupo denominado “Alpha 66”. Esta agrupación efectuaba operaciones clandestinas, agrupaba a los miembros contrarrevolucionarios en el interior de Cuba, emitía y distribuía propaganda anticastrista y promovía todas aquellas acciones que propiciaran la caída del régimen comunista cubano. Con respecto a su fundación y fundadores, existen varias versiones, pero a ciencia cierta todas parecen verosímiles, te las voy a nombrar de pasada. Una primera versión situaba la creación de este grupo dentro de la misma Cuba, fue creado por los  propios contrarrevolucionarios que no estaban conformes con los incumplimientos de los principios emanadas de Sierra Maestra. La segunda se atribuye su constitución a un ciudadano cubano que luchaba en la clandestinidad a instancias de un supuesto agente de CIA, quien le animaría a su fundación, por un lado para recaudar fondos y por el otro para integrar a los cientos de descontentos con el régimen castrista, pero las explicaciones de este sujeto en muchas ocasiones fueron contradictorias. Y como tercera opción está la que sitúa su nacimiento en Puerto Rico para meses más tarde radicarse en Miami.

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