Capítulo 32 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1

Pudo ser un Undercover

 

Luego de leer 31 capítulos es momento de compartir el Capítulo 32 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Indicios de contrarrevolución!

 

 

 

32

 

Las confidencias de un familiar de Miguel

 

Una vez más finalizó la travesía en Cuba, se realizaron todas las operaciones de atraque, los trámites aduaneros y de emigración, y los milicianos establecieron la correspondiente guardia, posteriormente se autorizó a desembarcar tanto a pasajeros como a tripulantes. En las dependencias aduaneras se llevaban a cabo los controles establecidos para  acceder a la ciudad.

En esa ocasión hubo un acontecimiento que conmovió a todos los que estaban presentes en el control aduanero, Jin también se encontraba en el mismo y lo vivió de primera mano.

Se hallaban en la cola para pasar la aduana varios tripulantes, entre ellos el capellán de a bordo, que en esta ocasión iba perfectamente identificado como cura, al percatarse de ello el jefe de la inspección aduanera se acercó a la fila y les ordenó a los milicianos “Al padrecito me lo registran dentro convenientemente, me lo desnudan, me lo revisan bien, no sea que lleve algo oculto”. Sin embargo, con todos los demás pasajeros y marinos no pasó absolutamente nada, solo tuvieron que cumplimentar la declaración de pertenencias como en anteriores viajes, además se daba la circunstancia de que los milicianos eran los mismos y todos ya se conocían. Esto hizo sospechar a más de uno de la tripulación que algo estaba pasando entre la iglesia y el gobierno miliciano.

Después de este incidente y tras rebasar la aduana, Jin se internó en la ciudad para dirigirse a la dirección que le había facilitado Miguel en Barcelona, pero según las indicaciones que le dio, estaba bastante alejada del muelle de pasajeros, por lo que recurrió a los servicios del taxi de Rogelio para que lo llevara a su destino. Al mismo tiempo aprovechó la ocasión para obsequiarle con una loción para el afeitado y una colonia para su esposa. Jin le indicó las señas de la vivienda, después de unos quince minutos llegaron al domicilio de la familia de Miguel, que por cierto se había mudado como consecuencia de la retirada de su pariente del ejército rebelde. Lo recibió su tía, quien mostró una gran alegría por conocer a un amigo de su sobrino y de inmediato le formuló una serie de preguntas. ¿Cómo está Miguel? ¿Mi sobrino se adapta a vivir fuera de Cuba?, y una cantidad de interrogantes más, a las que nuestro protagonista fue respondiendo uno a uno. Mientras tanto la señora le ofreció café y poco más, ya que era poco lo que tenía, pues se encontraban en pleno racionamiento; nuestro marino le aceptó el café pero no pidió nada más, pues comprendía por la situación que estaban pasando. Siguieron charlando y la mujer le contó que tenía dos hijos, uno de la misma edad que Miguel, el otro más pequeño, además le comento que le gustaría que los conociera, pero que estaban trabajando y no regresaban hasta las 6 p.m., Jin le prometió que volvería a esa hora, pues tenía que entregarles unos obsequios que le enviaba su sobrino desde España, por lo que añadió:

Descuide señora, vendré por la tarde, además me será más fácil, ya que conozco a los milicianos que montan guardia a esas horas. Tras esta promesa nuestro marino se despidió hasta la hora convenida.

De regreso, Jin le manifestó a Rogelio que necesitaría sus servicios para volver por la tarde a la misma dirección, el taxista le manifestó que estaría encantado de servirle y quedaron sobre la 6 p.m. El miliciano de guardia en la aduana a esa hora ya era viejo conocido de Jin y, al llegar, le dijo:

Llevo un regalo para la familia y para ti te obsequio con una loción para el afeitado. Con este pequeño detalle, nuestro protagonista atravesó el control sin mayor contratiempo y como de costumbre el carro del taxista estaba allí para transportarlo a la dirección de la mañana.

Llegó al lugar y Jin le dijo al chofer que no lo esperase, pues iba a estar un tiempo conversando con esa familia. El recibimiento que le dispensó de nuevo la tía de su amigo fue de mucha cordialidad y alegría, la señora lo pasó a una salita muy modesta, dado que las circunstancias actuales en Cuba no daban para muchos lujos.

Nuestro protagonista le entregó el paquete que le había enviado su sobrino y la señora se puso muy contenta. A los pocos minutos entraron los primos de Miguel, uno de nombre José, de más de treinta años, también de complexión fuerte, el otro era un poco más joven y se presentó como Frank. Estuvieron hablando de cómo le iba a su  primo en España, nuestro marino les contó que estaba trabajando pero que su ilusión era marcharse para los Estados Unidos, ya que allí tendría más oportunidades, a continuación les preguntó:

¿Cómo están? ¿Qué me pueden contar de su situación para trasmitirle noticias a su sobrino?

La señora le dijo:

Comuníquele a Miguel que estamos bien de salud para los tiempos que corren, sus padres se fueron para Oriente a casa de los otros tíos, que no se preocupe, porque están perfectamente y no han sufrido mayores contratiempos.

Continuaron conversando pero la señora se empeñó en preparar algo de comida, aunque manifestó:

No puedo ofrecerle muchos lujos sino lo que buenamente tengo. Jin le agradeció su gesto. Después de más de una hora de conversación, nuestro protagonista les manifestó que tenía que marcharse. José por su parte le dijo que lo acompañaba. Nuestro marino sospechó que quería hablar algo más pero no delante de su madre, con el fin de que se lo comunicara a su primo.

Abandonaron el domicilio y el primo mayor, desde la puerta, miró a ambos lado de la calle como si estuviera tomando precauciones, a continuación le dijo:

Quería contarle algunas de las cosas que están sucediendo en Cuba, además tengo referencias por Miguel de que usted es una persona de fiar, nos envió una carta para comunicarnos que pasaría por casa.

Continuó José contándole sus confidencias mientras paseaban:

Delante de mi madre no quería comentar nada, porque se pondría muy nerviosa y está delicada del corazón, un disgusto podría ser fatal. Ahora le voy a referir un poco de lo que está pasando en Cuba, la situación se está haciendo insoportable, los milicianos lo controlan todo, hay que disimular mucho y aparentar que solo nos importa el trabajo y que cada cual va a lo suyo.

En esos momentos bajó la voz y prosiguió hablando de modo confidencial:

Estoy metido en un grupo en el que pensamos que puede haber alternativa a la política que está desarrollando el nuevo gobierno, en él se encuentran algunos revolucionarios que estuvieron en los frentes, inclusive algunos estuvieron con mi primo en las montañas cuando se luchaba contra Batista, también se encuentran otros que organizaban las revueltas en los pueblos y ciudades, también hay milicianos de alta graduación que no están conformes con la deriva que va tomando el gobierno pero todo este frente contrarrevolucionario es muy cerrado, cualquier indiscreción puede costarnos la vida. Te agradezco que le trasmitas todo esto a Miguel para que sepa cómo está la situación.

José hizo un pequeño silencio, pues se acercaba un desconocido, pero prosiguió a continuación:

Tengo noticias de fuentes fiables que ayer me comunicaron que se está organizando un destacamento táctico en Miami, sus miembros están recibiendo entrenamiento en un lugar de Florida para realizar un desembarco y combatir al régimen de Castro. Una agencia importante de los Estados Unidos está financiando el proyecto y reclutando a cubanos entre los que han abandonado la Isla, han hecho un llamamiento para que se alisten, además las noticias que nos llegan, nos apuntan que muchos de los que se están incorporando proceden de acciones bélicas que anteriormente se realizaron en otros países latinoamericanos.

El primo de Miguel siguió contando sus confidencias:

Un miliciano de alta graduación que ocupa la dirección de nuestro grupo contrarrevolucionario y que dirige las actividades subversivas dentro de Cuba, está poniendo en duda esas informaciones que nos están llegando del exterior y cree que no se pueden confiar en ellas, él dice que no son de mucho fiar, pues las considera parte de la una guerra psicológica y de propaganda política, él piensa que si eso fuese verdad nosotros tendríamos toda esa información de manera directa y no como hasta ahora, que lo que nos llega es a través de terceras personas.

Siguió José explicando los argumentos de este miliciano contrarrevolucionario:

Si eso fuera cierto, los estrategas que están montando esa supuesta invasión no tienen ni idea de lo que está sucediendo actualmente en Cuba, no conocen que todos los estamentos del gobierno están controlados y obedecen ciegamente a Fidel, las fuerzas armadas y la policía han adquirido nuevo armamento, en cualquier calle o esquina de cada pueblo o ciudad hay espías, hasta los niños espían y delatan a sus padres, más bien él cree que esto se lo están montado unos cuantos para embolsarse unos millones de dólares. Con esta última reflexión concluyó su conversación, pues tenía miedo de que los descubrieran, pues llevaban tiempo hablando. En ese momento se despidió de Jin y le pidió que le contara a Miguel toda la conversación, finalmente le hizo una recomendación a nuestro marino, diciéndole –“cuídese y tenga mucho cuidado”-.

De regreso al puerto Jin pasó por el Centro Asturiano para saludar a los amigos que mantenía allí y al mismo tiempo ver si se le presentaba la oportunidad de conocer algo más de lo que le contó José. En el bar del Centro se encontró con Fernando, al que conocía desde hacía algún tiempo, comenzaron a hablar de la situación y nuestro protagonista le manifestó:

Cada vez recogemos más pasajeros en La Habana y los comentarios de los exiliados son bastantes alarmantes, muchos de los que embarcan han perdido todo, inclusive sin haber estado involucrados con el régimen anterior.

El asturiano le comentó:

A un familiar mío que tenía un comercio de víveres lo despojaron del mismo y lo único que le ofrecieron fue quedarse como empleado.

Otro de los presentes que se encontraba en la reunión, les aclaró:

Eso no es nada comparado con la verdad de lo que está pasando.

Jin lo animó para que contara su versión.

Este amigo, de nombre Pelayo, comenzó a hablar diciendo:

Ha pasado casi dos años desde que se instauró el nuevo gobierno, no es un secreto para nadie que los altos dirigentes o simples funcionarios del gobierno anterior ya no continúan en sus puestos, todos han sido cambiados o fueron sustituidos por ignorantes y analfabetos, solo importaba que fueran fieles al nuevo régimen. A los principales cargos los fusilaron o los metieron en la cárcel, a los de menos importancia los echaron o tuvieron que abandonar por verse presionados, le fueron arrebatados, no solo sus puestos sino también sus casas y muchos como dice nuestro amigo, se escaparon al exilio y tuvieron que abandonar su Patria o la tierra donde pudieron fundar una familia como es el caso de mis padres. A todos ellos nunca se les permitió realizar reclamaciones y los tribunales revolucionarios eran un apaño del sistema.

Continúa expresando con ardor sus sentimientos:

Se sabe muy bien que las cárceles están llenas, precisamente no son presos comunes, la gran mayoría son políticos que no comulgan con las ideas que ahora se están imponiendo.

Pelayo prosiguió expresando sus pensamientos:

Lo que están consiguiendo estos milicianos es sembrar el odio entre hermanos, yo que nací aquí, estudie en la escuela la historia de Cuba y la independencia de España, nunca leí que se fomentara el odio contra los españoles, de hecho el postulado de José Martí decía todo lo contrario. Muchos dirán que sus ascendientes son de las Islas Canarias, de Galicia, de Asturias pero yo, ahora pregunto ¿Cuántos cubanos no son descendientes de españoles? Yo mismo contesto a mi pregunta, pues prácticamente la gran mayoría. La política que se está siguiendo ahora es fatal, pues fomenta el rencor y aviva el desprecio a quien no piense como ellos, han llegado a tal punto de adoctrinar a los niños para que denuncien a sus propios padres. Todo ello está contribuyendo a que se cree dos facciones, la de ellos, revolucionarios que se consideran salvadores del “Pueblo” y los que quieren una Cuba justa y democrática y no comulgan con sus ideas marxistas-leninistas, a quienes ellos llaman “gusanos” pero son patriotas y contrarrevolucionarios.

Continuó Pelayo con su alegato:

Yo estudié en la universidad Derecho y Ciencias Políticas, por cierto, me dio clase don Alberto, a quien tú conoces y ahora vive en Barcelona, en España, en alguna ocasión tú lo has nombrado. -Prosiguió la conversación y comentó- Lo que se está fraguando aquí es muy gordo, ya ha ocurrido en otras partes en épocas no muy lejanas, los ejemplos los tenemos en la Alemania nazi y en la comunista Unión Soviética, en primer lugar se auxilia al pueblo llano pero no le dan mucho, aunque si palabras muy bonitas pero sin sentido, alzan la bandera de la libertad y de la justicia, especialmente para las clases más desfavorecidas, y se convierten en paladines de la patria. Cuando esta primera operación concluye y cala en la ciudadanía y una vez que consiguen afianzarse en el poder, comienzan las purgas, los encarcelamientos y ejecuciones, al mismo tiempo nos van despojando de nuestros bienes, comenzando por los más ricos, pero ese saqueo no se detiene y llegará hasta el último ciudadano. En esa fase nos encontramos, ya han caído los que mandaban, fueran estos culpables o inocentes, les han seguido los terratenientes y demás compañías importantes, sean estas de capital nacional o extranjero, en estos momentos nos encontramos en la fase “de que a todos les toca”. Tampoco debemos olvidar las etapas de adoctrinamiento que empezaron desde antes de que Fidel hiciera su entrada el ocho de enero en La Habana.

Prosiguió el tertuliano expresando sus pensamientos:

Los gobernantes hicieron creer al pueblo que todo el mal que padecía Cuba era culpa de los norteamericanos, que comenzaron a llamar yanquis o gringos, cuando en nuestra tierra a los extranjeros de habla inglesa se les conocía anteriormente como “Míster” y siempre fueron bienvenidos. Con este cúmulo de estrategias se sembró el miedo y la desconfianza, se sirvieron de los más fieles y aduladores, aprovecharon la inocencia y buena fe de los leales y del campesinado para crear su milicia revolucionaria, que al igual que en China serían los garantes de la revolución. Con todo ello se constituyeron los Comités de Vigilancia, que son los que acechan en tu propio edificio, en tu cuadra, en tu barrio y en todas las ciudades o pueblos; es suficiente con que no le caigas bien a uno de estos chivatos para que te denuncie y entonces te tachan como contrarrevolucionario. Conozco casos de denuncias de hermanos contra hermanos y ya se ha llegado al extremo de hijos contra padres. Ya sabemos lo que pasó con el comandante Díaz Lanz, con Urrutia, con Matos y con otros, por poner en duda los procedimientos y manifestarse contrarios a los postulados comunistas y afirmar que estos no cabían en la revolución cubana, terminaron huidos o muertos.

Con estas últimas frases pone punto y final a su disertación. Jin también se despide de sus amigos asturianos y regresa a bordo.

Una vez a bordo, nuestro marino decidió saber algo más y su intención era enterarse por los milicianos que montaban guardia en el buque, para ello los invitó a tomarse algo fresco en el comedor de oficiales, pero como en otras ocasiones, primero uno y después el otro.

Ya en la intimidad del comedor, Jin le preguntó a uno de ellos.

¿Qué problema hay con los contrarrevolucionarios?

El guardia portuario comenzó a relatarle lo que él pensaba:

Mire, mi oficial, lo que pasa es que los yanquis quieren hacerse con Cuba y están buscando la forma de fastidiar la revolución. Mi jefe, que sabe mucho, nos ha advertido de que puede haber espías en cualquier parte, por supuesto aquí en este barco no, ustedes son de fiar pero sabemos que los cubanos renegados y los gringos están creando una fuerza contrarrevolucionaria. Nosotros estamos preparados para recibirla, los amigos que tiene el Comandante en Miami, se lo han dicho y los cabecillas de esa confabulación son agentes secretos gringos, uno de los amigos de mi jefe, que está en Florida, le comento que muchos de esos espías habían estado anteriormente en Cuba, en Guatemala y Venezuela. También le trasmitió que están entrenando a contrarrevolucionarios en las afueras de West Sante Lucil, pero cuando vengan los vamos a estar esperando, porque nuestro Comandante tiene amigos que le avisarán de lo que ellos planean y les haremos morder el polvo y se quedaran enterrados en las ciénagas cubanas. El pueblo está preparado y no tenemos miedo hasta los niños saben lo que tienen que hacer.

Con esta conversación y con algunas más que fue recopilando en sus diversas conversaciones con los milicianos, se percató que se estaba fraguando una nueva invasión a la isla, pero esta vez tenía la apariencia de que era de grandes proporciones, no como las anteriores a las que se podían catalogar de simples escaramuzas sin mayor importancia. Esto le preocupó mucho, ya que se po-día desencadenar una guerra civil y lo sentía por la cantidad de amigos que tenía en Cuba. Tampoco podía trasmitir sus pensamientos a sus amistades de la ciudad, porque al final la noticia iría de boca en boca y el servicio de inteligencia cubano averiguaría el origen de la noticia o quien la había difundido.

Pasaron los tres días de estancia en La Habana y como de costumbre se inició el regreso a España, efectuando las escalas en Cartagena de Indias, Maracaibo y La Guaira. En este último puerto, tan pronto como se produjo el atraque, se presentó a bordo un personaje que preguntó por el oficial Jin, un marinero lo acompañó al comedor de oficiales y allí se iniciaría el primer contacto entre Jin y el recién llegado, que al encontrase con nuestro oficial, manifestó:

Soy Michael, amigo de David y trabajo en la Embajada Norteamericana en Caracas, como él te informó, tenía interés en conocerte y charlar sobre Cuba, ya que nuestro común amigo de Puerto Rico me comentó que eres un gran conocedor de los problemas que se están viviendo en la Isla.

Nuestro Marino lo invitó a tomarse algo y mientras lo consumían iniciaron una conversación sobre la problemática cubana, después de esta charla el funcionario se despidió, pero antes se pusieron de acuerdo en verse de nuevo cuando el buque realizara otras escalas en ese puerto.

Había transcurrido poco más de una hora de esta conversación cuando se inició la maniobra de salida para realizar la travesía del Atlántico. Como era su costumbre, Jin comenzó a relacionarse con los pasajeros para conocerlos y saber un poco de sus vidas y las vicisitudes por las que habían pasado, por lo que, como en otras ocasiones se propuso organizar su habitual tertulia.

Al primero que conoció en esta travesía fue a Bruno, se trataba de un personaje singular ya que había participado, al mismo tiempo que los Castro, organizando la sublevación contra el régimen de Batista en el interior de Cuba, cuando se estableció el nuevo poder le asignaron un puesto relevante en la administración, pero poco a poco se fue percatando que las promesas emanadas al comienzo del levantamiento y las ofrecidas posteriormente por la nueva jerarquía distaban mucho de la realidad que se estaba viviendo en Cuba.

Al percatarse del camino que tomaba la revolución preparó un viaje a España y como excusa esgrimió que tenía que resolver una cuantiosa herencia, por lo que debía acudir a Sevilla para solucionar una serie de problemas bancarios y vender unas propiedades que había heredado de sus abuelos maternos y de su madre, ya que era el único heredero. Con estos argumentos y al ser funcionario del gobierno tenía que solicitar el correspondiente permiso para poder viajar y repatriar el capital de la herencia.

Sus superiores, al conocer la importante cuantía de lo heredado, le otorgaron la licencia correspondiente y le concedieron 90 días de permiso, pues consideraban muy importante la suma de dinero que se iba a ingresar en la isla.

Bruno, para esta comedia contaba con un amigo en la Embajada de España que era funcionario, quién le preparó la documentación y un escrito donde le informaba que debía comparecer ante el notario de Sevilla con el fin de tomar posesión de la herencia.

Pero los pensamientos de este decepcionado cubano eran otros, los cuales se los manifestó, en confianza, a nuestro protagonista:

Lo de la herencia es verdad, pero no tengo intención de volver, puesto que no me gusta nada la deriva que está tomando el gobierno cubano.

Al segundo día de navegación después de la salida de La Guaira, ya se había organizado la acostumbrada tertulia de Jin, en ella se encontraban dos de sacerdotes, un periodista, dos retornados gallegos y un funcionario gubernamental cubano que al principio despertó recelos entre los demás componentes de la mesa hasta que nuestro protagonista les afirmó que no tenían nada que temer ya que estaba seguro que dicho señor se iba a quedar en España y viajaba con un salvoconducto de la embajada, pues había pedido asilo político. Con esa explicación los demás tertulianos se decidieron a contar lo que habían pasado o lo que les había ocurrido a familiares y amigos.

El periodista fue el primero que contó su historia, se había refugiado en la Embajada de Panamá como perseguido político. Desde esa sede diplomática consiguió un salvoconducto para llegar hasta Barcelona, donde contaba con un primo suyo también periodista que ejercía en España.

Comenzó explicando sus vivencias:

Los gobernantes revolucionarios pretendían acallar a la prensa cubana, especialmente a la que no comulgaba con sus planteamientos, aunque siempre disimulaban y camuflaban sus actuaciones, pues no querían que se les volviera a citar en las reuniones de la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), como ya había sucedido en otras ocasiones. En su empeño por ese control y sometimiento de los medios, los dirigentes promovieron una reunión de las juntas directivas de los Colegios de Periodistas y de los Sindicatos de Artes Gráficas, aquí debemos tener en cuenta que los representantes naturales elegidos democráticamente en el pasado y que representaban al sector, los nuevos burócratas buscaron la manera de que cesaran en sus cargo y se impusieron otros adscritos al nuevo régimen. En esa reunión aprobaron la constitución de un “Comité” en cada periódico con el fin de evaluar todos y cada uno de los artículos o cualquier información que expresara algún comentario impropio a los intereses de la revolución o sea un “Comité de Censura”, el cual, después de realizar su labor fiscalizadora, debía añadir, al final de los artículos la siguiente nota: «Este artículo se ha publicado en atención a la libertad de prensa. Sin embargo, los trabajadores de este periódico advertían de que esta información, ni se ajustaba a la verdad, ni cumplía en lo más mínimo con las más elementales normas periodísticas». El periódico Prensa Libre le atribuyó a esta frase el nombre de “Coletilla”.

Ante esta decisión tan arbitraria que obstaculizaba en gran medida la libertad de prensa, no se hicieron esperar las primeras protestas, los periódicos que se manifestaron en contra de esta medida fueron. El Mundo, Información, Diario de la Marina, Prensa Libre y algunos más, que en estos momentos no recuerdo. Pero la gran paradoja de todo ello se reflejaba en el público, pues lo primero que buscaba eran los editoriales o artículos que mantuvieran esa “Coletilla”. Todo esto sirvió de poco, las autoridades, al no obtener los resultados apetecidos, comenzaron las amenazas y las restricciones de papel de periódico, aunque ni por esas hicieron acallar a los diarios y tampoco impidieron que los periodistas dieran su opinión. Pero el régimen estaba resuelto a silenciar, a toda costa, el sentir de la prensa. Después vendrían otras presiones y métodos que han conseguido, definitivamente, desaparecer muchas de las publicaciones y las que han sobrevivido es porque han pasado a otras manos más complacientes con el nuevo régimen, sentencio el periodista.

La vida a bordo seguía el ritmo acostumbrado, al igual que cada día, se reunía la tertulia, en esta ocasión contaba con nuevos contertulios, entre ellos se encontraba un señor como de unos cincuenta años, quién comenzó a relatar su historia:

Me estoy marchando de Cuba después de llevar más de treinta años en esta tierra, comencé trabajando en la recepción de un hotel de La Habana, ya que hablaba perfectamente inglés, pues mi madre era inglesa y mi padre de Santander, nací en la Costa Brava donde mi progenitor regentaba un pequeño hotel y mi progenitora daba clases de inglés en una academia. Como las cosa no marchaban bien en España, allá por los años treinta se decidieron emigrar a Cuba. A los pocos años conseguí el empleo que les mencioné anteriormente, pasaron los años y fui ascendiendo y últimamente ejercía como director de un gran hotel de la capital.

Realizó un descanso para tomarse un poco de su café, pero inmediatamente continuó:

Los milicianos nacionalizaron el hotel y me propusieron que continuara, pero no como director, pues ese puesto le correspondía a un miembro de la revolución, al principio acepté, pero estuve poco más de un mes, las condiciones económicas ya no eran las mismas y el trabajo iba en aumento, pues tenía que desarrollar el nuevo cometido que me asignaron y además debía ayudar al nuevo director en sus tareas, ya que no sabía nada de hoteles; durante ese periodo de tiempo me cansé de esa farsa, por lo que hablé con un primo mío por parte de padre, que conocía mi historia y me animó para que regresara a España.

Los demás tertulianos comenzaron a realizar sus propios comentarios y emitían sus opiniones. La conversación se mantuvo por esos derroteros un buen rato, pero de nuevo, el señor que había contado su historia, tomó la palabra:

También les voy a comentar que han tenido lugar muchas más expropiaciones y ocupaciones de lugares de lujo, inclusive el Habana Yacht Club, todo un símbolo para las misiones diplomáticas, según los rumores que se difundieron en esos ambientes, los milicianos están pensando, continuar con los demás centros. La iniciativa de estas acciones confiscatorias la emprendió el Ministro de Trabajo y fueron aclamadas y aplaudidas por los representantes comunistas que para mayor burla han sacado un estribillo que dice: “Cuando los de abajo se van para arriba, todos los de arriba se van pal carajo”. Como el tiempo había pasado rápidamente y era la hora del almuerzo se interrumpió la tertulia y cada cual se dirigió a sus camarotes para prepararse y disfrutar de la comida, quedando emplazados para esa tarde.

Transcurrían las singladuras, las tertulias se sucedían cada día y la mar estaba en calma, lo que invitaba a pasear por cubierta. En uno de sus paseos Jin se encontró en cubierta con Bruno, que estaba paseando solo y cabizbajo, a nuestro marino le pareció que estaba preocupado y se propuso hablar con él para animarlo. Comenzaron hablando de Sevilla, nuestro marino le comentó que la conocía muy bien, además tenía varios amigos allí y le podía facilitar sus direcciones, por si ellos pudieran ayudarlo en algo. Luego salió la conversación sobre la problemática cubana, por lo que Jin intuyó que este exiliado era buen conocedor de la misma, por ello le preguntó por la política cubana ya que, como funcionario, la entendería muy bien.

Bruno le manifestó que le iba a realizar una serie de comentarios de lo que pensaba, vistas las circunstancias, el cariz que estaban tomando los acontecimientos y las acciones de los nuevos gobernantes, le explicó:

Es muy difícil que los más altos funcionarios de este gobierno digan la verdad y siempre la disfrazan, desde el famoso Manifiesto de Sierra Maestra donde  se garantizó respetar la Constitución de 1940, llamar a las urnas para elegir a los futuros gobernantes de forma libre y democrática y a las cuales podrían acudir todos los partidos según el Código Electoral del 43, todo fue una farsa. Esta promesa tenía fecha de caducidad, un año después de haber derrocado al régimen de Batista, pero no se perciben indicios de que nada de eso se lleve a la práctica. Así mismo en ese manifiesto se apostó por una libertad plena, especialmente la de los medios de comunicación, y la mayor paradoja de todo este embrollo es que se anunció que en la Cuba revolucionaria no habría presos políticos, cuando actualmente las cárceles cubanas están llenas de ellos.

Continuó su explicación este pasajero:

Ahora mismo en Cuba solo gozan de libertad los que mantienen las mismas ideas que el régimen y los que hablan bien de los procedimientos de los rebeldes, por el contrario los que se atreven  a criticar o poner en duda las decisiones y las conductas de los nuevos gobernantes son detenidos y, en algunos casos, condenados a muerte. Desde el triunfo de la revolución, los que teníamos alguna responsabilidad dentro de la administración nos dimos cuenta de que lo que se había dicho en Camagüey, el cinco de enero de ese primer año, donde Fidel hizo una alabanza a la libertad y al respeto de la opinión pública, eran ya totalmente fingidas; esto se comprobó al cumplirse apenas el primer mes de mandato, comenzando por las purgas no solo de los funcionarios que estaban en el gobierno anterior, sino también de los líderes sindicales, que habían sido elegidos democráticamente.

Prosiguió Bruno diciendo:

Me considero democrático y luché para que se estableciera un régimen político multiplural, pero después de haber trascurrido más de un año me he dado cuenta que se va hacia un poder absolutista y a una dictadura marxista-leninista. Pero para conseguir estos fines y propósitos se amparan en que le van a dar lo mejor a la ciudadanía y se erigen en defensores de la misma, esto está muy lejos de la actual realidad cubana, por el contrario se aumentan las fuerzas armadas y la policía con el fin de oprimir aun más si cabe al pueblo, ya se comenzó a adoctrinar a la juventud y a fomentar la vigilancia y la intriga entre las familias. En este último año el gobierno, sistemáticamente, ha negado ser comunista, pero los indicios revelan todo lo contrario. Otra muestra de esa deriva se demuestra viendo lo que les ha sucedido a los que han osado oponerse a los planes prefijados por el gobierno cubano, se le ha presentado dos opciones, abandonar Cuba o la cárcel si persistían en sus críticas. Muchos son los ejemplos, y no lo digo por mí, pues al fin y al cabo no represento un peligro para el régimen, pero en mi conciencia no podía seguir aguantando más mentiras.

Con esto terminaron la conversación, pues la hora de la cena estaba cerca y ambos se despidieron hasta el próximo día.

Como solo quedaba una singladura para llegar a Tenerife, la tertulia del día siguiente se centró en hablar de la próxima escala y de la despedida de los canarios que venían a bordo, concluyendo esta primera etapa con la llegada al puerto tinerfeño a las 16:00 horas del día 14 de abril de 1960.

A partir de la salida de Tenerife, se sucedieron las escalas en los diferentes puertos peninsulares, según la ruta que mantenía el buque. La llegada a Barcelona se realizó el día 19 de abril a las 8:00 horas. Como en otras ocasiones, la vida de los tripulantes se desenvolvía con toda normalidad, manteniendo el pacto por ellos mismos impuesto.

Una vez concluida su guardia, Jin saltó a tierra para dirigirse a las Ramblas, en primer lugar llamó por teléfono a su familia, a continuación hizo lo propio con Miguel y quedaron de verse a las 5 de la tarde en la Plaza de Cataluña.

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