Capítulo 29 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1

Pudo ser un Undercover

 

Luego de leer 28 capítulos es momento de compartir el Capítulo 29 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Hubo obreros que se opusieron a Castro?

 

 

 

29

 

Una tertulia esclarecedora

 

Una vez concluido el desembarco de los pasajeros en ese puerto venezolano, se procedió a embarcar el pasaje con destino a Europa, el mayor número era para Canarias y Cádiz, para las ciudades de Valencia y Barcelona en realidad viajaban muy pocos. Así mismo ya se habían calmado los ánimos entre los pasajeros cubanos, después del mal entendido con Rubén.

Jin, siguiendo su costumbre comenzó a organizar, su habitual tertulia, en esta ocasión consiguió reunir en el entorno de la mesa de estribor a personas que habían embarcado en La Habana, pero también se sumó un pasajero que procedía de Caracas y cuyo destino era la isla de La Palma. El primero que pretendía intervenir era precisamente este pasajero, cuyo nombre era Cipriano.

Resulto ser un cubano huido que había conseguido llegar a Venezuela, después de escapar del cerco en el que se encontraba al pertenecer a una célula guerrillera anticastrista de la Sierra de Escambray. Los tertulianos, entre los que se encontraban un periodista, un profesor de la Universidad de La Habana, otro de enseñanza secundaria, dos religiosos y un Licenciado en Ciencias Comerciales; al enterarse de esta circunstancia, le pidieron que les contara su historia.

La historia y vicisitudes de este combatiente contrarrevolucionario la relatamos tal y como él la contó:

Desde la mitad del 59 se inició la lucha contra el nuevo régimen, porque para algunos idealistas de Sierra Maestra, ya se había traicionado la letra y el espíritu que impulsó el levantamiento contra Batista. Recuerdo que por Bahía de Navas, en la costa norte de Baracoa, Guantánamo, se produjo un primer intento al desembarcar un grupo capitaneado por el indio Feria, pero esa insurrección duró poco, pues algunos del comando fueron abatidos en combate, los restantes capturados y posteriormente fusilados.

A los pocos meses de este suceso se organizaron otros grupos con los mismos propósitos, se establecieron en las sierras y así se continuó con pequeñas insurrecciones durante los meses venideros. Por noviembre del 59 se formó un grupo de mayor consideración, que se ubicó por Oriente y se instaló en las cercanías de Canabacoa. Posteriormente ocurrió un suceso a raíz de la muerte del comandante Naranjo, quien formara parte del contingente miliciano desde el inicio del desembarco del Granma. Este comandante estaba obstinado en averiguar la verdad sobre la misteriosa muerte de Camilo Cienfuegos. El comandante fue asesinado y la culpa recayó sobre Manuel, capitán de los milicianos y persona que molestaba a los intereses marxistas-leninistas de los nuevos mandatarios y a quién consideraban una amenaza para sus planes.

Manuel se vio perseguido por un crimen que no había cometido, se refugió, con muchos de sus hombres, en Sierra Maestra y desde allí trató de demostrar su inocencia. A este grupo se le unió un grupo de campesinos también descontentos por los abusos que estaba cometiendo el nuevo régimen. Por ese tiempo, el Che desplazó a la zona una gran cantidad de efectivos, donde se produjeron una serie de escaramuzas y combates, los cuales fueron mermando a estas fuerzas anticastristas. A pesar de que este grupo contrarrevolucionario estaba bien adiestrado en el combate, iban perdiendo posiciones y estaban llamados al fracaso debido a dos razones principales: en primer lugar, no contaban con ayuda externa, ya que por esas fechas, todavía se pensaba en los Estados Unidos que el régimen de Castro no era un problema para los intereses norteamericanos y en segundo lugar, no habían secundado este alzamiento otros grupos comprometidos, especialmente la población civil, quienes estaban embrujados con las promesas y los cantos de sirena de Castro, pensaban que todo con el tiempo iría a mejor, en una palabra, los tenía engañados.

Mientras tanto, en las montañas del sur de Escambray, por la zona conocida de La Sierrita, otros grupos guerrilleros iniciaron su lucha acompañados por algunos milicianos descontentos que cada día se enfrentaban a las bien pertrechadas fuerzas armadas de Castro, mientras ellos disponían de muy pocos medios. Por esas mismas fechas se había desarrollado otro movimiento contrario al régimen impuesto por los revolucionarios, lo encabezaba el dirigente obrero David Salvador. Este movimiento protagonizó varios levantamientos, entre ellos, uno al norte de esa sierra, donde me encontraba. Nuestro radio de acción se extendía desde Cebado a Los Cedros y Las Moscas.

Uno de los estrategas milicianos que nos acompañaban en esa aventura pensó que había que ir ampliando la zona de combates para ponérselo más difícil al ejército miliciano, por lo cual propuso extenderla por varios puntos de la geografía insular y con un grupo reducido de combatientes se dirigió a Sierra Maestra para activar la lucha, pues se sabía que por esa región había decaído después de la captura y el fusilamiento de Manuel.

También les llegaban noticias de las acciones del grupo de Oriente y de los combates que realizaban contra los milicianos de Fidel, a pesar de que Castro y los suyos trataran de silenciar estos actos de valentía, donde se producían destacados éxitos, que los medios adeptos al régimen procuraban no difundir para que la población no fuera consciente de ello. Pero esta lucha no duró mucho tiempo en esa parte del país, ya que el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias movilizó a más hombres y pertrechos guerreros con el fin de cercarlos, darles muerte o capturarlos, para posteriormente fusilarlos sin ningún tipo de juicio.

Los de la parte de Escambray íbamos sobreviviendo como podíamos, nos escaseaban las armas y municiones, no así la comida, pues los campesinos de la zona nos proveían de ella a pesar de las amenazas y la represión de las autoridades de esa zona. Un joven del Caserío del Cebado, cercano a la ubicación de los combatientes, trajo noticias desde la población de Camanayagua, de los acontecimientos ocurridos en la capital, que según contaban, se produjeron con motivos de la visita del soviético Mikoyan a Cuba.

El hecho se desató al tratar de afear la conducta del Ejecutivo Cubano, ya que este dirigente de la URSS depositó una corona de flores ante la estatua de José Martí lo que supuso para el Directorio Revolucionario Estudiantil del 60 toda una burla, ante el Prócer. El grupo estudiantil, que encabezaba Muller, organizó una protesta por ese acto, que fue reprimida brutalmente por la policía y agentes de la seguridad del estado, donde hubo multitud de heridos y una mayor cantidad de detenidos, entre ellos, se encontraba este dirigente anticastrista, que posteriormente, consiguió escapar y con la ayuda de unos amigos salió de la Isla hacia Miami. Pasado un poco de tiempo regresó clandestinamente, en su breve destierro consiguió armas y pertrechos militares, para equipar a varios de los grupos de alzados, y los exiliados en los Estados Unidos le prometieron que a muy corto plazo habría mayores suministros que hicieran posible sostener la lucha, a nuestro grupo también le llegó esa primera entrega, lo que nos proporcionó un incentivo para seguir combatiendo.

Con esos suministros, el grupo se incrementó y adquirió cierta importancia para el régimen, lo que provocó un desplazamiento de parte de los efectivos que mantenían en Sierra Maestra hacia nuestra zona, y esto le facilitó la labor a Muller para reorganizar su agrupación en ese lugar. Hasta ese reducto llegaban más voluntarios que trataban de unirse a la lucha contra la ya declarada Republica Comunista del Caribe, como se le conocía en los ambientes políticos moscovitas. Pero el siguiente envío de armas y municiones no llegó, lo que diezmó a ese contingente anticastristas, ello ocasionó otro inconveniente, ya que se había establecido que el grupo de Sierra Maestra debía prestar apoyo, en su momento, a los patriotas que en el futuro pretendían realizar un desembarco en la mayor de las Antillas.

Supuestamente, cuando esto ocurriese ocasionaría una división de las fuerzas de Castro en ambos frentes y crearía tal confusión que los militares castristas no sabrían bien por donde estaban siendo invadidos. Este patriota era una persona muy organizada y gozaba de amplias simpatías entre el campesinado, si hubiese conseguido equipar a sus partidarios  podría haber tenido a más de dos mil combatientes en Sierra Maestra. A pesar de no recibir los pertrechos, su ánimo no decayó y de igual manera siguió combatiendo en los montes, con la esperanza de que le llegaran los suministros prometidos, los cuales debían llegar a través de un desembarco relámpago, que tenía que efectuar el brigadista Nino y sus 150 hombres, pero esto no sucedió y nunca se supo la causa. Desde ese momento, el grupo de Sierra Maestra tenía sus días contados, muchos de ellos fueron capturados y otros muertos en la lucha. Entre esos valientes se encontraba el guajiro Marcelino, responsable de la organización de los Comandos Rurales, a quien desde hacía algún tiempo lo buscaba la G2 para detenerlo y hacer pública su ejecución.

Continuó con su disertación Cipriano:

Por esos tiempos se produjeron algunos levantamientos más, destacando uno especialmente, por la unión de dos grupos guerrilleros anticastristas, que, aunque mantenían diferencias ideológicas, no les supuso inconveniente para concentrarse en Arroyo Blanco y realizar varias escaramuzas que pusieron en aprieto a las milicias rurales de Castro. Como repuesta, el mandatario desplazó a la zona un gran contingente del ejército rebelde desde Camagüey, con objeto de cercarlos y aniquilarlos, para que “sirvieran de ejemplo”, como decían ellos. Posteriormente era difícil la comunicación entre los grupos alzados, pues toda la Isla se podía considerar como sometida a un toque de queda, los movimientos no eran posibles, pues cada pocos kilómetros se encontraban apostados, en las carreteras y caminos, grupos de milicianos que a la menor sospecha tenían órdenes de detener a cualquiera que les resultase anticastrista, pero alguna información siempre nos llegaba y por ella sabíamos que se encontraban activos más de sesenta grupos anticastristas en toda la Republica, que se dedicaban a asestar golpes esporádicos y a organizar escaramuzas guerrilleras contra las instalaciones militares del régimen, los muertos por ambos bandos fueron considerables, aunque los medios adheridos a los Castro los negaban.

De forma particular les contaré lo sucedido en Escambray y del grupo donde yo me movía, efectuábamos ataques esporádicos a instalaciones militares y de la policía, también atacábamos camiones de suministros del ejército, donde requisábamos armas y municiones para continuar la lucha, pero la situación no mejoraba, y en muchas ocasiones nos vimos comprometidos, pero no nos rendimos, aunque sabíamos que la muerte era lo que nos estaba aguardando.

Un día decidimos aventurarnos a escapar esperando en el futuro encontrar una nueva oportunidad, analizamos la situación y junto con otros compañeros nos propusimos romper el cerco al que nos tenían sometidos el ejército rebelde, por esa época manteníamos activos varios frentes en esa zona, nos comunicábamos por medio de los campesinos que siempre nos prestaron su apoyo, pues muchos de ellos no estaban conformes con lo que había hecho el nuevo régimen, primero les prometieron tierras y medios para trabajarlas, posteriormente tenían que entregar las cosechas, recibiendo a cambio algo para poder sobrevivir, en definitiva, se sentían engañados. Como comentaba, nuestras conexiones eran buenas y los avisos de los habitantes de esos caseríos nos alertaban del movimiento de tropas, con ello nos adelantábamos y cambiábamos de posición, todo lo contrario les sucedía a los compañeros que estaban en Sierra Maestra, que su movilidad era escasa y por este motivo los pudieron rodear y rendirlos. Por esa razón, nuestro grupo se anticipaba a los acontecimientos, y en algunas ocasiones sorprendimos a los milicianos y les infringimos algunas derrotas. Pero la munición se acababa, los pertrechos militares no eran suficientes y detectamos que habían sometido a castigos ejemplares a varios de los campesinos que nos nutrían de alimentos e información, no solo a ellos, sino también a sus familiares. Por no querer perjudicar a los que tanto nos habían ayudado y al encontrarnos sin suministros, muchos se pudieron retirar y dispersarse entre la población campesina. Otros, entre los que me encontraba, decidimos salir del asedio al que nos encontrábamos sometidos; aprovechando la noche nos fuimos escabullendo en grupos de dos o tres, como máximo, conservando cierta distancia de un grupo a otro, por si nos veíamos sorprendidos poder auxiliarnos entre nosotros, de esa manera conseguimos ganar terreno hasta romper el cerco sin disparar un solo tiro, luego, al encontrarnos seguros, nos separamos y procuramos mezclarnos entre la gentes en los pueblos.

De esa manera pude llegar hasta Santiago de Cuba. Primero me refugié en casa de un amigo, pero iba cambiando de ubicación cada dos días, hasta que logré embarcar en un pesquero donde mi primo ejercía de patrón, al tener la cartilla de pescador, faenábamos por la zona de Punta Maisí. En el segundo viaje, le conté a mi pariente los problemas que tenía, por lo que prometió ayudarme a escapar de Cuba, en ese segundo viaje simularon una avería del motor cuando estaban cerca de Haití y se acercaron a su costa, allí conseguí desembarcar, con muchos sacrificios atravesé esa nación, no sin cierto temor, puesto que los haitianos todavía tenían en su recuerdo la invasión que habían realizado los milicianos cubanos, esta mención le recordó a Jin las palabras de don Jesús, cuando hizo referencias a ese incidente entre las dos naciones, pero con mucho sufrimiento y la generosidad de ese pueblo, alcancé la ciudad de Santo Domingo, desde allí y por medio de exiliados cubanos, viajé en otro pesquero hasta Cumaná en Venezuela y en una cava de pescado llegué hasta Caracas. Permanecí escondido por unos días en casa de unos amigos canarios, pues estaba indocumentado. Ya que parte de mi familia de Cuba procedía de las Islas Canarias, estos amigos se pusieron en contacto con unos familiares míos de la isla de La Palma, desde donde me enviaron una carta y una recomendación del Gobernador Civil de la provincia de Santa Cruz de Tenerife para que me presentara en el Consulado de España con el fin de darle solución a mi problema, y conseguí arreglar mi situación. Ahora me encuentro en este buque español camino de Canarias, donde tengo una tía y un primo que me han ofrecido trabajo en su isla.

Con esto terminó Cipriano su historia.

Cipriano, con anterioridad le había hecho una confidencia a Jin, pero no quería que los demás la conocieran, especialmente los exiliados, para no despertar desconfianzas:

Una vez finalizada la contienda y al asentarse en el poder los nuevos dirigentes, me destinaron a la Policía Nacional Rebelde, pero al ver que no se cumplían las promesas realizadas en Sierra Maestra, opté por sumarme a la guerrilla anticastrista con otros compañeros que no estaban de acuerdo con lo que estaba ocurriendo.

El periodista que se encontraba en la tertulia felicitó a nuestro combatiente y le expresó su admiración por el valor demostrado, añadiendo que su entereza y valentía eran de otra estirpe, después de este preámbulo comenzó a narrar su historia:

Yo no estuve en la lucha armada, mi lucha se desarrolló con las ideas y la palabra.

Los demás tertulianos le animaron para que la contara, por cierto el nombre de este periodista era Alan, quien después de esta pequeña interrupción prosiguió con su relato:

Desde mi más temprana edad fui educado con los valores liberales y desde la casa de mis padres se combatía la injusticia y la tiranía imperante en Cuba de los años 40 y 50, mi padre compartía la enseñanza y el periodismo, lo que creo influyó más tarde en mi vocación. Una vez derrocado el régimen de terror imperante en Cuba que se vivió en  los últimos 8 años, las esperanzas volvieron para todos los demócratas con el reciente triunfo de la revolución, pensando, según se iban produciendo las primeras declaraciones de los nuevos mandatarios, que por fin íbamos a tener una libertad duradera, pero mientras transcurría el tiempo y sin apenas cumplir su primer año de mandato, muchos se dieron cuenta de que les había tocado una dictadura aún mayor. Por esa razón comencé a escribir, manifestando mi opinión contraria al establecimiento de un régimen comunista en la Isla.

Nuestro tertuliano hizo un pequeño alto en su disertación para refrescarse la garganta y continuó:

Por esos tiempos estaba estudiando en la Universidad de La Habana y compaginaba mis estudios con el trabajo en un periódico de corte liberal, donde expresaba los pensamientos de mis compañeros universitarios y de otros jóvenes que creían firmemente en la libertad y en la democracia. Una maniobra de los servicios secretos del régimen relacionó los disturbios y alborotos acaecidos con el periódico donde desarrollaba mi labor. Con testigos falsos y testimonios de compañeros universitarios militantes del partido comunista, me detuvieron, llevaron a juicio y me acusaron de conspiración, atentado y de algunas cuantas cosas más, en definitiva, me condenaron a varios años de reclusión en un centro de reeducación para jóvenes. Conseguí escapar de ese reformatorio y con la ayuda de amigos de mis padres me fui escondiendo, ya que los domicilios de mis progenitores y de otros familiares estaban constantemente vigilados, me refugiaba de casa en casa y de una en una de mis amistades menos conocidas por la policía, y en algunas casas de compañeros de universidad. Al poco tiempo, recibí el apoyo del director de un periódico, quien consiguió introducirme en la Embajada de Colombia, esa sede diplomática me facilitó un salvoconducto para viajar hasta Cartagena de Indias. Un amigo de mi padre, del Partido Liberal, me dio cobijo y a través de otros familiares consiguieron arreglarme un visado de residencia en Venezuela. Pasado un poco de tiempo y por reagrupamiento familiar, ahora me dirijo a España para reunirme con mi hermano, que consiguió escapar a través de la Embajada de España y hace un par de meses viajó en este mismo buque hasta Barcelona, donde tenemos otros familiares.

Cuando Alan concluyó su charla, se levantó la mesa de la tertulia, pues ya habían llamado para el almuerzo. Todos quedaron emplazados para la tarde a la hora del café. A las 16:00 horas se volvieron a reunir y en esta ocasión tomó la palabra el profesor universitario, don Jerónimo, que comenzó diciendo:

No he vivido las aventuras y desventuras de los anteriores intervinientes, pero sí he sufrido persecución y acoso por parte de otros colegas afiliados al partido comunista, ese mismo mal trato me lo ocasionaban los alumnos, unos porque compartían los mismos principios que esos profesores y había otros que, escudándose en esas mismas teorías, pretendían que los aprobara sin haber apenas estudiado. Pero para entender la situación que había creado el nuevo régimen con respecto al sistema universitario, debo remitirme a  las diversas etapas desde la fundación de la Universidad de La Habana.

Esta institución con más de doscientos años de existencia mantenía un prestigio internacional, no solo en la línea pedagógica de sus diversas facultades, sino también por sus valores éticos y de libertad. Fidel Castro, que se había formado allí como abogado, conocía muy bien los pensamientos y el espíritu de libertad y justicia que allí se respiraban desde su fundación, pues desde su campus y en el transcurso de los tiempos se había distinguido por la defensa de la autonomía de pensamiento e independencia de enseñanza, oponiéndose a toda dictadura, autocracia o imposición de valores contrarios a la libertad.

Desde sus aulas y durante todos los tiempos se había luchado siempre que se quería someter al pueblo a una dictadura, y no se admitía ningún régimen tiránico que pusiera en peligro la libertad y soberanía de la ciudadanía y esto había sucedido a lo largo de su existencia. Precisamente esos valores fueron los que le dieron la oportunidad a Castro y a muchos de sus compañeros de entonces para llevar adelante la rebeldía contra la dictadura de Batista, y él, como buen conocedor de esos pensamientos democráticos que se respiraban y vivían en la vida universitaria, tenía la necesidad de callarlos y controlar las ideas de libertad que allí se asentaban con la única finalidad de llevar adelante su implantación marxista-leninista. Con este último comentario finalizó el profesor.

Al día siguiente a la hora acostumbrada, iban llegando los tertulianos, que se acomodaban en la mesa de la tertulia. En esta ocasión el padre Jesús comenzó su charla:

Se aproximaba el inicio del curso escolar 1960/1961, pero las insinuaciones del gobierno, por un lado y los ataques de los reaccionarios por otra, marcaban la intranquilidad y desasosiego sobre el futuro de la enseñanza privada. Los que abrazaban la ideología marxista, aun siendo minoría, empleaban métodos intolerantes y provocadores consiguiendo situarse en las más altas esferas del gobierno a sus correligionarios. En todos sus actos se hacía sentir su régimen tiránico, ya que la policía y los cuerpos de seguridad G2 imponían el terror sin ningún miramiento.

Para la mayoría de la ciudadanía pocas alternativas había ante esa opresión, se  plegaban ante esta situación y callaban sus réplicas o tomaban el camino del exilio. La situación se iba agravando, los ataques contra la escuela privada se fueron acentuando y el ataque definitivo se estaba esperando de un momento a otro. Ese momento llegó al finalizar el primer trimestre del año 61, con el pretexto de la inminente invasión que iban a propiciar los norteamericanos, fueron miles los detenidos y como no podía ser menos, los dueños de los colegios y profesores de las escuelas privadas, quienes fueron encarcelados y los colegios y escuelas tomadas por los milicianos. Cualquier excusa era buena para inflamar a las masas, una reunión en algún centro católico, un incendio, una explosión, servían para culpar a la iglesia y al profesorado de la escuela privada, lo que ha desatado represalias masivas contra el clero y se ha llegado a pedir la pena de muerte para sacerdotes y religiosos, ahora continúa el padre Lucas.

El anuncio de la invasión de Playa Girón significó el comienzo de la ocupación y desalojo de las escuelas privadas en toda la República, la tortura tanto física como mental era la regla general, las amenazas que se hacían, veladamente, completaban los hechos en toda su magnitud, los milicianos comenzaron a destrozar cualquier cartel que hiciera mención a la iglesia y su preocupación por la fe cristiana. Toda vinculación de la enseñanza con la iglesia fue criticada duramente, se decía que estos centros eran nido de víboras contrarias a la revolución y amigos de la tiranía, en los días anteriores a la invasión de Girón, muchos fueron los arrestados, empezando por el Obispo Auxiliar de La Habana, Monseñor Boza Masvidal, que a su vez era el Rector de la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva. Se sucedieron fusilamientos, entre ellos, de varios miembros de la Agrupación Católica Universitaria.

Durante todo el mes de abril la situación continuó de la misma manera, hasta el día primero de mayo, donde Fidel Castro en un discurso anunció la completa nacionalización de la enseñanza privada. Ese fue el pistoletazo de salida, ya que las turbas seguidas por los milicianos, prácticamente arrasaron con todos los bienes de la escuela privada en Cuba. Esto selló de manera definitiva lo que había planeado, desde un principio, en una declaración del Ministro de Educación: “Si políticamente nuestra revolución es ya socialista, la enseñanza en las escuelas tiene que asentarse sobre las bases marxistas del materialismo histórico”. Estas ideas, desarrolladas por Lenin y Stalin, están siendo aplicadas actualmente por el nuevo régimen en nuestra tierra.

Con esta última parte concluyó el padre Jesús su charla, prosiguieron una serie de comentarios, la gran mayoría estaban a favor de la convivencia de los dos sistemas de enseñanza, la pública y la privada, ya que era lo más extendido por todo el planeta.

Finalizó el día, la navegación era placentera, las jornadas a bordo discurrían amenas no solo para los tertulianos sino para el resto de los pasajeros, momentáneamente muchos de ellos habían dejado las preocupaciones a un lado, aunque no su tristeza por que habían abandonado su querida Cuba, pero la situación para la mayoría que tenían que sufrir ese destierro forzoso era inevitable; muchos de los allí embarcados, habían sufrido represalias, abusos, atropellos y más de uno si hubiera persistido en su actitud en busca de su libertad definitiva, ahora estaría sufriendo el tormento de la cárcel.

Como venimos relatando, la vida en el buque para los pasajeros, al disfrutar de buen tiempo, era entretenida; por la mañana se servían desayunos desde la 07:00 hasta las 09:00 horas, por lo general se organizaban juegos, charlas, se escuchaba música o se podía acudir a la biblioteca a realizar lecturas, a las 12:00 se emitían las noticias, tanto de España como internacionales, que habían grabado los oficiales radiotelegrafistas, que las recopilaban durante las horas anteriores. Al medio día se abría el comedor para el almuerzo, hasta las 14:00 horas, a continuación, para el que no le apetecía descansar la siesta, podía disfrutar de la lectura, escuchar música o participar en juegos de salón con otros pasajeros. Por la tarde, a partir de las 16:00 horas se servía una merienda a base de café, té, acompañado de galletas y pastas, ya las 19:00 horas y hasta las 21:00 se ofrecía la cena, después de esta hora se organizaba un baile con la orquesta de aficionados de a bordo, se proyectaba una película o preparaban los juegos de salón, de esta manera transcurría una singladura a bordo.

Pero a pesar de todas estas distracciones, la tertulia organizada por Jin siempre tuvo lugar en todos los viajes, ella sirvió para hacer nuevas amistades y como válvula de escape y desahogo de tantas angustias y penurias acumuladas. Un día más se reunieron los tertulianos para expresar sus opiniones sobre lo que estaba ocurriendo en su querida Cuba. Como ya se habían debatido, los atropellos sobre la enseñanza privada y entre los tertulianos se encontraba un Licenciado en Ciencias Comerciales, el periodista le pidió que emitiera su opinión sobre lo que iba significar el comunismo para la Nación desde el punto de vista económico.

Comenzó a hablar don Cesar:

Como todos sabemos, Cuba mantuvo por muchos años una democracia participativa, aunque en algunos periodos de tiempo imperó la tiranía y si nos referimos al último decenio la dictadura imperante fue muy dura y con gran represión política, pero la iniciativa privada, la libertad de empresa y la libre circulación de capitales nunca se vieron afectadas. En estos dos primeros años, al pasar de un régimen capitalista como el nuestro a uno donde impera un comunismo brutal, se ha marcado la diferencia y todos nos hemos sentido afectados, especialmente al romperse los tradicionales lazos de amistad e intercambio comercial con los Estados Unidos. Ahora nos encontramos con una gran escasez de todo lo necesario para subsistir, la tradicional pujanza económica, que en líneas generales, veníamos disfrutando se ha esfumado con el nuevo régimen. Con esta última aseveración puso el licenciado punto final a su acertada intervención.

Trascurrió un nuevo día sin mayor incidencia, pues en unas pocas horas se llegaría al puerto de Santa Cruz de Tenerife, aquí desembarcaron bastantes pasajeros, entre ellos Cipriano, que se despidió de todos muy efusivamente, a Jin le prometió que cuando supiera que el barco regresaría de un nuevo viaje desde La Habana, se desplazaría de La Palma hasta Tenerife para visitarlo y para que Jin le contara nuevas noticias de su Cuba.

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