Capítulo 28 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1

Pudo ser un Undercover

 

Luego de leer 27 capítulos es momento de compartir el Capítulo 28 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. El protagonista regresa a América.

 

 

 

 

28

 

De nuevo rumbo a América

 

Como de costumbre, el buque pertrechado y con los pasajeros a bordo partió de su puerto base siendo la 18:00 horas, el derrotero se fijó hacia Génova. El tiempo en el Mediterráneo era malo, la mar estaba revuelta, con olas de más de 3 metros de altura, soplaba un viento de fuerza 4, lo que hacía que el buque se balanceara constantemente, al romper el mar en la proa hacía que la espuma salina envolviera a la nave en su totalidad, por lo que se aconsejó no salir a cubierta. Toda la vida a bordo pasó a desarrollarse en  el interior del buque, los pocos pasajeros que embarcaron en Barcelona con destino a Génova y Marsella lo hicieron unos por placer otros por trabajo. La compañía mantenía estas escalas porque, tanto en el puerto italiano como en el francés, se recibía pasaje con destino a los puertos de Sud-América y del Caribe.

Después de que se arribó y se efectuó la salida de los puertos de Génova y Marsella, se realizó la escala en Barcelona, donde se recibió una considerable cantidad de pasajeros, una vez se concluyeron las faenas en ese puerto, se puso rumbo al sur haciendo escalas en Valencia y Alicante, donde también se recibieron pasajeros con destino, principalmente, a Venezuela. En Cádiz, como caso excepcional, embarcaron cuarenta hombres, que según se comentaba a bordo, eran trabajadores que viajaban a Republica Dominicana. Se continuó la singladura hacia el sur hasta que se llegó a Santa Cruz de Tenerife, donde embarcaron la mayor parte de los pasajeros, unos con destino al puerto de La Guaira, otros se dirigían a San Juan de Puerto Rico y algunos a Cartagena de Indias, Colombia. Precisamente, hacia este último puerto se trasladaba un actor canario que iba a protagonizar una serie para la televisión colombiana, y el hecho de nombrarlo se debe porque desempeñó algunas anécdotas en Cuba y en el buque.

A la salida de Tenerife, el viaje se presumía agitado, ya que la mar estaba encrespada y los vientos alisios soplaban con cierta fuerza, pero según el parte del mediodía del servicio meteorológico marítimo trajo consigo un rayo de esperanza, ya que se trataba de una baja presión situada sobre Canarias, según los cálculos que se habían realizado, teniendo en cuenta la velocidad de 18 nudos, se dejaría atrás en unas quince horas. El pasaje, en su mayoría permaneció recluido en sus camarotes pero al comunicarles la noticia de la mejoría del tiempo, se alegraron muchísimo, pues muchos de ellos ni siquiera habían comido por el fuerte mareo que padecían.

Como se suele decir “después de la tempestad viene la calma”, pues esa frase hecha se cumplió, después de que transcurrieron unas veinte horas desde la salida de Tenerife y habiendo navegado unas 350 millas, por esa latitud se encontraron con un tiempo apacible y una tenue y refrescante brisa que procedía del Atlántico Norte, por lo que la navegación hizo mucho más agradable. Los pasajeros ya se incorporaron a la vida de a bordo, comenzaron a frecuentar los salones y casi la totalidad acudían al comedor, lo que propició las relaciones y que se hicieran nuevas amistades. La mayoría eran emigrantes cuyo destino final era la patria de Bolívar, muchos de ellos, acudían a la llamada de familiares o amigos que les habían prometido una mejor vida y sus comentarios decían: -“si se trabaja duro se puede hacer dinero para ahorrar y mandar a las familias que quedaron en España”. Otros iban a Puerto Rico, pero la administración gubernamental en esa isla estaba tutelada por los Estados Unidos, por lo que la entrada allí se producía, bien por contrato de trabajo preestablecido o por lazos familiares directos, por esa circunstancia los pasajeros a San Juan eran pocos. Como escala excepcional, en este viaje se recalaría en República Dominicana para desembarcar a los 40 pasajeros.

La siguiente escala sería en La Habana, para este puerto solamente viajaban 2 familias, una integrada por 3 miembros y otra por 4. Estas familias habían permanecido asiladas en España por motivos políticos pues habían huido al principio de los años 50 para escapar del régimen de Batista. Para Colombia también viajaban pocas personas, un total de doce, dos matrimonios jóvenes, cada uno con un niño pequeño, para reunirse con sus familiares, dos representantes de comercio que iban a visitar las sucursales establecidas en ese país y dos sacerdotes que se incorporaban a sus órdenes religiosas; completaban esta lista una cantante española que tenía un contrato en un teatro de Bogotá y el actor canario de televisión.

Transcurrieron las singladuras y en la madrugada del séptimo día desde la salida de Tenerife cruzaron el estrecho entre las islas Dominica y Martinica, pertenecientes a la cadena que conforman las pequeñas Antillas, que sirven de barrera natural de la costa venezolana. Horas más tarde llegaron a su primera escala La Guaira allí desembarcó la mayoría de los pasajeros, y embarcó una minoría. En este caso, dos pasajeros para Puerto Rico y tres para La Habana. Después de que se concluyeron las faenas en el puerto de La Guaira, se prosiguió viaje hacia la acostumbrada escala técnica de Curazao, a continuación se emprendió el viaje a San Juan de Puerto Rico.

En San Juan, nuestro oficial recibió la visita de David, que lo invitó a tomar algo en un restaurante que estaba inaugurando un cocinero vasco que se había establecido recientemente en la parte vieja de la ciudad, Jin aceptó la invitación y le pidió que le concediera unos minutos para concluir unas tareas que tenía todavía pendientes. Pasados unos diez minutos, nuestro marino se reunió con el profesor y dando un paseo se dirigieron a la parte vieja de San Juan que estaba relativamente cerca del muelle de pasajeros.

Durante la caminata iban charlando de cuestiones que no albergaban mayor importancia hasta que David le preguntó:

¿Tuviste la entrevista en Barcelona?

Nuestro protagonista comenzó a relatarle su encuentro:

Primero, en la mañana, me visitó Juan y posteriormente, por la noche me vino a buscar para ir a cenar con una señora que parecía la directora de una agencia, aunque según me dijo ella era simplemente “La Condesa”. Durante la conversación me aclararon muchos puntos y de nuevo me propusieron lo mismo que tú -prosiguió Jin- También les manifesté que no tenía muy claro lo que me pudiera ocasionar el comprometerme en ese asunto, así mismo les comuniqué que para mí no era ningún problema trasmitirles lo que fuera oyendo y lo que me contaran, pero sin mayores compromisos, ni por una parte ni por la otra. Las referencias que les hiciese, serían similares a las que pudiera realizar a cualquier persona que tuviese interés por los sucesos cubanos y que por el momento no me pidieran más, lo mismo hago extensivo a ti.

De esto hablaron los amigos mientras disfrutaban de la comida típica vasca.

Concluida la estancia en San Juan se prosiguió el viaje, después de las maniobras de desatraque y rebasada la bocana de la bahía pusieron rumbo a Santo Domingo, en República Dominicana. Esta era la primera vez que realizaban esa escala, la misma estaba justificada para desembarcar los cuarenta pasajeros, todos hombres; algunos comentarios de los que circulaban por el trasatlántico, referían que eran operarios que iban a trabajar en la construcción de una presa, aunque ellos no eran muy habladores y se relacionaban poco con los tripulantes y menos con los otros pasajeros, pero la impresión que tenían la mayoría de los marinos, por el aspecto y la manera militar de comportarse, y cierta jerarquía de mando entre ellos, apuntaban a que eran mercenarios. Siempre fueron correctos en el trato con las demás personas de a bordo, pero estos comentarios eran generalizados.

Para Jin, que durante algún tiempo de su servicio militaren en buques de la Armada estuvo llevando suministros para la Legión Española que estaba destacada en la región del Sahara Español en la costa occidental de África, eran sin duda miembros de la Legión que por alguna razón habían sido enviados a esa isla. Por cierto, otra cuestión que observó nuestro marino fue que ninguno de estos pasajeros mostró intención de saltar a tierra en San Juan, ya que para obtener permiso era preceptivo que las autoridades de emigración norteamericanas examinaran sus pasaportes con el fin de permitirles bajar a tierra. De igual manera, recordó las explicaciones de don Jesús, el abogado amigo de don Alberto, cuando le contó el intento de Castro de invadir la Republica Dominicana.

Una vez el buque se encontró en mar abierta, fijaron el derrotero hacia República Dominicana, para ello se prosiguió costeando durante unas horas el litoral puertorriqueño hasta llegar a Punta Borinquén, donde se cambió el rumbo hacia el sur para enfilar, por el oeste, el estrecho de la Isla Mona, que se encontraba en aguas dominicanas. Dejaron atrás por estribor la Isla Saona y continuaron navegando hasta la llegada al puerto de Santo Domingo, aunque por esas fechas el Dictador Dominicano le había cambiado el nombre a “Ciudad Trujillo”. El puerto se encuentra ubicado en la desembocadura del rio Ozama. La estancia allí fue de muy pocas horas, entre el atraque, el desembarco de pasajeros y sus pertenencias, que por cierto eran abundantes, la preparación y salida del puerto, no transcurrieron ni cuatro horas.

Después del desembarco del práctico del puerto, que les había conducido desde el muelle hasta que se rebasó de la barra Sans Souci, en ese instante se puso rumbo hacia el estrecho de la Isla de Mona para luego realizar un viraje al norte e ir costeando la Isla de la Española por el noroeste. Cuando se  encontraban  navegando, a unas seis millas de Punta Maisí, ya se visualizaban por proa la cercana costa cubana. Se produjo un hecho excepcional, pues se divisó a un avión de combate que se dirigía hacia ellos. Este suceso impresionó a muchos de los pasajeros, entre algunos de ellos afloraron los nervios y alguna que otra histeria. El capitán del buque, en primer lugar, mandó reducir la marcha, a continuación llamó a sus oficiales y a algunos de los tripulantes de cabinas, para que calmaran los ánimos de los pasajeros y se les trasmitiera que solo se trataba de un avión de reconocimiento militar norteamericano procedente de la base que mantienen los EE.UU. en la bahía de Guantánamo, Cuba. Su misión consistía en realizar labores de identificación de los buques que navegaran cercanos a aguas cubanas, ya que el gobierno de los Estados Unidos había decretado un embargo parcial a la isla. El capitán, al mismo tiempo, ordenó enarbolar la bandera de Crucero Marítimo (CM), después de que hubo realizado dos pasadas a baja altura alrededor del buque, el avión puso rumbo hacia la base norteamericana de Guantánamo. Para la mayoría de los tripulantes no representó ninguna novedad, pues muchos de ellos ya estaban acostumbrados a estos acontecimientos, por haberlos vivido en otras ocasiones y en otros mares. Por ejemplo, Jin solía contar que cuando se encontraba en un buque petrolero y se dirigían a Sidón a cargar crudo, en esa época los Estados Unidos e Inglaterra mantenían vigilada la ruta del petróleo, por el conflicto del Líbano, en una de las ocasiones ese petrolero fue escoltado por un destructor estadounidense hasta la terminar de carga submarina de crudo.

Ya en La Habana desembarcaron los pasajeros que iban a ese destino y los demás viajeros aprovecharon esos días para bajar a tierra y conocer un poco la ciudad. Como se recordará en este viaje y hacia el puerto de Cartagena de Indias, viajaba el actor canario que iba a interpretar una serie para la televisión colombiana, pues bien, como era una persona muy dicharachera y con un gran don de gentes, hizo amistad con casi todos los tripulantes, especialmente con los oficiales más jóvenes, en ocasiones, durante la travesía, se reunían a jugar al dominó. Este joven actor de nombre Rubén, al igual que los demás pasajeros, quería conocer la ciudad, por ello le pidió a Jin si lo acompañaba a dar unos paseos por La Habana, además, tenía interés en visitar la Bodeguilla del Medio, que tanto había oído hablar de ella. Nuestro personaje le manifestó que no tenía ningún problema y podían salir a las 10:00 horas.

Llegada la hora señalada por Jin, saltaron a tierra y se dirigieron dando un paseo por la parte de La Habana Vieja en busca de la Bodeguilla del Medio, que estaba situada a la mitad de la calle Empedrado. Para Rubén el pisar su suelo le pareció un sueño, lo mismo que satisfacer su curiosidad y emborrachase de su ambiente, como actor, aquel lugar representaba para él un santuario. Pidieron unos mojitos y hablaron largo y tendido con el barman, pero al enterarse de que Rubén era actor y canario llamó al dueño el Sr. Martínez, quien los invitó a sentarse en una mesa, comenzó a contarles su historia y la de su establecimiento:

Soy descendiente de canarios y junto con mi esposa adquirimos el antiguo negocio de víveres, pero poco a poco se fue transformando en bodega debido a la destreza en la cocina de ella, primero comenzó preparando comidas caseras, recetas de su abuela canaria adaptadas a la forma criolla.

Continúa don Ángel narrando los primeros comienzos de su bodega, añadiendo.-Otra de las razones de elaborar esas comidas era debido a que en las cercanías había una imprenta, los escritores y editores que acudían a revisar las pruebas de sus libros pasaban a tomarse algo y a que mi señora les preparase algún almuerzo, en definitiva, esto con el tiempo se convirtió en un punto de encuentro de escritores, músicos, actores y un montón de gente de buen vivir.  

Rubén no dejaba de preguntarle por todo lo que allí se exhibía, las fotografías de Hemingway y las de otros muchos famosos que habían pasado por ese mítico lugar. También preguntó a que se debía el nombre, porque tenía entendido que al principio se llamaba “Casa Martínez”. Don Ángel le respondió:

Por culpa de los artistas, pues cuando quedaban con alguien que no había estado antes aquí, le decían: “Chico eso queda en la calle de Empedrado, la bodega que está en medio de la calle”, por degeneración de la frase se convirtió en “bodega del medio de la calle”, y al final se quedó como “Bodeguita del Medio”, esta era la expresión que utilizaban los habituales para quedar con sus amigos. El actor canario le preguntó por todas las fotografías y retratos, todas estaban dedicadas y firmadas por los propios personajes. Allí se encontraba un buen resumen del mundo de la literatura, del cine y de diferentes artes. Se podían contemplar los retratos de Gabriela Mistral, Agustín Lara, Pablo Neruda, Ernest Hemingway, Nicolás Guillén, Carlos Mastronardi, Nat King Cole, Errol Flynn, Brigitte Bardot y muchos más, tantos que sería interminable citarlos a todos. El Sr. Martínez se mostró muy contento de que un actor canario estuviera en su establecimiento y lo hizo firmar en el libro de visitantes ilustres, lo que fue una gran satisfacción para Rubén.

El tiempo transcurrió rápidamente, pues sin darse cuenta llevaban en la Bodeguita más de una hora. Desde este santuario, como lo calificó el pasajero, se dirigieron al Capitolio, lugar de interés del actor, en este punto tenemos que describir a Rubén, para entender los hechos que posteriormente se  desarrollarían a bordo: era un hombre de más de treinta años de complexión fuerte, de un metro ochenta de altura, de tez bronceada, y dado que el papel que iba a interpretar en Colombia exigía barba, tenía una abundante y cuidada barba negra. Enfilaron la entrada del Capitolio y observaron que nadie los paraba ni les preguntaban hacia donde iban, al contrario, algunos milicianos que se encontraban de guardia saludaron militarmente, les extraño este hecho, pero ellos no dijeron nada y deambularon a sus anchas por todos los pasillos y alguna que otra dependencia sin ningún obstáculo, no le dieron mayor importancia a estos sucesos y lo atribuyeron a que Jin vestía con uniforme de oficial de la marina, por lo que imaginaron que los milicianos pensarían que se trataba de algún asunto oficial.

Tanto Rubén como nuestro marino salieron en varias ocasiones más a visitar los puntos de interés del actor, pues Jin era un buen conocedor de la ciudad debido a las múltiples estancias que había realizado; el actor le indicaba lo que más le interesaba conocer y nuestro personaje confeccionaba la ruta más conveniente para que el tiempo les resultara más beneficioso. Después de un tiempo, la visita se orientó a otro mítico lugar “El Floridita”, bar restaurante cuna del “Daiquiri”, estaba situado en la esquina de la calle Obispo y Montserrat, el camarero que les atendió, ante la insistencia de Rubén de que le contara algo del lugar, a lo cual accedió, pues a esa hora no había muchos clientes comenzó diciendo:

El Floridita se encuentra catalogado entre los bares más emblemáticos del mundo, su nacimiento se remonta a hace casi 150 años, pues su fecha de apertura creo que fue por el año 1818. Por esas fechas su nombre era la Piña de Plata”, por la variedad de frutas criollas que allí se dispensaban, desde los primeros momentos se convirtió en punto obligado para transeúntes y comerciantes de la zona por su situación en la parte comercial de la ciudad.

Continuando con la historia que les había contando el barman de El Floridita, en el siglo XIX se derribaron las antiguas murallas y una vez despejadas esas barreras, La Habana se convirtió en una única urbe. Con motivos de la remodelación de la ciudad se realizaron una serie de reformas al cumplir su siglo de existencia. Por esa época, comenzó la concurrencia de turistas, especialmente norteamericanos, esto hizo que el dueño le cambiara el nombre para rebautizarlo con el que actualmente ostenta. Por esas fechas, creo que fue el año 1914, se incorporó al negocio un barman catalán, procedente de los Estados Unidos, recordaba que le habían comentado que estuvo trabajando en el Estado de Florida, su nombre era Constantino. Cuatro años más tarde se haría con el negocio, al principio como arrendatario para posteriormente convertirse en su propietario, su buen hacer y su trato cordial se fue ganando a propios y extraños. No solo, por la cortesía que les dispensaba a sus clientes, sino también por la preparación de sus bebidas de excelente calidad, todo ello contribuía a que la ciudadanía se reuniera en torno a su barra y mesas, allí se daban cita amigos habituales, comerciantes de la zona y un sinfín de personajes de todos los sectores de la sociedad habanera, sin olvidar los turistas. De la preparación de tantos cocteles surgió uno que sería la estrella, el “Daiquirí”.

El actor canario estaba encantado escuchando esta historia y aún más, cuando sabía que en uno de los taburetes de la barra, concretamente el de la izquierda era el sitio habitual de Hemingway, según se contaba, allí empezó a escribir «For whom the bell tolls» (Por quién doblan las campanas). Ese asiento preferente quedó marcado para la posteridad del lugar en 1954 cuando se erigió un busto del escritor. Son muchos los personajes famosos, que desfilaron por allí, en sus paredes se podían observar múltiples fotografías entre las que se destacaban las de Gary Cooper (el entrañable amigo del escritor), Errol Flynn, Ava Gardner, los Duques de Windsor, Jean Paul Sartre, Luis Miguel Dominguín, Tennesse Williams, Spencer Tracy, Rocky Marciano, Herbert Matthews y así un largo etcétera.

Rubén salió fascinado del lugar y comentó que no esperaba tener tanta suerte de haberse zambullido en ese ambiente, se imaginaba sentado al lado de Hemingway o de los múltiples artistas que habían pasado por ese lugar, se sintió muy emocionado y extasiado de la magia del lugar.

Continuaron caminando para pasar por el Centro Asturiano, donde Jin tenía varios amigos, con el fin de presentarle a este actor y al mismo tiempo comer algo, pues ya se estaba acercando la hora y no les daba tiempo de llegar al barco para el almuerzo, una vez concluido el mismo regresaron a bordo y Jin se incorporó a su guardia. 

A pesar de que Jin se veía comprometido con Rubén para mostrarle las partes de la ciudad que le interesaban, lo que le ocupaba parte de su tiempo libre, no por ello descuidaba su afán de conocer más aspectos de lo que se estaba desarrollando en Cuba con el nuevo régimen. Durante su guardia invitó a uno de los milicianos a tomar algo en el comedor de oficiales, que estaba situado por debajo de la primera cubierta, descendieron hasta el lugar e iniciaron una charla, que se orientó sobre una discusión amistosa que Jin había escuchado, entre los dos milicianos que montaban guardia en el portalón. La disputa se centraba sobre quien debía atender a los bobitos, si el médico de la casa, como decía uno de ellos o el psiquiatra que mantenía el otro. Todo ello, fue ocasionado porque habían oído hablar de un nuevo departamento que se estaba creando en el seno del Directorio Militar con el fin de tratar a los pacientes con problemas psiquiátricos.

Mientras tomaban un refresco, Jin le pregunto por la conversación que mantenía con su compañero sobre las enfermedades psiquiátricas, a lo que el servidor público respondió:

¿Tú puedes creer chico que mi compañero me decía que ese nuevo departamento de psiquiatras era para tratar a los bobitos? Y yo le decía que no, que para tratar a  los bobitos era el médico de la casa y al psiquiatra le correspondía tratar a los locos pero él no atendía a razones, y yo le dije ¿Me lo vas a decir a mí que estuve siete años en la universidad? Jin le preguntó algo más sobre ese centro, el miliciano le dio detalles de su ubicación y el tiempo que llevaba funcionando.

Al día siguiente, antes de comprometerse con el acostumbrado paseo por La Habana, para servir de guía de Rubén. Jin se dio una escapada para visitar al médico amigo y colega de don Julián, en otras ocasiones habían tenido amables charlas, además debía trasmitirle los saludos de su colega desde España, así mismo le entregaría un obsequio de su parte. Por otro lado tenía interés en preguntarle si sabía algo de ese centro que mencionaban los milicianos de a bordo, pues la curiosidad se había adueñado de él.

Cuando los dos amigos se encontraron, lo primero que Jin le preguntó fue:

¿Qué sabes de un centro psiquiátrico que han puesto en marcha los militares?

Don Andrés, en ese momento, le manifestó:

De ese tema es peligroso hablar y te recomiendo, como buen amigo, que no lo comentes con nadie, con ello podría buscarte un grave problema.

Jin le contestó:

Tendré cuidado, pero siento curiosidad por saber que está pasando con  ese centro. Don Andrés, por su parte le expresó que le iba a referir lo que sabía y que si apreciaba en algo su amistad no repitiera lo que estaba a punto de revelar:

La psiquiatría y los estudios psiquiátricos en Cuba no son ninguna novedad, pues se estudian en diversas universidades, así mismo contamos en la isla con magníficos profesionales en esta disciplina médica. Hace un par de años se estaban realizando proyectos avanzados de carácter liberal, antes que se implantara el nuevo régimen revolucionario. La Sociedad de Neurología y Psiquiatría sostenía la necesidad de crear dispensarios y hospitales provinciales, convertir a Mazorra en un asilo de enfermos crónicos y siempre de acuerdo con el Código de Defensa Social, al mismo tiempo instaba a cumplir con otro objetivo, llegar a una cama por cada 1.000 habitantes, ello respondía en parte a una normativas recientes de la OMS. En este informe se pedía la construcción de dos hospitales, una red de dispensarios psiquiátricos a extender por todo el país, así como la creación de clínicas para niños psicóticos y un centro de investigación del cerebro. 

Don Andrés prosiguió con su explicación y ya se adentró en los acontecimientos de principios del año 1960, que era el año en el que se encontraban. -Desde los primeros momentos de la revolución, algunos teóricos de la psiquiatría adeptos al nuevo régimen, no estaban conformes con los planteamientos anteriores y querían introducir nuevos métodos de asistencia psiquiátrica más acordes con las transformaciones que la Revolución venía desarrollando, y por una higiene mental colectiva, popular y social, según se recogió en el II Congreso Nacional de Psiquiatría. Además un destacado miembro del G2 proponía las siguientes medidas. “Reformar la legislación vigente sobre enfermedades mentales y llevar la asistencia a zonas rurales para erradicar el curanderismo, el espiritismo y la brujería”. En ese mismo congreso ya se estaban sentando las bases a la entrada a profesionales soviéticos y checoslovacos para que engrosaran las filas de los aplicadores de tratamientos psiquiátricos y de tortura entre los disidentes.

A esos cambios le sucedieron otros, por ejemplo, el cese de los miembros de la Junta de Gobierno de la Sociedad de Psiquiatría, que fueron sustituidos por psiquiatras, que procesaban las ideas revolucionarias y no las liberales, como la mayoría de los que formaban esa junta. Lo mismo sucedía con los que ocupaban las cátedras en las diferentes universidades al aplicarles los criterios de la Reforma Universitaria.

Estos cambios se iban consumando en otros organismos y estamentos que tuvieran relación con el tema psiquiátrico, siendo ocupados esos puestos por profesionales formados o reciclados de los países de corte comunista. Al mismo tiempo pretendían publicar una serie de manuales de psiquiatría de autores soviéticos, traducidos al idioma de cervantes por el psiquiatra español Sr. Villa Landa, que durante la república española terminó sus estudios en la Unión Soviética.

Prosiguió el doctor trasmitiéndole algunos pormenores del caso, según se lo había puesto de manifiesto un colega especialista en psiquiatría del Ministerio de Salud y de la dirección del Hospital Psiquiátrico. Las nuevas autoridades médicas se están poniendo de acuerdo para solicitar, por necesidades urgentes del servicio, que se organice un curso y lo impartan dos profesores soviéticos desplazados desde Moscú, quienes introducirán nuevas técnicas y conceptos novedosos a aplicar en la actual coyuntura de la Cuba revolucionaria, con ello contrarrestarán la antigua influencia que mantienen en su formación base muchos de los psiquiatras cubanos, además en ese curso se explicaría los tratamientos químicos para el cerebro y la forma de disminuir la capacidad creadora cerebral.

Don Andrés continuó con sus explicaciones:

Prosiguieron los viajes de especialistas cubanos a la Unión Soviética y poco a poco se iban introduciendo nuevos métodos y enseñanzas en las cátedras de psiquiatría de las universidades cubanas. Otra novedad fue la inclusión de la asignatura Psicología Médica, así mismo se intercalan una sucesión de cambios en los planes académicos de esa especialidad, que llevaban incorporado el manual de Semionov. Todas estas técnicas de nueva aplicación eran la repuesta a un diseño preconcebido que había puesto en marcha el gobierno, cuyo único fin era arrebatar la libertad a la ciudadanía. A tal efecto, la concordancia entre los planteamientos médicos y los judiciales se aseguraban con la transformación de las leyes emanadas de la Constitución del 40 y la aplicación de los nuevos conceptos marxistas-leninistas, también se estaban promulgando nuevas leyes que mantenían muchas lagunas para imprimirle un carácter arbitrario. Por otra parte, se estableció, amparándose en estas nuevas leyes, la vigilancia directa en escuelas y centros de enseñanza, con ello se llegó a las ya nombradas purgas universitarias, enviando a los infractores, como mal menor, a una reeducación en las recién creadas “Unidades Militares de Ayuda a la Producción”.

Don Andrés terminó diciendo:

Con estos procedimientos se lavaron muchos cerebros de personas brillantes, tanto de las ciencias como de las artes, en otros tiempos y en otras latitudes, quienes fueron sometidos y reeducados siguiendo los patrones emanados del  régimen, y las que se  resistían, como decía ese miliciano que nombraste, se convertían en “bobitos”.

Jin regresó al buque pensando en todo lo que le había contado don Andrés. Cuando estaba en la puerta de la aduana del puerto se encontró con Rubén, que iba a dar un paseo, y al verlo le preguntó. -¿Quieres acompañarme?- Nuestro personaje le manifestó:

Hasta las 16:00 horas estoy fuera de servicio, si te viene bien hasta esa hora me sumo a la caminata. Rubén le respondió que estaba bien y emprendieron la marcha.

Atravesaron la plaza de San Francisco de Paula, se adentraron por la parte vieja de La Habana, se desplazaban por la calle San Ignacio con dirección a la Plaza Vieja, antes de llegar a ese punto con gran sorpresa para Rubén, se encontraron con el Caballero de París. A nuestro marino le ha-bían comentado que a esa hora este singular personaje transitaba por esos lugares, también el actor canario tenía referencias de esta entrañable figura, pues había oído hablar de él por los relatos de un tío suyo. Como no podía ser menos, nuestro artista inició una conversación con este peculiar personaje y lo invitaron a tomarse algo en un cercano café. El viandante aceptó encantado y los tres se dirigieron por la misma calle San Ignacio, cuatro cuadras más arriba, donde se encontraba el mencionado establecimiento. En esa época, esta celebridad representaba una figura muy particular, lucía una larga cabellera de color castaño, más bien oscuro, así como, una larga barba que le aportaba un aire intelectual, su vestimenta era de color negro y en ella se incluía una capa como la de los caballeros de la edad media, al caminar la capa flameaba al viento y le daba una apariencia de mosquetero de otra época.

Su tiempo lo pasaba, principalmente, callejeando por los contornos de la Vieja Habana, se detenía a conversar con todo el mundo o con quien quisiera oír sus historias y poesías. No se trataba de un mendigo, ni de un limosnero, siempre se comportaba decentemente, no era violento ni grosero, su gentileza se notaba nada más hablar con él. En el día de ese encuentro se podría decir que este personaje tendría como setenta años, pero era difícil saberlo. Habló largamente con Rubén de teatro, de música, de poesía, les contó que procedía de Galicia. Los transeúntes a su paso lo saludaban muy amigablemente. Así mismo, les relató que había recalado a Cuba en el famoso vapor Valbanera, pero él había desembarcado en Santiago, antes de que zozobrara en las costas de Florida cerca de Cayo Hueso, a principios del siglo XX. En esos momentos, se había encontrado en esa ciudad sin conocer a nadie, lo que le hizo deambular por la isla sin familia y aún siendo un muchacho. Continúo con su relato y les contó:

Hace mucho tiempo fui acusado injustamente de algo muy terrible, algo que no cometí que me sumió en la tristeza y en el abandono, pero ahora soy feliz y hablo con las gentes, les regalo flores a las señoras y versos a los caballeros para sus damas.

Jin le comentó que era marino español. Por lo que, el Caballero le preguntó:

¿Conoces alguna poesía dedicada al Valbanera, con motivo del naufragio? Jin le respondió que no, por lo que el Caballero comenzó a recitar parte de unas décimas que decían así:

 

                               No fue el vapor a La Habana
                                   porque en su fatal destino
                                   fue envuelto en un torbellino
                                   en la costa floridiana.
                                   No pudo la fuerza humana
                                   detenerlo en su carrera,
                                   porque parece que era
                                   que el destino lo llevaba
                                   donde parece que estaba
                                   la tumba del Valbanera.

 

Jin le preguntó: ¿la has compuesto tú? -a lo que el personaje respondió: -no, son del pueblo.

Rubén quedó encantado con este encuentro, se despidieron del personaje y prosiguieron con su caminata, después de haber pasado más de una hora con tan peculiar figura. Continuaron por la misma calle San Ignacio hasta la calle O’Reilly donde giraron a la izquierda para continuar hasta alcanzar la avenida de Bélgica, en ella torcieron a la derecha hasta encontrase con las esquinas de San Juan de Dios y Empedrado donde como a mitad de la cuadra, estaba situado el Centro Canario. Aquí el que se identificó fue Rubén, al que por supuesto reconocieron de inmediato, ya que en el Centro se recibían los periódicos de las Islas Canarias y tenían las referencias de su viaje a Colombia, allí degustaron un sabroso almuerzo a base de cerdo asado acompañado por varias verduras criollas. Después de que se tomaron un delicioso café regresaron al barco, ya que Jin tenía que cumplir sus obligaciones a bordo.

Al día siguiente comenzó la llegada de los pasajeros a las 07:00 horas, ya los embarques se producían más rápido y en esta ocasión se concluyó a las 12:00 horas por lo que el capitán ordenó la salida; esta trascurrió con normalidad y, como en otras ocasiones, el buque en régimen de poca máquina fue abandonando la ensenada, una vez rebasaron la entrada de la bahía, se dio la orden de poner “a toda máquina”, en cuestión de unos treinta minutos el buque se había alejado lo suficiente de la costa cubana, en ese momento comenzaron los cánticos de los exiliados, pero al rato de que se iniciaron los mismos se produjo un gran alboroto en el salón de clase turista. Jin, como oficial de día, se acercó para averiguar el motivo de tal alboroto, se abrió paso con la ayuda de varios tripulantes hasta que llegó el centro del altercado, allí se percató de que tenían acorralado a Rubén, el oficial y los tripulantes se interpusieron y el oficial preguntó: qué estaba pasaba allí, todos los exiliados querían hablar al mismo tiempo, lo que hacía que nadie se entendiera, al final se estableció un poco de calma y uno de los exiliados de mayor edad se convirtió en portavoz del grupo y manifestó:

Este señor en un espía revolucionario, es un comandante amigo de Fidel y viene para espiarnos. Jin se rio, lo que enfureció aun más a los cubanos, nuestro oficial se dio cuenta de su error, por lo que trató de aclarar la cuestión, manifestando:

Ese señor es español, embarcó en Canarias y su destino es Colombia, pues va a protagonizar una serie para la televisión colombiana y no hay ninguna duda al respecto, además, durante la travesía se ha hecho amigo de muchos de los tripulantes.

Luego, nuestro protagonista apartó del grupo, al señor que hacía de portavoz para contarle el motivo de su risa:

La razón por la que me reía es muy sencilla, en una de las visitas por La Habana, donde personalmente acompañé al actor ya que quería conocer el Capitolio, durante la visita todos los milicianos nos saludaban militarmente y ahora encuentro la explicación. El pasajero le comentó: Entonces este artista es casi idéntico a un jefe de la G2, parecen hermanos gemelos.

En la tarde, Jin se reunió con Rubén y le contó la conversación con el señor cubano, él se lo tomó a risa, al mismo tiempo se acordaban de la anécdota del Capitolio, lo que les hacía reír aun más. Por su parte el actor canario le manifestó:

Ya tengo algo que contarles a mis nietos.

De todas maneras, todavía había muchos exiliados que miraban con recelo a Rubén y las conversaciones en las mesas contiguas, se producían en voz baja. Nuestro oficial aprovechaba cualquier oportunidad para despejar dudas y que no hubiese un ambiente de desconfianza a bordo. Continuó la travesía y en dos días de navegación llegaron a Cartagena de Indias, final del trayecto de Rubén, quién se despidió de todos, agradeciéndoles los momentos tan especiales que había pasado en el barco.

Prosiguió su ruta el buque, realizando las escalas de Maracaibo y La Guaira, en ambos puertos desembarcaron los cubanos cuyo destino era Venezuela.

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