Capítulo 24 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1

Pudo ser un Undercover

 

Tras leer 23 capítulos es momento de compartir el Capítulo 24 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Qué le plantea Jorge a Jin en Tenerife?

 

 

 

Conversación con Jorge

 

Una vez se completó la maniobra de atraque en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, se produjo la llegada de Jorge a bordo, el joven se personó en al portalón del buque y preguntó por el oficial Jin, el marinero de guardia lo condujo hasta la cámara de oficiales y le indicó que en unos momentos le atendería el oficial. A Jin no le sorprendió encontrarse con su antiguo compañero de clase, pues ya su madre le había advertido, que esto sucedería a su llegada a Tenerife. Se saludaron con un abrazo, propio de dos amigos que hacía algún tiempo que no se veían.

Al principio, comenzaron a contarse las aventuras vividas, lo normal en unos jóvenes que hacía algún tiempo que no se comunicaban, por lo menos desde hacía un par de años, aunque mantenían algún contacto telefónico o por carta. Para situarnos un poco en sus trayectorias estudiantiles, vamos a resumir aquí esa etapa de sus vidas.

Durante los estudios de bachillerato compartieron aula en el mismo instituto de su ciudad natal. Concluidos los mismos cada uno siguió la carrera superior que más despertó su interés. Jorge optó por una especialización en mecánica e hidráulica, la cual realizó en Barcelona, mientras que Jin se inclinó por náutica, aunque durante ese tiempo algo sabían el uno del otro.

Había pasado la primera media hora charlando, cuando Jorge le preguntó:

¿Podríamos bajar a tierra para tomar cualquier cosa y hablar con tranquilidad? Esta sugerencia era debida a que en el comedor de oficiales entraban y salían compañeros de Jin y, como no podía ser menos, nuestro marino le presentaba a su amigo.

Desembarcaron y dando un paseo por el muelle se dirigieron al “Café Atlántico”. Este establecimiento se encontraba a la salida del puerto tinerfeño, justo frente a la Plaza de España y al comienzo de la alameda del Duque de Santa Elena, en su interior se respiraba un aire de austeridad y sabor a lo añejo, habitualmente frecuentado por tertulias de intelectuales y empresarios, principalmente los relacionados con el mar y el puerto. Poseía una terraza que se ubicaba en una amplia acera, justamente delante de la Plaza y con vistas a los muelles, generalmente sus mesas estaban ocupadas por marinos que realizaban una última parada antes de incorporarse a bordo. Tomaron asiento en el mirador, desde donde se divisaba toda la bahía, pidieron unas cañas de cerveza e iniciaron la conversación.

Jorge le contó:

Me muevo por toda la costa occidental de África, pues ejerzo la asesoría técnica de una multinacional norteamericana, que se dedica a proyectos hidráulicos. Mi radio de acción va desde Senegal hasta Guinea Ecuatorial, mi principal misión consiste en visitar a los representantes establecidos en esos países, prestarles asesoría técnica de los equipos y productos de la compañía y además preparar al personal nativo para que realicen los mantenimientos y reparaciones.

A partir de ese momento, le dijo:

Por la amistad que tenemos y por el respeto mutuo que nos procesamos, te voy a realizar algunas confidencias, que no podrán salir de aquí desde el momento que nos levantemos de la mesa.

Continuó con sus confidencias:

Una “Dependencia Gubernamental” que mantiene una fuerte vinculación con la multinacional para la que trabajo, consideró muy provechosa mi movilidad por toda la costa occidental africana, además, al relacionarme con los representantes de los diferentes países, así mismo, mantengo tratos con los principales jefes de las tribus y otros personajes importantes de la región, lo que me ha permitido recabar información sobre las opiniones y pensamientos políticos de estos notables, sin levantar sospechas de mi interés por esas cuestiones, mi movilidad como técnico y consejero para asuntos de bombeo, me ha conferido una magnifica tapadera.

Jorge, prosiguió  relatando parte de su historia:

Comencé recopilando datos y opiniones de diferentes ilustres de las regiones que visitaba, posteriormente redacté una serie de informes que supusieron una satisfacción a juicio de mi supervisor, quién me comento que el agente que coordinaba el proyecto lo calificó como exitoso.

Continuó de esa manera, enumerando todos sus logros hasta que llegó al punto que le concernía a su amigo, por lo que sin más dilación pasó a exponérselo:

Te voy a transmitir una petición que me realizó mi supervisor al conocer que venía de vacaciones para Canarias. Además sabía de nuestra amistad y que estás embarcado como oficial en este trasatlántico que recala regularmente en La Habana. Por ello, me solicitó que me entrevistara contigo, te contara mi misión por África y te propusiera que realizaras la misma misión en Cuba. 

Jin se percató que por las explicaciones y el conocimiento que había mostrado Jorge,  tanto el supervisor y su agente de campo conocían la ruta de los buques españoles que estaban repatriando refugiados de la Isla. Esta deducción se basaba, por los rumores que circulaban a bordo, en el interés mostrado por la oficina de la Agencia del área de América Central en reclutar algunos de los oficiales de los buques de esta compañía con la finalidad de convertirlos en informantes y que recabaran testimonios sobre lo que estaba ocurriendo en Cuba. Así mismo trataban de conocer los problemas de las personas que embarcaban en La Habana y porqué abandonaban sus casas, trabajos, negocios e inclusive en algunos casos, al resto de la familia.

Por su parte, Jorge le sugirió que este tema debía tratarse de manera confidencial y solo reque-ría de la persona que fuera recopilando esta información y la transmitiera a otros enlaces que estaban establecidos en puertos aliados. Además, su amigo manifestó, después de haberle puesto al corriente de sus actividades: -He pensado en ti para desempeñar ese cometido-.

Jin comenzó expresando sus dudas y expuso una serie de razones que conocía por la multitud de viajes que había realizado a La Habana. -Tienes que tener en cuenta que los actuales dirigentes no se andan con muchos reparos, a la hora de aplicar castigos a cualquier indiscreción que ellos consideren que pusiera en peligro su revolución, precisamente por esa razón son muchos los que abandonaban la Isla, al sentirse vigilados y perseguidos.

Te voy a referir alguno de los casos que he vivido en mis anteriores estancias en la capital de Cuba:

Durante nuestra estancia en el puerto habanero, el buque, por regla general, permanece en la ciudad tres o cuatro días, pues las autoridades cubanas de emigración y control, antes de dar el visto bueno de embarque a los pasajeros, analizan minuciosamente todos los expedientes de los repatriados. Por esta cuestión es normal que el trasatlántico prolongue su estancia por esos días. Dada esta circunstancia, la tripulación aprovecha la ocasión para saltar a tierra comprar tabaco, por simple diversión o por visitar a familiares y amigos.

En este punto nuestro protagonista hace referencia de los nuevos trámites que se requerían para pasar la aduana y acceder a la ciudad. Además, le iba a contar un problema que se suscitó con uno de los marineros, de nombre Tomasito y como actuaron las autoridades.

Este marinero realizaba las guardias bajo mis órdenes y por lo tanto tenía mi mismo horario, después de que había cumplido su cometido a bordo, saltó a tierra siendo las 20,00 horas, pasó los controles rutinarios de aduanas, declarando sus pertenencias personales, entre ellas un reloj y un anillo, y efectuó el cambio de 15 dólares por los 15 pesos. Pasaron las horas y este tripulante no regresaba a bordo a cumplir con su guardia de las 04:00 horas, lo que despertó la preocupación entre los tripulantes, quienes me dieron cuenta de la anomalía; había transcurrido el tiempo reglamentario de la guardia de cuatro horas y dieron las ocho de la mañana y aún no había regresado, por lo que puse este hecho en conocimiento del capitán, quien me ordenó indagar sobre lo ocurrido.

Realicé las pesquisas correspondientes hasta que conseguí enterarme de que dicho tripulante estaba detenido, según me lo manifestó uno de los milicianos, porque el marinero había incurrido en falta grave al no llevar consigo a su regreso a bordo todos los objetos declarados a la salida, por lo que lo acusaban de contrabando. Entonces me puse en contacto con el Jefe de Aduanas para tratar de esclarecer el asunto. Después de las averiguaciones correspondientes se demostró que le habían robado y por lo tanto no era culpable de la infracción que se le imputaba. 

Con el resumen que le había expuesto y algunos más que posteriormente le refirió, Jin le manifestó a su amigo:

Esta gente no te permite que burles sus leyes, te muestran una cara amigable, pero si ellos creen que los perjudicas, te detienen, y si no hay alguien que se ocupe del asunto te pueden desaparecer.

Jorge le aclaró:

No se trata de espionaje, solo pretendemos obtener la información, que puedan aportar personas independientes, que no tengan ideas preconcebidas, por ello es muy importante conocer la opinión de la gente de la calle, su problemática y, de forma particular, el drama de los que están abandonando Cuba.

Proseguía con su charla, tratando de convencerlo:

Personalmente, creo que no supone mayor peligro y te reitero, una vez más, que lo pienses, hace una pequeña pausa y añade: -en Puerto Rico, te visitará un amigo que tiene interés en conocerte y charlar contigo, esta persona te expondrá el tema con mayor amplitud y algunos datos más, y espero que con ello consiga aclararte la situación. Además, este amigo es descendiente de españoles, está residiendo en San Juan y hace bastante tiempo que lo conozco.

Los dos amigos se despidieron. Jin, le dijo que por su parte lo pensaría y, cómo no podía ser menos, recibiría sin ningún problema a ese amigo de Puerto Rico.

Jorge le aclaró:

Por cierto se llama David, él se acercará al barco para saludarte y hablar contigo.

Con esto último concluyeron la conversación, Jorge se adentró en la ciudad y nuestro protagonista se fue paseando hacia el buque.

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