Capítulo 2 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Capítulo 2 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas. Prosigue la entrega de la novela Pudo ser un Undercover de V. M. Bongutz. En el marco de nuestra sección Novela por Entregas, continúa una historia sorprendente en el contexto de la Guerra Fría. Tras disfrutar del Capítulo 1, ahora nos introducimos al Capítulo 2 de Pudo ser un Undercover.

 

 

La policía de Batista

Después de oír las explicaciones de este militar del SIE sobre los diferentes servicios secretos y policiales extranjeros, Jin necesitaba conocer las referentes a Cuba. Para ello recurre a un profesor amigo, residente en Barcelona, de origen cubano. La primera ocasión se le presentó al entrar el buque en dique seco en la Ciudad Condal durante, como mínimo, tres semanas, en las que se efectuaron reparaciones y sería sometido al control obligatorio por parte de los inspectores del Lloyd Resisting Shipping, organismo que otorga la navegabilidad de los buques, y con mayor razón a este, al estar catalogado como Correo Marítimo.
En estos momentos el almanaque se encontraba en el mes de febrero del año 1961. Ya a nuestro protagonista, desde hacía más de un año, le habían propuesto integrarse en una red de espionaje como “Undercover”, pero hasta esta fecha no se había comprometido con nada, ni con nadie; pues en su pensamiento, por prudencia o por convicción, estaba el aclarar primero muchos de los aspectos de lo que pasaba en Cuba. Conocer por sí mismo, sin mayores pretensiones, solo averiguar, qué había de verdad de todo lo que se decía en lo referente a la policía y a las agencias de seguridad del estado ya que, a pesar de sus múltiples escalas en La Habana, no había hablado con nadie sobre ese ofrecimiento, porque interesarse abiertamente por esas cuestiones podría ser peligroso.
Sirviéndose de que en esas fechas se encontraba en Barcelona por motivos de reparación del buque en los astilleros Vulcano de la Ciudad Condal, Jin pretendió combinar esa estancia y aprovechar su estadía con el fin de hablar con una serie de personas que conocía vincula-das con Cuba; algunas de ellas, habían regresado a España no hacía mucho tiempo. Además, hay que añadir que muchas de esas nuevas amistades habían sido pasajeros del buque donde él se encontraba trabajando.
Desde hace años, Jin se había sentido atraído por la problemática cubana, nunca concretó el porqué de ese interés, pero se podría deducir que esa curiosidad fuera debida a las variadas historias que le narrara, cuando era adolescente, el abuelo materno que de joven emigró a Cuba, allá por el año 1904, y que permaneció en la Isla durante más de cinco años. También podría ser por un amigo de su padre, un viejo militar de profesión, que estuvo destacado en la guarnición de La Habana y regreso una vez concluida la guerra hispano-cubana, la cual culminó con la independencia de Cuba. A este veterano guerrero le gustaba relatar las historias y hechos vividos de cuando tuvo lugar esa contienda, que concluyó con el mandato de España en la Isla; también podría ser por la propuesta que le habían realizado hace poco tiempo. Por una u otra circunstancia, a nuestro marino le fascinaba todo lo relacionado con la mayor de las Antillas. Cuando le comunicaron, en noviembre del 58, que tenía la oportunidad de embarcar como oficial en un trasatlántico español que rendía viaje en La Habana cada 40 días, no lo pensó dos veces, todo lo contrario, le entusiasmó el ofrecimiento, pues era la oportunidad de su vida de conocer de manera directa todos aquellos lugares donde se habían producido esas historias que le habían relatado, las cuales retenía en su memoria desde su más temprana edad.
Por ese motivo leía, indagaba, preguntaba a propios y extraños cualquier cuestión relacionada con la Isla, y ahora se sentía confuso, y se sumaba a esta circunstancia la propuesta que le habían realizado. Con el propósito de aclarar algunas cuestiones se entrevistó en Barcelona con un conocido de su familia que fue profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de La Habana. Este profesor de nombre, para él, don Alberto, residía en España hacía algún tiempo, pues su situación se hizo insostenible en la universidad habanera después de la llegada de los revolucionarios a la capital de la república. El hombre vivió aquellos sucesos directamente y, por ello, sus conocimientos de los hechos eran de primera mano. Jin acudió a él para preguntarle si no tenía inconveniente en aclararle una serie de cuestiones relacionadas con Cuba, especialmente, en el ámbito de la represión y la actuación de la policía, pues las noticias que reflejaba la prensa diaria y lo que él había podido recabar en sus diversas escalas en La Habana, en muchas ocasiones eran contradictorias: en algunos diarios catalogaban las actuaciones de la policía cubana como contundentes sobre la población, y en otros ni siquiera mencionaban estas noticias. El profesor, le manifestó que no era ningún problema para él, pero para comprender la naturaleza de la problemática que se respiraba en Cuba, se debía conocer las actuaciones de la policía en los dos periodos. Por esto, comenzó a impartir una pequeña lección sobre el régimen policial que imperaba anteriormente, con el gobierno de Batista.
Toda la acción desarrollada por los cuerpos de seguridad del estado en esa época derivó en que se endurecieran sus métodos y actividades después de los acontecimientos ocurridos en el año 1953, con el asalto al Cuartel de Moncada y las protestas de algunos movimientos políticos que reclamaban una mayor participación en las labores de gobierno, el profesor hace un paréntesis, para añadir. Los sucesos de Moncada precisan un relato independiente, y los abordaré en su momento.
El oriente del país desempeñó una parte fundamental en todos estos sucesos. Toda esta acumulación de hechos contribuyó, posteriormente, a crear las circunstancias propicias que condujeron a los revolucionarios cubanos a derrocar al gobierno de la tiranía, por ello es esencial conocer los cuerpos policiales que poseían y cómo operaban. También es importante saber la autoridad que ejercían sobre las personas y las ideas políticas que albergaban, pues en tiempos de Batista existía un amplio abanico de organismos policiales secretos, con carácter represivo, que controlaban, especialmente, a aquellos que se oponían a la dictadura.
Para empezar, me debo referir al Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Este servicio se creó por Decreto Ley con el número 671 y fecha de 13 de noviembre de 1934, su sede principal se encontraba ubicada en el Cuartel Columbia y estaba vinculado, de forma directa, al Mando General del Ejército. Su misión consistía fundamentalmente en informar a la Jefatura General del Ejército de todos los asuntos relacionados con la Seguridad del Estado y de todas aquellas instituciones relacionadas y dependientes de las Fuerzas Armadas. Aunque era conocida su existencia, mantenía en secreto sus misiones y también a sus agentes; lo mismo ocurría con los mandatos e instructivos que vinieran emanados del Cuartel General. Pasados unos años, las órdenes procedían del Estado Mayor del Ejército. La misión básica, en los comienzos de su creación, se ceñía a una vigilancia de los miembros del ejército, pero con el transcurrir del tiempo se amplió su cometido al resto de la población. Al principio del año 1951 contó con el asesoramiento oficial de los norteamericanos, lo que constituyó a un significativo crecimiento y evolución.
Hace el profesor una pausa para tomar un sorbo de su café y reanuda su charla:
En mayo del 52, y por un mandato del ejército refrendado por la Presidencia del Go-bierno, se admite como miembros de la organización, no solo a los militares, que ya estaban ejerciendo esas funciones, sino, además, a los civiles, para que desarrollaran las labores que te he comentado. Todo ello se ordena oficialmente, para darle carácter legal, otorgándoseles la categoría de policías judiciales, que debían informar directamente de cualquier circunstancia al Presidente de la República. Con esta medida se transforma y crea el denominado cuerpo del Servicio de Inteligencia del sistema implantado, que extendió sus ramificaciones a todas las provincias. Este servicio desempeñaría un papel fundamental en el régimen de represión implantado por Batista, quien escogía personalmente a los agentes, ya que estos debían ser de plena confianza del Dictador, y muchos de ellos incluso pertenecían a su guardia personal.
Prosigue el profesor exponiendo sus amplios conocimientos de las instituciones de Seguridad del Estado.
Otro organismo represivo de la dictadura de Batista fue la creación del Buró Represivo de Actividades Comunistas (BRAC). Como consecuencias de las protestas y disturbios habidos en la primera mitad del año 53 y especialmente, por los acontecimientos en Santiago de Cuba y Bayamo, el 26 de julio de 1953, provocan que el 27 de noviembre de ese mismo año se promulgó un decreto donde se disponía la ilegalidad del Partido Socialista Popular (Comunista) y al mismo tiempo se impulsaba el BRAC. Todo ello se realiza con sigilo y oscurantismo, pues no se reflejó en documentos oficiales hasta pasados casi dos años. Si atrasásemos el calendario un poco, se podrían encontrar referencias que tienen cierta similitud, en el año 1942, cuando se estableció un servicio de investigación para combatir actividades enemigas que se pudieran considerar perjudiciales para el Continente Americano. Hay que tener en cuenta que entonces se estaba desarrollando la Segunda Guerra Mundial. Ese servicio de inteligencia se incluye dentro del Ministerio de Gobernación de la época, y su misión fundamental consistía en asesorar e investigar los posibles brotes de comunismo en la Isla. Sus agentes se irían situando en todos los estamentos del Estado y en todos aquellos lugares susceptibles o influenciables de interés, tanto públicos como privados, especialmente en los medios de comunicación.
Después de una pequeña pausa, el profesor continúa ofreciendo sus conocimientos de los acontecimientos vividos en esa época.
Los agentes del BRAC poseían el poder de influir en los funcionarios de otros departamentos y de otros ministerios, después de concluir sus investigaciones debían poner en práctica las normas en consecuencia. Su principal trabajo consistía en recabar información de las autoridades tanto civiles como militares, analizar sus antecedentes y observar sus actuaciones, con objeto de verificar si tenían actitudes comunistas o algún vínculo con este partido. Así mismo, cualquier funcionario público, bien sea de las fuerzas armadas, de la policía o de los estamentos gubernativos de la República, tenía la obligación de denunciar cualquier he-cho que estuviera relacionado con actividades comunistas. Para completar toda esta red de agentes secretos, el BRAC estableció dependencias en todas las provincias, además colocó infiltrados en los distintos departamentos policiales, que les debían transmitir e informar a su sede central.
Continúa don Alberto explicando los cometidos del Buró:
Dentro de las misiones encomendadas a esta agencia, se les requirió a tener una serie de prioridades, el primer lugar lo ocupaban las actividades comunistas, al aplicar esta regla sur-gieron multitud de investigaciones que condujeron a dictaminar que las huelgas y protestas eran instigadas por este grupo en la clandestinidad. La segunda prioridad se centró en el grupo denominado “Los Auténticos” en sus diversas facciones, quedando para el final los nombrados “Ortodoxos”. Los marxistas tenían entre sus filas, principalmente, estudiantes universitarios, aunque no estaban catalogados como tales. Los denominados “moncadistas”, nombrados de esa manera después del asalto al Cuartel de Moncada, estaban sometidos al mismo nivel de vigilancia y espionaje que los grupos leninistas, especialmente después del 26 de julio del 53, y sufrían un implacable acoso, pues se les acusaba, con razón o sin ella, de cualquier acontecimiento o acción violenta que se produjese en la Tierra de Martí. -Prosigue el profesor- Después de que se conocieron parte de los archivos, tanto del Buró Represivo de Actividades Comunistas como del Servicio de Inteligencia Militar, se podía deducir que sus responsables realizaron un trabajo meticuloso y bien documentado de todas las labores de inteligencia y espionaje, pues recogían como verdaderos inventarios hasta los más mínimos detalles en cuanto a: residencia, familia, amistades, profesiones y principalmente, la orientación política, y hasta las opiniones, aunque fueran chistosas y ocurrentes, tan características en el pueblo cubano, contra el régimen de Batista. Al tener conocimientos de todos estos datos, las organizaciones policiales, los analistas y estudiosos del comportamiento, concuerdan en afirmar que en todas y cada una de las organizaciones clandestinas debían disponer de topos o infiltrados, que informaban puntualmente a las diferentes oficinas del Buró, establecidas por toda Cuba.
Como consecuencia de esos archivos exhaustivos, muchos ciudadanos sufrieron graves perjuicios y era suficiente tener alguna amistad o familiaridad con alguna persona que estuviera involucrada con el partido comunista o con los integrantes conocidos del M26-7 para que fueran investigados e incluso perseguidos, lo que hacía que todos desconfiaran de todos y, como desenlace de ello, se cuidaban mucho las amistades que se tenían.
El profesor hace una pequeña pausa para terminarse el café y reanuda la charla, haciendo referencia a un antiguo alumno suyo, cercano al BRAC:
En una ocasión un alumno me comentó que el gobierno de Batista obtuvo el favor de los Estados Unidos, a través de la CIA, para la preparación de sus agentes secretos, no solo recibiendo asesores en Cuba, sino enviando a los agentes cubanos a sus dependencias para recibir entrenamiento y preparación. Pero ello era corriente y normal, porque en esa época los Estados Unidos mantenían magníficas relaciones con los países latinoamericanos, y no solo les prestaban ayuda y conocimientos en materia policial, sino también militar. Además, se debe tener en cuenta que la “Guerra Fría” estaba en plena ebullición. Este exalumno me entregó una copia de una carta del Director de la CIA dirigida al máximo jefe militar del Buró, donde le expresaba con elogios la preparación de sus agentes:
La creación por el Gobierno cubano del “Buró de Represión de Actividades Comunistas” es un gran paso adelante en la causa de la Libertad. Me siento honrado que su gobierno haya acordado el permitir a esta Agencia, la asistencia en el adiestramiento de algunos de los oficiales de esta importante organización. Tengo entendido que el general Martín Díaz Tamayo dirigirá las actividades del BRAC y será responsable de su organización. En este caso me gustaría sugerir que pudiera ser conveniente al General Díaz Tamayo venir a Washington en un futuro cercano, de tal manera que nosotros pudiéramos discutir con él algunas de las técnicas usadas para combatir las actividades del Comunismo Internacional. Estoy seguro que sería útil intercambiar opiniones con el General Díaz Tamayo como un adelanto al grupo de sus subordinados, que vendrán aquí para entrenarse. El material que ofreceremos al General puede ser una considerable ayuda en su tarea de organizar el BRAC, y para indicarle el tipo de oficiales que se deben seleccionar para el entrenamiento. Yo le sugeriré, si le es aceptable para Ud. y su gobierno, que extienda una invitación en mi nombre al General Díaz Tamayo para venir a Washington por aproximadamente dos semanas, preferiblemente comenzando el primero de agosto.
Tras leer la carta, el profesor continúa con su explicación:
Otro organismo cubano de represión en la época de Batista era el Buró de Investigación BI -explica don Alberto- aunque su creación se remonta a principios del siglo, pero se instau-ró de manera oficial en el año 1953 y con posterioridad se integraría dentro de la policía cu-bana. En este año los agentes asignados a ese departamento debían reportar directamente al Servicio de Inteligencia Militar o al Buró Represivo de Actividades Comunistas. Este cuerpo policial estaba concebido, desde sus inicios, como policía científica, donde se encontraban diferentes departamentos, como en casi todas las policías del Mundo. Contaba con una sección denominada “Confidencial Uno”, la cual se encargaba principalmente de las cuestiones políticas y de interrogatorios de activistas. Otra tenía como finalidad las escuchas e intervención de las comunicaciones telefónicas, a la cual la denominaban “Confidencial Tres”. Otro departamento era el de Homicidios, así mismo, mantenían operativos los departamentos de Drogas, Robos, Juegos Ilegales y el Departamento de Extranjería.
Prosigue el profesor exponiendo su tesis:
En casi todos los cuerpos de seguridad del estado, de la mayoría de naciones, se encuentran personas malvadas y sin sentimientos, pero en la generalidad de los casos son las menos, pues lo normal es encontrarnos con auténticos profesionales que cumplen con su deber, y en Cuba no era una excepción, pero no cabe duda que por los tiempos violentos por los que pasaba la Isla y dadas las circunstancias de pre revolución que imperaban en esa época, estos organismos se vieron envueltos en ensañamientos injustificados. Estos excesos acentuaron la repuesta revolucionaria, lo que desató la violencia entre ambas fracciones. Por un lado, los que querían mayor participación política y tener acceso a una porción del pastel que represen-taba el Estado y por otra, las fuerzas policiales que recibían el mandato de mantener el orden a toda costa, bien de sus superiores más directos o de la cúpula militar o de gobernación.
Como consecuencia de todo ello, protagonizaron una serie de hechos más o menos violentos, pero no es de extrañar que en todos los procesos revolucionarios existan desmanes y represión, actos atroces y despiadados se cometen por los bandos antagonistas; dependiendo de quién cuente la historia serán para unos más violentos que para los otros, algunos los de-nominaran actos de cumplimiento del deber, pero ninguna de las dos facciones nunca reconocerá que, al final de cualquier rebelión, los últimos en pagar las consecuencias, de alguna manera, siempre son los ciudadanos.
Después de esta charla del profesor don Alberto sobre los cuerpos de Seguridad del Estado en el mandato de Batista, Jin sacó como conclusión que todo ello comienza a precipitarse, de alguna manera, después de los acontecimientos del golpe militar y la toma del po-der por parte de Batista, quien daba las órdenes oportunas desde el gobierno para castigar cualquier indicio de oposición al régimen implantado. Esta represión se acrecentó a partir del año 1952, cuando el pueblo cubano comenzaba a despertar de su letargo y exigía, por un lado, participación política, y por el otro, un mejor nivel de vida, especialmente, el campesinado. A raíz de producirse una serie de disturbios se incrementa el control y se establece un régimen de persecución y tiranía.
Se detiene don Alberto para tomarse un nuevo café, que había preparado su señora esposa, y continúa añadiendo:
Para aplicar esa represión y consolidarse en el poder, Batista reorganizó e incrementó los efectivos policiales, creando una serie de servicios que englobaban al ejército, la marina y a la policía en un mando único. A éstos servicios les procuró un nombre: el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el Comité Investigador de Actividades Comunistas, la Policía Secreta, la Policía Judicial, el Buró Represivo de Actividades Comunistas (BRAC).
Como buen conocedor de la historia política y militar de Cuba, el profesor manifiesta que, en esa época, los militares de las diversas armas que componían las Fuerzas Armadas Cubanas contaban, internamente, con estamentos propios:
Un organismo era el Servicio de Inteligencia Naval que operaba desde el Estado Mayor de la Marina de Guerra. Otro lo componía el Departamento de Investigaciones de la Policía Nacional, y creo que se me queda alguno de menor importancia, aunque el ejército era la principal salvaguarda de toda la política represiva de Batista. Además de todo este conglomerado de fuerzas represivas se contaba con una serie de confidentes y clandestinos cuya misión era informar a estos cuerpos policiales de cuantos asuntos concerniesen y pusiesen en peligro los intereses de la República, según el concepto por ellos manejado. A partir del 26 de julio de 1953, fecha en la que se producen los acontecimientos de Santiago de Cuba y Bayamo, y posteriormente el 27 de noviembre del mismo año, donde se le atribuyen una serie de hechos al Partido Socialista Popular (de inspiración comunista), se decreta la ilegalidad de dicho partido y se crea oficialmente el Buró Represivo de Actividades Comunistas (BRAC). Aunque ya llevaba funcionando desde hacía bastante tiempo, el Estado Mayor del Ejército adquirió desde ese momento las competencias de su ejecución.

 

Ya pudiste leer el Capítulo 2 de Pudo ser un Undercover. No te olvides de compartir su lectura si te gustó. A prepararse para el capítulo tres!!!

Te dejamos aquí un enlace del Preámbulo del libro!

 

 

 

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