Capítulo 19 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Luego de leer 18 capítulos es momento de compartir el Capítulo 19 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. A seguir en esta historia cada vez más atrapante! Cómo prosiguió la Revolución Cubana? Pagará justo por pecador?

19

Los primeros exiliados

Una vez se concluyeron las operaciones de embarque, se procedió a la maniobra de salida, a las 17:00 horas del día siete de marzo de 1959.

En esta ocasión, los pasajeros, no eran familias de vacaciones o artistas que habían finalizado su turné por América, ahora viajaban grupos familiares que, de alguna manera, se sentían acosados o perseguidos por el nuevo gobierno, también se encontraban a bordo religiosos dedicados a la enseñanza, la mayoría pertenecían a colegios católicos que habían sido clausurados. Así mismo, se comprobó que viajaban familias de represaliados y detenidos en cárceles cubanas, siendo su único pecado el no estar de acuerdo con los planteamientos del régimen revolucionario.

El ambiente a bordo ya no era como en viajes anteriores, en los amplios salones de clase turista se ubicaban dos bares, uno situado en la primera cubierta, detrás del puente, y otro situado en la cubierta principal a continuación de las dependencias de los oficiales. La primera clase contaba con uno que se localizaba debajo del puente, en la tercera cubierta. Todos ellos se encontraban vacíos, la tristeza y el semblante taciturno eran  palpables entre la mayoría de los pasajeros. En el primer día de navegación los viajeros no salían de sus camarotes, solo a la hora de las comidas.

A la mayoría de los tripulantes esta atmósfera, que estaba cargada de sufrimiento y aflicción, se les antojaba como la de un barco fantasma. El personal de cabinas, los camareros y demás marineros iban y venían cumpliendo sus cometidos como si fueran autómatas; la alegría y el júbilo que se manifestaban en otros viajes habían desaparecido, hasta los niños, sobre todo los cubanos, tan animados y en ocasiones alborotadores no se escuchaban.

Ante este panorama, el Sobrecargo le solicitó al Radiotelegrafista Jefe que conectara los altavoces de los pasillos y salones, y si tenía música cubana que la emitiera, esta idea actuó como una medicina, los pasajeros empezaron a dejar sus camarotes, ya comenzaron a reunirse en los salones, se iniciaron las conversaciones y la gente empezó a conocerse.

En la segunda singladura de navegación, Jin, como oficial de día, a punto de concluir su acostumbrada ronda de inspección de la mañana, pasó por el salón-bar de clase turista antes del almuerzo para tomarse un aperitivo, allí entabló conversación con dos jóvenes que estaban en la barra tomándose unas cervezas.

Estos jóvenes le manifestaron que, aunque habían nacido en Cuba, su padre era vasco y venían acompañando a su madre que regresaba a San Sebastián. A nuestro personaje le extrañó esta circunstancia y les preguntó disculpándose antes por su atrevimiento: ¿Su padre ha muerto?

Los jóvenes le contestaron que no. -Nuestro padre se encuentra detenido. Los abogados no saben por cuánto tiempo y es deseo expreso de nuestro padre que nuestra madre regrese a Guipúzcoa, donde tiene a sus progenitores, personas ya mayores que están sufriendo por las noticias que les llegan desde la Isla.

Jin los animó y les comentó:

Tengo algunos amigos cuyos familiares han sido detenidos y, una vez aclarada la situación, han recuperado la libertad. Ya verán como todo se arreglará en el futuro.

Se despidió de estos jóvenes, ya que sus obligaciones lo reclamaban.

Por la tarde de ese mismo día, a la hora del café, Jin de nuevo se encontró con estos jóvenes e iniciaron una conversación, la cual giró en torno a los acontecimientos vividos en la mayor de las Antillas.

La charla se hizo distendida, ya que todos eran jóvenes, se habló de la situación en la Isla, de las causas que dieron origen a la revolución y el porqué del enfrentamiento hacia los empresarios de los nuevos gobernantes. Nuestro protagonista intuyó que el padre de sus nuevos compañeros de viaje era industrial, por lo que habían manifestado ellos. Efectivamente, cuando entraron en un mayor grado de confianza, comenzaron a narrar la historia de la familia, contaron que su padre llegó a Cuba desde Francia, un poco antes que concluyera la Guerra Civil Española. Él no era político, pero era joven y quería labrarse un porvenir con su profesión de técnico mecánico, lo alentó otro vasco que ya estaba establecido en La Habana, por lo que se aventuró a emprender el viaje.

Se hizo un pequeño paréntesis para continuar explicando la historia de la familia:

Al llegar nuestro padre a esta tierra, el compatriota le ofreció trabajo en sus talleres y empezó a abrirse camino, con el tiempo adquirió unos autobuses y comenzó a prestar un servicio regular, la empresa fue progresando, con el paso de los años y con mucho trabajo adquirió su importancia.

Toma ahora la palabra el otro hermano y comenta:

Cuando llegaron los nuevos gobernantes se reunieron con nuestro padre como director de la empresa de transportes para comunicarle que todos los transportes se consideraban estratégicos para el nuevo gobierno y se tenían que nacionalizar. Nuestro padre les manifestó que prestaba un servicio a la ciudadanía, que nunca se habían presentado quejas ni reclamaciones, la empresa le había costado toda una vida de sacrificios y según los permisos y concesiones que le habían otorgado legalmente desde hacía muchos años, inclusive antes de que llegara Batista al poder, le permitían prestar ese servicio de viajeros que se encontraba desarrollando.

Después de esa primera reunión vinieron otras, siempre con el mismo planteamiento, los ómnibus se vieron sometidos a pequeños sabotajes y el acoso a toda la familia persistía día tras día. Había transcurrido menos de un mes de esta tortura, cuando unos milicianos se presentaron en nuestra casa, con una supuesta orden de registro, durante esta comedia de investigación, con gran alboroto exhibieron documentos comprometedores que habían encontrado, por lo cual se llevaron detenido a nuestro padre.

Hicieron un pequeño alto en su relato, para refrescase la garganta con la cerveza que les había invitado nuestro marino pero continuaron inmediatamente:

Los abogados de nuestro padre realizaron arduas gestiones y nos informaron que la reclusión podría durar un par de meses o prolongarse por años ya que no tenían pruebas concluyentes de ninguna actividad clandestina por parte de nuestra familia, pero siempre ponían algún problema en el procedimiento judicial, para prolongar el encarcelamiento. Mientras tanto, a la empresa se le asignó un inspector de “Recuperación de Bienes Malversados” que comenzó a realizar funciones de gerente y a intervenir en todos los asuntos de la compañía. Nuestra madre, con la ayuda de unos amigos próximos a un personaje del gobierno revolucionario, consiguió visitar a nuestro padre en la prisión, lo que hablaron entre ellos, quedó entre los esposos, nuestra madre nos dijo: “debemos prepararnos para efectuar un viaje a España, a casa de los abuelos, que ya son viejos y muy delicados de salud, además, ese era el deseo de vuestro padre”.

Así mismo, nos comentó parte de la conversación que sostuvieron y nos trasmitió una recomendación especial: “este viaje tiene que ser lo más discreto posible, vuestro padre me comentó que todo se iba a solucionar y las cosas llevaban buen camino según le habían dicho nuestros abogados”.

Por esa razón nos encontramos aquí viajando para España.

A medida que avanzaban los días, el ambiente a bordo se iba normalizando, ya se podían ver grupos de pasajeros que hablaban entre ellos y empezaban a conocerse, esto fue debido a que los tripulantes los animaban a relacionarse, muchos de ellos tenían destinos comunes, algunos desembarcarían muy pronto, pues su viaje concluiría en Cartagena de Indias o en La Guaira, pero la gran mayoría seguiría en el buque hasta llegar a Canarias y otros continuarían hasta los puertos peninsulares.

Jin, con objeto de organizar las charlas, tomaba partido activamente en las conversaciones y su pretexto era informarles del estado de la mar o de cualquier otro asunto que despertara el interés de los pasajeros. Entraba en la conversación y con habilidad les preguntaba los motivos del viaje, en qué lugar vivían los familiares de España o cualquiera otra cuestión que los sacara de la apatía en que se encontraban. A algunos de los pasajeros les comunicó que diariamente organizaba una tertulia a bordo para charlar de cualquier cuestión que fuera de su interés, y que de esa manera se hiciera más llevadera la travesía. Con ese procedimiento se nutría la tertulia diaria. Con ella Jin conocería multitud de historias, si bien tenemos que decir que la gran mayoría eran de carácter triste.

En una de esas tertulias se narró una historia que conmovió a Jin por su sentido dramático, la contó una mujer, familiar directo de un teniente del ejército que se marchaba de Cuba porque se sentía perseguida.

La narramos aquí tal y como ese pariente la expuso:

Mi pariente era un militar de carrera, siendo muy joven alcanzó el grado de teniente y por sus méritos lo enviaron a los Estados Unidos a realizar una especialización en inteligencia militar, se hizo experto en actividades clandestinas y, además, hablaba varios idiomas. Lo cierto es que cuando tomaron el poder los revolucionarios lo detuvieron y “lo pusieron preso”, después de algunos días de torturas, le presentaron varias confesiones con las que no estaba de acuerdo y, por supuesto, se negaba rotundamente a firmar, le celebraron un juicio que a todas luces no tenía nada de legal y lo condenaron a muerte. Lo triste de esta historia, según manifestó el familiar fue encontrarlo muerto dentro del calabozo con dos tiros en la cabeza. Ahora sobre este particular, el pariente opinó:

Lo ejecutaron como si fuera un perro rabioso, pues tenían tantas ganas de quitarlo del medio que no pudieron esperar a la ejecución, o quizás fuese porque sabía demasiado y no querían que lo divulgase.

Nuestra relatora continuó con su historia:

Todo este suceso iba más allá de que fuera militar, al fin y al cabo, él recibía órdenes de sus superiores. Durante toda  su vida, tanto dentro como fuera de la milicia, se comportó como un caballero y de lo único que le podían implicar con el gobierno de Batista era que tenía a su cargo los archivos de la “Oficina Represiva de Actividades Comunistas” y, por supuesto, en los listados aparecían muchos de los nombres y actividades de las personas que estaban desempeñando cargos de responsabilidad en el nuevo gobierno. La persecución a todos los familiares directos no se hizo esperar, comenzó inmediatamente una caza de brujas, los registros en nuestros domicilios eran constantes, cuya única finalidad consistía en encontrar unas supuestas listas. El acoso era diario, inclusive a alguno de nuestros amigos, a quienes interrogaban con preguntas y más preguntas. Fue tal el acoso a que nos vimos sometidos que infundieron el miedo en el círculo de nuestras amistades, consiguiendo que se retiraran de nuestro entorno. Como teníamos a nuestros abuelos maternos en España, al enterarse de lo que sucedía, nos invitaron a pasar una temporada con ellos hasta que la situación cambiara.

Por eso hoy me encuentro a bordo, camino de la tierra de mis antepasados, y en parte se lo debo a una buena amiga de la radio y televisión cubana, que me prestó ayuda desde un primer momento ya que conocía muy bien el trabajo de mi familiar. El dictamen de la ejecución ya estaba preparado antes de haberse producido el juicio, inclusive la sentencia se había promulgado antes de establecerse el nuevo gobierno revolucionario.

Otra de las historias fue la de un pasajero que entró en la conversación. El relato de este viajero, que viajaba con su esposa y dos niñas pequeñas, no era tan desdichado como el anterior y, a pesar de ser triste, mantenía un punto de humor cubano, por el modo como la contó Tony, que así se llamaba este cubano de mediana edad al que Jin le calculaba como unos 35 o 36 años:

Comenzó Tony a relatar su historia o más bien sus vicisitudes, él la contó exactamente así, con ese acento tan peculiar en el que se comía muchos sonidos:

Chico, yo era un simple chofe- de un carro oficial, enca-gado de trasporta- a lo-mandamase-, de hecho mis compañeros, me llamaban Draiver, claro pana, pero de una manera cariñosa, yo de seguro que si no era así los hubiera mandado al carajo. Pues, después de que llegaron los ba-budos al gobie-no me echaron del trabajo, y ya no era el Draiver, acosaban a mi familia y no nos dejaban en paz, tú sabes cómo es la cosa, eso no se puede soporta-  y para mis niñas era imposible aguanta- más. Mira te cuento, lo único que yo sabía eran las conve-saciones de los mandamase- que llevaba en el carro y estos ba-budos querían que yo dijera cosas de los jefes, que no era- ve-da- y yo les decía que no oía nada, que no hablaban en el carro, esa pe-secución era hora tra- hora y día tra- día. Le mande una ca-ta a un primo mío de Canarias- y me ofreció trabajo con él, pue- tenía una empresa de ómnibus y le hacía falta un buen chofe- y como yo parloteo el ingle- no lo pensé más y me ma-cho, con pena po-que, allí queda pa-te de la familia, pero mis niñas son los primero, tu lo entiende- chico, otra razón es quita-me del medio de esos ba-budo- de mie-da.

Más pasajeros se sumaban a la tertulia y el salón–bar se iba animando, todos querían contar sus vivencias, de dónde procedían y hacia dónde se dirigían. Entró en la conversación un matrimonio catalán que llevaba viviendo en Cuba por más de treinta años, emigraron siendo muy jóvenes, trabajaron mucho y consiguieron hacerse con algunas propiedades, especialmente casas que tenían alquiladas, pero con la nueva ley de alquileres que se estaba gestando, lo que cobraban por los arriendos no les alcanzaba para pagar los impuestos y mantener las propiedades en buen estado. Decidieron vender lo que pudieron a los propios inquilinos y del resto dejaron apoderado a un familiar para que realizara los cobros. La señora era la que más molesta se encontraba con esa ley, pues manifestaba que tras haber trabajado toda una vida, cuando se les acercaba la vejez, no tenían prácticamente nada.

Otro matrimonio se sumó a la explicación de Tony el conductor de carros oficiales:

Nosotros abandonamos Cuba con todo el dolor demuestra alma, aunque somos españoles, en esta tierra han nacido y crecido nuestros hijos, el mayor era oficial del ejército y lo mataron durante los enfrentamientos entre tropas regulares y los milicianos, nuestro segundo hijo es ingeniero y está trabajando en los Estados Unidos y nuestra hija, la menor de los tres, se casó con un español y vive en Cataluña; fue ella la que nos animó a regresar. Nuestra estancia en la Isla se hacía insoportable, pues a pesar de que nuestro hijo había muerto cumpliendo con su deber, todos los días nos lo reprochaban y nos señalaban como engendradores de torturadores y corruptos del régimen de Batista. Un auténtico infierno lo que hemos vivido en estos dos últimos meses.

Transcurriría esta singladura sin mayor novedad, el tiempo en el Atlántico era bueno, la mar estaba en calma y se percibía una suave brisa proveniente del Este. Después de la cena, se organizaba, diariamente, un baile en el salón de primera clase, al cual el capitán invitaba a todos los pasajeros, con el fin de alegrarles el día y hacer más llevadera la travesía, mientras, en el salón de turista se proyectaba una película folclórica española de los años cincuenta, y para los que no les apetecía ninguna de las alternativas propuestas, se formaban partidas de cartas y de dominó en el salón-bar.

El día siguiente coincidía con la mitad de la travesía del Atlántico, el amanecer se presentó algo nublado, el mar se comenzó a picar con olas que en algunos casos alcanzaban los dos metros de altura, el viento soplaba con una intensidad de unos 30 nudos, pero como se recibía por popa, no era muy percibido por los viajeros mientras no salieran a cubierta, y esta era la recomendación que hacían los tripulantes del buque.

La vida a bordo se centraba en los salones, en los bares o en la sala de lectura. Jin, por su parte, se reunía con sus contertulios. A la tertulia se sumaron unos religiosos católicos que según ellos contaron, habían sido “invitados” a abandonar Cuba, ya que sus servicios no eran necesarios.

Uno de ellos, el padre Pedro, les relató su particular odisea:

Yo era profesor de lengua en un colegio católico cuando comenzó la campaña de alfabetización de los miembros del ejército revolucionario, debemos considerar que la mayoría de los jóvenes rebeldes eran campesinos y algunos no sabían leer ni escribir. Por ese motivo nos personamos un número considerable de profesores católicos con el fin de ofrecer nuestros servicios, de forma desinteresada, como profesores de lengua, y de esa manera colaborar con el programa. Esto sucedió en los campamentos Libertad y Ceiba de Agua, donde se concentraba el mayor número de milicianos jóvenes. La repuesta fue totalmente negativa y los mandos militares nos expresaron abiertamente su malestar por haber tomado esa iniciativa, a partir de esos momentos nos empezaron a controlar, y si alguno de nosotros pretendía impartir lecciones, aunque fueran gratuitas, consideraban que estábamos adoctrinando a la juventud cubana con ideas contrarrevolucionarias. Desde ese momento nos sentimos perseguidos e incluso menospreciados por algunos de los que considerábamos nuestros amigos.

A este relato del sacerdote se sumó una señora que confirmaba esa exposición, ya que era esposa del director-propietario de un colegio de enseñanza primaria, esta fue su historia:

Mi esposo era propietario de un colegio de enseñanza primaria. Un día aparecieron dos funcionarios del Ministerio de Educación con la finalidad de analizar los libros de texto y la enseñanza que se impartía a los alumnos. Tras su inspección, aprobaron las matemáticas, geografía de Cuba, lengua y escritura, pero cuando comprobaron que se enseñaba religión, nos obligaron a retirar los textos, ya que el programa revolucionario no incluía esa materia, además mencionaron que el nuevo gobierno cubano era aconfesional y por lo tanto, eso sobraba. Así mismo añadieron que desde el Ministerio se había instado a todos los colegios a implementar la enseñanza de las normas y principios de la revolución.

La señora hizo un alto en su relato, como si estuviera pensando lo que iba a contar a continuación, pero inmediatamente prosiguió:

A partir de ese momento comenzó una persecución a toda la familia, día tras día nos hacían la vida imposible, cualquier excusa era buena para tratar de cerrarnos el colegio. También a mi esposo, que ejercía como profesor de literatura en la Universidad de La Habana, las nuevas autoridades académicas le impusieron un nuevo programa que él, como doctor en lengua española, no podía admitir, pues se desviaba mucho del programa académico y por lo tanto se negó a impartir.

Prosigue la señora:

La consecuencia de ello se tradujo en nuevas persecuciones, no nos dejaban vivir en paz, pues en varias ocasiones nos despertaban en la madrugada, nos realizaban registros y allanamientos con las más diversas excusas, hasta que un día, en uno de esos registros, dijeron que habían encontrado documentos comprometedores, acto seguido se llevaron detenido a mi esposo. Lo siguiente fue incautar el colegio y prácticamente nos dejaron sin nada, casi pudiera decir que nos dejaron en la calle.

Pasado un mes, mi esposo enfermó, lo soltaron, y después de realizar unos trámites en la Embajada de España, pudo viajar a Barcelona donde tiene un hermano, yo me quedé en Cuba para liquidar lo poco que nos restaba, terminó con tristeza la señora.

El buque ya se encontraba en la séptima singladura desde la partida de La Guaira, todavía no amanecía, la oscuridad se cernía sobre el puente de mando, pero en el lejano horizonte se vislumbraba un destello luminoso, lo que indicaba estar a unas 35 millas del Faro de Orchilla, situado en la isla canaria de El Hierro. Este faro estaba catalogado como de primer orden y emitía un fulgor blanco cada 5 segundos, que servía para reconocerlo, es como si fuera su documento de identidad. Su luz se proyectaba desde unos 106 metros sobre el nivel del mar. Así mismo, este lugar está considerado como el punto más occidental de España.

La Punta Orchilla de la isla de El Hierro ya se mencionaba en la cartografía de la antigüedad. En el siglo II después de Cristo, Ptolomeo catalogó a ese lugar, como el «Fin del Mundo Antiguo», en su cartografía trazó la línea imaginaria que marcaba el «Meridiano Cero», haciéndolo coincidir con el extremo más occidental de la isla. Esta teoría se mantuvo hasta 1883, al ser reemplazado por el de Greenwich.

Unas horas más tarde, el buque se estaba aproximando a la isla de Tenerife por su parte sur, continuaron costeando su litoral y al cabo de unas horas llegaron al final de su primer destino en el regreso a Europa, el puerto de Santa Cruz de Tenerife.

Concluidas las maniobras de atraque, los pasajeros que viajaban con destino a las Islas Canarias se prepararon para desembarcar, los tertulianos se despidieron de los isleños y de sus familias, deseándoles buena suerte y si volvían a Cuba un feliz regreso.

Una vez que desembarcó el pasaje, se repostó combustible y agua y se realizó aprovisionamiento de víveres, el trasatlántico prosiguió el viaje hacia su destino final, después, de haber arribado al resto de los puertos españoles de la ruta, concluía su travesía en el puerto de Barcelona.

Una vez en puerto y como en las demás arribadas, Jin mantenía la costumbre de visitar a sus amigos, estas entrevistas servían, por un lado, para hablar de los acontecimientos y hechos que estaban sucedido en la Isla y por otro para que nuestro personaje les diera noticias de los familiares que habían quedado en Cuba. Ese hábito lo realizaba también en las otras ciudades de la ruta donde hubiera residentes cubanos que habían sido pasajeros del buque. Otra de las prácticas de nuestro protagonista consistía en poner a los exiliados en contacto y que se relacionaran, con ello conseguían hacer su estancia más soportable.

Jin, en ninguna de sus estancias en Barcelona dejó de visitar a don Alberto y a otros cubanos que fueron los primeros pasajeros que conoció. Como de costumbre acudió a su cita, lo que alegró al profesor y su señora, en esta ocasión fue doña Rosa la que tomó la palabra para expresarle:

Pienso organizar una pequeña fiesta en tu honor, pues he calculado que por Navidad estarás camino de América y no podrás celebrar esas entrañables fiestas ni con tus familiares ni con los amigos que mantienes en la ciudad y, por ello, me propongo invitar a los más allegados para anunciarles la celebración. La fecha que tengo prevista sería pasado mañana, te lo comunico para que organices tus guardias de a bordo y puedas estar libre en esas horas de la tarde. A Jin le pareció bien y le agradeció mucho su deferencia.

A la hora prevista del día señalado, Jin acudió al domicilio de don Alberto, le llevó un pequeño obsequio a doña Rosa y para su marido un cartón de Partagas, que eran sus cigarros preferidos. En la fiesta se encontraban don Julián, el médico, y su señora, Miguel el miliciano, el cura cubano de la parroquia cercana, don Jesús, el abogado amigo de la familia y cuatro exiliados más, entre ellos, Álvaro el periodista, que había viajado en el barco no hacía mucho tiempo; todos ellos habían sido pasajeros del buque donde nuestro marino prestaba sus servicios. La conversación, al principio, se desarrolló con carácter general, más bien los comentarios iban dirigidos a la problemática del día a día, pero llegada la hora del café, las señoras se quedaron en el comedor hablando de sus cosas y los hombres se sentaron en la sala. Ahí fue donde comenzó el verdadero debate sobre la problemática cubana y de lo que allá se estaba viviendo tras casi un año de haber llegado los milicianos al poder.

Comenzó el abogado, ya que don Alberto le sugirió que diera su opinión:

Como preámbulo hay que mencionar la situación que se está creando en Cuba y el deterioro de las relaciones con algunos de los países de su entorno, especialmente con los Estados Unidos, puesto que, el nuevo régimen se ha impuesto la tarea de nacionalizar, intervenir y confiscar todos los bienes de empresas y propiedades de los ciudadanos, bien sean estos nacionales o extranjeros.

La transparencia de los acontecimientos brilla en este gobierno por su ausencia, se carece de información y con la que se cuenta es, en muchos casos, contradictoria. Los servicios secretos y los periodistas extranjeros que pueden facilitar alguna luz, no existen o están fuertemente controlados, de ahí que algunos servicios de inteligencia extranjeros estén implementando agentes no conocidos para dilucidar la auténtica estrategia del nuevo Gobierno Cubano y el poder tener una información de primera mano. Parece que los servicios secretos foráneos no contaban con confidentes de origen cubano que estuvieran adscritos a su red. Por el contrario, solo contaban con algunos pormenores que los exiliados aportaban al llegar a sus destinos, especialmente los admitidos en los Estados Unidos. He oído que estos pasajeros narraban sus propias vivencias y experiencias que tuvieron que soportar en los meses siguientes a la toma de poder de la revolución, lo que sirvió a las autoridades norteamericanas para enterarse de los problemas vividos por estos exiliados.

Prosiguió don Jesús añadiendo:

En estos momentos, el que más y el que menos de los aquí presentes tiene conocimiento de por lo que está pasando el pueblo cubano y, aprovechando esos conocimientos, me atrevería a mencionar que las reformas que está llevando a cabo el nuevo gobierno cubano nos han afectado a todos los presentes, y como consecuencia hemos tenido que abandonar nuestra tierra. El único vínculo para mantener vivos los recuerdos y saber con exactitud de los nuestros nos lo proporciona Jin con las noticias que nos trae en cada viaje.

Siguió el abogado con el uso de la palabra para referir una noticia que le parecía importante, y según le habían comunicado un amigo desde Nueva York, milicianos castristas habían efectuado una invasión a Haití y otra a República Dominicana, lo que terminó en protestas ante la Organización de Estados Americanos.

Continuó la tertulia y cada cual expresaba su opinión sobre los diferentes acontecimientos que se estaban produciendo en la Isla, después de varias horas de charla se puso punto y final a la misma, ya que nuestro protagonista debía incorporase a bordo para relevar a uno de sus compañeros.

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