Capítulo 18 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Tras leer 17 capítulos es momento de compartir el Capítulo 18 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. A seguir en esta historia cada vez más intrigante!

18

De nuevo en La Habana

El buque inició una nueva singladura, desde que sobrepasó el espigón del muelle se trazó el rumbo hacia el Este. La travesía por el Mediterráneo transcurrió con buen tiempo. Habían pasado unas 26 horas cuando realizaba su entrada en el puerto de Génova. Después de una breve estancia, el trasatlántico partió con destino a Marsella, para ello, en el derrotero se marcó rumbo hacia el Poniente, desde ese puerto francés se regresaría de nuevo a Barcelona. La llegada a esta ciudad se produjo a las 08:00 horas del día siguiente, en esta ciudad embarcaron los pasajeros con destino a otros puertos españoles y americanos. Con ello se inició una nueva singladura hacia América, después de haber recalado en todos los puertos de su ruta, llegarían al puerto final del trayecto, La Habana. Justamente, la llegada a la capital de Cuba se realizó el tres de marzo de 1959.

Lo rutinario nada más atracar el buque fue la presencia de la policía de aduanas para ejecutar la inspección reglamentaria, pero en este caso se vieron sorprendidos porque se estableció una guardia permanente de milicianos dentro del buque. Con el fin de explicar esta nueva medida que ha-bía impuesto el gobierno revolucionario cubano, se personó el nuevo jefe de policía y aduana portuaria, uno de los milicianos, que permaneció como custodia; él mismo comentaría más tarde que se trataba de un comandante amigo de Fidel Castro, a quien ellos conocían por “El Chino”.

Este personaje desde un primer momento se ofreció para solucionar cualquier problema que se pudiera presentar, además, le dijo al capitán y a algunos de los oficiales que estaban en la reunión que tenía, por parte de madre, sangre española, también añadió que el nuevo gobierno consideraba muy importante, que se mantuviera la escala de los buques de la compañía en La Habana. Como se acercaba la hora del almuerzo, el capitán lo invitó, el representante gubernativo lo aceptó gustoso. Durante la comida se charló de cosas sin la mayor importancia, también se hizo referencia a la vida social de los ciudadanos españoles. En una de las ocasiones, el comandante manifestó -Soy descendiente de españoles, además estoy casado con una cubana de la provincia de Oriente, cuya familia proviene de las Islas Canarias. Durante el almuerzo no se habló de política, solamente en otra ocasión comentó, el representante público -Tal y como iba Cuba no podía continuar y ahora tocan nuevos tiempos. Una vez concluida la comida se despidió, reiterando su compromiso de asistencia y ayuda para cualquier contingencia que se pudiera presentar a cualquier miembro de la tripulación.

Finalizado el almuerzo, nuestro personaje pretendía conocer los últimos sucesos acaecidos en la Isla durante los cuarenta días que les llevó regresar de nuevo a la mayor de las Antillas. Para ello se valió de los datos aportados por un familiar de uno de los tripulantes que residía en la ciudad, quién le contó una serie de hechos entre los que se podían distinguir los siguientes:

Ya se estaban interviniendo compañías extranjeras o sus filiales, las primeras que cayeron fueron las de telecomunicaciones, así como varias delegaciones de compañías financieras norteamericanas. Tampoco se libraron las empresas que tuvieran accionistas pertenecientes al gobierno anterior.

Avanzada la tarde y después de cenar, Jin y algunos compañeros saltaron a tierra y se sumergieron en el ambiente de la Habana, una vez en las calles habaneras se dieron cuenta que había muchos bares y restaurantes cerrados y no encontraron el bullicio y la alegría característica de los cubanos. Visto el panorama que se les presentaba, decidieron ir al Centro Gallego donde mante-nían amigos, no solo con el fin de tomarse unas copas, sino de informarse de lo que estaba sucediendo. Durante la charla con estos conocidos, les preguntaron:

¿Qué está pasando en realidad en esta ciudad siempre tan alegre y divertida? En esta ocasión hemos notado a las gentes retraídas, como cambiadas en tan poco tiempo.

La repuesta no se hizo esperar, uno de los presentes manifestó:

La gente tiene miedo, por las cosas que se escuchan, y los rumores que circulan son preocupantes, se dice que han fusilado a muchas personas y los detenidos se cuentan por miles en toda la isla. El comandante Che Guevara ha comenzado una campaña de adoctrinamiento del nuevo ejército miliciano, en sus planteamientos manifiesta que uno de los postulados de la revolución dice: “formar unas fuerzas armadas con los conceptos revolucionarios y el ejército y el pueblo son una misma cosa”.

Continúan los amigos gallegos relatando otras noticias y comentarios que circulaban entre la población, o al menos lo que creía uno de ellos:

Los ciudadanos están retraídos, no quieren hablar ni comentar lo que está ocurriendo, pues saben que al mostrarse contrarios a los postulados de la revolución los pueden tachar de colaboradores del régimen anterior, y eso es muy peligroso. Por otro lado, los que tienen algún puesto en la administración, aunque sea de bajo nivel, no saben si continuarán trabajando, puesto que a la mayoría de los jefes y a los que tienen cargos con cierta responsabilidad los están cambiando, especialmente en la policía y otros estamentos del gobierno, en una palabra, estos milicianos no con-fían en nadie.

Toma la palabra otro de los amigos, para añadir:

Ya han comenzado a intervenir empresas y es suficiente cualquier pretexto para ello. Algunos colegios han suspendido las clases indefinidamente pues se están cuestionando algunos métodos de enseñanza, con los que no comulgan las nuevas autoridades, especialmente en los de primaria.

Uno de los tertulianos, que es profesor, comenta:

Este punto tiene una explicación muy sencilla, han nombrado como Director General de las Escuelas de Magisterio al presidente del Partido Comunista de Cuba y él, a su vez, está colocando a sus partidarios en los diferentes puestos de esa administración.

Concluida la velada con los amigos gallegos, los tripulantes regresaron al buque.

Al día siguiente, Jin acompañó a un compañero a visitar a unos familiares de procedencia catalana que mantenían negocios en La Habana y en Matanzas. La familia los recibió con alegría y se sintieron agradecidos por la visita, pues con los vecinos y con otros cubanos no querían hablar de la situación y de cómo se estaban desarrollando los hechos, ya que no conocían su reacción al respecto. Para estos comerciantes, la situación empezaba a hacerse insostenible, les habían comenzado a controlar los pagos y querían saber de dónde y cuándo recibían mercancías. Por otra parte, los nuevos mandatarios tenían muy pocos conocimientos sobre comercio, especialmente el de importación. A los antiguos funcionarios que conocían las tramitaciones y demás actos administrativos de los organismos oficiales, relacionados con el comercio, los habían cambiado o despedido. De esta manera trascurrió  el primer día en La Habana.

En el segundo día de estancia en la capital habanera, nuestro protagonista se entrevistó con un médico español, con el que le unía cierta amistad por su vinculación de paisanaje, este doctor, de nombre Andrés, llevaba ejerciendo su profesión en Cuba por más de doce años, estaba casado con una cubana y había formado una familia allí; había emigrado después de que finalizara la Segunda Guerra Mundial y se había establecido en La Habana.

Durante la charla y aprovechando un pequeño paréntesis, Jin le realizó una pregunta:

¿Qué está pasando realmente en Cuba?

El doctor le respondió:

El problema que está ocurriendo en esta tierra ya lo he vivido hace mucho tiempo en Europa, estoy viendo hechos y sucesos similares, muy comunes en todos los regímenes totalitarios. Conozco por algunos amigos y también por mis pacientes, que se está adoctrinando al ejército. Hace solo dos días han nombrado a un psiquiatra, de dudosa reputación, como jefe del departamento de actividades represivas del G2, además, el “Centro de Estudios para Oficiales”, que tiene su sede en las afueras de La Habana, en mi modesta opinión, se trata en realidad de un centro de adiestramiento marxista-leninista. Te hago esta afirmación por las referencias y antecedentes que tengo de las personas que están a cargo del mismo. De igual manera, si analizáramos los nombres de los que están ocupando los puestos relevantes dentro de su organigrama, podemos observar que la mayoría son miembros del partido comunista.

Prosigue el doctor expresando en voz alta sus pensamientos e inquietudes:

Tengo entre mis pacientes a una señora cubana casada con un norteamericano, aunque ella dice que su esposo es comerciante importador. Pero la conclusión a la que he llegado es que pertenece a una agencia gubernamental estadounidense, pues pasa más tiempo en el Club de Campo que en su negocio. Precisamente, allí se concentra el mayor número de espías del país ya que les sirve de tapadera.

Te comento este hecho porque tuve ocasión de escuchar las opiniones expresadas por este señor en una fiesta celebrada hace unos pocos días en el Club. Allí manifestó que a los norteamericanos Fidel Castro no les parecía una amenaza y que el actual régimen no duraría mucho tiempo, pues el presidente Urrutia convocaría elecciones en breve. Este comentario realizado por este señor coincidía con lo revelado, posteriormente, por agentes de la CIA que estuvieron destacados en La Habana. Así mismo, en estos días corre el rumor, y posiblemente fuera una teoría que manejaba la Agencia, que cuando los milicianos estaban en los montes en su lucha contra Batista, algunos analistas de la “Compañía” opinaban: “se debiera realizar contactos con Castro para ofrecerle armamento y avituallamiento militar moderno”; también, otros de la Agencia manejaban otra opinión: “se le podría facilitar una cantidad de dinero para que ellos mismos las comprasen”, con ello, tanto los de una opinión como de la otra pensaban que de esa manera obtendrían un vínculo con los milicianos y, una vez derrotado Batista, conseguirían el establecimiento de un gobierno democrático.

Don Andrés cambió de tema y pasó a comentar lo difícil que se estaba poniendo para aquellos que querían abandonar su tierra, puesto que los diferentes departamentos del Ministerio del Inte-rior están poniendo muchas dificultades a quienes pretenden marcharse de Cuba, los mandatarios están restando autenticidad a los salvoconductos que concedían las embajadas, ello se traduce a constantes reclamaciones ante las sedes diplomáticas. Lo que ha obligado al cuerpo diplomático a emitir una nota de protesta.

Todo ello era debido a que después del primero de enero, en la mayoría de las embajadas y oficinas consulares e incluso en las misiones diplomáticas, se habían presentado una ingente cantidad de personas pidiendo asilo político, en la mayoría de los casos se trataba de funcionarios del régimen anterior, de los cuales muy pocos eran militares, porque estos sabían a ciencia cierta que las embajadas no les iban a ofrecer asilo. Pero el mayor contingente estaba compuesto por familias, que bien tenían parentesco con antiguos funcionarios o bien con altos cargos del gobierno anterior, así mismo, se encontraban personas ajenas a la política que sentían miedo y temían que los acusaran de no ser simpatizantes del régimen revolucionario.

Con esta última explicación, el doctor concluyó su charla, pero antes manifestó:

En todas las revoluciones, la mayoría de las veces, paga justo por pecador. 

Gracias por recomendarnosShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Pin on Pinterest
Pinterest
Email this to someone
email

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *