Capítulo 17 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Tras leer 16 capítulos es momento de compartir el Capítulo 17 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. A seguir en esta historia cada vez más intrigante!

17

La estadía en Barcelona 

Proseguía la nave su avance por el Mediterráneo para hacer la arribada a su puerto final, Barcelona. En esta ocasión el desembarco se extendía a todos los pasajeros.

Jin se despidió de sus compañeros de tertulia y les manifestó:

Para cuando regresen a Cuba efectúenlo por este barco, a mí me quedan muchas singladuras por delante y estaré prestando mis servicios, por lo que todavía me encontraré aquí.

El buque, ya en su muelle habitual, era objeto de pequeñas reparaciones y acondicionamientos para el próximo trayecto. La preocupación de los tripulantes no desaparecía, pues en fechas más o menos cercanas debían volver a rendir un nuevo viaje en La Habana. Las noticias se sucedían día tras día y hora tras hora, en la mayoría de las ocasiones no se distinguían las verdaderas de las erradas, lo que hacía que aumentara la preocupación de los tripulantes. Todo ello despertaba el interés de la dotación del trasatlántico y les llevaba a intercambiar opiniones, no solo entre ellos, sino también con las dotaciones de otros buques que habían arribado procedentes de Cuba.

La preocupación se incrementaba en la cámara de oficiales y, durante las comidas, se comentaban los hechos que estaban acaeciendo desde que partieron de la mayor de las Antillas. Lo que más les llamaba la atención era los comentarios sobre el juicio que fue emitido por televisión para todo el país y a medio mundo. Se trataba del juicio del comandante del ejército Jesús Sosa Blanco, al que se le achacaban crímenes de guerra por las acciones militares llevadas a cabo en Sierra Maestra. Dicho militar fue condenado a ser fusilado en el plazo de no más de treinta días. Posteriormente, los cubanos bautizarían a este proceso televisivo como “El Circo Romano”.

Por otra parte, llegó al conocimiento de los tripulantes que, debido a una protesta por los juicios y ajusticiamientos sumarísimos que se estaban llevando a cabo en la Isla, se emprendió una acción internacional de protesta en muchos medios de comunicación, a la que se sumaron las voces de algunas democracias occidentales. Por ello, los comandantes Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, con el fin de acallar todos esos comentarios, emplazaron a todos los ciudadanos a concentrarse ante el Palacio Presidencial, lo que se podría calificar como un referéndum encubierto para que la población expresara su opinión sobre las medidas que se estaban tomado en contra de los enemigos de la revolución.

Por las noticias llegadas de la concentración se supo que se reunió una gran multitud a la llamada de las autoridades milicianas, pero, posteriormente, nuestros amigos del buque se enterarían de que la mayoría acudieron por miedo y otros porque los podrían tachar de amigos de Batista, solo algunos estuvieron porque creían en ello. Una gran colectividad fue trasportada en ómnibus, carros particulares e incluso en el tren desde todos los puntos de la isla. Este espectáculo tenía preestablecido un programa de actuación. A las dos de la tarde se iniciaba el desfile en el que abría la marcha la masa obrera y el campesinado con sus dirigentes al frente, las pancartas que se exhi-bían eran alusivas al acto. En la tribuna presidencial, además de los miembros del gobierno, se encontraba el cuerpo diplomático acreditado en la isla, por supuesto, no podían faltar los medios de comunicación, tanto cubanos como extranjeros, a quienes habían invitado de manera especial. Para completar esta pantomima, la comitiva, al pasar por delante de la tribuna gubernativa, mostraba y agitaba sus pancartas y carteles con eslóganes propicios al gobierno.

Cuando Fidel hizo acto de presencia en la tribuna, ya estaba previsto que se produjese una gran algarabía y júbilo. Tuvieron que transcurrir más de diez minutos para que se produjera la calma entre la multitud concentrada, y el Comandante diera comienzo a su discurso. Habló de justicia, paz, concordia y armonía entre los cubanos, y pedía con gran insistencia que los medios de comunicación tomaran buena nota de lo que expresaban los carteles y pancartas que portaban muchos de los concentrados, pues según Fidel, ello respondía y manifestaba la voluntad de la ciudadanía, y por lo tanto, los juicios y condenas de los enemigos de la revolución eran un mandato del pueblo cubano. Las pancartas expresaban lo mismo que el griterío de la multitud:

“Los juicos deben continuar contra los tiranos” y la palabra más repetida era “¡Paredón! ¡Paredón!”

Después de esta manifestación de apoyo al régimen. Fidel Castro convocó una rueda de prensa para los medios. De las crónicas publicadas por algunos periodistas extranjeros se pudo entresacar lo manifestado por Castro: «Se ha querido pintar a la revolución cubana con los peores colores, se nos pone como verdugos, no como libertadores” -añadió recalcándolo: “YO NO SOY COMUNISTA, pero estoy seguro de que lo primero que van a decir es que nosotros somos COMUNISTAS” -Continúo con su elocución ante los representantes de los medios- “Mi ideología es bien clara. Antes que nada sentimos los intereses de nuestra patria y de nuestra América, que es también una patria grande. Queremos la independencia económica y política, el cese de la explotación y el establecimiento de regímenes de justicia social dentro del más amplio cuadro de libertades humanas. EI día que no podamos mantener el respaldo de la mayoría, que no estemos con la verdad en la mano, nos retiraremos, porque no queremos revolución de otra forma”.

Después de estas declaraciones de Fidel, se producía un hecho que llamó la atención, sobre todo de los medios de comunicación, el suceso fue el asalto a las oficinas de “La Liga Anticomunista de Cuba”, en esta sede se mantenían las listas de los afiliados y las posibles actividades que pretendían desarrollar. El hecho sucedió en horas de la mañana, un nutrido grupo de soldados integrados en el ejército rebelde, irrumpió en las dependencias de esta organización, que dirigía el periodista Salvador Díaz Versón, se llevó todos los archivos y documentación que poesía; posteriormente estos papeles fueron quemados y destruidos en la Fortaleza de la Cabaña, según informó un corresponsal extranjero que mantenía amistad con algunos de los soldados que participaron en ese asalto. Según ellos, las órdenes venían directamente del comandante Che Guevara.

Se sucedieron otra serie de noticias que llamaron la atención de los tripulantes, especialmente de Jin, con ellas le vino a la memoria las palabras del sacerdote de mayor edad, que durante la tertulia comentó: “los hechos y las palabras de estos dirigentes, me traen recuerdos de otros tiempos vividos por mí”.

Las noticias que se dieron a conocer marcaban un hecho significativo, pues, por un lado, introducían la pena de muerte en el código penal e intercalaban una serie de artículos que reformaban, en buena medida, la Constitución del 40; por otra parte, el dieciséis de febrero los principales miembros del M26-7 auspiciaron y exigieron que se nombrara como Primer Ministro a Fidel Castro en sustitución de Miró Cardona, quién por presiones encubiertas había renunciado días atrás.

Así mismo, se siguieron produciendo otra serie de acontecimientos que confirmaban, aún más, las predicciones del religioso.

El nuevo mandatario ante periodistas norteamericanos confirmó que realizaría elecciones muy pronto, esta cantinela que repetía entrevista tras entrevista. Pero un día, el subconsciente lo traicionó y manifestó “¿Elecciones para que, para volver al politiqueo y a la corruptela?”. De esa manera, con las justificadas preocupaciones, transcurrió la estadía en el puerto de Barcelona.

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