Capítulo 12 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

El libro cada vez nos atrapa más. Tras leer once capítulos es momento de compartir el Capítulo 12 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. A seguir en esta historia espectacular!

Nuestro personaje, la ruta y sus puertos

Después de los relatos y sucesos anteriormente realizados por personajes que vivieron de manera directa toda la transición cubana, debemos regresar al comienzo de esta historia, a nuestro protagonista, a los lugares donde se produjeron las diversas narraciones; o sea, al buque trasatlántico y a las ciudades que se incluían en su ruta entre España y Cuba, así mismo, debemos considerar el desarrollo de los acontecimientos y los diferentes actores que conforman este “narración”.

En primer lugar nos vamos a referir a Jin, joven oficial de la Marina Mercante Española, quien presta sus servicios en un trasatlántico español cuya ruta comienza en Barcelona y que recala en algunos puertos del Mediterráneo, del Atlántico, y que extiende su singladura por el Caribe y otras dársenas de Centro y Sudamérica para regresar a Europa y finalizar su navegación en  Barcelona.

Una vez conocida la ruta del buque, regresemos a una de sus singladuras en el mar, cuando el almanaque señala los finales del año 1958. El trasatlántico avanza desde el suroeste por el Mediterráneo enfilando su proa hacia Barcelona. Para la vista del navegante, la Ciudad Condal se levanta en una terraza que sigue una ligera pendiente, encontrándose por el noroeste la Sierra de Collserola culminada por la montaña del Tibidabo y sus 516 metros, como punto más alto de la urbe. Estos relieves siguen manteniéndose paralelos a la línea de costa, con lo que delimita la población en un contorno que se  puede considerar cercado.

Volviendo a la posición del buque en el mar, y en el momento de iniciar la aproximación al puerto de Barcelona, lo primero que observa el navegante y lo que se destaca de forma muy visible, cuando la distancia se acorta, es la montaña de Montjuic. Arranca este promontorio desde la misma orilla del mar, lo que constituye una separación natural entre la metrópoli y la franja del Delta del Llobregat.

Cuando el barco entra en la bahía del puerto no podemos evitar fijarnos en su primera ubicación que, como puerto natural, se encontraba situada al abrigo que le confería la montaña de Montjuic y el delta del rio Llobregat. Este abrigo ofrecía un resguardo para los navíos que surcaban el Mediterráneo, especialmente en tiempo de los fenicios, quienes realizaban largas travesías por muchas leguas de costa, sin contar con un resguardo natural donde acogerse. Posteriormente los nobles y comerciantes, percatados de la importancia del comercio marítimo, solicitaron del rey Pedro IV de Aragón que continuara las obras del puerto, pues era muy importante para la ciudad; de esta manera se concluyeron las Atarazanas Reales de Barcelona.

El buque permaneció en Barcelona durante tres días realizando labores de pequeñas reparaciones y avituallamiento. En esos días la vida a bordo se desarrollaba por un código no escrito, los marinos que tenían a la familia en la ciudad y los que la suya se había desplazado desde otros puntos de la Península para estar con ellos en esos días, realizaban su cometido a bordo durante la jornada matutina, y así podían estar con los suyos el resto de la tarde-noche y regresar al buque en la mañana del día siguiente, con el fin de relevar a los compañeros que se habían quedado de guardia por el resto de la jornada. Esta práctica era normal y la compañía lo permitía, con ello conseguía conciliar la vida familiar de sus tripulantes. Esta norma no escrita también se aplicaba cuando se llegaba a otros puertos donde los marinos tenían familia, por lo que el resto de los compañeros asumían sus obligaciones.

Pertrechado el buque, recogida la carga y admitido el pasaje se pone rumbo al Este hacia  Génova, primera escala del Mediterráneo, para retornar hacia el Oeste, realizando una escala en Marsella y desde este puerto vuelta a Barcelona, después de una breve estancia de unas horas para embarcar nuevos viajeros que en esta ocasión se trasladarán a América. Se continúa la travesía y se recala en Valencia, Málaga y Cádiz, donde más pasajeros y sus enseres emprenden viaje hacia el Nuevo Mundo se prosigue el periplo poniendo rumbo Suroeste para dirigirse a Canarias.

El primer puerto de las Islas Canarias, en esta ocasión, era Tenerife, por lo que se fijó el rumbo hacia esa demarcación. El tiempo que les acompañaba era muy bueno y se presumía que la llegada hasta las Islas Afortunadas sería apacible, estaba prevista a las 07:30 horas del día veintisiete de diciembre. Ese día amaneció claro y el sol ya se estaba levantado por el Este,  permitiendo contemplar por proa un grandioso espectáculo, ya se vislumbraba el Teide en la lejanía, su cumbre majestuosa se encontraba coronada por una tenue nubecilla que le confería una extraña apariencia como de tener un gran sombrero en lo alto de su cúspide.

Con la proa enfilada hacia Tenerife y a medida que el buque se acercaba a la isla, el Teide se hacía más visible al ser alcanzado por los primeros rayos de sol de la mañana y la niebla de la noche se disipaba, por lo que se podía apreciar en todo su esplendor. Un poco más bajo de su base de alzamiento comenzaba ya a formarse el mar de nubes, que a los marinos les recuerda a un mar picado de sal y espuma. El buque continuó avanzando hasta que se pudo distinguir la codillera de Anaga, este accidente geográfico conforma la bisectriz del triángulo escaleno que representa el contorno de la figura de la Isla de Tenerife, la cual parte del vértice superior. Por su lado norte se sitúa una costa escarpada con depresiones y valles, de los que el de La Orotava es su máximo exponente.

El otro lado del triángulo corresponde a la vertiente sur de la isla, esta se constituyó, en tiempos remotos, por las erupciones volcánicas y los depósitos expedidos de los volcanes, con ello se conformó la depresión del Valle de Güímar. La línea central de esa figura poligonal está ocupada por la cordillera de Anaga, que se alza desde la costa hasta la cumbre del Monte de Las Mercedes. Su marcación desde la posición que ocupaba el buque en el mar es de NE-SO.

Ya aparecían, a la vista del oficial de guardia en el puente de mando los Roques de Anaga. Los roques están formados por dos islotes que distan apenas unas millas de la costa firme, asociados a ellos se encuentran una serie de bajuras que se consideran peligrosas para la navegación. Al atolón más alejado del litoral se le designa como Roque de Afuera, y es el más pequeño. A poco más de media milla se encuentra el otro, denominado Roque de Tierra, de mayor tamaño. El mar en esa zona es peligroso y de fuertes corrientes, especial atención para la navegación merecen varios ba-jíos, uno en especial denominado “Baja de la Palometa”, causante de números naufragios en épocas pasadas, de cuando los bergantines y goletas surcaban esas aguas para cargar los vinos Malvasías de Canarias que se producían en las bodegas de la comarca de Taganana, destinados a satisfacer los paladares de los ingleses, tal y como recogía Shakespeare en sus obras.

Rebasados los Roques de Anaga, ya el buque se encontraba al socaire de los vientos del norte, y con ese placentero ambiente se fue acercando a la bahía de Santa Cruz. Al principio se la consideró como plaza defensiva, puesto que la actividad comercial la desarrollaban, los puertos de Garachico y de La Orotava, que sustentaban la actividad mercantil de toda la isla, por lo que Santa Cruz fue pensada para la defensa y contención de posibles ataques de piratas y fuerzas invasoras al tener en sus cercanías a San Cristóbal de La Laguna, antigua capital del Archipiélago Canario.

En el siglo dieciocho, coincidiendo con el mismo año que realizó una incursión el pirata Jennings, se produce un fenómeno geológico de primera magnitud: la erupción del Volcán Trevejo, que con su rio de lava conducente hasta el mar destruyó el puerto de Garachico. A partir de este incidente de la naturaleza se propició el desarrollo y despegue del puerto de Santa Cruz como entidad mercantil.

Te dejamos aquí un enlace del Preámbulo del libro!

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