Capítulo 11 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Tras leer diez capítulos es momento de compartir el Capítulo 11 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. A seguir en esta historia espectacular!

Preludio de la victoria de los milicianos

Una vez consumido ese rico café, comienza don Jesús su relato:

Volvamos a los últimos días del mes de diciembre de 1958, algunos analistas políticos ya preveían la derrota del gobierno de Batista y la instauración de un nuevo régimen en Cuba, con la victoria de los milicianos, sin que los mandatarios estadounidenses tuvieran ni siquiera indicios de las tendencias políticas que seguían los nuevos gobernantes ni si dispondrían de un hombre fuerte en el nuevo ejecutivo. Por otra parte, sus servicios secretos no se habían percatado o no quisieron ver que las ideas marxistas las profesaban  algunos de los componentes de la cúpula rebelde, que estaba ganando la partida en los diferentes frentes de lucha callejera, también en los que mante-nían abiertos en las montañas cubanas. Algunos hechos sucedidos en México durante la preparación de los guerrilleros rebeldes daban que pensar a los estudiosos de las actuaciones “gubernativas”; por ejemplo, la integración en las filas castristas de leninistas declarados, la amistad tan repentina y los encuentros con Nicolai, que resultó ser el jefe de la KGB en la Nación Azteca, el entrenamiento de los guerrilleros por parte de militares republicanos españoles de tendencia comunista y, por último, el pronto reconocimiento y acercamiento de la URSS a Cuba, un pueblo que amaba la libertad y rechazaba el totalitarismo.

Para cuando los servicios secretos del “Bloque Occidental” se dieron cuenta, ya la penetración del comunismo se había consolidado en Cuba, tal y como lo manifestara en sus memorias el propio presidente Eisenhower, y cuyos temores se hicieron realidad debido al blindaje y hermetismo del gobierno cubano, de sus fuerzas armadas e, incluso de su policía, que se hicieron impenetrables a los servicios secretos accidentales. Además, las noticias que llegaban atribuían la implantación de un régimen de terror y el miedo era el denominador común en toda la isla. Así mismo, los ataques verbales contra los Estados Unidos se sucedían de forma permanente. Por otro lado, se prescindió de la asesoría militar y policial que venía prestando los Estados Unidos con la consecuente expulsión de sus miembros, que hasta ese momento eran los más leales aliados del gobierno cubano. Todo ello propició que estos servicios se quedaran sin informadores que les advirtieran de los acontecimientos y sucesos que se iban produciendo en Cuba, ya que las noticias enviadas desde las misiones diplomáticas de los países occidentales establecidos en La Habana eran muy escuetas si tenemos en cuenta la magnitud del hecho que se sucedía día tras día. Por ese motivo, se vieron obligados a buscar esa información que les faltaba por otros medios, y comenzaron a tratar de reclutar a comerciantes, empleados y extranjeros que residían en la mayor de las Antillas.

Ante esta afirmación de don Jesús, a nuestro protagonista le surge en su memoria un pensamiento silencioso, la serie de acontecimientos que tuvieron lugar en el año anterior, cuando los servicios encubiertos de una nación con importantes inversiones en Cuba realizaron un acercamiento a los tripulantes españoles que recalaban en el puerto habanero con regularidad, entre los cuales estaba él.

Continúa don Jesús con su relato poniendo de manifiesto sus conocimientos:

Como antecedentes al acercamiento a posibles informantes, como consecuencia de la precipitación de los hechos en la isla y con la finalidad de que realizaran labores encubiertas, se puso en movimiento toda una red exterior para buscar los contactos oportunos que dieran lugar a establecer los clandestinos necesarios para cubrir la falta de información. Pero si me lo permiten, antes debemos conocer, aunque sea de manera somera, los sucesos acaecidos como preámbulo de la entrada de las fuerzas revolucionarias a La Habana y la deriva comunista de la mayoría de sus componentes, que ocasionó el deterioro de las relaciones con USA.

El Che Guevara y sus milicias se sitúan, el 28 de diciembre, para el ataque y asalto definitivo a la ciudad de Santa Clara. Los “asesores militares” de los milicianos revolucionarios consideraban que esta ciudad constituía la llave de la parte central de Cuba y por consiguiente el libre acceso a la capital de la República. Pero los acontecimientos se precipitaron en el último día del año 1958. La consecuencia de ello fue atribuida a que las tropas rebeldes asaltaron y se apoderaron de un tren blindado, que había sido enviado desde La Habana, con material y hombres pertenecientes a la sede del cuartel general, como refuerzo a la ciudad de Santa Clara para evitar en lo posible su caída. Conocidos estos hechos, Batista, junto con familiares y algunos miembros de su gobierno, abandona la Isla y se dirige a Santo Domingo, dejando a Cuba sin gobierno. De manera provisional asume las directrices del país el general Eulogio Cantillo, quien se reúne con Fidel Castro con la intención de poner en marcha una junta militar encabezada por el magistrado Orlando Piedra. De forma paralela surge otra iniciativa comandada por el coronel Ramón Barquín, quién había estado preso en Isla de Pinos por conspirar contra el gobierno de Batista.

Este intento de restaurar un gobierno provisional fue rechazado por Fidel Castro, quién convocó una huelga general con el eslogan «Revolución, SÍ; golpe de Estado, NO.» ordenando a los comandantes Che Guevara y Camilo Cienfuegos proseguir el avance hacia La Habana y controlar los centros de comunicaciones y demás organismos estratégicos de la capital. El primer día del año 1959 y con las primeras luces del alba, entran en La Habana las tropas del Segundo Frente Nacional de Escambray, capitaneadas por Eloy Gutiérrez  Menoyo.  Las tropas revolucionarias del Movimiento 26 de Julio, mandadas  por los comandantes Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, inician  su  asalto a la capital ocupando el regimiento de Campo Columbia y la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, sin tener que vencer ningún tipo de resistencia. Con la acción de la toma de estos dos enclaves militares depuso el mando que ejercía el Coronel Barquín y se ordenó detener al General Cantillo. Después de estas operaciones, que habían sido preparadas meticulosamente por los asesores militares externos de los milicianos, el Directorio Revolucionario (de corte comunista), cuyo mando lo ostentaba Faure Chomón, procedió a la ocupación del Palacio Presidencial, lo que ocasionó descontento  entre la coalición de las fuerzas revolucionarias.

Al mismo tiempo, el uno de enero, Fidel Castro hacía su entrada triunfal en Santiago de Cuba, adjudicándole la capitalidad provisional de la República. Se designó como presidente de la nación al magistrado Manuel Urrutia Lleó. Desde los primeros momentos, el gobierno de Estados Unidos, que recibía información puntual de los avances y acciones militares de los rebeldes desde su embajada, reconoció al gobierno revolucionario. También se supo con anterioridad a estas fechas, cuando todavía se encontraban los milicianos en Sierra Maestra, que la “Agencia” planeó ofrecerles ayuda a los combatientes insurrectos y alguno de sus agentes pensaba, como mejor opción, el contribuir con armas y dinero. Quien más apuntaba esta fórmula era el agente de campo que se mantenía desplazado en La Habana, al considerar a Castro con muy buenas perspectivas de cara al futuro de Cuba y sus relaciones con los Estados Unidos. Pero este personaje debía de tener nublada la mente, pues se pasaba el mayor tiempo en el Club de Campo de esa ciudad, frecuentado por políticos, empresarios, militares y la clase alta de la sociedad habanera. En ese ambiente, donde imperaba el daiquiri, los mojitos, el whisky y un sinfín de bebidas espirituosas, no se podía pensar con la claridad suficiente para analizar los acontecimientos y los hechos que habían sucedido y los que estaban ocurriendo. Aun así, el contagio de los pensamientos de este agente se trasmitió a otros de la “Agencia” y en esos tiempos muchos de ellos se consideraban fidelistas. Posteriormente, el propio jefe de la división de Centro América y del Caribe así lo reconocería. Desde ese momento, se puede atribuir el inicio y consolidación del poder de las fuerzas revolucionarias. Para la historia se fija el triunfo de la Revolución, como fecha definitiva, el 1 de enero de 1959.

A partir de ese día comienza a implantarse, de manera encubierta, una serie de reformas tanto políticas como estructurales, conducentes a la imposición del comunismo en la Isla, que vendría a afectar a la mayoría de los intereses establecidos. Sin ser exhaustivo, nombraré las principales y de mayor interés, que condicionan a este relato: Entre enero y abril de 1959, comienzan las persecuciones y arrestos masivos de todas aquellas personas que fueran objeto de sospechas, por haber colaborado con el régimen anterior. En esa época, casi mil personas fueron denunciadas y juzgadas por medio de juicios sumarísimos, de los cuales, al menos quinientos fueron fusilados. Ernesto Guevara, que durante los primeros meses de la revolución ejercía la jefatura de La Cabaña, fortaleza militar edificada en tiempos de la colonización española, sería el encargado de presidir  los juicios y ordenar la ejecución de los detenidos y condenados en esa fortificación.

Pasados unos meses se produce una aproximación encubierta y disimulada hacia la Unión Soviética debido a la tendencia comunista de algunos de los principales miembros de la revolución encuadrados dentro del Comité Revolucionario. Aun así en una entrevista para la televisión, Fidel Castro, con el fin de que llegara a los oídos de los estadounidenses, manifestó que no era comunista el 19 de abril de 1959. Posteriormente, Fidel realizaría su visita oficial a los Estados Unidos, concretamente en los meses de abril y mayo de ese mismo año. La expedición de Castro se centró, principalmente, en llevar la doctrina de la revolución a los miles de refugiados cubanos que permanecían en los Estados Unidos por culpa de la persecución de Batista. En su estadía en Washington se entrevistó con él un agente de la inteligencia americana, que lo calificaría, según la traducción que se facilitó en su momento, como “un nuevo líder espiritual de las fuerzas democráticas y anti dictatorial de Latinoamérica”.

Poco tiempo después, y según las memorias de un exagente de la Compañía cuyo nombre en clave era Sr. Winter, cito textualmente: “El presidente Eisenhower se puso furioso al descubrir que la CIA había juzgado tan mal a Castro. Aunque nuestros expertos de inteligencia han estado vacilando durante varios meses –escribiría en sus memorias– los acontecimientos les fueron llevando, poco a poco, a la conclusión que, con la llegada de Castro, los comunistas habían penetrado en el hemisferio”. De igual manera, utilizando  la misma fuente, y casi concluyendo el año, podemos considerar esa fecha cuando se pondría en marcha el “Affaire entre Castro y la Agencia”, donde se pretendía suprimir a Castro. Las memorias del mencionado exagente lo reflejaban en el pasaje escrito que nos ha proporcionado un exmiembro de inteligencia: El 11 de diciembre de 1959, tras haber llegado a aquella conclusión, el agente Richard le envió al director del departamento señor, Alan, un memorándum sugiriéndole. Hay que considerar la posibilidad de eliminar a Fidel Castro”. Pero el responsable de los asuntos cubanos hizo una corrección crucial a la propuesta, prescindió de la palabra “eliminar”, un término que hacía pensar demasiado en el asesinato, y lo sustituyó por “remover de Cuba” para luego darle luz verde a esta orden.

Pero la suerte ya estaba echada, definitivamente Cuba tomaba el camino del socialismo marxista. A pesar de que el acercamiento a la URSS era evidente ante los ojos del mundo, los dirigentes cubanos afirmaban que ello no constituía preocupación para los países occidentales, puesto que no se trataba de una convicción ideológica, sino una conveniencia estratégica, por la poca atención de los gobiernos amigos y las discrepancias con el gobierno EE.UU. debido al proceso de reformas y expropiaciones que se estaban llevando a cabo en Cuba. Por esa razón y no otra, se veían en la necesidad de buscar otros aliados que comprendieran las acciones que tomaban a favor del pueblo y se aliaban con los soviéticos. Fidel Castro era conocedor del enfrentamiento que mantenían durante años, por motivos de la Guerra Fría, estadounidenses y soviéticos y quería aprovecharse de esta circunstancia.

Por otra parte, se comenzaron las expropiaciones e incautaciones de bienes y haciendas, principalmente, tras la puesta en marcha de la “Reforma Agraria”. Como consecuencia de esas acciones expropiadoras y el ataque a la propiedad privada que se había desatado por parte del gobierno revolucionario, las facciones menos tolerantes y opositoras a estas prácticas se convirtieron en todos los blancos de la crítica más oficialista, y sus miembros fueron sustituidos de manera fulminante por otros más acordes con la postura y planteamientos de Fidel Castro. Testimonio de estas purgas internas fueron personajes como Miró Cardona, Urrutia o, López Fresquet y otros muchos más, quienes fueron desalojados del Comité Revolucionario.

Como resultado de estas acciones del Gobierno Cubano, la mayoría de los propietarios de haciendas, plantaciones e ingenios azucareros, y un gran sector de la clase media, se vieron obligados a marcharse del país. Muchos retornaron a países donde mantenían lazos familiares, es el caso de los descendientes de españoles, otros consiguieron reubicarse en países latinoamericanos, y otros lograron entrar en los Estados Unidos como refugiados o con un visado de turistas, con la esperanza de obtener un certificado de residencia.

Tras esto, los vínculos con EE.UU. se hacen más agrios. Las persistentes referencias de Fidel Castro en sus discursos contra los imperialistas del norte no cesan, lo que trae consigo un enfriamiento de las relaciones diplomáticas con el Gobierno de los Estados Unidos. Por otra parte las multinacionales americanas, que mantenían múltiples negocios e inversiones en la Isla, vieron desmoronados todos sus proyectos. Por ello, estos grupos de interés apremiaban al gobierno de Estados Unidos para que les informara de los acontecimientos que estaban ocurriendo en Cuba, y que les dijeran qué tenían pensado hacer para proteger sus inversiones y el futuro de las mismas.

Por esas fechas, la misión militar norteamericana había tenido que abandonar Cuba, pues no era del agrado del actual gobierno cubano, así mismo, los agentes de los servicios secretos y de inteligencia estadounidenses eran demasiado conocidos como para poder investigar, lo mismo sucedía con los encubiertos cubanos que mantenía en nómina la Agencia y operaban en la isla; además, los posibles colaboradores del interior tenían miedo, pues, en términos generales, la población estaban muy controlada. Con este panorama, la cosa no se presentaba halagüeña para los servicios de información americanos y las exigencias de los grupos de presión continuaban. Con todo este devenir de circunstancias que debía soportar el gobierno norteamericano, se vieron obligados a buscar una pronta solución. Para resolver el problema planteado, se le encargó a los servicios de inteligencia y espionaje que recabasen los datos necesarios para realizar una evaluación efectiva de las intenciones y actuaciones del nuevo régimen cubano. Para ello se ordenan y habilitan los recursos necesarios para despejar la carencia de información y salir de la oscuridad en que se encontraban. Con esa finalidad se pone a disposición de La Agencia una suma importante de dinero para conseguir informaciones fiables y reales de la problemática cubana. Entre las múltiples acciones estudiadas, una de ellas consistía en la búsqueda de informantes que desempeñaran su papel sin despertar mayores sospechas, ya que la situación era muy delicada y no convenía dar más argumentos al nuevo régimen a la hora de recabar testimonios de los acontecimientos que realmente  se estaban viviendo en la mayor de las Antillas.

La Agencia, por su parte, está ahora mismo tratando de buscar esta información dentro de Cuba, pero nadie se compromete a esa misión, ya que los servicios secretos cubanos están activos e incluso son entrenados por miembros de la KGB. Por ello están optando por clandestinos volantes. Entre la relación de posibles aspirantes surgieron los marinos españoles que realizaban el puente marítimo entre España y Cuba, cuyos trasatlánticos recalan en La Habana cada 40 días, y permanecen en este puerto unos 3 o 4 días. Y por supuesto, los servicios de inteligencia conocen esta circunstancia, por lo que seguramente explorarían esta opción.

Don Jesús, con esta última parte, pone final a su charla.

Todos los presentes agradecen su amabilidad por haberles ofrecido tan amena disertación sobre la problemática cubana.

Por su parte el anfitrión, don Alberto, manifiesta:

Que no se pierda la costumbre de tan agradable tertulia, para lo que está a disposición mi humilde morada.

Te dejamos aquí un enlace del Preámbulo del libro!

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