Capítulo 58 de Pudo ser un Undercover: Novela por Entregas

Pudo ser un Undercover: capítulo 1
Pudo ser un Undercover

Luego de leer 57 capítulos es momento de compartir el Capítulo 58 de Pudo ser un Undercover, del escritor V. M. Bongutz. Acontecimientos anteriores a la crisis de los misiles.

 

 

 

58

 

Acontecimientos anteriores a la crisis de los misiles

 

En este capítulo se relatarán una serie de acontecimientos anteriores a la culminación de la crisis de los misiles, los mismos han sido narrados por diversos personajes, amigos y conocidos de nuestro protagonista, quien, a través de sus diversas escalas en los puertos de su ruta, fue reuniendo las narraciones de todos estos sucesos que ocasionarían el devenir de dicha crisis.

Comenzaremos por unos hechos sucedidos a partir de mayo del 62, pues en ese mes, ya los servicios de inteligencia estadounidense recibieron unos informes de algunas de las teorías militares que manejaba el Estado Mayor del Ejército Cubano y de su afán armamentista, por ello se endureció la postura del Gobierno de Washington con respecto a la problemática cubana y también el bloqueo. Por otra parte, los planes de la CIA y del Grupo Especial se acrecentaron y crecieron, las demandas de la oposición cubana que pedía una intervención en la isla con una mayor contundencia que en Playa Girón. Al mismo tiempo los servicios secretos cubanos, que se mantenían infiltrados en los Estados Unidos, se percataron de estos planes y de las propuestas de la oposición cubana y trasmitieron las noticias de inmediato a la Habana. La reacción del régimen castrista se tradujo en un incremento de los contactos con Moscú, no solo para recibir petróleo, cereales y otros productos, sino además para comunicarle las intenciones que tenía Washington y sus planes de invasión, todo esto se reflejaba según la visión del Estado Mayor Cubano, y por ello reclamaban un mayor y más moderno equipamiento para su ejército.

Esta información la obtuvo nuestro protagonista por dos conductos diferentes, por un lado se lo contaron sus amigos José y Frank, y por el otro fueron los propios milicianos que montaban guardia en el buque. Además, él mismo pudo observar la cantidad de buques soviéticos y de la Alemania Oriental que se encontraban en las aguas de la bahía habanera, así mismo advirtió que por algunas carreteras de la isla se percibía un movimiento continuo de equipos de guerra. De estos pormenores se informó durante esa estancia en La Habana.

Posteriormente se enteraría, en la arribada que realizó a mediados de julio, que la situación se estaba complicando, según los nuevos relatos que le hicieron José y Frank; pues los jefes, de la célula contrarrevolucionaria donde ellos militaban le dieron mucha importancia a la visita que giró el Ministro de las Fuerzas Armadas Cubanas, Raúl Castro, y su Estado Mayor a la capital soviética, la fecha de la llegada a Moscú la cifraban en el 12 de julio y la estancia se prolongó por varios días. En dicha permanencia y según fuentes fidedignas, atribuidas a un agente doble, los cubanos sostuvieron varias reuniones con la cúpula militar soviética, donde se tomó la decisión, según la información que tenía este agente, de instalar misiles tierra-aire para proteger al territorio cubano de posibles ataques de aviones mercenarios, también de esas informaciones se extrajo otro punto importante  y era que el mando soviético había puesto una condición insalvable para los militares cubanos, los cohetes estarían bajo el control de los militares bolcheviques y por tal motivo sería necesario aumentar la dotación del ejército soviético en la isla. La comisión del Ministerio aceptó las condiciones propuestas y a los pocos días, desde las bases soviéticas del Mar Negro y alguna de las situadas en los países del Telón de Acero, comenzó un flujo de buques para transportar el armamento y el material militar que les permitiría disponer de unas defensas sólidas en caso de un ataque por fuerzas externas contra la mayor de las Antillas. Precisamente en esa estancia del trasatlántico español al puerto habanero, Jin pudo apreciar que en la bahía se podían distinguir varios buques mercantes de gran tonelaje, entre ellos se encontraban soviéticos, polacos y de la Alemania Oriental, que no eran habituales en ese puerto. Además, según le informaron los milicianos que montaban guardia en el buque, a otros barcos los estaban desviando al puerto de Mariel.

En esa misma estancia del buque y en su habitual charla con los guardianes portuarios pudo escuchar la paranoia que se estaba viviendo sobre una intervención de los norteamericanos. Además, se extendían por toda la ciudad de La Habana rumores que, según la opinión de los amigos de Jin, los habían difundido los propios servicios policiales con el fin de justificar la carrera armamentística, estos rumores se centraban en  lo siguiente: 

“Los yanquis y los mercenarios contrarrevolucionarios pretenden asaltar nuestra tierra y destruir nuestra revolución, pero no se atreven a invadir Cuba. El presidente de los Estados Unidos sabe que el ejército revolucionario cuenta con mejores aviones, tiene un armamento moderno y dispone de tropas bien entrenadas para hacer frente a cualquier ataque”.

Así mismo Jin sospechaba, por su conversación con José, que los servicios secretos norteamericanos habían recibido varios informes de agentes secretos pertenecientes a las delegaciones diplomáticas de otros países que aún operaban en Cuba. De igual manera tenía constancia de que varios agentes de potencias occidentales se infiltraron en la mayor de las Antillas para realizar este trabajo encubierto, pues los gobiernos de esos países estaban preocupados por el cariz que estaba tomando la deriva armamentística de los cubanos. Todos estos datos los dedujo nuestro protagonista  por conversaciones y relatos de varias fuentes, además, durante sus diversas charlas con los milicianos de a bordo, estos ya estaban presumiendo de su poder armamentístico y frecuentemente nombraban las rampas, silos de misiles, los grandes aviones y los nuevos cuarteles que estaban construyendo en el Occidente y en el Oriente de la Isla.

Como consecuencias de estos y otros comentarios e informaciones, que con toda seguridad recibieron también los servicios de inteligencia estadounidenses, el gobierno norteamericano ordenó a la inteligencia militar que se asegurara de que esos hechos se estaban produciendo en Cuba. Con ello se percataron de que los testimonios que habían recibiendo ya no eran simples charlas de bar, ni exageraciones de los milicianos o del dramatismo de los contrarrevolucionarios del interior de la isla, que cada día se veían más acosados y perseguidos por los cuerpos y fuerzas revolucionarias, sino que la realidad que reflejaban los informes de uno y de otro lado y los rumores que se extendían por La Habana les llevaban a una sola conclusión, y no era otra que el equipamiento de las Fuerzas Armadas Cubanas con armamento moderno procedente de la Unión Soviética, principalmente aviones de transporte de tropas Antonov, bombarderos ligeros IL-28 y de combate MIG, baterías de misiles tierra aire y equipos pesados para el ejército de tierra.

Las agencias de inteligencia de los Estados Unidos, ante esas informaciones y los rumores que le seguían llegando, se propusieron confirmar todos estos aspectos para tener una versión más profesional, para ello solicitaron la ayuda de los servicios secretos de las potencias occidentales aliadas que todavía contaban con representación en La Habana con el fin de que evaluaran la situación y despejaran las dudas y la incertidumbre en que se encontraban. Algunos de los espías que aún permanecían en la isla contactaron con la oposición cubana al régimen y comenzaron a recabar datos y a comprobar sobre el terreno todas estas cuestiones, con el fin de confirmar los hechos que los contrarrevolucionarios mantenían como ciertos. En pocos días ya tenían elaborado un dossier que hicieron llegar a los servicios secretos de sus respectivos gobiernos, y estos a su vez se lo comunicaron a sus homólogos estadounidenses.

Por su parte la CIA, ante estas informaciones, realizó un despliegue en la zona del Mar Muerto y comprobó que se estaban realizando movimientos anormales en las bases soviéticas de esa zona, así mismo hicieron un seguimiento de los buques soviéticos de gran tonelaje a su paso por el estrecho del Bósforo, comprobando, con ese rastreo, que su destino final era Cuba, lo que constituía casi la confirmación de todas esas informaciones. Además en un expediente interno, preparado por la Agencia, hicieron  notar que cabía la posibilidad de que los soviéticos estuvieran instalando bases de lanzamiento de misiles estratégicos de medio y largo alcance.

En la siguiente llegada del buque a La Habana, que tuvo lugar a principios de septiembre, la primera visita que realizó Jin, fue a José y Frank, para comentarles los temores que le había comentado su primo Miguel en su estancia en Barcelona. A Miguel le habían llegado rumores alarmantes desde Miami, y estas informaciones le llenaban de angustia en pensar qué sería de los suyos, si se producía una nueva invasión de mayor envergadura que la anterior de Bahía de Cochinos, y esta preocupación iba en aumento al pensar el uso que harían los revolucionarios de estas nuevas armas y como se comportarían con la población civil. Por estas razones encargó a nuestro protagonista que visitara a sus familiares y se enterara de la situación, pues desde hacía varias semanas no tenía noticias suyas.

Por ese motivo, nuestro marino, en la tarde del día de su llegada a La Habana, se desplazó hasta el domicilio de José y Frank. Además de entregarles un paquete con obsequios para la familia, también mantenía en su ánimo el recabar la información que su amigo exiliado en España le había solicitado.

Serían como las seis de la tarde cuando Jin se presentó en el domicilio de la familia de Miguel, hacía pocos minutos que los primos habían regresado del trabajo y tanto ellos como su madre se alegraron de la visita y de enterarse de manera directa de cómo llevaba su familiar la vida en España. Nuestro marino les comentó los detalles de la subsistencia de su pariente, de igual manera le trasmitió algunos recados para ellos y una carta para sus padres. Después de estos primeros momentos de conversación y cuando la señora se retiró a sus quehaceres en la cocina, nuestro protagonista les preguntó lo que Miguel quería saber, por lo que José comenzó a relatarle todos los pormenores de los hechos acaecidos después de su última permanencia en La Habana:

En primer lugar, el jefe de nuestro grupo contrarrevolucionario recibió órdenes desde Miami de recabar información de las rampas y las nuevas instalaciones militares, y al mismo tiempo debía prestar su colaboración a unos agentes secretos extranjeros que se encargarían de recabar una información más precisa. Estos agentes, que se hacían pasar por comerciantes de fábricas inglesas y por representantes comerciales italianos, aprovecharon bien la información que les había facilitado Calixto sobre las construcciones del occidente del país, pues se desplazaron a esos lugares y pudieron observar por ellos mismos la veracidad de los hechos; posteriormente también informaron a su jefe de que habían comprobado que en Oriente se estaban construyendo las mismas instalaciones.

A los pocos días llegó, procedente de los Estados Unidos, una comunicación cifrada dirigida a nuestra sede de la capital donde nos informaban de que el gobierno estadounidense estaba preocupado por los informes que iba recibiendo y por los movimientos de buques soviéticos y de otras naciones del Telón de Acero. Ese comunicado añadía que el Presidente Kennedy había convocado a los miembros de su gabinete y a sus máximos colaboradores para analizar la situación cubana y las medidas a adoptar, pues no iban a permitir la instalación de misiles balísticos tan cercanos a las costas norteamericanas, así mismo se tomó la decisión de acelerar los planes para sacar del poder a Castro.

Ahora tomó la palabra Frank, quien manifestó:

Desde hace quince días estamos todos en alerta esperando la orden de comenzar a realizar acciones en las diferentes ciudades y pueblos, la guerrilla tiene órdenes de intensificar sus ataques a instalaciones militares estratégicas en todo el territorio, con esta acción debemos confundir a las fuerzas milicianas para que piensen que se está llevando a cabo una gran ofensiva. De momento, según los estrategas estadounidenses aún no había llegado la hora de actuar, lo que nos hace sospechar que la información recabada no ha llegado a su destino o que todos los datos que recopilamos todavía no obran en poder de la Agencia, por lo que estarán esperando a completarlos.

Intervino de nuevo José, comentando:

Tenemos noticias, por un paisano de Calixto que trabaja en el Ministerio de las Fuerzas Armadas, de que a final de este mes el Che y el miliciano Emilio Aragonés, convertido ahora en diplomático, llegaron a Moscú con el fin de acelerar el suministro de la maquinaría de guerra y la instalación de los misiles balísticos. Esta acción se llevó a cabo porque la información de que disponía la inteligencia cubana reflejaba que se estaba preparando un plan a gran escala para que realizan un levantamiento en la isla y que a este acto le seguiría una invasión, por lo que los dirigentes militares cubanos consideraban imprescindible terminar la instalación de los cohetes y completar las dotaciones militares que frenaran los planes gestados en los Estados Unidos. Nuestro grupo esta información la trasladamos a la sede de Miami y desde allí, a su vez, pusieron en antecedentes a los servicios de inteligencia norteamericanos. Ante esta información, la Agencia dio la orden de confirmación para que se realicen una serie de nuevos reconocimientos que confirmaran que estos pormenores no eran meras sospechas, rumores o afirmaciones sesgadas de los miembros de la resistencia cubana. Para cumplir ese mandato se desplegaron a una serie de miembros de nuestro grupo que confirmaron fehacientemente todas las sospechas, por lo que se puso de manifiesto que se estaban construyendo edificaciones y rampas en ocho lugares distintos de la mayor de las Antillas, así mismo se pudo apreciar la instalación de defensas costera por el norte y el refuerzo de las ya existentes para que fueran capaces de albergar misiles tanto de defensa aérea como de marítima.

Frank tomó la palabra para ampliar la información:

En agosto ya no era un secreto en los Estados Unidos lo que estaba sucediendo en Cuba, pues los rumores se habían extendido no solo entre la oposición radicada en Miami, sino también era debido a que en los medios de comunicación aparecían entrevistas a los miembros de la oposición que opinaban sobre estos hechos, además las investigaciones que realizaron algunos periodistas confirmaban los temores de los exiliados. Estas indagaciones las efectuaban preguntando a los exiliados que llegaban a Miami procedentes de la isla, quienes contaron sus impresiones y lo que estaba sucediendo, y abrigaban la sospecha de que, con la llegada de tantos buques soviéticos a los puertos cubanos, estaban entrando armas a la Isla.

Por esa razón, en una de las comparecencias del presidente Kennedy, los reporteros acreditados en la Casa Blanca le preguntaron por la situación en Cuba y los rumores que se habían extendido en los ámbitos de la oposición cubana radicada en Florida, a lo que el mandatario estadounidense contestó:

“No vamos a invadir Cuba, una acción de ese tipo podría acarrear graves consecuencias a muchas personas”.

En esa rueda de prensa también salió a relucir lo de los misiles soviéticos, pues ya no eran un secreto para nadie, además, algunos senadores estaban reclamando al Presidente una intervención y una investigación más a fondo de esta cuestión. Otro de los planteamientos de estos congresistas, dada su enorme preocupación, era que se desplazara un equipo de comandos para que efectuaran una valoración real, sobre el terreno, y cuantificaran la magnitud de esa penetración soviética en suelo cubano.

Con motivos de esos planteamientos y después de la rueda de prensa del presidente estadounidense, los acontecimientos se precipitaron. En esta parte hemos de tener en cuenta la secuencia de fechas en que se produjeron y los protagonistas que tomaron parte en su relato:

Como en otras ocasiones fueron José y Frank los que realizaron a Jin la crónica de lo sucedido:

En la misma fecha en que te encontrabas en La Habana, cómo pudiste apreciar, arribó al puerto de la ciudad un buque trasatlántico soviético, que según nos informaron habían sido transformado en transporte de tropas, con más de tres mil personas a bordo, pero en realidad no eran turistas, sino tropas soviéticas.

Continuaron los dos hermanos informándole:

Estos supuestos pasajeros han sido distribuidos por varias zonas del occidente y del oriente de la Isla, toda esta información la pasamos en un dossier a la sede contrarrevolucionaria, pero el mismo no se tomó en cuenta ni por la oposición en el exilio ni por los servicios de inteligencia norteamericanos. A los pocos días de la llegada del buque soviético, los servicios secretos de los países aliados que aún permanecían en la Isla realizaron un informe que enviaron a sus respectivos gobiernos y estos a su vez lo hicieron llegar a Washington. En dicho informe daban cuenta de la instalación de misiles balísticos e inclusive la posible construcción de una base de submarinos en el sur del país. Ante estas alarmantes noticias se puso en marcha la diplomacia, se intercambiaron notas, se sucedieron los teletipos y se realizaron llamadas telefónicas al más alto nivel donde se informaba de todos estos hechos a los gobiernos amigos y, de manera especial, al Kremlin, pero los soviéticos negaban cualquier instalación de misiles de medio y largo alcance. A todo esto, el Secretario de Estado Robert Kennedy no creía una palabra de lo afirmado por el máximo dirigente soviético, por ello se reunió con su hermano el Presidente para que realizara una declaración donde dijera que no toleraría misiles balísticos en Cuba. Así mismo le ordenó al Mando Táctico de la Fuerza Aérea que elaborara un proyecto por si fuera necesario realizar un bombardeo selectivo a las instalaciones militares cubanas que pudieran amenazar al territorio estadounidense. Con esta última información aportada por los primos de Miguel, se dio por concluida la charla y nuestro protagonista regresó al buque.

Ya se encontraban al final de la primera semana de septiembre cuando el buque partió de La Habana, y durante las arribadas Jin se fue entrevistando con sus amigos en los diferentes puertos de su ruta, cuando llegó a Cádiz el día 25 de septiembre, recibió la inesperada visita de Gustavo, vecino del gallero, que era un exmiliciano que posteriormente se convirtió en espía. El objeto de su encuentro no era otro que intercambiar opiniones de lo que estaba aconteciendo en Cuba, ya que al exguerrillero le habían llegado una serie de rumores y hechos que tenía interés en contrastar con nuestro marino.

La primera pregunta fue:

¿Has visto grandes buques soviéticos en La Habana?

Jin le respondió:

Efectivamente, y no solo soviéticos, sino alemanes de la RD y polacos. Nuestro marino añadió- ¿A qué viene esa pregunta?

Gustavo respondió:

Te pregunté eso porque desde Miami me comunicaron que un buque de carga de gran tonelaje estuvo atracado en el Puerto de Mariel el 15 de septiembre y permaneció tres días descargando, día y noche, grandes cajas que luego transportaban en convoyes con destino a San Cristóbal, y para ello cortaban las carreteras al tráfico civil; así mismo en todos los cruces de carreteras permanecían apostados milicianos que no permitían el paso a nadie.

Continuó Gustavo contándole sus impresiones y las noticias que le habían llegado desde Florida:

Esto también llegó a oídos de los servicios secretos norteamericanos, que se dedicaron a reunir toda la información disponible que habían recopilado las diferentes fuentes, especialmente las enviadas por sus homólogos británicos y franceses, además, la oposición cubana en el exilio había facilitado a los servicios de espionaje estadounidenses la grabación efectuada a un oficial de la escolta de Castro cuando se encontraba bajo los efectos del alcohol en un cabaret de La Habana, y entre otras cosas manifestó lo siguiente:

“Los cubanos vamos a luchar a muerte y podremos ganarle a los gringos porque ya tenemos armas nucleares y defensas antiaéreas con misiles”.

Con todos estos datos confeccionaron un amplio dossier que entregaron al Gabinete de Crisis sobre Cuba, dirigido por Robert Kennedy, quien convocó a la Junta de Inteligencia de los Estados Unidos con el objeto de discutir las posibles nefastas consecuencias de la instalación de armas nucleares en territorio cubano, tan cercano a las costas norteamericanas. Así mismo, en dicho documento se hacía referencia del paso de grandes mercantes soviéticos por el Bósforo y el Estrecho de Gibraltar, un posterior seguimiento determinó que navegaban por el Atlántico con rumbo hacia Cuba. Otras de las apreciaciones que realizó el Estado Mayor Conjunto Norteamericano fue que la instalación de armas nucleares soviéticas en la Isla daría una gran ventaja militar a la Unión Soviética, pero los políticos más optimistas opinaban que a pesar de todo la URSS lo pensaría dos veces antes de emprender un ataque con misiles nucleares en territorio estadounidense, pues la repuesta en contra de ellos desde las bases norteamericanas establecidas en Europa sería contundente y podría ocasionarles severos daños, por ello comentaban que “los soviéticos no se atreverían a dar ese paso”.

Con todos los datos sobre la mesa y después de múltiples deliberaciones se tomaron una serie de decisiones que se plasmaron en un documento para exponerlo ante el Senado Norteamericano, en el mismo se hacía referencia al uso de la fuerza, si fuera necesaria y solo si pudiera evitar la instalación definitiva de las armas nucleares en suelo cubano. La decisión que tomó el Senado no se hizo esperar, la medida fue aprobada con 86 votos a favor y una abstención, así mismo se llegó a la conclusión de que se debían preparar grupos especiales de intervención rápida por si las conversaciones diplomáticas no tuvieran éxito y fuera necesario un ataque sorpresa en un momento determinado. Por otro lado se trasmitió una petición a todos los gobiernos occidentales para que se abstuvieran de vender armamento o pertrechos de guerra al gobierno cubano. Estas deliberaciones del Senado de los Estados Unidos ocurrieron el 19 de septiembre, pero pareciera que el espionaje soviético tuviera oídos dentro de sus muros, pues el 21 de septiembre en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su turno de exposición, el Ministro de Asuntos Exteriores Soviético, Sr. Gromyko, anunció con graves represalias en el caso de que los Estados Unidos se atrevieran a atacar Cuba, lo que significa-ría una declaración de guerra a su propio país, y ello provocaría una repuesta contundente por parte de la URSS.

Hasta aquí las noticias que Gustavo quería trasmitirle a nuestro marino, luego los dos amigos continuarían charlando de cómo estaban sus conocidos, el ambiente que se respiraba en La Habana y algunas cuestiones más que no revestían mayor importancia, pero eran buenas excusas para terminarse los finos de Jerez que se estaban tomando, una vez concluida la consumición pusieron fin a este encuentro.

En las primeras horas del día 29 de septiembre, el buque hizo su entrada a la Ciudad Condal. Esa misma tarde Jin se dirigió al domicilio de su amigo el profesor don Alberto, en el mismo también se encontraban Miguel y el abogado don Jesús, y como siempre todos estaban ansiosos por conocer las noticias que les traía nuestro marino desde Cuba, no solo de sus familiares, sino, además, querían conocer cómo se estaba desarrollando la situación en esa bendita tierra, pues las informaciones que reflejaban los periódicos y las que les contaban desde Miami eran muy alarmantes.

Una vez estuvieron todos reunidos y doña Rosa sirvió su exquisito café, dio comienzo la tertulia; como era natural, el primero en intervenir fue nuestro protagonista:

Jin les dio las noticias de sus respectivos familiares y amigos, continuó efectuándoles un relato de la problemática suscitada entre el gobierno estadounidense y el cubano, pues el afán militarista de los milicianos no tenía límites, y con esa deriva habían caído en la locura de permitir la instalación de armas nucleares en suelo cubano. Así mismo les refirió los viajes de los dirigentes militares cubanos a la URSS y los acuerdos llevados a cabo para proveer de armas a las Fuerzas Armadas Cubanas y maquinaria de guerra. También les expuso lo expresado por José  y Frank sobre la colaboración que prestaron a los espías de países occidentales, quienes refrendaron la instalación de los misiles, y cómo los servicios secretos cubanos se habían infiltrado en los Estados Unidos, escudándose con la pantalla que les proporcionaban los exiliados en ese país. A continuación añadió -Desde el día 25 de este mes no tengo más noticias, estas últimas me las contó Gustavo en Cádiz, que las había recibido desde Florida, pero todas ellas se basan en lo mismo, la carrera desenfrenada de los milicianos por rearmarse hasta límites insospechados.

A continuación tomó la palabra don Jesús, quien manifestó:

Precisamente ayer me llamó por teléfono un colega desde Nueva York para ponerme en antecedentes del desarrollo de los acontecimientos que se estaban protagonizando en ese peligroso affaire Cuba-USA, justamente el día 27 de este mes fue aprobada en el Senado una intervención con bombarderos, si fuera necesario, seleccionando los objetivos militares de la Isla. Así mismo se desplegó un patrullaje de aviones de reconocimiento por aguas del Atlántico para detectar y fotografiar a los buques de la URSS de gran tonelaje; por las fotografías tomadas y convenientemente analizadas por especialistas dedujeron que se trataba de piezas de fuselaje de aviones bombarderos IL-28, capaces de transportar bombas nucleares, lo que hacía suponer que el ensamblaje se estaba realizando en Cuba. En ese momento intervino Jin, que aclaró:

Este hecho lo puedo confirmar, pues en una de mis últimas conversaciones con los primos de Miguel me comentaron que en la base aérea de San Julián, en la provincia de Pinar del Rio, estaba teniendo lugar esa actividad.

Después de esa confirmación, continuó el abogado con su exposición de los hechos, añadiendo:

Toda esta cuestión se está complicando en demasía, los milicianos le han entregado a los soviéticos la Tierra de Martí, ahora quien manda es Moscú, y se hace y se actúa según los designios del Buró Soviético y siguiendo sus intereses.

Prosiguió la charla y se realizaron una serie de comentarios, pero todos giraban en torno al devenir de los sucesos que estaban teniendo lugar en la mayor de las Antillas. Casi al final de la charla intervino doña Rosa diciendo:

Solo ruego que haya un poco de cordura y que no se desate una guerra, ya que nos traería trágicas consecuencias para todos, para los que estamos aquí y peor aún para los que permanecen en Nuestra Tierra.

Y con esta última intervención se puso punto final a esta tertulia.

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